
Los pillan a todos
Yo fui uno de esos pesimistas olímpicos que, como dijo alegremente Boris Johnson cuando acabaron los Juegos, nos sentimos dispersados y desconcertados por el éxito clamoroso de Londres 2012. Suponía que algo iría mal; todo fue bien. Creía que la gente se quejaría de lo que habían costado; nadie parece lamentar ni uno solo de los peniques gastados. Fueron un triunfo: ahora lo acepto. Pero hay una sola cosa que sigo resistiéndome a admitir. Antes de que empezaran los Juegos Olímpicos existía el temor de que se vieran ensombrecidos por un escándalo de dopaje o por el constante goteo de un gran número de positivos en los controles. Al final, aunque algunos atletas sí que fueron descalificados (incluida la ganadora de la medalla de oro en el lanzamiento de peso femenino y un yudoka estadounidense que culpó de su positivo por marihuana a haberse comido unos pasteles por error), los Juegos se mantuvieron más o menos libres de dopaje. Enseguida hubo rumores sobre la sensacional nadadora adolescente china Ye Shiwen, pero superó los controles y conservó sus medallas.






