
Éramos hermosos, pero estábamos feos
«Éramos altos, pero estábamos bajitos»: así he descrito en repetidas ocasiones nuestra situación hace medio siglo, en una época en la que también circulaba una definición del español como «hombre bajito, con cara de mala leche, que siempre piensa que podría —– mucho más»; versión castiza del «feo, católico y sentimental» del valleinclanesco marqués de Bradomín.
¿Éramos hermosos, pero estábamos feos? Genética aparte, los españoles éramos entonces, como ahora, meros reflejos de las circunstancias, hijos de ellas. A principios de los años sesenta, los alumnos de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos hacíamos estudios individuales de nuestras propias dietas y en la mayoría de éstas se encontraban carencias de calcio y vitamina A. La carencia de calcio se debía al gran desfase que existía entre la producción y las necesidades de productos lácteos.







