ARTÍCULO

Verdades como puños

Espasa, Madrid
Trad. de Jesús Fabregat
430 pp. 22,90 €
 

Tengo pocas dudas de que Richard Dawkins es uno de los grandes pensadores científicos actuales. Su estilo literario, la fuerza de sus analogías y la capacidad de seducción de su reflexión científica son ingredientes presentes en sus libros desde el mítico El gen egoístaThe Selfish Gene, 30th Anniversary edition, Oxford, Oxford University Press, 2006. Hay traducción castellana de la primera edición de José Manuel Tola y Juana Robles (Barcelona, Salvat, 2000)., con sus espléndidos treinta y tres años recién cumplidos. Su último libro, Evolución. El mayor espectáculo sobre la Tierra, quizá no acabe siendo su obra más original, pero sí de las más eficaces. Dawkins ha decidido escribir, por primera vez, sobre el mismo hecho de la evolución. Y lo hace arrastrado por la extensión y el poder de los negadores de la evidencia científica, como reconoce desde la primera línea del prólogo: «Cada día aparecen nuevas pruebas que respaldan la evolución y son más sólidas que nunca. Al mismo tiempo, aunque resulte paradójico, la oposición mal informada también cobra más fuerza de la que puedo recordar».
¿Oposición mal informada? No estoy seguro de que los urdidores del tejido antievolucionista, que ya opera a escala internacional, no sean plenamente conscientes de que lo que dicen no hay por dónde cogerlo (es decir, mienten a sabiendas, como algunos opositores a la ingeniería genética). Sin embargo, en su estrategia contra el racionalismo, se ceban en esa fracción de la población mal educada, científicamente hablando, que en algunos países desarrollados puede ser muy elevada. Para apoyar sus motivos, Dawkins añade un apéndice final (titulado «Los negadores de la historia») con datos de encuestas: más del 40% de los norteamericanos niegan que los humanos descendemos de otros animales y creen que Dios creó las especies hace diez mil años. Esta es la respuesta favorita de un buen 22% de ciudadanos británicos. Según el Eurobarómetrohttp://ec.europa.eu/public_opinion/index_en.htm de 2005, el porcentaje de aceptación de un postulado creacionista se mueve entre el 7% de Islandia hasta el 36% de Chipre, con un excéntrico 51% de Turquía. ¡Pero más de un 20% de los encuestados de Irlanda, Austria, Dinamarca y España piensan que la Tierra tarda un mes en dar la vuelta al Sol! Todo esto constituye una prueba descarnada de la necesidad de mejorar la educación científica en nuestro viejo continente, como reclamaba el Consejo de Europa en 2007, y de una comunicación y una divulgación científica de calidad que mantengan, al día y durante toda la vida, la pasión por la comprensión científica del mundo, del universo y de la vida.
El libro se estructura en trece capítulos en los que se repasan los datos más relevantes del fenómeno evolutivo: los que ya sirvieron a Charles Darwin hace ciento cincuenta años y los de ahora. Tenemos, pues, la domesticación de plantas y animales (la mera diversidad de las coles debería bastar para aplastar el platonismo antievolutivo), la biogeografía, la embriología, la anatomía comparada y el registro fósil. Pero también los datos concluyentes de la genética y la bioquímica sobre la deslumbrante unidad de la biodiversidad y nuestra capacidad (todavía limitada) de leer el pasado en los documentos históricos que nos ha legado la evolución dentro de los genomas actuales. Dawkins se esmera en conceptos como el de eslabón perdido, dado el abuso creacionista clamando por la inexistencia de formas de transición. No sólo desmonta sin piedad esta falacia, sino que aprovecha para contarnos uno de los casos más hermosos de la capacidad predictora de la teoría evolucionista: el descubrimiento de Tiktaalik, justo en los estratos del Devónico donde le toca estar como eslabón perdido entre Panderichthys (el pez que parece un anfibio) y Acanthostega (el anfibio parecido a un pez)Esta aventura y la fructífera relación entre la paleontología y la biología evolutiva del desarrollo están espléndidamente narradas en el libro del descubridor de Tiktaalik, Neil Shubin, Your Inner Fish: A Journey into the 3.5 Billion-Year History of the Human Body, Londres, Allen Lane, 2008..
Hay un capítulo en el libro de Dawkins que habría hecho las delicias de Darwin: en «Justo delante de nuestros ojos», el autor nos presenta una selección de datos sobre la evolución observada en directo. Desfilan las lagartijas de unas islas del Adriático, las bacterias Escherichia coli (o lo que sean a estas horas, después de pasadas casi cincuenta mil generaciones en matraces, el equivalente a un millón de años en nuestra especie) del laboratorio de Richard Lenski y los guppies de Trinidad. Hay muchos ejemplos más, pero éstos deberían bastar a los improbables lectores creacionistas del libro. Improbable que lo lean y más improbable aún que se lo crean si están cortados por el mismo patrón que Wendy Wright, presidenta de Mujeres Preocupadas por Estados Unidos, protagonista del diálogo de besugos con el autor reproducido en el capítulo 7.
Otros episodios memorables de la obra son la narración del árbol de la vida y las técnicas para reconstruirlo (aunque se hubiese podido ahorrar los detalles sobre algunos métodos muy poco utilizados hoy en día), la discusión sobre los defectos de diseño que arrastramos y padecemos, el papel del dolor en la evolución y todo el último capítulo, donde desgrana, frase a frase, el último párrafo de El origen de las especies. En efecto, «hay grandiosidad en esta visión de la vida», la explicación de la explosión de improbabilidad que genera en lo viviente esa misteriosa ilusión de diseño y propósito.
Pero, como nada es perfecto, los lectores de la versión castellana del libro se encontrarán con descuidos irritantes en la traducción y edición de la obra. Confundir fecundación con fertilización (un falso amigo muy típico) o escribir teodicidad en lugar de teodicea, son dos muestras escogidas de lo que digo.
Dawkins admite en privado que, de haber sabido que Jerry A. Coyne iba a publicar también un libro sobre las pruebas de la evolución4, quizá no hubiera escrito este que aquí comentamos. Por suerte para sJerry A. Coyne, Why Evolution is True, Oxford, Oxford University Press, 2009 (trad. de Joan Lluís Riera, Barcelona, Crítica, 2009). s lectores, se enteró demasiado tarde. Por suerte para todos, hay ahora dos obras recientes divulgativas, bien escritas y documentadas, que nos presentan lo mejor de la aventura humana engarzada en la observación y la comprensión del mayor espectáculo sobre la Tierra.

01/09/2010

 
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