ARTÍCULO

Futuros de Europa

Biblioteca Nueva y Real Instituto Elcano, Madrid
160 pp. 15 euros
 

El libro del diplomático Fidel Sendagorta es una obra distinta y mejor a lo que estamos acostumbrados en la reflexión española sobre Europa. El autor demuestra una capacidad formidable para dialogar con los mejores analistas y pensadores que se ocupan de Europa en el campo de las relaciones internacionales, la ciencia política y la filosofía. Para ello se eleva por encima del faccionalismo con que últimamente gastamos buena parte de nuestro tiempo y energías los españoles. Este es un libro integrador, inteligente y profundamente moderado, que no hace caso de consignas ni de tics partidistas. Europa entre dos luces está concebido desde una visión cosmopolita y, por tanto, llena de matices. La voz del autor y su sensibilidad propia se distinguen claramente entre las numerosas voces que invita a su tertulia europea. El ensayo deja hablar a José Ortega y Gasset, María Zambrano, Jürgen Habermas, Bob Kagan, Joseph Ratzinger o Jorge Semprún, pero su opinión no se diluye por su admirable capacidad de escuchar a otros. En ningún momento deja de mostrar cuál es su original y valerosa aproximación a la realidad y dice su mensaje comprendiendo la razón de los demás y con una prosa cuidada, fluida, limpia. El libro de Fidel Sendagorta tiene el enorme mérito de invitarnos a debatir los temas de fondo que van a decidir el futuro de Europa, mucho más allá del llamado debate constitucional de la Unión Europea, que en alguna medida ha sido un falso debate, por la concentración en cuestiones formales jurídicas y el uso desmedido de la palabra «Constitución». El autor parte del dato actual de un continente próspero y en paz, en el que, sin embargo, sus habitantes atraviesan una crisis de confianza en sí mismos y no hay grandes narrativas capaces de provocar ilusiones colectivas. Es una suave decadencia, pero decadencia al fin, porque, a largo plazo todos los indicadores señalan que caminamos hacia una Europa disminuida, en población, peso económico e influencia mundial. En cuarenta y cinco años habrá la mitad de europeos que hay hoy en día. Esta mutación tendrá un impacto muy negativo sobre la sostenibilidad del Estado del bienestar, los niveles de crecimiento económico, la capacidad de los europeos de dotar sus ejércitos y provocará un previsible aumento de los conflictos generacionales. El libro explica con acierto cómo la caída demográfica de Europa no es ni será fácilmente compensada por una creciente inmigración. La obra expone que la entrada masiva de extranjeros en Europa no es toda la solución, e incluso aumenta parte de los problemas, ya que los cambios a gran escala de la sociedad, de modo inevitable, provocan conflictos. Fidel Sendagorta analiza a continuación las distintas formas de multiculturalismo europeo que, por lo general, han llevado a la balcanización cultural y al debilitamiento de la idea de ciudadanía moderna. Frente a esos fracasos, el reto es hacer ciudadanos que se sientan en casa en Europa, más allá de exigirles el mero cumplimiento de las leyes. El ensayo también aborda el proyecto de integración europea y la llamada crisis constitucional en un capítulo acertadamente titulado «Morir de éxito», en el que se señala que no basta con rescatar los contenidos de la fallida Constitución para hacer frente a los retos de Europa.También incide en que la narrativa de progreso continuo y casi automático ya no sirve ni para explicar ni para movilizar a los ciudadanos en torno a la integración europea. Uno de los aciertos del ensayo de Fidel Sendagorta es que reivindica la noción de supranacionalidad de Joseph Weiler para explicar y relanzar el proyecto europeo. La supranacionalidad descansaría en una sana tensión permanente entre Constitución europea y Estados miembros que limite el proteccionismo económico y someta a una verdadera disciplina de no discriminación y apertura a los componentes de la Unión Europea. El fortalecimiento de la Unión Europea no pasa por debilitar a los Estados miembros. Esta visión rechaza algo que ha estado presente en la retórica de la Constitución europea: la creación de unos Estados Unidos de Europa, con un nacionalismo europeo artificial que sustituya y emule un día el peor nacionalismo francés o alemán o que, al contrario, produzca rechazos euroescépticos y fortalezca en exceso los elementos intergubernamentales de la Unión. La propuesta del autor es abandonar el sueño de un superestado europeo y actuar para salvar los logros de la integración europea y proteger el status quo. El problema es que el proceso conducente al recién adoptado Tratado de Lisboa ha dañado la constitución material europea, es decir, en alguna medida se ha tirado el niño con el agua del baño. No en vano desaparecen de los nuevos tratados tanto la palabra «constitución» como una expresión tan básica para la integración de «comunidad europea». Para renovar la Unión Europea, Fidel señala dos áreas de futuro, educación y ciencia y medio ambiente. Son dos narrativas acertadas e ilusionantes, pero la primera es necesariamente elitista y requiere un cambio profundo de mentalidad en las universidades y centros de investigación europeos, un mundo, por regla general, terriblemente burocrático y paralizado por los intereses creados. La segunda narrativa, la de la economía verde, corre el riesgo de la contaminación ideológica aguda. Por otro lado, existe un problema añadido para que la educación, la investigación y la ciencia y el medio ambiente sean los nuevos banderines de enganche europeos, ya que se requieren competencias y dinero, además de liderazgo político. El Tratado de Lisboa no ha mejorado la delimitación de competencias de la Unión Europea, pero el abandono del proyecto constitucional hace más difícil la futura transferencia de competencias y su financiación adecuada. El último capítulo del libro versa sobre Europa en el mundo, un ámbito donde claramente se constata el declive de la influencia de los europeos, entre los que no hay una estrategia común o una voz que los represente en el pulso por la nueva hegemonía del mundo, cuyo centro ha girado hacia el Pacífico. La conclusión de este libro es que es posible remontar el descenso europeo. Para ello Fidel Sendagorta propone renovar la identidad común, entendida como la pertenencia a una civilización valiosa. Las tres vetas que se sugieren para reconstruir el ser europeo son las herencias de la Ilustración y del cristianismo y un patriotismo basado en «las zonas templadas del espíritu».A partir de estas bases, puede vencerse la pérdida de confianza de los europeos en sí mismos. Pero en la tarea de reconstrucción, hay que rechazar que la europea sea una identidad sustitutiva de lealtades nacionales, o que Europa pueda formularse sobre todo en oposición a Estados Unidos o al islam.

 

01/03/2008

 
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