Del 11 al 17 de abril, la revista descansa por Semana Santa

William Fulbright: la arrogancia del poder

Querido Sapientísimo, Al final de nuestra entrada de la semana pasada me preguntas, ¿cuánto piensas tú, incomparable gemelo, que el gobierno cree en la PSC? Antes que nada, muchas gracias por el inmerecido calificativo con que me adornas. En cuanto a lo que quieres que mi pensamiento cuantifique, y como me leo nuestras entradas con mucho interés, sé que lo de PSC se refiere a la previsión social complementaria. Ya puestos a pensar, te diré que el quantum no lo sé en términos absolutos, pero sí en relativos –cosa que te explico en el siguiente párrafo. Y concluiré parafraseando una vez más el dicho de nuestra tierra sobre el «pueblo de las tres mentiras»: hoy, la PSC ni es previsión,

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Leyenda negra y auto-odio: de cuando las autoridades de España salían en su defensa

Sobre la leyenda negra -todo un relato acusatorio- y su mayor o menor fundamento contamos con bibliotecas enteras. Sobre su interiorización por los españoles -un verdadero complejo-, también: el pesimismo del 98 o el discurso catalán sobre lo que ellos llaman Madrid, recurrente desde hace un siglo hasta el extremo del bostezo, no consisten sino en ramas de ese tronco, con uno u otro grado de elaboración. 

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Guerra sin héroes (II)

Allá por el año 2004 se publicó la primera obra de Pedro Corral: Si me quieres escribir (Debate). El subtítulo era mucho más explícito: Gloria y castigo de la 84ª Brigada Mixta del Ejército Popular. En las postrimerías de 1937, durante uno de los inviernos más crudos que se recuerdan, las fuerzas republicanas lanzan una ofensiva sobre Teruel.

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La (buena) competencia

Solo hay algo tan bueno, pero no mejor, que la competencia: la cooperación. Esta última no es lo contrario de la competencia, sino que ambas se complementan muy bien. Lo contrario de la competencia es el monopolio. El monopolio es, a su vez, uno de los mayores enemigos de la democracia, como lo es la desigualdad. Y no por casualidad, ni curiosamente, como a veces decimos abusando del lenguaje, el monopolio y la desigualdad van de la mano. ¿Se deduce de ello, nunca bien ponderado hermano, que la competencia y la igualdad, antónimos de los anteriores, van también de la mano?

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Carácter y destino: una lectura de Luis Cernuda

«No me queréis, lo sé, y que os molesta / Cuanto escribo. ¿Os molesta? Os ofende. / ¿Culpa mía tal vez o es de vosotros?» Así comenzaba Cernuda el que iba a ser el poema que cierra Desolación de la Quimera, su último libro, que está transido de una suerte de rencor acumulado, de desazón irresuelta, aunque también de gratitud y una ironía satírica que no había cultivado antes en sus versos. ¿A qué se debe esa amargura final? ¿Contra quién arremete después de que, en sus poemarios anteriores, pareciese hallar un equilibrio sereno que, visto en perspectiva, se antoja más como una excepción que como un estado de madurez y aceptación definitivo? Quienes lo conocieron hablaban de él como de un hombre frío, inadaptado, desabrido; víctima de una especie de inquietud que lo corroía por dentro; incómodo consigo mismo y, por tanto, con el mundo. María Zambrano le dijo directamente que siempre se había comportado como un erizo, que jamás había sabido darse ni dejarse querer. 

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El río de la mente

Uno de los relieves más hermosos y dramáticos del arte drávida en general, y de la dinastía pallava en particular, es el Gran Peñón de Mahaballipuram. Se trata de una peña tallada que representa el descenso del Ganges sobre la Tierra. El mito se narra bellamente en el R?m?ia?a. Al mediodía, después de bañarse en sus aguas, honrar a los dioses y antepasados, prender el fuego sagrado y comer las ofrendas bendecidas, con la mente en paz y el corazón dichoso, el sabio Vi?v?mitra cuenta a los príncipes R?ma y Lak?ma?a la historia del nacimiento del río. La historia de cómo Bhag?ratha, para redimir a sus ancestros y tener un heredero, estuvo mil años practicando el ascetismo hasta que Brahm? quedó complacido y le concedió el deseo de que Gang? bajara del cielo, y de cómo después de cien años erguido sobre el dedo gordo de su pie consiguió que ?iva absorbiese el impacto de la corriente al quedar enredada en la maraña de pelo de su cabeza.

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La mentira tiene mil caras

La mentira tiene mil caras y la verdad sólo una, decía Montaigne. Raúl Rodríguez Ferrándiz se ha propuesto explorar algunas de ellas: «Este es un libro sobre la mentira y sobre algunas de sus manifestaciones o algunos de sus parientes cercanos: el fraude, la falsificación, el fingimiento, el disimulo, el error, la ficción, la ironía, el secreto, la conspiración», escribe en las primeras páginas de Máscaras de la mentira. El nuevo desorden de la posverdad. No es un libro que se centre en la esfera pública y en nuestra conversación política. Trata, más bien, de ficciones que no siempre se presentan como tales, que juegan con la ambigüedad, que buscan distintas variaciones de la suspensión del entendimiento. Una de las preguntas que se plantea el autor es si la erosión del concepto de verdad habría afectado al de mentira.

Aunque no es un libro sobre la posverdad, la primera parte del libro trata sobre ella. Es un concepto discutible y escurridizo, empleado por primera vez por el dramaturgo serbio-estadounidense Steve Tesich en 1992. 

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La vida en un bloc

Dice Luis Alberto de Cuenca, en la «Nota del autor» que encabeza este su último libro, que cuaderno bloc son para él términos equivalentes, y que ha preferido el segundo por no volver al título de su inmediato Cuaderno de vacaciones. No hay por qué ponerlo en duda, pero las palabras tienen su propio genio, y bloc aporta irrenunciables matices frente a cuaderno. La encuadernación implica un cierto número de hojas y su reunión en un orden determinado; alterar lo uno o lo otro sería una operación antiestética y destructiva. Bloc, en cambio, designa un fajo de hojas mínimamente unidas, de forma más sencilla y libre. El libro, como veremos, resulta en su poética más cercano al espíritu del bloc, si bien aparece en la colección «Palabra de Honor», que con tapa dura y sobrecubierta, más propias del cuaderno, publica la editorial Visor, protagonista de tantos capítulos de la historia, no sólo editorial, de la poesía española contemporánea.

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John Ford: La legión invencible

La legión invencible (She Wore a Yellow Ribbon, 1949) es un western, pero su trama se desliza en muchas ocasiones hacia la comedia y el melodrama. Segunda entrega de la trilogía de la Caballería, escoge como punto de partida el desenlace de Fort Apache (1948), donde el teniente coronel Owen Thursday (Henry Fonda), ávido de gloria, conduce a sus hombres a una masacre, atacando a los apaches de forma temeraria e irresponsable. Es evidente que la derrota de Thursday se inspira en la batalla de Little Bighorn, pero mientras que en Fort Apache se cuestiona el mito de un Custer heroico y abnegado, en La legión invencible se respeta el hito legendario, descartando cualquier atisbo de crítica. Eso sí, la épica acontece fuera de campo, creando la sensación de no pertenecer al mundo real, sino a esa mitología tan ilusoria como necesaria para forjar el espíritu de una nación.

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Historia de quien escapa y quien se queda

Hace casi diez años, Zadie Smith publicó en The New York Review of Books un ensayo en el que comparaba la novela Netherland, de Joseph O’Neill, con Residuos, de Tom McCarthy. La argumentación era simple y eficaz: el «realismo lírico» de O’Neill se oponía a la narración sin «interioridad» de McCarthy, y el contraste señalaba «dos caminos» posibles para la novela contemporánea. Era una forma de volver sobre la antítesis entre tradición y vanguardia, pero la pregunta central llegaba al fondo de la ficción: ¿cómo debía retratarse a una persona? Smith misma estaba entre dos novelas, y la que publicó a continuación, NW (2012) (el nombre de su barrio londinense), trasladó a la práctica sus simpatías por la solución de McCarthy. NW resultó ser una novela de corte experimental, con escaso foco psicológico. A la manera modernista, la historia estaba llena de fugas y puntos ciegos, por no hablar de una ausencia de conclusión. Al cabo, se detenía entre los malestares de sus personajes, como si la narración confundiera el tema (la desorientación moderna) con la manera de presentarlo.

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Reír bajo Franco (y II)

He leído en distintas ocasiones recopilaciones de chistes. Con frecuencia dichas antologías se presentan con unos títulos clónicos, como «Los mejores chistes…», diferenciados tan solo por la segunda parte de la propuesta: los mejores chistes cortos, verdes, políticos, de humor negro, de borrachos, etc. Se trata por lo general de obras de ínfima calidad tanto en su contenido como en la propia edición, hasta el punto de que lo habitual es que no figure en ellas ni siquiera el nombre del compilador. La verdad es que el chiste popular pierde mucho, por no decir casi todo, cuando se lee en papel impreso. Como todo el mundo sabe por experiencia, la mayor parte de las veces la gracia del chiste no reside tanto en su contenido propiamente dicho como en el contexto: quién lo cuenta, cómo lo cuenta, dónde se cuenta y, en fin, la circunstancia concreta en que se cuenta. Lo mismo puede decirse hoy día en lo relativo a Internet, fuente inagotable de chistes de la más diversa catadura. La ventaja, no obstante, de Internet con respecto a lo que antes decía del chiste impreso, es obvia, pues en la Red, además de leer chistes podemos escucharlos y hasta verlos escenificados. Aun así, sigue habiendo una diferencia abismal entre el chiste visto y oído en soledad y el chiste compartido.

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Los desmanes de Ry?ichi Sasakawa

Cuando por fin me decidí a hacer caso a Kaboré y traté de averiguar quién era en realidad Ry?ichi Sasakawa, no estaba preparado para lo que iba a encontrarme. ¿Cómo iba yo a imaginar que quien Borlaug había presentado como uno de los mayores filántropos del siglo, dispuesto a financiar una segunda Revolución Verde, que esta vez beneficiaría a África, no tenía empacho alguno en describirse a sí mismo en la prensa como «el fascista más rico del mundo»? Lo que inicialmente me había planteado como una breve incursión en la hemeroteca universitaria, enseguida se convirtió en un obsesivo rastreo de las oscuras hazañas de este personaje y sus notorios compinches, entre los que sobresalían Yoshio Kodama, uno de los jefes máximos del crimen organizado en Japón; Sigman Ree, el dictador coreano; el reverendo Moon, quien, con ayuda de la CIA coreana y del propio Sasakawa, fue fundador de la secta que llevó su nombre; el chino Chang Kai-shek o varios jefes sucesivos del gobierno japonés. 

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