Archivo general de Revista de Libros

Walter Benjamin en Ibiza

En febrero de 1932, Walter Benjamin se encuentra en una calle de Berlín con su amigo Felix Noeggerath, que le informa de su inminente viaje a Ibiza para que su hijo Hans pueda finalizar la tesis doctoral que estaba realizando sobre la tradición oral del campesinado ibicenco. La familia Noeggerath se instalará en San Antonio, un pequeño pueblo de pescadores y campesinos de la costa oeste de la isla. Benjamin aprovechará esta circunstancia para consumar sus deseos de viajar y cambiar de residencia por un tiempo, conseguirá reunir algún dinero y desembarcará en Ibiza dos meses más tarde. De esta manera casual se precipita la relación del pensador alemán con una isla que le marcó profundamente y cuyo análisis puede ayudarnos a entender algunos aspectos clave de su vida y de su obra. 

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La fascinación de vuelta

El turista suele viajar en busca de lo que quiere encontrar, a diferencia del viajero, que va, en cambio, a ver qué encuentra. Que lo halle o no dependerá del sitio y la medida en que esa imagen prefigurada contenga más o menos elementos de realidad. Los japoneses tienen fama de ir a París buscando la Francia idealizada con que viven: es enorme su fascinación con todo lo francés y las pâtisseriesboulangeries bistros que abundan en Tokio colman su idea del chic. Uno se sorprende a veces viajando por pueblecitos donde apenas hay presencia occidental y aparece de repente una pastelería con escaparate lleno de éclairs croissants y pinta de estar en un pueblo en la Provenza.

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La paradoja constitucional hispana

En una conferencia pronunciada en el Senado con motivo de la conmemoración de los veinticinco años de la Constitución, el hispanista Sir John Elliott constataba que «para un historiador de la España de los siglos XVI y XVII […] la característica más sorprendente de la España posterior a 1978 es la vuelta a un sistema político parecido en rasgos generales al de la monarquía española bajo la dinastía de los Austrias». Un tal retorno al austracismo histórico constituía, desde luego, un fruto inesperado en un régimen institucional nacido de una Constitución que, ante todo, se presentaba en 1978 como un texto racional normativo. No como una ordenación nacida de la facticidad histórica y sus contingencias, sino como una impulsada por un esfuerzo racionalizador consciente y deliberado para crear un nuevo orden de convivencia. Paradójico: arrancando de la ley como razón común, habríamos llegado en España a la ley como prescripción de la historia particular. Un retorno muy propio de un país en cuya evolución política la verdad de la historia ha tenido un peso elevado, no tanto por su propia fortaleza como por la tradicional debilidad de la verdad de la razón.

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Una síntesis lograda

Está fuera de toda duda que Santiago de Pablo, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco, es uno de los más rigurosos especialistas en la historia del nacionalismo vasco, como lo acredita, desde hace ya muchos años, su impresionante producción de estudios y monografías. Quiero decir que De Pablo, en lo referente a dicho campo, viene a ser lo que en la jerga académica se denomina una fuente secundaria absolutamente fiable, y este último título salido de su escritorio no desmiente tal caracterización, sino todo lo contrario.

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Este muerto está muy vivo: el legado de Sabino Arana

Ciento cincuenta años después de su nacimiento, Sabino Arana Goiri (1865-1903) sigue siendo sin duda el personaje más controvertido de la historia contemporánea vasca. El último libro de José Luis de la Granja refleja bien, ya desde su título (Ángel o demonio: Sabino Arana. El patriarca del nacionalismo vasco) esa visión dicotómica acerca del fundador del Partido Nacionalista Vasco, que comenzó ya en vida de Arana y se ha prolongado hasta nuestros días. Y es que, para sus seguidores, el protagonista de este libro sigue siendo no sólo el creador del partido, sino también el padre de la nación vasca. Pese a que el PNV actual no comparte ya muchas de sus ideas, Arana está mucho más vivo que otros líderes políticos de finales del siglo XIX.

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A oscuras y en celada

En una entrevista de 1969, Vladímir Nabokov definió a Samuel Beckett como «un autor de obras teatrales funestas en la tradición de Maeterlinck». Nabokov, pobre, no podía evitarlo: ante la mención de cualquier talento comparable al suyo, echaba veneno por la boca. Pero la comparación es esclarecedora. 

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Vitamina P

Simplificando mucho, sería posible intentar dos tipos de aproximación crítica a la literatura: podemos, en primer lugar, tratar de comprender qué es lo que hace que una determinada obra sea única (tarea, en último término, imposible, por lo que no iremos más allá de la aproximación), o bien podemos, en segundo lugar, poner esa obra, o a su autor, en relación con el resto de obras contemporáneas suyas, o con las peculiares condiciones sociales, económicas y políticas en medio de las cuales fue escrita.

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El mal absoluto

Poco antes de la medianoche del 31 de mayo de 1962, en una prisión en Ramala, se llevaba a término la condena. El reo no había querido cenar, aunque sí pidió vino. Mientras aguardaba en el cadalso, le sirvieron un vaso de vino tinto de la bodega Carmel, elaborado según la certificación kosher. 

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Reescribir el islam

Emilio González Ferrín sigue desafiando a la «oficialidad académica». Ya lo hizo en 2006, cuando publicó en esta misma editorial Historia General de Al-Andalus. En ella se cuestionaba aquello que nos habían enseñado hace años como un dogma: los «musulmanes» nunca invadieron y conquistaron España, simplemente porque en ese momento no existían como tales. Para el autor, ni el Corán ni la tradición islámica estaban codificados en 711 y a la lengua árabe todavía le faltaba un siglo para ser lingua franca.

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Singapureces

Si usted nació en Singapur, puede considerarse una persona afortunada. Según el almanaque de la CIA estadounidense, en 2012 la renta per cápita del país en términos de poder adquisitivo (Purchasing Power Parity, o PPP en la jerga de los economistas) se estimaba en 60.900 dólares estadounidenses. Si vive en una familia de cuatro personas que esté en la mitad de la distribución de la riqueza local, usted se quedaría justo por debajo del tipo impositivo que el presidente Obama quiere para los estadounidenses más ricos. Si su familia se encuentra en el primer decil estadístico de renta, los del 99% le considerarán uno de sus peores y más codiciosos enemigos. Si ha sido favorecido por el sistema de cuotas étnicas, perdón, multiculturales, de la ciudad-estado, es posible que haya tenido oportunidades de labrarse una carrera prestigiosa en un discreto segundo plano de la elite, acumulando honores amén de riquezas. Si, además, es usted un poco pretencioso, como parece serlo Kishore Mahbubani, es muy posible que le vengan a la cabeza e incluso publique unas cuantas singapureces.

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Blanco tirando a rojo

Nunca encanece a gusto de todos. Es más, a quien encanece temprano Dios no le echa una mano. Este es un argumento que definitivamente lastra toda discusión al respecto, porque, aunque es arduo de probar, siempre resulta engorroso poner en evidencia al mismísimo Padre Eterno, que bastante tiene él ya con su dosis de abstracción, empezando por la láctea pelambrera y acabando por esa barba lustrosa y nacarada que se confunde con un entorno de nubes o edredón de plumas, capaz de amortiguar las súplicas del más avezado beato. En fin, creo estar en disposición de asegurar que Dios
no se hace cargo de nuestras canas; de ellas tampoco. No, a él, como a todos los intemporales estetas, las canas le parecen una solemne tontería humana, una birria intempestiva, una demostración de que somos criaturas eminentemente perecederas y dolientes, solitarias.

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Karaoke

Otra vez. Estos estudiantes chinos me agasajan sin parar. Seguramente piensan que no tengo nada que hacer en los fines de semana y me llevan y me traen como a un zarandillo para que no me aburra. Banquete de bienvenida, sarao el Día del Profesor, cena de los adioses. Cada vez que vengo a dar unos cursos, me caen además un par de recitales de bel canto. No saben mis estudiantes, ni yo me atrevo a decírselo, que pocas cosas aborrezco tanto como los estropicios canoros perpetrados en la clandestinidad de un karaoke. Hace varios años no sólo me hicieron cantar Macarena, por aquello de mi nacionalidad, sino que, mientras yo peinaba arpegios, las chicas de la clase se marcaban una rumbita sincronizada al compás.

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