Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 10 de Enero. ¡Feliz Navidad!

ROBERT LOUIS STEVENSON. El señor de Ballantrae

Cuando Vladimir Nabokov se dispuso a preparar su luego famoso «curso de literatura europea», Edmund Wilson le advirtió de que Stevenson era un autor de segunda fila. Con los años, parece que Stevenson sigue gustando más a los escritores que a los estudiosos de la ficción literaria. Para Borges, el descubrimiento de Stevenson fue «una de las perdurables felicidades que puede deparar la literatura». Sin embargo, Stevenson permanece recluido en esa especie de reserva más o menos inefable que ha venido a ser la llamada literatura juvenil. Anaya acaba de reeditar El señor de Ballantrae en una traducción bien entonada de Ana Isabel Conejo e Hilario Franco, con un breve estudio de Luis Martínez de Mingo, y sin duda se

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BRUCE CHATWIN. Anatomía de la inquietud

A Bruce Chatwin se le comprende bien como un resultado de la cultura británica, capaz de producir esos inquietos aventureros y exploradores que, desde Cook hasta Hillary, se llamaron Livingstone, Stanley, Speke, Grant, Burton o Lawrence, o esos viajeros curiosos como Sterne, Borrow, Stevenson o Brenan, que dejaron anotados sus vagabundeos y sus exilios en páginas tan hermosas como certeras. Además, Chatwin fue un viajero de ahora mismo, del último cuarto del siglo XX , y a su amplia y sólida formación literaria se debe añadir el equipaje de unas seguridades científicas, en lo biológico y en lo etnográfico, de que sus predecesores carecían. Esta cultura científica le permitió, al profundizar en asuntos casi secretos para la mayoría, conseguir una

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El alcalde de Casterbridge

En un momento de esta novela, uno de los personajes dice: «Desde luego, hay unas fuerzas superiores que manejan nuestras vidas». El personaje no puede saber que tales «fuerzas superiores» provienen del puro designio del autor. Pues habrá pocas ficciones en que su autor juegue con tanto empecinamiento el papel de Dios omnipotente, dueño caprichoso del destino de sus criaturas mediante una peripecia llena de fatales sorpresas para los desdichados personajes que deben soportarlas. La novela se divide en 45 capítulos no muy extensos, cargados de incidencias que van enredando –nunca mejor dicho– la trama. En el arranque, Michael Henchard, un aparvador que va de camino, se emborracha en una taberna campestre, y subasta y vende a su mujer, Susan,

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