Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

Una biblioteca en la M-30

El padre Bosco paseaba por las afueras de Algar de las Peñas, observando a las bandadas de milanos que salpicaban el cielo. Poco a poco, se familiarizaba con la fauna de la zona. Siempre le había gustado la naturaleza, pero había pasado la mayor parte de su vida en entornos urbanos.

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El misántropo

Soy incapaz de amar al género humano. ¿Cómo voy a amar al imbécil que vive en el apartamento contiguo, un patán que sale al balcón con su mujer y sus hijos para celebrar los goles del Real Madrid?

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Diario del padre Bosco

Dante escribió su Comedia a la mitad del camino de su vida. Es decir, alrededor de los treinta y cinco años. Dado que yo he superado los sesenta, podría decir que comienzo a escribir un diario en el tramo final de mi existencia

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Tintín y la línea clara de Rafael Narbona

No comparto el mensaje del repetido eslogan publicitario que afirma que los cómics de Tintín son apropiados para lectores de siete a setenta y siete años. Más bien sospecho que si no lees a Hergé en la infancia o en la adolescencia,

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tarkovsky

Astronomía

El padre Bosco pedaleó hasta las afueras del pueblo. Las noches de verano invitaban a pasear bajo un cielo plagado de estrellas con aspecto de insectos luminosos volando sobre un estanque. Un viento suave desordenaba su abundante mata de pelo blanco.

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irma la dulce

Sabotaje

El coche apareció en las afueras de Algar de las Peñas mientras caía la tarde. Era un Mercedes de color negro que evocaba los coches oficiales, con ese despliegue de lujo que manifiesta la insolencia del poder. Se bajaron de él un hombre corpulento, de unos cincuenta años, y una mujer algo más joven, con un chaquetón granate y unos zapatos con tacón de aguja.

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Javier Marías, 2008

Miramientos

Algar de las Peñas, uno de los pueblos negros de Guadalajara, nunca había parecido una de esas villas manchegas, polvorientas y austeras, sino un lugar impregnado de una magia ancestral semejante a la que se advierte en las aldeas gallegas, con sus historias de brujas y trasgos

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Pueblos negros

El escritor

No sé qué demonios hago en Algar de las Peñas, pero no entra en mis planes volver a Madrid, ese infecto nido de ratas donde mis colegas se despellejan mutuamente, verdes de envidia por los éxitos ajenos, siempre dispuestos a poner zancadillas o propinar navajazos traperos sin ocultar la satisfacción que les proporciona contemplar cómo su víctima cae o muere desangrada

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El forastero

Un forastero siempre es un acontecimiento en un pueblo. Algar de las Peñas, con sus trescientos habitantes, está acostumbrado a los turistas de fin de semana, que se desplazan hasta sus calles atraídos por la iglesia, el entorno natural y las casas de pizarra, pero se trata de aves de paso, sombras que alteran el paisaje durante unas horas y luego se desvanecen. En las localidades pequeñas, las novedades parecen irreales o pequeñas fracturas que se cierran enseguida

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Los impostores

El profesor Calderón, catedrático de metafísica, y el profesor Fernández, con plaza de agregado, compartían una admiración reverencial por Heidegger. Ambos organizaban un seminario anual donde se releía Ser y tiempo con la convicción de abordar un texto infinito que albergaba las claves esenciales del conocimiento humano. Seleccionaban a los asistentes cuidadosamente, sometiéndoles a una entrevista que ponía a prueba su familiaridad con el lenguaje del Mago de la Selva Negra

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La sombra de Caín

Cuando el padre Bosco observó que la aguja de la báscula marcaba ciento quince, sonrió con la alegría del alpinista que llega a la cima. Por primera vez, la aguja no alcanzaba su límite, manifestando su impaciencia por traspasarlo con unas pequeñas e inquietantes oscilaciones

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