Archivo Revista de Libros

Por qué ahorran tanto los chinos

Casi todo el mundo, incluido su gobierno, está de acuerdo en que China necesita reequilibrar su economía y hacerla más estable y más eficaz. Pero no lo consigue. La receta principal para ese resultado -el aumento en el consumo de los hogares- sigue siendo una meta elusiva para sus dirigentes. De hecho, la sociedad china no logra que el consumo privado supere un 40% de participación en el PIB.

Leer más »

La conjura de los esnobs

El arte moderno sigue provocando todavía invectivas apasionadas. Entre dos pasiones, la indignación ante el presente y la nostalgia del

Leer más »

Mademoiselle Baudelaire brilla por su ausencia

El lector decadente es un brillante bien tallado por lapidarios expertos, aunque con una mácula que hubiera sido evitable: su título. Un título casi tan solo justificado por el texto editorial de la contraportada, donde al final se nos dice que este libro presenta en nuestra lengua una cuidadosa recopilación de textos «que harán las delicias de todo buen lector “decadente”».

Pero ¿qué es un lector «decadente»? Si la referencia es a las mismas premisas que dieron nacimiento a una literatura decadente, estoy convencido de que los mismos lectores de estos autores compaginaban sus lecturas con las de la trilogía Lourdes Rome Paris de Émile Zola y los prólogos sapientísimos a las comedias de George Bernard Shaw. Es más: en el prefacio a la sección francesa se nos dice que el decadentismo fue un «epíteto peyorativo acuñado por la crítica académica para desautorizar a aquellos escritores dispuestos a romper con la tradición del naturalismo».

Leer más »

Luis Buñuel: conversaciones de ultratumba

La idea de este libro de Jean-Claude Carrière fue también del propio Luis Buñuel. Uno y otro la tramaron como divertido párrafo final de las memorias del cineasta: Buñuel aceptaba la muerte inevitable, el vacío final, pero condicionada a alguna reaparición fugaz que permitiera al difunto seguir al tanto de las noticias de los tiempos que corrían. Por eso, Carriére, que fue el redactor de aquellos recuerdos (Mi último suspiro, 1982), ha querido convertirse en un Eckermann de ultratumba que visita a su admirado amigo para llevarle algunos periódicos y una botella de vino, aunque porte sus ofrendas funerales a un solemne panteón del cementerio de Montparnasse donde no están los restos de Buñuel, que fueron incinerados en México. Pero al difunto siempre le atrajeron las postrimerías y las sepulturas, y no hubiera desdeñado, sin duda, tal lugar de encuentro póstumo. El visitante nocturno tenía, a la fecha de redacción del libro, casi la misma edad de Buñuel cuando murió.

Leer más »

Últimas publicaciones

Reseñas