RESEÑAS

Los misterios de París

David B.
Los sucesos de la noche (vols. 1 y 2)
Barcelona, Norma, 2015-2016
Trad. de Manu Vidal
96 pp y 48 pp. 20 € y 20 €

Antes de que Walter Benjamin se planteara escribir su monumental y por siempre incompleta Obra de los pasajes, Louis Aragon publicó uno de sus modelos: El aldeano de París (Madrid, Errata Naturae, 2016). Un libro hipnótico que contrapone dos espacios muy significativos de la capital de Francia y del siglo XIX: los pasajes y los parques. Como su compañero de aventuras etílicas y poéticas, André Breton, Aragon camina por  un París flotante, en el que todas las esquinas y todas las puertas pueden conducir a la alucinación o el sueño. Entre los herederos de esa obra seminal están tres autores tan distintos como el propio Benjamin, filósofo y narrador o narrador filósofo, el novelista y ensayista Georges Perec (las enumeraciones de comisarías de policía y de oficinas de recaudación y de correos y de telégrafos bien podrían pertenecer al autor de Especies de espacios) o el artista gráfico y guionista David B. Porque cuando describe pormenorizadamente el pasaje de la Ópera, Aragon toma como puntos de referencia dos librerías, una del interior del pasaje y la otra exterior a él: la librería Rey y la Flammarion. Ese podría ser el hilo vanguardista del que parte secretamente Los sucesos de la noche. Reinventar el surrealismo. Reinventar París. Y hacerlo tejiendo viñetas y digresiones y sueños mediante el hilo de Ariadna de las librerías.

Este cómic en dos volúmenes, que promete una continuación que probablemente nunca llegará, porque David B. es famoso por sus proyectos interrumpidos, comienza con la conjunción de un sueño y una librería. El protagonista, que se parece mucho al autor, sueña en 1993 con que encuentra –precisamente– los tomos 2 y 3 de una serie de folletines o revistas titulada «Los sucesos de la noche», historias fantásticas de finales del siglo XIX y principios del XX. A partir de ese momento emprende una búsqueda patética, onírica y épica de otros tomos. Una búsqueda en la que su camino se cruzará con el de Azrael, ángel de la muerte; con Ene, el dios antiguo de la masacre y el olvido; con un detective curtido en mil juegos sucios, que atesora el archivo de todo lo deleznable que ha ocurrido en la ciudad y el Gobierno; con una banda de criminales que se ocultan y se multiplican; y, sobre todo, con los libreros más emblemáticos de París, porque la clave de la indagación está en las librerías, como nodos de una red que da a la metrópolis otro sentido.
 

Los sucesos de la noche fue precedido por dos volúmenes de David B. que convocan una imaginación similar, están ambientados en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial y son protagonizados por los personajes que había creado en La lectura de las ruinas (Barcelona, Norma, 2008). En esas dos entregas de Por los caminos oscuros (Barcelona, Norma, 2008-2010) quedaba claro el interés del autor por las vanguardias históricas y su apuesta por el onirismo y el subconsciente, pues reconstruye la aventura dadaísta de Gabriele D’Annunzio en Fiume; y planta la semilla que fructifica en su obra posterior, pues en las páginas finales se dice que el protagonista, Lauriano, «escribía artículos para Los sucesos de la noche; cada vez con un seudónimo distinto. Intentaba aparecer lo menos posible en todos los actos de su vida. Aguzaba todos sus sentidos buscando una señal del país de Nunca Jamás». Si bien ambos proyectos pueden considerarse como dos actos de una misma y genial obra de teatro, el color de Por los caminos oscuros (que es obra del colorista Hubert a partir de los originales de David B., procedimiento habitual en el mundo del cómic) aleja esta obra del pulp y la acerca a las artes plásticas de la época que trata, la de entreguerras en ebullición artística. Los sucesos de la noche, en cambio, sólo podía ser en blanco y negro, porque el mundo del que participa es igualmente surreal, pero sus caminos son realmente oscuros, sin lugar para el amor o el final feliz de su antecesor.

El resultado de las idas y venidas de David B. por ese París de librerías de viejo y puentes criminales, de despachos de policías y apartamentos donde se cometen asesinatos salvajes, es todavía más extraño que el de D’Annunzio en Fiume. Es una topografía fascinante que contiene tanto elementos de la ciudad surrealista y oulipiana como de la tradición pulp de Los misterios de París de Eugène Sue y del cómic underground. Pero, sobre todo y al mismo tiempo, es absolutamente personal. Como From Hell, de Alan Moore y Eddie Campbell, que nos revela un Londres simbólico y secular (que Moore extrae de la obra post-situacionista de Iaian Sinclair, el erudito oscuro de la metrópolis, el reverso del luminoso Peter Ackroyd, su biógrafo oficial), Los sucesos de la noche nos obliga a mirar la ciudad de un modo nuevo, mitológico, mitográfico, desquiciado y deslumbrante. Bajo la historia, bajo las páginas, bajo París, en la obra late una historia inmemorial de la destrucción. Las digresiones que cuentan el mito del diluvio universal según varias versiones, a partir de la babilónica, el primer genocidio ejecutado por los dioses; y la extinción de los grandes mamíferos prehistóricos, la primera extinción ejecutada por los seres humanos dan al cómic un vuelo estratosférico, aunque sean sendos descensos a los infiernos. Esa oscilación constante entre la aventura y la reflexión filosófica, entre la acción barriobajera y la conexión cabalística, entre el relato de detectives y la figuración mitológica convierte a Los sucesos de la noche en una obra maestra. En mi opinión, la obra más importante de su autor.

Las obras mayores de David B. se mueven entre la realidad y la imaginación, entre la verosimilitud y el sueño. Su título más conocido, Epiléptico. La ascensión del gran mal (Madrid, Sinsentido, 2001-2007), que además de un relato familiar, centrado en la figura de su hermano enfermo, es una autobiografía de artista en la que se ve la genealogía de su vocación y de su artesanía, recurre a la enorme plasticidad de su imaginación para escapar, mediante figuraciones abigarradas y míticas, de la aplastante realidad. Y Los mejores enemigos. Una historia de las relaciones entre Estados Unidos y Oriente Medio (Barcelona, Norma, 2011-2015), un libro de divulgación histórica cuyo guión es del profesor Jean-Pierre Filiu, comienza con imágenes bastante fieles al texto y, a medida que avanza, y de un modo definitivo en el segundo volumen, muta en una sucesión de dibujos que interpretan de modo muy libre las palabras que acompaña. Páginas y páginas de interpretación. De torrencial visualización simbólica del universo. Cuando lo real es un punto de partida, pero no necesariamente de llegada, como en Por los caminos oscuros o Los sucesos de la noche, encontramos a mi entender la mejor versión de David B. Porque, sea cual sea el material con el que trabaja –documentos o sueños–, lo va a traducir a su propio universo referencial y gráfico, que es más onírico que documental.

Todas las obras que he citado tienen en común una visión del mundo absolutamente conflictiva. Las bandas de criminales de Por los caminos oscuros o Los sucesos de la noche, con sus enfrentamientos y hasta masacres; las decenas de escaramuzas y guerras entre Estados Unidos y los distintos países orientales que van narrándose en Los mejores enemigos, con un prólogo que conecta ese imaginario violento con El poema de Gilgamesh; los enfrentamientos con médicos, vecinos y otras personas que caracterizan la vida de la familia del autor en Epiléptico. También otros títulos menores, como La banda de los postizos (con Tanquerelle, Barcelona, Barcelona, Norma, 2013), representan un universo de lucha entre la ley y el crimen, el orden y el caos. En las viñetas más escalofriantes de Por los caminos oscuros esas luchas se representan en forma de grabados intestinales, inspirados en pintores como George Grosz, en los que los hombres se identifican con perros. Pero en muchas otras páginas la representación nos lleva a un diseño mítico, inspirado en textos sagrados y legendarios. Eso significa que, para David B., el surrealismo o el propio lenguaje del cómic no son más que vehículos a través de los cuales conectar con el subconsciente colectivo, con su galería de formas y símbolos, con los dioses que hemos ido matando, con nuestra violencia original.

Jorge Carrión es escritor. Sus últimos libros son Los muertos (Barcelona, Mondadori, 2010), Los huérfanos (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2014), Los difuntos (Badajoz, Aristas Martínez, 2015) y Los turistas (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2015).

26/09/2016

 
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