RESEÑAS

La verdadera historia de mi vida

Ricardo Piglia
Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación
Barcelona, Anagrama, 2015
360 pp. 21,90 €

La aparición del primer volumen de Los diarios de Emilio Renzi, de Ricardo Piglia, supone un hito editorial, ya que el autor bonaerense es, junto a César Aira y gracias al tardío reconocimiento en España, la figura más relevante del panorama literario argentino y uno de los futuribles premios Cervantes. El avance de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) ha animado a Piglia a decidirse a publicar esta obra. Emilio Renzi, el ya frecuentado álter ego, se presenta esta vez como la versión más indivisible de su yo real para explicar la razón de ser de este auténtico testamento, «la verdadera historia de mi vida»: «Por eso yo estoy transcribiendo mis diarios, porque quiero que sepan que hoy, a los setenta y tres años, sigo pensando lo mismo, criticando las mismas cosas que cuando tenía veinte años».

El autor de Respiración artificial ha creado a Emilio Renzi (Emilio y Renzi son su segundo nombre y apellido, respectivamente) porque su literatura se construye desde dentro de la literatura, bebe de los juegos de ese arte y de esa máquina de pensamiento, de sus mecanismos, de las recursividades que le ofrece ese universo elegido como un destino. Por eso, el viaje por sus días de la década de 1957 a 1967, representados por trescientos veintisiete cuadernos, difícilmente puedan interesar fuera del espectro de lectores interesados en la literatura y sus aledaños. Renzi («Un yo que hace como que soy yo», que escribiría Richard Ford citando a Larkin) retrata la vida en general y la historia de una vida en particular, a través de las gafas de la literatura de un literato puro, una de las últimas figuras románticas del gremio de escritores. Ese romántico y ese analista constante, devorador de libros y fuente de permanentes tesis e hipótesis sobre cada una de sus lecturas plasmadas en las páginas del volumen, construyen un ensayo, una autobiografía, la «forma de intervenir como me parece a mí que un escritor puede intervenir», como confesó Piglia en sus Conversaciones en Princeton cuando le preguntaron si algún día publicaría sus cuadernos. Años de formación se titula este primer volumen de tres (el segundo será Los años felices y verá la luz en 2016, y el tercero, Un día en la vida, en 2017), y también supone la revelación de un tesoro escondido, muy esperado por lectores, estudiosos y críticos.

Ahora bien, el contenido es disparejo, tan disparejo como debe ser un cuaderno de apuntes o un diario personal. Sin embargo, la sagacidad intelectual del joven Piglia y el brillo de una prosa seca e intensa, por momentos informativa («Hoy jugué al póker y gané cuatro pesos»), invita al lector a acompañarlo en una suerte de aventura uniforme que incluye sus incertidumbres económicas y sentimentales, la existencia de quien ha «abandonado tantas cosas por la literatura». La épica de esta «vida de escritor» comienza cuando se independiza en la ciudad de La Plata –a quinientos kilómetros del domicilio familiar– y tiene que ganarse la vida solo. Los apuntes sobre amigos, novias, borracheras, fútbol, el descubrimiento de la ciudad de La Plata a la manera de un voyeur o extranjero y un clima de bohemia estudiantil al estilo cortazariano, quizá resulten menos originales, más parecidos a los de otros jóvenes aspirantes a artistas del siglo XX, incluso del XIX. Una característica que se aprecia en la primera parte, que llega hasta el año 1967.

En la segunda parte, a salto de trenes y valijas entre La Plata y la capital federal, aparece el corazón de la obra, donde se presenta la doble aportación del doble Piglia/Renzi: primero, dar cuenta de los movimientos políticos, culturales y, particularmente, literarios de la época; y, segundo, construir a través de un tejido de diferentes párrafos, fechados o no, una suerte de teoría personal del arte, la literatura y el cómo y el porqué de escribir un diario personal.

En el terreno de lo histórico y lo político, Piglia ha sido un hombre comprometido con la izquierda en sus diferentes variantes, amigo y socio de revistas y otros proyectos editoriales en compañía de gente a la que retrata con cariño y admiración: David Viñas, Haroldo Conti, Rodolfo Walsh, Miguel Briante, Juan José Saer, Daniel Moyano, Vicente Batista, Edgardo Cozarinsky (algunos acabaron desaparecidos y otros exiliados durante la dictadura militar de 1976). Entre aquellos jóvenes se discute sobre Vietnam, Perón, la irrupción de Mercedes Sosa («una folklorista que recién empieza y tiene una voz con un tono parecido al de Joan Baez») y la política gremial de los escritores frente a los cambios generales del mundo. Sin embargo, la postura política de Piglia se centra en la literatura: «Pensar la literatura como una práctica social y ver qué función tiene en la sociedad».

La plasmación de su mirada sobre el arte en general, la filosofía, el cine e incluso el tango es abundante, diversa y, sin duda, el punto más refinado e inteligente de esta primera entrega de los diarios. Algunas citas: «Un tipo de escritor que comete las mismas estúpidas esquematizaciones de cualquier novelista social “de izquierda”, pero con el discreto cinismo de un escritor de derecha» (sobre Manuel Peyrou); «La temporalidad en Rulfo y Faulkner no es psicológica sino épica»; «El tiempo es una necesidad del pensamiento»; «La Yumba [de Osvaldo Pugliese], donde si se escucha bien está todo Piazzolla». Estas ideas personales se complementan con una importante lista de menciones de libros y documentos –uno de sus muchos gestos borgianos–, que van desde el lirismo de Proust, pasando por las negritudes de su visitada y revisitada tradición criminal estadounidense, hasta las confidencias biográficas del caudillo argentino Juan Manuel de Rosas: «Cómo he leído alguno de mis libros podría ser el título de mi autobiografía (si la escribiera)», dice Renzi.

Entre todas esas lecturas y escrituras que lo habitan y lo apasionan, el género autobiográfico es uno de los preferidos de Piglia y, por ello, a la vez que escribe, lee lo que va escribiendo y hace consideraciones: «Leo lo que escribí en estos cuadernos, desorden de los sentimientos. Busco una poética personal que aquí no se ve (todavía)». Acompañado de varios diarios ajenos que va glosando, poniendo especial interés en el de Cesare Pavese, Renzi/Piglia se convierte en comentarista de su propia vida a través de lo que le pasa. Cuenta y reseña también la vida de los otros, lo que ve, lo que escucha, lo que lee, razona sobre los comentarios del fútbol («Escucho el partido… Me interesa el hecho de que la narración está acompañada por “los comentarios”, es decir, la explicación teórica de lo que sucede en el juego. El relato y el concepto que lo define vienen juntos»). Se centra en todas las formas de narrar la vida y el mundo: más que de vivir la vida, se trata de narrarla para narrarse.

Ya llegando a las páginas finales, donde aparece la forma más cercana al Piglia anciano y enfermo del presente, la idea de la escritura es «un modo de volver a vivir el presente. Lo memorable no es el gesto aburrido de sentarme a escribirlos: sólo los justifica el porvenir».

Quizás el objetivo primordial, presente durante todas las páginas de estos Años de formación, es llegar a definirse como escritor: «¿Cómo se convierte alguien en escritor, o es convertido en escritor?», se pregunta razonablemente ignorante y curioso. Aunque también escribe más tarde: «Como siempre, me espera algo parecido a un mandato (de nadie), un mandato que yo mismo he construido para mí (escribir y ser un escritor). Tampoco sé si eso tiene sentido. Pero, igual, siempre, vuelve a insistir».

Y, además de los laberintos de la literatura, están los relatos del abuelo que fue a la guerra y que trajo una carta conmovedora de otro soldado y unos binoculares que ilustran la portada de esta primera edición; el encuentro con García Márquez, presentado en una fiesta por Rodolfo Walsh; la alegría cuando llega un elogio de Cortázar sobre uno de sus libros; el día que a sus veintipocos años se permite apuntarle a Borges, en una visita que le hace a su casa, que en el final de su cuento «La forma de la espada», «algo sobra» (¡ay!); y las aventuras de su amigo íntimo ladrón, Cacho, a quien llega a ofrecerle datos para que robe una casa.

La verdadera, literaria y recomendable historia de una vida.

Guillermo Roz es escritor argentino. Su último libro es Malemort, el Impotente (Madrid, Alianza, 2015).

30/11/2015

 
COMENTARIOS

Alga 04/12/15 17:00
Un auténtico sopor, este diarista de Nombre falso. Se necesita una Respiración artificial para leer sus páginas, que son un Blanco nocturno (y diurno). Este diario es una perpetua hinchazón del ego del autor. Lástima, estas Formas breves como la Argentina se me cae(n) en pedazos. Un diario quemado, que ni llega a Bronce, si acaso a latón. Sí, es un latón leer estas páginas, quiero que me devuelvan la guita pues Cozarinsky en "La tercera mañana" nos entrega algo autobiográficamente más creíble que estos desdoblamientos de un yo que siempre es el mismo. Piglia es un excelente escritor, pero hay una Teoría del complot entre los críticos, casi todos parciales, por esas relaciones, todas presentadas de manera muy literaria, para hacernos que es el Messi(as) de las letras argentinas e hispanas.

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