RESEÑAS

Apuntes para una historia de la sexualidad en la España contemporánea

Jean-Louis Guereña
Detrás de la cortina. El sexo en España (1790-1950)
Madrid, Cátedra, 2018
Trad. de Marisa Guereña Mercier
640 pp. 25 €

A pesar de que teóricamente se admite –incluso con pretendida naturalidad‒ que ningún reducto de los afanes humanos debe hurtarse al escrutinio del investigador en general (o del historiador, en el caso que nos ocupa), lo cierto es que determinadas parcelas de la vida privada siguen consideradas asuntos subalternos, casi a nivel de anécdotas o curiosidades que sólo añaden pinceladas de color en el cuadro general de los grandes temas. Se catalogan como tales la economía, la política o la organización social, las relaciones internacionales, la cultura o la demografía. El historiador serio se consagra naturalmente a estas cuestiones trascendentales. Frente a ellos, un puñado de excéntricos se empeñan en husmear en parcelas tradicionalmente oscurecidas o postergadas por la historiografía establecida. Es verdad que ya hace tiempo han conseguido un cierto reconocimiento, pero, con todo, sus campos de trabajo o investigación siguen ocupando un puesto muy subsidiario al catalogar las variables fundamentales para entender el pasado.

El resultado inevitable de la situación descrita es la escasez (siempre relativa, eso hay que subrayarlo) de estudios y especialistas en estos campos poco apreciados por la historiografía tradicional. Una penuria que, ocioso es decirlo, se agrava en países como el nuestro, que no se distingue precisamente por su capacidad de ruptura o innovación, sino más bien por su condición mimética, como pone de relieve la coincidencia sistemática de los contemporaneístas españoles en los mismos temas (República, Guerra Civil, franquismo y Transición). Así las cosas, no debe sorprender que presentemos al autor del libro que comentamos, Jean-Louis Guereña, como una rara avis, al menos en un doble sentido. En primer lugar, cabría decir con propiedad de nuestro autor que es un hispanista, si como tal se entiende el profesional extranjero especializado en los asuntos de España. En efecto, Guereña, que ahora es catedrático emérito en la Universidad François Rabelais de Tours, ha desarrollado toda su carrera académica en el país vecino, siempre consagrado a la historia ibérica. Pero Guereña, hijo de republicano exiliado y madre francesa, no es un hispanista al uso, sino, en la práctica, un español que enjuicia su segunda (¿o primera?) patria desde una cierta distancia física, pero con una notoria cercanía sentimental y familiar. Quiero decir con ello que no encontraremos en él los defectos de un cierto hispanismo que trata se suplir con impostación afectiva algunas notables incomprensiones.

La segunda rareza del autor se sitúa en línea con la que abríamos este comentario. Guereña en cuanto investigador ha sido, por lo general, muy polifacético –y al tiempo, extraordinariamente prolífico‒, pero a lo largo de su carrera ha mostrado su apego, con reveladora persistencia, por la historia social en un sentido innovador y, más concretamente, ha orientado con frecuencia sus pesquisas en torno a las distintas vertientes de la sociabilidad en la España contemporánea: lugares de reunión, círculos, asociaciones, casinos, centros formativos y educativos, liceos obreros, cenáculos políticos, escuelas, etc. Hace ya varias décadas –al menos, por lo que yo sé, desde los años finales del siglo pasado‒ Guereña empezó a interesarse por la sexualidad (en su dimensión sociocultural) como una de de las vertientes más sugestivas para trazar un mapa global de la sociedad española a lo largo de su trayectoria histórica y, muy especialmente, en el período contemporáneo. Desde el principio, su pretensión ha sido comprender los hábitos sexuales como una de las expresiones más significativas de una sociedad en unas coordenadas espaciotemporales específicas. Siguiendo esa fructífera estela de la historia de las mentalidades que tanto se ha desarrollado en otras historiografías, en particular la francesa, Guereña rastrea las actitudes ante la sexualidad y las prácticas sexuales, tanto las aceptadas como las clandestinas, como parte fundamental de la vida cotidiana e, incluso, de la cultura, si entendemos ésta en su más amplio sentido. Ni que decir tiene que opera en todo ello el sobreentendido de que el sexo (o las actitudes hacia él) nos dicen más sobre una sociedad en un momento dado que buena parte de la vida pública, la esfera oficial o el orden constituido.

Fruto del antedicho interés por la historia cultural de la sexualidad son multitud de ponencias, artículos y monografías aparecidas en los últimos veinte años. Una cantidad ingente de publicaciones, de las que aquí es imposible dar cuenta detallada, que han convertido sin lugar a duda a Jean-Louis Guereña en el más reconocido especialista en la historia del erotismo en la España contemporánea. Mencionaré tan solo a título indicativo La prostitución en la España contemporánea (Marcial Pons, Madrid, 2003); La sexualidad en la España contemporánea (1800-1950), un volumen colectivo en el que Guereña hacía las veces de participante y coordinador, publicado por la Universidad de Cádiz en 2011; y, en tercer lugar, un impresionante trabajo de recopilación publicado por Libris también en 2011: Un infierno español. Un ensayo de bibliografía de publicaciones eróticas clandestinas españolas (1812-1939). Es importante tener en cuenta toda esta bibliografía anterior, porque el libro que ahora ve la luz con el título un tanto anodino de Detrás de la cortina y el subtítulo genérico e impreciso de El sexo en España (1790-1850) no es en puridad una obra original, sino una recopilación revisada y actualizada de los trabajos que Guereña ha ido publicando en estas dos últimas décadas. Por tanto, es conveniente subrayar que el interesado en estos temas que haya ido siguiendo la trayectoria de Guereña no encontrará apenas novedades significativas en este grueso volumen –más de seiscientas páginas‒, aunque la utilidad del ejemplar sea indudable, en la medida en que ordena y facilita una serie de aportaciones anteriores no siempre fáciles de consultar.

El libro que pone ahora la editorial Cátedra al alcance del lector español es una traducción del original francés Les Espagnols et le sexe, XIXe-XXe siècles, publicado por la Universidad de Rennes en 2013. Las reservas antes expuestas en relación con el título español (que podrían hacerse extensivas al original) remiten a una observación o, mejor dicho, una advertencia fundamental que el reseñista se ve obligado a hacer antes de entrar en materia propiamente dicha. No estamos, ni mucho menos, ante una historia sistemática de la sexualidad en la España contemporánea, como puede inducir a pensar el título, sino ante unas aportaciones parciales que tratan de forma prolija determinados aspectos relacionados con la historia cultural de la sexualidad, como son la educación sexual, el mundo de la prostitución, el uso del preservativo, los folletos de contenido erótico o las imágenes pornográficas. Bien es verdad que esta precisión ya la hace –y en más de una ocasión‒ el propio autor en las páginas interiores, con una franqueza que le honra, por lo que parece que la elección del ambiguo título se debe más bien a una decisión editorial, o simplemente a la dificultad de encontrar un rótulo más adecuado para agavillar los muy heterogéneos contenidos del libro y las no menos dispares perspectivas de análisis. Porque es esto último –la dispersión de contenidos‒ lo que al final termina primando y confiriendo su carácter al volumen, tanto para lo bueno como para lo malo.

Esta última alusión me permite decir ya que lo positivo y lo negativo se hermanan de modo inextricable a lo largo de estas densas páginas. El rigor de Guereña le lleva a la exhaustividad bibliográfica y a la precisión casi maniática, convirtiendo su recorrido por la sexualidad en un laberinto de citas, observaciones eruditas y matizaciones prolijas que terminan haciendo fatigosa la lectura. Este es, indudablemente, un libro serio –muy serio, incluso, pese a su temática supuestamente liviana‒, una mina para investigadores y especialistas por la cantidad de datos que contiene, pero precisamente por ello poco apto para el público generalista, que se sentirá probablemente defraudado en sus expectativas sicalípticas, apenas satisfechas por algunas ilustraciones tan procaces como divertidas. Tampoco le vale la calificación de ensayo, porque en realidad aquí no hay tesis dignas de tal nombre, ni tampoco una línea interpretativa coherente y sostenida, sino más bien un estudio –o una serie de estudios‒ de carácter marcadamente empírico, con exégesis muy apegadas a esos hechos. En este aspecto, se trata de un libro claramente diferenciado del volumen de Maite Zubiaurre de parecida temática, Culturas del erotismo en España (1898-1939) (Madrid, Cátedra, 2014). Lo que en el ensayo de Zubiaurre eran interpretaciones atrevidas y, a menudo, bastante discutibles, en la labor de Guereña es contención y estricto sometimiento a los datos, hasta el punto de que a veces en la narración o el análisis se intercalan largas listas bibliográficas (así, por ejemplo, en las páginas 366-375, 462-463 o 476-478), que no contribuyen, como apuntamos antes, a la fácil lectura del texto.

De la amplia introducción general («¿El historiador en la alcoba? Contribución a una historia de la sexualidad en la España contemporánea»), quisiera destacar tres asuntos. El primero, sucintamente aludido párrafos atrás, es la constatación empírica del desfase entre los estudios de este tenor en España y otros ámbitos (el mundo anglosajón y Francia). Mientras que en estos últimos puede hablarse de un desarrollo que ha llevado a la plena «normalización», la pregunta «¿Qué pasa, pues, al respecto en España?» se salda con un previsible «Los retrasos son evidentes» (p. 26). La segunda cuestión es la breve pero esclarecedora exposición de las diversas manifestaciones sociales en torno a la sexualidad que servirán de mimbres al historiador: en un primer nivel, los discursos oficiales (religioso, médico, jurídico y político) y los discursos alternativos o heterodoxos (entre ellos, neomaltusianos y eugenistas); en un segundo estadio, las representaciones literarias (de ficción o memorialística) y artísticas (escultura, pintura, dibujo, grabado, fotografía, cine); y, en un último plano, el más difícil de todos para el historiador por obvias razones de rastreo y documentación: la cuestión de las prácticas concretas.

Precisamente este problema de secreto relativo en la conducta sexual determina en buena medida el trabajo del historiador de la sexualidad, que se ve fuertemente condicionado por la naturaleza «de las fuentes efectivamente disponibles». Se trata de un punto crucial que Guereña expone con naturalidad: sobre muchísimos aspectos de la sexualidad sólo caben conjeturas, porque escasean los datos y testimonios, o estos son más que sospechosos. Aun así, las fuentes son amplias y diversas, pero bien es verdad que encauzan las investigaciones hacia determinados ámbitos en perjuicio de otros. Eso explica, por poner un ejemplo incontrovertible, que se haya privilegiado el estudio de la prostitución –sobre la que hay múltiples fuentes de distinto tipo‒, mientras que otras realidades como las violaciones, los abortos o las prácticas inusuales quedan en una penumbra poco menos que inevitable.

Para dotar de mayor coherencia al variopinto material que integra el volumen, Guereña ha utilizado dos recursos, aparte de varias introducciones sucesivas y una breve recapitulación final. El primero de esos recursos, meramente formal, ha sido titular los diversos capítulos de un modo un tanto forzado, con el evidente fin de resaltar una supuesta base común entre ellos. Así, el primer capítulo, con el epígrafe de «El sexo revelado», trata de las colecciones populares de sexología. El segundo, «El sexo por proteger», trata del preservativo masculino. El tercero, «El sexo en venta», de la prostitución. El cuarto, «El sexo tolerado», del burdel. El quinto, «El sexo denunciado», de la cruzada abolicionista de Josephine Butler. Luego siguen «El sexo censurado», «El sexo exaltado», y así hasta el final. El segundo de los recursos ha consistido en la organización y distribución de los susodichos capítulos en tres grandes bloques cuya coherencia interna es relativa: la más indiscutible en este sentido es la del segundo, integrado por tres capítulos sobre la prostitución. El primer bloque, sin embargo, agrupa dos temas bien distintos, como los libros de divulgación de la sexualidad y el uso del condón. La tercera sección, la más amplia, contiene varios capítulos de temática semejante (libros eróticos y pornográficos), pero incluye también una famosa polémica entre Gregorio Marañón y un joven húngaro, Oliver Brachfeld, que tiene poco que ver con lo anterior.

En todo este recorrido se pone de manifiesto a cada paso el abrumador dominio que tiene Guereña de la bibliografía de cada uno de los aspectos tratados. Prácticamente no hay página que no contenga múltiples referencias, hasta el punto de que el peligro es que el lector se pierda en la impresionante cascada de datos que se le suministran. Creo que hasta el especialista hubiera agradecido una mayor dosificación en este sentido o, por lo menos, agrupar en apéndices buena parte de esta prolija información y dejar algo más expedita la lectura y más claro el hilo conductor. Sea como fuere, el interesado en el tema no puede sentirse defraudado, sino todo lo contrario, pues el trabajo de Guereña es impresionante. Ahora bien, debe quedar claro que, como dije antes, este libro no es propiamente un ensayo. El autor expone, enumera, compila y analiza, pero saca conclusiones a cuentagotas. No hay una interpretación general del papel de la sexualidad en la sociedad española contemporánea. Puede que sea aún prematuro pedir algo así, porque, como argumenta Guereña al principio y al final (pp. 17 y 583), «el número todavía insuficiente de estudios monográficos» hace hoy por hoy inviable «una historia global de la sexualidad en España en la época contemporánea».

No quiero poner punto final a este comentario sin un apunte de marcado carácter personal. Puedo dar por buenas todas las explicaciones antedichas acerca de las limitaciones que halla en su cometido un historiador de la sexualidad, es decir, su condicionamiento por las fuentes, por la escasez de estudios de base o por la propia naturaleza del tema. Lo que, en cambio, me cuesta más trabajo perdonar al autor es que haya enterrado por prurito científico (ya saben, esa impostada seriedad del ámbito académico) su disposición irónica y su sentido del humor, cuando hay múltiples facetas que piden a gritos una aproximación menos acartonada y circunspecta. Sobre todo en el capítulo de la producción literaria, ya sea en forma de narrativa o de ilustraciones. Para que se hagan una idea, algunos grabados de época resultan irresistiblemente jocosos por la confluencia de tres factores: las posturas inverosímiles, las indumentarias de ambos sexos (ellos, por ejemplo, ejercen hasta con el sombrero de copa puesto) y las aleluyas que explicitan lo que no hace falta explicar. Así, un grabado que presenta a una mujer, tumbada en una chaise longue con las piernas abiertas casi ciento ochenta grados y la mano en el centro (obviamente masturbándose), viene acompañado por esta coplilla: «Para calmar este ardor / Al impulso extraño cedo / De meterme el dedo... ¡Ay, dedo! / Ya te quisiera... mayor». O, por citar otro caso representativo, la mera relación de títulos de Antonio Astiazarain, entre 1933 y 1934, presenta perlas como estas: La mamada victoriosa, Alí-Follar o las 40 cachondas, Manual del perfecto jodedor o, para mi gusto, la mejor de todas: La socialización del chumino, subtitulada, por si hacía falta, Novela comunista.

Rafael Núñez Florencio es Doctor en Historia y profesor de Filosofía. Sus últimos libros son Hollada piel de toro. Del sentimiento de la naturaleza a la construcción nacional del paisaje (Madrid, Parques Nacionales, 2004), El peso del pesimismo: del 98 al desencanto (Madrid, Marcial Pons, 2010) y, en colaboración con Elena Núñez, ¡Viva la muerte! Política y cultura de lo macabro (Madrid, Marcial Pons, 2014).

02/01/2019

 
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