RESEÑAS

Baroja, humano enigma

Antonio Regalado
Pío Baroja: cronología razonada
Málaga, Universidad de Málaga, 2017
313 pp. 14 €

Francisco Fuster
Aire de familia. Historia íntima de los Baroja
Madrid, Cátedra, 2018
18o pp. 18 €

De los cuatro grandes narradores de la crisis de fin de siglo ‒Unamuno, Azorín, Valle-Inclán y Baroja‒, este último es el que resiste mejor el paso del tiempo. No quiero decir que los tres restantes se hayan perdido en los remolinos del pasado, pero ninguna obra ha perdurado de la manera en que lo ha hecho la del donostiarra. A diferencia de sus compañeros de generación, don Pío sigue teniendo lectores espontáneos y gozosos, como vienen a demostrar de modo distinto los dos libros que aquí se reseñan. Por supuesto que la obra de los tres restantes sigue interesando, pero, a decir verdad, interesa a la minoría selecta de escritores y críticos académicos, y sobre todo a los lectores obligados por las galeras de los planes de estudios. Suele aducirse que la razón de la pervivencia y la supremacía de Baroja sobre el resto de su generación se debe a la amenidad, la sencillez y eficacia de sus relatos, pero tampoco puede olvidarse que, sin llegar a encarnar un mito personal o político a la manera de Valle-Inclán o Unamuno, el personaje y su contradictoria personalidad resultan muy atractivos. Por estas dos poderosas y atractivas razones, no debe extrañarnos que continúen apareciendo publicaciones que tratan de sondear el humano enigma con que obra y autor interrogan a los lectores. Este es el motivo de que nos ocupemos aquí de dos monografías recientes que tienen como objetivo un mayor esclarecimiento de la figura de Baroja a través de su obra narrativa, desde una perspectiva que no reclamará tanto a los estudiosos o especialistas como a los amantes incondicionales de su obra.

Los libros de Antonio Regalado y de Francisco Fuster, autores ambos ya de otras obras dedicadas a Baroja, resultan, aun tratando sobre el mismo autor, muy distintos en planteamientos y resultados. Tienen, sin embargo, en común su aspiración biográfica. Cada uno a su manera se presenta, desde el mismo título o subtítulo, como una elucidación de la vida del autor o del contenido autobiográfico de su obra, pero este objetivo se cumple solo a medias. Ambos prometen desde el título –Regalado con la «cronología» y Fuster con la «historia»‒ un libro biográfico, pero, como tendremos ocasión de ver, el título, más que un referente real, se asemeja a un trampantojo. El libro de Regalado, continuador de su anterior Leyendo a Baroja (2006), recoge interesantes materiales en bruto para un posible libro sobre Baroja, que la muerte le impediría terminar. En el caso de Fuster, esta «historia» o biografía familiar de los Baroja, inscrita en el título del libro, es un prometedor esbozo.

La obra de Antonio Regalado, libro póstumo como ya se ha dicho, que edita e introduce José Lasaga, anuncia en el título «una cronología razonada», lo que podría hacer pensar al lector que va a encontrarse con un derrotero completo y explicativo de la vida de Baroja. En realidad, se trata de una escueta selección de hitos biográficos que van componiendo, por riguroso orden de publicación, un resumen comentado, extenso la mayoría de las veces y telegráfico en otras, del argumento de cada libro. Al parecer el libro sale de los cuadernos de trabajo y de las anotaciones de las lecturas de la obra barojiana que Regalado tomaba con vistas a esa obra que no pudo terminar. Al hilo de cada resumen, incluye comentarios sobre los temas, técnicas narrativas, hechos históricos, relaciones con otras obras y autores, etc.

Como da a entender Lasaga, podría ser que Regalado concibiera el libro como una guía para lectores barojianos y, en ese sentido, el libro resultante cumpliría sobradamente su objetivo, pues son anotaciones precisas y pertinentes de un lector entusiasta de Baroja, que acierta en la mayoría de los casos y estimula a la lectura de los títulos comentados. Pero, sin contradecir este objetivo, es posible que su autor pensase también en un libro en el que la obra entera de Baroja se leyese como una suerte de biografía y, en este sentido, la estructura cronológica lo refrendaría. Una buena parte de los resúmenes busca demostrar, con mayor o menor rigor, el contenido autobiográfico de las novelas. No es un planteamiento original, sino un lugar común de la crítica barojiana, y de todos los biógrafos de Pío Baroja hasta ahora. Ya en 1912 Ortega y Gasset apuntó que «Andrés Hurtado es Baroja [...]. Andrés Hurtado simboliza la biografía esencial de Baroja mismo», a propósito de El árbol de la ciencia. Y desde entonces la interpretación autobiográfica de la obra del novelista no ha cesado. Además, a partir de los años cuarenta, la lectura en clave autobiográfica de sus novelas estaría avalada por las obras declaradamente memorialísticas que, cuando Ortega lo afirmó, no existían. A este planteamiento interpretativo se apunta Regalado en muchos de sus resúmenes y comentarios. ¿Es lícito o acertado atribuir intención autobiográfica a una obra de ficción? Podría ser, cuando menos, arriesgado o simplificador, pero en el caso de Baroja, del que disponemos de unas amplias memorias y otros libros autobiográficos como Juventud, egolatría o Las horas solitarias, no sólo es lícito, sino imprescindible, para comprender correctamente las novelas.

Para el que suscribe, la existencia de unos libros declaradamente autobiográficos, incluso si son pudorosos o parciales, y los de Baroja lo son, permite considerar toda la obra de Baroja como un «espacio autobiográfico» (Philippe Lejeune dixit). En el espacio autobiográfico barojiano descubrimos una estrategia orientada a levantar un juego, plural y cambiante, de imágenes ficticias, en las que es posible reconocer la imagen del propio autor. Gracias a las memorias y libros autobiográficos, el lector puede pasar de la sospecha dudosa a la certeza autobiográfica, en la que, no obstante, sería improcedente la identificación mecánica entre autobiografía y novela, o del autor con el narrador-protagonista de una novela. Una interpretación de ese tipo podría dar como resultado una simplificación tanto de la autobiografía como de la ficción, cuya relación es siempre mucho más compleja y lábil de lo que a veces se pretende.

Además de los textos autobiográficos de Pío Baroja, se reconoce lo que se ha dado en llamar «el hipertexto memorialístico familiar de los Baroja». Me refiero, por supuesto, a las autobiografías, memorias y obras literarias de los hermanos de don Pío, Ricardo y Carmen, y de Julio y Pío Caro Baroja, hijos de Carmen y sobrinos del autor. Este conjunto de textos constituyen, en palabras de Francisco Fuster, «un inmenso caudal memorialístico», con los que pretende este autor, y es su propia expresión, «recrear la memoria de los Baroja [...] su vida interior». Como ya anticipé arriba, aunque el subtítulo de la obra anuncia una «historia de los Baroja», es decir, una biografía familiar, el libro es, en realidad, un conjunto de siete semblanzas, una para cada uno de los miembros: padres (Serafín y Carmen), hermanos (Ricardo, Pío y Carmen) y sobrinos (Julio y Pío), además de una topografía e historia de las sucesivas casas en que vivirían los Baroja: Capellanes, Álvarez Mendizábal, Ruiz de Alarcón y, sobre todas ellas, Itzea, verdadero bastión de la familia.

El libro está basado por tanto en los propios textos de los Baroja, con algunos añadidos de textos biográficos sobre don Pío: de Miguel Pérez Ferrero, su primer y autorizado biógrafo, hasta el último, José-Carlos Mainer, pasando por Miguel Sánchez-Ostiz, Luis Sánchez Granjel o Eduardo Gil Bera, que han utilizado en gran medida la propia obra del autor como material biográfico. Fuster, por tanto, se apunta a esta opción biográfica, que tiene alguna ventaja, pero un serio inconveniente: el texto biográfico deviene en texto endogámico, en la medida que se basa fundamentalmente en textos autobiográficos, es decir, textos en los que el propio autor es juez y parte. Y el biógrafo se convierte inevitablemente en vocero del biografiado.

Como ya he anticipado, Fuster ha dado a su libro una estructura de semblanzas: una para cada uno de los miembros de los Baroja. La forma elegida tiene su peaje. La estructura puede estar justificada cuando se trata de vidas más o menos paralelas, pero en este caso cabría hablar de vidas solapadas, con lo que la estructura no es operativa. Por dos motivos fundamentalmente: por momentos, se vuelve repetitiva, pues las vidas están tan ligadas que hay numerosos elementos comunes entre ellas; por otra parte, atomiza y separa lo que debería estar junto y en relación. Estos dos defectos se habrían paliado con un orden cronológico, que englobase y explicase las diferentes vidas de los miembros de la familia, y las entrelazara, no en función sólo del parentesco, sino de la interrelación e influencia mutua de sus acciones y del hilo causal que le diese al relato un orden interno. Fuster acabará escribiendo, pues está capacitado por su conocimiento del personaje y por su doble formación literaria e histórica, escribirá ‒decía‒ la biografía canónica que merece Baroja y todavía no tiene. Por el momento nos ofrece un ameno ejercicio preparatorio. No es poco.

Manuel Alberca es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Málaga. Sus últimos libros son La espada y la palabra. Vida de Valle-Inclán (Barcelona, Tusquets, 2015) y La máscara o la vida. De la autoficción a la antificción (Málaga, Pálido Fuego, 2017).

12/11/2018

 
COMENTARIOS

J. J. Quevedo S. 15/11/18 21:17
Sorprendente inicio de artículo, más aún en alguien que conoce bien la literatura de Valle-Inclán.
Valle-Inclán es mucho más moderno que Baroja. Sea o no sea leído, claro está. Lo que determina la modernidad o la resistencia al paso del tiempo no es el dato cuantitativo asociado a la lectura. Es más moderno y escribía infinitamente mejor que Baroja. Azorín está perdido en su irrelevancia esencial. Unamuno, quizá, esté en el cielo gozando de sí mismo.

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