Conversación en Beaver Lake

por Francisco García Olmedo

Esta es una narración por entregas. El hemisferio doliente es aquel en el que habitan los más desfavorecidos de este planeta. El narrador cuenta como conoció a Sara en Madrid y  quedó prendado de ella, justo antes de que esta se adentrara en el mencionado hemisferio y él se marchara a una universidad americana. En sucesivos episodios el uno y la otra se irán enfrentando a distintos aspectos de la difícil relación de los afortunados con los que no lo son.

En los capítulos anteriores. He relatado la incorporación de Sara en la clínica callejera del Dr. K. en Calcuta y mi llegada a la Universidad de Minnesota en Saint Paul, así como mi primera experiencia en los campos experimentales de dicha universidad. Me alojo en el apartamento de dos compañeros africanos que se convertirán en mis mentores. Sus biografías y sus personalidades no pueden ser más dispares. Rosa pide a Sara que le ayude un día donde la Madre Teresa. Cárcel y litigios del Dr. K. Conozco a Norman Borlaug y concibo enrolarme en alguno de sus proyectos africanos con la esperanza de que Sara se reúna conmigo.

El deshielo ha decorado de verde el paisaje, las temperaturas rondan los treinta grados centígrados y el calor de junio de Minnesota se deja sentir debido a la alta humedad; hay bochorno. Los innumerables lagos incluidos en el perímetro urbano de las ciudades gemelas, Saint Paul y Minneapolis, han dejado de acoger a los patinadores sobre hielo y a los navegantes de los trineos a vela para dar paso a los bañistas que aprovechan las últimas horas de luz después de su jornada laboral para darse un baño en un lago cercano.
Estoy con Kaboré a la orilla de Beaver Lake. Hemos elegido la sombra para tomar unos refrescos que hemos llevado en la nevera portátil. Una especie de mosquitos, que no pican pero que abruman por su cantidad, hace que la sensación no sea tan placentera como podría ser. Cuando vine a Saint Paul me advirtieron contra el frío extremo de su invierno, pero éste resultó ser bastante tolerable: frío seco bajo cero, cielo azul, nieve amontonada durante meses, clima en extremo placentero bajo el anorak salvo cuando sopla el viento. En cambio, el verano está resultándome bastante molesto.

‒ ¿Sabes que me preocupas? Coincidí con Wendy en una fiesta y me dijo que no habías dado señales de vida desde la del mes pasado. ¿No te gustó la...? A ella me parece que sí... Está muy bien... yo que tú...

‒ Wendy es excepcional y aquel encuentro fue increíble, aunque no estoy muy seguro de cómo ocurrió... creo que fue una maquinación tuya... pero ya te he contado que estoy obsesionado con Sara, que mi pensamiento está en Calcuta a todas las horas del día... Estoy enganchado...

‒ Eres demasiado romántico... nada de eso funciona a tanta distancia... debes pensar en el aquí y en el ahora... en el sexo...

‒ Sara es una mujer excepcional que se aleja cada vez más de mí, en cada carta, a medida que su compromiso con los dolientes se hace más firme... más irreversible...

‒ Conozco el tipo. Por Ghana aparecen como setas tras la lluvia. No son capaces de entender sus países de origen y pretenden arreglar el mío, que no lo entiendo ni yo y que no tiene arreglo.

‒ No conozco el tuyo, pero hay muchos países que necesitan ayuda...

‒ No necesitamos ni compasión, ni caridad, ni ayuda. Bastaría con que los países prósperos no subsidiaran sus productos agrícolas, nos bajaran los aranceles, nos pagaran las materias primas a precios justos y no nos impusieran las reglas del juego. Con eso nos bastaría. No necesitamos falsos programas de ayuda mal llamada humanitaria. ¿Cómo puede ayudarnos alguien que no sería capaz de arreglar ni siquiera su propio país o de vivir en nuestras pobres condiciones?

‒ No siempre es así. Mira el caso de Selassie... Aprendió a leer, salió de la aldea, fue al colegio, luego a la universidad y ahora se ha hecho especialista de los que no hay en su país... Todo eso gracias a la ayuda exterior.

‒ No creo que vuelva a Etiopía.

‒ Vuelva o no, sus variedades de sorgo sí que volverán. Si salva a los campesinos etíopes de la Striga, será por la ayuda... Mira, yo siento la pobreza y percibo que es injusta, pero no me considero responsable de ella. No creo que mi mundo sea responsable de todos los males del tuyo.

‒ Tú eres de los que crees que lo que Bill Gates pone en el mercado es una pura creación de Occidente que en nada depende de nosotros los pobres y que incluso nos beneficia, pero no es así en absoluto, porque para que se fabriquen los aparatos que engordan las grandes fortunas de tu mundo hay niños en el mío que sobreviven, por ejemplo, afanando el coltán, sin ir a la escuela, con sueldo mísero, mal alimentados, enfermos. El mineral lo compra un intermediario que lo vende a otro intermediario y así hasta llegar bien blanqueadito a una empresa de tu mundo. Para que éstas prosperen se financian guerrillas y gobiernos fantasma...

‒ Al menos Bill Gates está gastando grandes cantidades de dinero en ayuda.

‒ Bill Gates se ha creído que los países de mi mundo pueden gestionarse como si fueran empresillas de capital riesgo. Yo no niego que la tecnología que él representa pueda tener un efecto beneficioso para el desarrollo de mi país. Incluso un primo mío fundó una empresa de software en Accra y empezó a irle medio bien hasta que llegó una ONG alemana que distribuyó gratis entre sus clientes programas similares... Mi primo tuvo que cerrar y la ONG desapareció después de tres o cuatro años. Sigue existiendo esa necesidad y yo no descarto meterme en ese negocio cuando vuelva, pero tendré que aprender a defenderme de los que me quieran ayudar. Eso pasa con muchas ONG, que tan pronto vienen como se van.

‒ Hay un economista que estudia la evolución de la pobreza y que dice que la mayor benefactora de África es la empresa de la Coca-Cola porque ha creado ochocientos mil puestos de trabajo en el continente.

‒ Estaría de broma cuando lo dijo, pero es cierto que tenemos que crear empresas propias. Tal vez no debamos excluir a las multinacionales, pero no podemos dejar que eclipsen nuestras iniciativas o que nos estafen sin dejar otro beneficio que los puestos de trabajo. Creo que cuando vuelva voy a hacerme empresario. Otros que volvieron antes que yo acabaron contratados por una ONG, con salarios muy superiores a los que paga nuestro gobierno.

‒ Yo admiro los fuertes sentimientos de compasión y de solidaridad hacia los desvalidos que transpiran de las cartas de Sara, aunque yo no los sienta en la misma medida.

‒ No ayuda quien quiere, sino quien puede. Incluso si logras ayudar a unos pocos, ¿qué representa esa ayuda ante la magnitud del problema, excepto como paliativo para la mala conciencia individual?

‒ No se obtendrá un resultado relevante si no se intenta y no hay que subestimar lo que puede aportar un individuo.

‒ Predominan los fracasos... nobles fracasos, si quieres. Hay mucho individualismo y no se prima la eficacia frente al protagonismo individual. Hace falta masa crítica y experiencia previa para tener impactos significativos. Sin embargo, hay un terremoto y allí pueden presentarse miles de mini ONG que no hacen sino estorbar a las que realmente tienen capacidad para solucionar algunos problemas. Las buenas intenciones parece que prefieren encuadrarse en cabeza de ratón antes que en cola de león.

‒ Siempre habrá alguien como Borlaug, un solo individuo que ha sido capaz de salvar del hambre a millones de personas.

‒ Siempre hay alguna excepción. Desgraciadamente, la Revolución Verde dejó fuera a África.

‒ En la conferencia del otro día sobre el proyecto Sasakawa 2000 describió el mayor intento hasta ahora de tener un impacto significativo en la solución del problema del hambre en África. No te vi en la conferencia...

‒ A mí ese proyecto me parece muy sospechoso.

‒ A mí no me lo pareció, parecía muy factible con los medios con que van a contar. Desde ese día estoy dándole vueltas a la idea de pedirle una carta de presentación a Davies para Borlaug. Dijo que iban a necesitar muchos expertos y he pensado que, si pudiera trabajar con ellos en África, podría pedirle a Sara que se enrolara en alguna ONG africana para poder coincidir en el mismo sitio.

‒ Yo antes intentaría ver de dónde viene tanto dinero... ¿Por qué no te vienes a Ghana, a trabajar conmigo? Seguro que voy a tener sitio para ti.

‒ ¿Por qué eres tan suspicaz con el proyecto de Borlaug?

‒ No me cabe duda de que él y Carter van de buena fe, pero Sasakawa es un gánster de cuyas intenciones no me fío. Averigua quién es Sasakawa si no me crees. Consulta la hemeroteca... ¡Entérate de quién es!

03/04/2018

 
COMENTARIOS

M.Martin 04/04/18 16:38
El problema es tan complicado que aun con buena voluntad no se si alguien encontrará la solución si encima existen otros muchos intereses por el medio ya la complicación tiende al infinito.

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