DISCUSIÓN

Mahoma y la interpretación moderna sobre su religiosidad

 

Las atrocidades del yihadismo han dado lugar a interpretaciones intolerablemente simplistas sobre la naturaleza del islam. No sólo el yihadismo no es una expresión necesaria de la religión musulmana. Es que, además, entre esta y el cristianismo existen proximidades que ningún investigador serio se atrevería a poner en cuestión.

En los últimos cien años escasos, la investigación moderna ha cambiado radicalmente sobre la interpretación de la religiosidad de Mahoma. Se ha tendido a considerarlo un hombre profundamente religioso. Se han abandonado las acusaciones de falso profeta y de libertad sexual. Se ha considerado como uno de los grandes creadores de una de las grandes religiones universales, al lado de Jesús y de Buda. En el año 1926, el famoso exégeta protestante Adolf Schlatter, de la Universidad de Tubinga, afirmó que Mahoma era un judeocristiano. Creía en Jesús como Mesías (Corán 4.157.170; 5.19.19), como el mensajero de Dios (Corán 4.171) y como el espíritu de Dios (4.171). Llevaba a cabo ciertas prácticas de la ley de Moisés, como la circuncisión, las abluciones antes de la oración, la prohibición de comer carne de cerdo, etc. Mahoma negaba la divinidad de Jesús, la Trinidad (579) y la muerte (4.157) era aparente. Este Iglesia se había extinguido en Palestina, pero pervivía en la región oriental de la Decápolis, en la Batanea, entre los nabdeos, junto al desierto de Siria y de Arabia, al margen de la Gran Iglesia. Los Santos Padres, como Orígenes y Eusebio de Cesarea, la despreciaban. Llegaría un día que esta Iglesia despreciada arruinaría a la Gran Iglesia, cuando Mahoma tomó el patrimonio guardado de los judeocristianos, su conciencia en Dios, su escatología, sus costumbres y un nuevo apostolado. El gran exégeta protestante Adolf von Harnack aceptó esta teoría y afirmó que era un judeocristiano perteneciente a la secta de los ebionitas, citados como herejes  por Ireneo, en su Tratado contra los herejes (1.3) hacia el año 180. La interpretación fue aceptada por Hans-Joachim Schoeps, y recientemente por Christopher Buck, quien defiende que los ebionitas se habían impuesto en Arabia junto a los sabeos. El Corán reflejaría una profetología ebionita. Creemos que el ebionismo debió conocerlo a través del primo de su primera mujer, Waraqa Ibn Nawfal, que defendió la verdad de su revelación. Opinamos que era un ebionita.

En 1966, Alianza Editorial publicó Mahoma, de Tor Andræ, obispo de Linköping (Suecia), y profesor de Historia de las Religiones en Estocolmo. Demuestra un gran respeto y cariño hacia el Profeta. Termina con un largo capítulo sobre la personalidad de este. Admite una fe convincente y arrebatadora en su misión. Tomó su vocación con gran seriedad. Rechazó toda incitación a presentarse como un taumaturgo, y rechazó la superstición sobre su persona. Era un hombre como los demás. No cometió ningún pecado deliberado. No se presentó nunca como profeta. Mostró gran humildad y autocrítica. Vivió conforme al ideal religioso y moral que se había trazado. Se presentó como modelo para los creyentes.
La religiosidad era de una tendencia ascética. Las tradiciones más antiguas lo describen como un penitente escuálido. Era modesto y sencillo. Hizo algunos pequeños intentos de introducir algún ceremonial de corte pero, incluso en Medina, parece que vivió en condiciones sencillas. Sin embargo, la honradez y la franqueza no eran sus rasgos más descollantes. Al principio parecía que lo dominaba una timidez natural. Atacó abiertamente la idolatría y la mundanidad. Según la tradición del islam, era bondadoso por naturaleza, amable y afable. Trataba de ganar a los hombres por la afabilidad. La moral sexual estaba a nivel bajo, según nuestros criterios. Sus contemporáneos no debían encontrar su comportamiento escandaloso. Se mantuvo siempre dentro de los límites que se había marcado.
El mismo Tor Andræ publicó un libro titulado Les origines de l’Islam et le Christianisme (París, Librairie d’Amerique et d’Orient, 1955), que estudia el fuerte influjo de la Iglesia siria en el Corán. El paraíso musulmán está copiado de la Iglesia siria, según el arabista Juan Vernet.

Daniel J. Sahas, catedrático de la Universidad de Waterloo (Canadá), gran especialista en el islam primitivo y en San Juan Damasceno (650-735), pieza clave para entender a Mahoma, a quien consideraba un cristiano herético en su Compendio de las herejías, ha publicado dos artículos fundamentales. Uno sobre «Monastic Ethos and Spirituality and the origins of Islam» (Acts of the XVIIIth International Congress of Byzantine Studies: Moscow (1991), Shepherdstown, 1996), y el segundo, titulado «L’Islam nel contesto della vita e della produzione letteraria di Giovanni di Damasco», en Sabino Chialà y Lisa Cremaschi (eds.), Giovanni di Damasco. Un padre al sorgere dell’Islam (Magnano, Qiqajon, 2006). Insiste en el profundo influjo ejercido por el monacato oriental sobre Mahoma y en los musulmanes. Son expresiones de una vida ritual el lavarse antes de las plegarias, el ayuno, la observancia de los días santos, la circuncisión y abstenerse del vino. El escritor Seyyed Hossein Nasr escribió que el islam es una democracia de monjes casados. No hace falta llevar a Mahoma a Siria, a la que fue con seguridad, pues se sabe que dentro de Arabia había monasterios cristianos que Mahoma visitaría. Nosotros hemos dedicado dos trabajos a Mahoma y al monacato sirio y palestino. Los puntos del contacto son muchos y profundos (Estudios de España y de Arabia en la Antigüedad, Madrid, Real Academia de la Historia, 2014). Mahoma tuvo un trato intenso con monjes cristianos. Con los criterios del Concilio Vaticano II el panorama ha cambiado radicalmente. Se ha abandonado la opinión de san Cipriano de que sólo en la religión católica los fieles se salvan. Los creyentes de otras religiones, de buena fe, pueden salvarse. Hans Küng, el mejor teólogo vivo, católico, ha escrito un excelente libro sobre el tema: El islam. Historia, presente, futuro (trad. de José Manuel Lozano y Juan Antonio Conde, Madrid, Trotta, 2006).

A la pregunta de si el islam es un camino de salvación, responde afirmativamente. El Concilio Vaticano II, en el número 16 de la Constitución sobre la Iglesia, afirma que el designio de salvación eterna incluye también a los musulmanes. A la pregunta de si Manhoma es realmente un profeta, contesta también afirmativamente. Quiere ser altavoz de Dios y anunciar su palabra, no la propia. Después de Cristo hay profetas. Mahoma invoca a Jesús, a los profetas de Israel y al Dios uno, y a la tercera pregunta de si el Corán puede considerarse palabra de Dios, Hans Küng responde igualmente de manera afirmativa.

José María Blázquez Martínez ha sido catedrático de Historia Antigua y es Académico Numerario de la Real Academia de la Historia.

25/05/2015

 
COMENTARIOS

Maribel Fierro 27/05/15 12:53
Investigadores modernos están arrojando nueva luz sobre la profunda imbricación de los orígenes del islam con el mundo de la Antigüedad tardía en varios campos, desde el Corán hasta el modelo profético de Muhammad y su predicación. Muy notable es el libro de Thomas Sizgorich, Violence and belief in Late Antiquity. Miltant devotion in Christianity and Islam (2008), en el que se analiza el por qué del surgimiento de expresiones violentas de la devoción religiosa entre los siglos IV-IX, mostrando que la búsqueda del martirio a través de la violencia no fue exclusivo del islam sino que se puede rastrear ya entre los cristianos de la Antigüedad tardía. Estas nuevas aportaciones no tienen todavía el eco deseable en el mundo académico español (las razones merecerían ser objeto de discusión), por lo que contribuciones como ésta que alertan sobre otras visiones del Profeta Muhammad son de agradecer.

Pep Gomis 27/05/15 15:04
Yo respeto todas las ideas que me parecen respetables. Pero a mi modo de ver no todas lo son. El tema de la religión es muy delicado porque no todo el mundo es capaz de razonar sobre ello de una manera racional y pacífica. Creo que todo el mundo es libre de creer lo que sea siempe que no suponga una acción violenta contra los que no comparten sus creencias. Comparto las ideas de Bertrand Russel sobre religiones y polñiticas totalitarias expresadas en diferentes ensayos como "¿Por qué no soy cristiano?" Resumiendo, el autor afirma que todas las religiones tienen dos puntos en común: son falsas y dañinas. Lógicamente explica por qué. En cuanto al primer punto, falsedad o no, cada cual es libre de pensar lo que quiera, pero en cuanto a lo segundo, nadie puede negar el dolor que han producidos todas las religiones. Ahora son las barbaridades de los islamistas radicales, antes eran los cruzados y los inquisidores cristianos.

Lo ideal sería el respeto mutuo y que cada cual piense lo que crea oportuno siempre que no atente contra la vida o la libertad de los demás.

Pep, con todo respeto para quienes no opinen como yo.

munis tercero 27/05/15 19:30
La cuestión sobre las religiones en general y la mahometana en particular es por qué pretenden, y se las concede, un estatus especial y privilegiado entre todas las creencias y posibles interpretaciones del mundo, o dicho de otra manera, por qué unas creencias llamadas religiones deben tener una consideración distinta a otras creencias que no son consideradas religiosas sino políticas, por qué cristianos, judíos, musulmanes o budistas, pretenden una superioridad sobre los que se consideran liberales, socialistas, fascistas o comunistas. Las religiones en su origen son una codificación de las costumbres y conocimientos de una sociedad determinada, los sacerdotes son al mismo tiempo legisladores y científicos. Con el desarrollo social los conocimientos se van desligando de la religión y se van formando las distintas ciencias, el sacerdote es despojado del monopolio del saber. También la legislación se le arrebata en beneficio del poder estatal. Pero durante siglos el poder estatal tenía que contar con la aprobación, o por lo menos con la no censura de los religiosos. El final es la moderna sociedad burguesa donde la religión se convierte en una cuestión privada, por lo menos en teoría. Pero los sacerdotes de todas las religiones, si bien se han visto forzados a admitir esa realidad, no han renunciado a influenciar a los individuos, y a su través al poder político, para ello se han parapetado como supremos interpretes de la moral, que se suelen conceder los unos a los otros negándosela en mayor o menor grado, dependiendo de su fanatismo, a los agnósticos y ateos, que según ellos no pueden defender una ética y una moral que sólo puede basarse en lo que llaman verdades trascendentes, pero esto es tan insostenible como el resto de sus falacias.

Todo lo anterior es particularmente aplicable a los mahometanos cuya religión les dicta su comportamiento en todos los ámbitos vitales desde el nacimiento a la tumba, y eso es lo que la hace particularmente incompatible con un tipo de sociedad democrática y respetuosa de las libertades individuales, cualquier intento de presentarla como una religión tolerante, comparable a la judía o la cristiana, es una falsificación producto de algún tipo de síndrome de Estocolmo, o la propaganda de un quintacolumnista. Los llamados yihadistas no son unos locos que utilizan el islam, son sus más consecuentes creyentes, y quien lo niegue o intente enmascarar o disfrazar trabaja en su beneficio, es su compañero de viaje como poco.

Por otro lado, en el curso de la historia contra la dominación religiosa de las sociedades occidentales surgieron los anticlericales y los antireligiosos furibundos que achacaban todos los males de la humanidad justamente a la existencia de las religiones sin dar una explicación de su existencia y persistencia, manteniendo por tanto una mentalidad tan religiosa como la que pretendidamente atacaban, pues tanto unos como otros seguían centrando todo en la supuesta superioridad moral de una u otra posición. Se puede ver esta mentalidad religiosa precisamente en uno de los comentarios anteriores que se remite a Russell según la cual si bien todas las religiones son falsas pueden ser toleradas invocando la libertad de opinión, pero todas son dañinas, poniendo esta última afirmación al margen de lo dañinas que hayan podido ser y son otras opiniones y creencias. Porque si por dañinas entendemos todas las creencias y opiniones en nombre de las cuales la humanidad ha mantenido enfrentamientos, luchas y guerras, no queda ninguna que no lo sea, todas ellas, las liberales y democráticas, las individualistas y las socialistas,las fascistas y nazis, las comunistas y estalinistas, han luchado y guerreado, todas han utilizado la fuerza, y todo partido político entendido como defensa de unos principios, programas e ideales que afirme que no lo ha hecho, o que no lo hará, es un partido de mentirosos.

Proseguir estas reflexiones y este debate sería muy largo como todos sabemos, así que terminó por donde empecé, por la cuestión de si las creencias llamadas religiosas deben tener un estatus de especial protección, de privilegio en relación a otras creencias no consideradas como tales. Y la respuesta no puede ser más clara: no deben tener ningún tipo de consideración especial, no debe admitirse de ningún modo su pretensión de ser meta-políticas, de estar por encima de la política, de hecho hay que impedir que estén por encima y ponerlas al mismo nivel que cualesquiera otras creencias, se llamen como se llamen, religiosa, filosófica, política, económica, social o de cualquier otra forma. La legislación no debería contemplar dos regulaciones distintas, una para las religiones y otra para los partidos políticos, una misma ley debería regular el comportamiento de todas las asociaciones que tienen como finalidad la difusión de ideas y creencias, y solamente se debería hacer la diferencia entre aquellas asociaciones, instituciones, fundaciones, iglesias, o de cualquier modo como se denominen, que no tienen como finalidad presentarse directamente a la obtención del poder político y aquellas que si lo tienen, pero como mera cuestión administrativa, como simple reconocimiento de sus distintas actividades públicas.

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