Queridos lectores, suspendemos las publicaciones, como en años anteriores, hasta el 5 de Septiembre. ¡Feliz Verano!

Edgar Allan Poe vuelve a América

A las puertas de un bicentenario que promete situar definitivamente a Edgar Allan Poe (1809-1849) en lo más alto del panteón literario de los Estados Unidos, son al menos cuatro las ciudades norteamericanas que compiten por la paternidad simbólica del escritor: Richmond, Filadelfia, Nueva York y Baltimore.

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La paradoja del Aduanero

Una tarde de 1908. La escena tiene lugar en un taller del Bateau-Lavoir, el inmueble de la empinada rue Ravignan, en Montmartre, que desde finales del siglo XIX alberga a una abigarrada población de artistas y literatos de la nueva bohemia.Algunos son extranjeros. Como Pablo Picasso, ya muy alejado del «realismo» representativo (Les demoiselles d´Avignon es de 1907) y que está inmerso en la tarea de inventar el cubismo analítico con su amigo Braque, «como dos montañeros atados juntos». El pintor malagueño es, precisamente, el organizador de un banquete-homenaje al que acuden figuras conocidas en los círculos de vanguardia: Guillaume Apollinaire y su «musa», la pintora Marie Laurencin, con quien el poeta está viviendo una relación tumultuosa, la escritora norteamericana

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100 y Sartre

Alguien que no recuerdo –quizás un francés– ha empleado la expresión «bulimia conmemorativa» para describir nuestra extravagante y muy contemporánea pasión por los aniversarios. Con frecuencia, a los grandes hombres y mujeres muertos –especialmente a aquellos que gozaron de reconocimiento en vida-se les entierra, se les envía al Purgatorio, se les resucita con el pretexto de alguna fecha «significativa» y se les vuelve a dar sepultura hasta la próxima vez. Se les fagocita y digiere con la misma celeridad con que lo hacemos todo en esta época en que la lentitud ha llegado a ser uno de los bienes más escasos, al menos en los países con más vistoso PIB. En el mejor de los casos, a los temporalmente exhumados

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Fuego a discreción

Fuego de mis entrañas: esa es la más tremenda de las jaculatorias con las que, desde la prisión, invoca a Lolita su viejo amante Humbert Humbert, aquel «viudo de raza blanca» que morirá de nostalgia y lascivia. El fuego ha estado unido al amor desde el principio de los tiempos: en el corazón de toda su simbología hallamos siempre la sexualidad. El movimiento de la llama –lengua– invita a la danza, pero también es un trasunto del falo en activo. O de la vulva, como sugieren algunos mitos relatados por Frazer. La pasión devora como el fuego: lo sabe Calisto, pero también los místicos y los héroes byronianos que en ella se consumen. El último Freud –el que ha llegado

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La revolución coronada

La Revolución Francesa fue el espejo en que se contemplaron fascinados los líderes soviéticos hasta que Stalin acabó con todos ellos. Su familiaridad con los grandes momentos de vértigo que dieron al traste con el Antiguo Régimen impregna su obra escrita, sus discursos, sus «análisis concretos de las situaciones concretas», sus aterrorizadas reflexiones en víspera de los interrogatorios finales. Para algunos Lenin fue el impulsor no sólo del Terror revolucionario, sino también del Thermidor soviético, cuando la Nueva Economía Política vino a enterrar el «comunismo de guerra» y a crear una «nueva clase» de propietarios que remedaba a aquella jeunesse dorée desafiante tras la caída de Robespierre. Para Trotsky, Stalin encarnaba el Brumario comunista, el golpe de estado más o

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El error Frenhofer

Escuchando a los artistas hemos llegado a saber que toda obra de arte (y, quizá, cualquier obra humana) es, a la postre e independientemente de su belleza y mérito, una especie de máscara mortuoria de las intenciones que se propuso su autor. Pálido reflejo del deseo inicial, el resultado es, en el mejor de los casos, una aproximación al deslumbramiento primero. Desde el Romanticismo, el artista atormentado que persigue obsesivamente la perfección se convierte en un privilegiado motivo literario. Los escritores se fijan interesadamente –es una manera de objetivar las propias zozobras creativas– en sus colegas pintores en un momento en que las artes plásticas y, de modo especial, la pintura, experimentan las transformaciones de la modernidad. El artista maldito

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¡Lo quiero más grande!

Gracias a un intenso trabajo de más de tres décadas de bombardeo psicológico y mediático, el fantasma de la obesidad se ha instalado definitivamente en el superpoblado habitáculo de los miedos del cerebro norteamericano. Hay motivos: dos tercios de la población adulta padece sobrepeso, y, de ellos, la mitad es indiscutiblemente obesa. Aún peor: el 18% de la población infantil también lo es y, si nadie lo remedia, en los próximos cinco años ese porcentaje puede aumentar dramáticamente. Si todo sigue así, los niños estadounidenses que hoy juegan con sus consolas, y ven por la tele más de veinte mil anuncios anuales relacionados con la comida, serán posiblemente la primera generación de la Historia cuya esperanza de vida sea inferior

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Notas veraniegas (con los libros dentro)

Troya y el mito. En The Writer's Journey, de Christopher Vogler, que es una especie de biblia para guionistas cinematográficos en ciernes, se enseña que la «estructura mítica» es lo que se halla en la base del éxito de las grandes películas de Hollywood: «Las historias que contamos hoy tienen mucho en común con la antigua energía de los mitos. Los patrones estructurales y los personajes arquetípicos de los mitos proporcionan la base de la narración moderna y todos los escritores deberían familiarizarse con estos elementos». Vogler se inspira, claro está, en Jung y en su discípulo mitógrafo Joseph Campbell (véase El héroe de las mil caras, FCE, México, 1959, y la tetralogía Las máscaras de Dios, Alianza, 1992). David

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