Hikikomori
Rodrigo de Vivero - DE UN EXTREMO A OTRO

El 28 de mayo del año pasado a primera hora de la mañana un individuo de 51 años, Ryuichi Iwasaki, atacó con dos de esos famosos cuchillos japoneses de cortar pescado a un grupo de personas que esperaban el autobús escolar y mató a una niña de once años y al padre de otra, dejó un buen número de heridos y después se suicidó. Se difundió en seguida que se trataba de un hikikomori.

Una semanas después, el 18 de julio, otro individuo prendió fuego al famoso estudio de anime KyoAni en Kioto y mató a 35 personas. La noticia de este aterrador crimen recorrió el planeta: ¿cómo era posible algo así en el pacífico Japón, el país con uno de los mayores y mejores índices de seguridad del mundo, una sociedad que vive tranquila y se siente protegida? Quizá porque el reciente apuñalamiento en Kawasaki había puesto la figura del hikikomori en la mira de la opinión pública, se pensó inicialmente que era obra de otro, aunque finalmente se identificó al asesino como un individuo con rasgos en cierto modo similares pero no encajable del todo en la tipología. El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar considera hikikomori a aquellas personas que han permanecido aisladas en sus domicilios durante seis meses consecutivos al menos, sin ir a lugares de trabajo o estudio ni relacionarse, en todo caso, más con que los familiares con quienes comparten la vivienda. 
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Homo agitatus
Rafael Núñez Florencio - AÚN SE ESCRIBEN LIBROS

Hace unos días leí unas declaraciones de un conocido periodista, asiduo contertulio e intelectual crítico de guardia, en las que señalaba con manifiesta displicencia —cito casi literalmente— que no había aprendido nada en la actual crisis porque no había nada que aprender. Discrepo por un doble motivo: primero, porque mantengo la ingenua opinión de que se puede o, mejor dicho, se debe aprender de casi todo y más cuando se trata de un acontecimiento fuera de lo común, como es el caso; segundo y más concretamente, porque esta excepcionalidad es tal en la más profunda acepción del término, con una ruptura abrupta de las pautas que han marcado nuestra vida desde que tenemos uso de razón, al menos para las generaciones actuales (los más longevos se pueden remitir a la guerra civil o la inmediata posguerra). No me refiero ahora tanto a las rupturas obvias —de la actividad económica, la circulación de mercancías o el comercio, por mencionar las más evidentes— como a la propia quiebra de la vida cotidiana, reducida por largo tiempo a un estado de hibernación que muchos hemos vivido como auténtico arresto domiciliario. Pero fuera de las derivaciones políticas, lo que me interesa subrayar es que la mencionada singularidad de la situación ha favorecido el cuestionamiento o, como mínimo, la reflexión sobre determinadas actitudes que antes dábamos por normales o naturales, en buena medida como reflejo del mundo en el que nos insertábamos.
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Hikikomori
Rodrigo de Vivero - DE UN EXTREMO A OTRO

El 28 de mayo del año pasado a primera hora de la mañana un individuo de 51 años, Ryuichi Iwasaki, atacó con dos de esos famosos cuchillos japoneses de cortar pescado a un grupo de personas que esperaban el autobús escolar y mató a una niña de once años y al padre de otra, dejó un buen número de heridos y después se suicidó. Se difundió en seguida que se trataba de un hikikomori.
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Mala deuda nunca muere
José Antonio Herce / Miguel Ángel Herce - UNA BUENA SOCIEDAD

¿No crees, admirado hermano, que llevamos algunas semanas escribiendo de instituciones sociales (la Riqueza o la Deuda) que, de haberse manifestado siempre con todas las virtudes con que las adornamos, habrían contribuido a un melódico, si no modélico, concierto de naciones? Ya sé que nos curamos en salud con advertencias sobre el mal uso de dichas instituciones y que alertamos sobre lo frecuentemente caro que perseguir lo barato nos resulta. Pero nunca está de más avisar cuando nos acercamos a una piedra en la que los humanos venimos tropezando una y otra vez. Por eso, hoy nos vamos a entretener en una constante histórica que no cesa de causar estragos: la mala deuda.
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El destino se llama Olga Merino
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Nunca he creído en el destino. Siempre he contemplado con escepticismo la posibilidad de una trama fatal que dirija nuestras vidas. Sin embargo, el encuentro —hasta ahora virtual— con Olga Merino ha sido providencial. No había leído ninguno de sus libros, pero un artículo sobre La forastera, su última novela, llamó poderosamente mi atención. Ambientada en lo que se ha llamado «el triángulo de los suicidios», un paraje situado entre los pueblos de Lucena, Rute e Iznájar, provincia de Córdoba, narra la historia de Ángela, una mujer de mediana edad con un pasado bohemio y prolijo en excesos. Hija de unos humildes emigrantes andaluces, vuelve al pueblo de sus padres, donde poco a poco descubre que es el último fruto de un linaje salpicado de suicidios. No necesité leer más para experimentar una honda conmoción. Mi padre era de Córdoba y el suicidio también formaba parte de su historia familiar. La última víctima había sido mi hermano Juan Luis. Un suicidio no es una muerte más. Cuando algún ser querido se quita la vida, abre una herida que nunca se cierra del todo.
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Wolf Warriors
Julio Aramberri - EL RUIDO Y LA FURIA

No está, sin embargo, meridianamente claro que esa nueva diplomacia sea la nueva forma —mucho menos la más importante— en que China haya decidido presentarse ante la opinión internacional. De hecho, como ha recordado Bill Bishop en su boletín Sinocism (marzo 23, 2020), el gobierno chino ha seguido una doble táctica en la que la promoción de la diplomacia Wolf Warrior ha ido acompañada de una cuidadosa caución ante las cancillerías internacionales.
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Yakushima
Ismael Belda - LOS PORTADORES DE LINTERNAS

Desde hace más de un mes, la playa cercana a mi casa está día y noche llena de pescadores. Algunos pescan para ganar dinero (el pescado «de playa» es muy apreciado), pero la mayoría son ociosos, «deportistas» que, tras la larga prohibición, recuperan el tiempo perdido. Clavan largas pértigas en la arena, a las que acoplan sus cañas equipadas con láser, se sientan en sillas plegables, consultan constantemente sus teléfonos móviles y, de noche, se iluminan con linternas frontales mientras escuchan la radio y beben latas de cerveza. Desde mi casa se escuchan sus risotadas. Algunos dejan basura tirada y otros se preocupan por dejar su lugar limpio. Para pasear por la playa, hay que pasar por debajo de los invisibles sedales, tendidos desde lo alto de las cañas hasta más de veinte metros agua adentro.
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Riqueza, una odisea en el tiempo
José Antonio Herce / Miguel Ángel Herce - UNA BUENA SOCIEDAD

No hace falta remontarse al Paleolítico para hablar de la riqueza, pero lo vamos a hacer, ¿no, hermano?

Hasta hace aproximadamente 9.000 años, cuando la domesticación de plantas y animales se generaliza en el Creciente Fértil, la humanidad vivía en asentamientos, generalmente nómadas, en grupos reducidos a «familias» de unos 25 miembros agrupadas en tribus de unas 20 familias, en las que había escasos excedentes y una muy primaria acumulación de riqueza (útiles de piedra, pieles y enseres básicos). La organización social de estos grupos humanos servía fundamentalmente a la consecución de los recursos en una economía de cazadores-recolectores y también se practicaba una división del trabajo, generalmente basada en el género.
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Retorno a Brideshead: la sombra del edén
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Siempre es jactancioso hablar en nombre de una generación, pero creo no equivocarme al afirmar que Retorno a Brideshead fue algo más que una serie televisiva para los que nacimos alrededor de 1960. Yo la vi mientras estudiaba primero de filosofía y creía advertir en ella la sombra del Edén. Corría el año 1982 y la Movida reinaba en la noche de Madrid. En esas fechas, escuchaba complacido a Nacha Pop, Los Secretos y Los Elegantes. Me parecían los grupos más cercanos al movimiento mod, una subcultura que amaba el ska jamaicano, el garage rock, los scooter y exhibía al mismo tiempo cierto dandismo. Solía llevar americanas de cuatro botones, corbatas estrechas y gafas de sol, incluso cuando era de noche. Sin embargo, sentía admiración por la moda inglesa y fantaseaba con tener el aspecto de un profesor de Oxford en los años veinte. Cuando descubrí Retorno a Brideshead, emitida en un horario estelar, decidí cambiar de imagen. Lo primero que hice fue comprarme una americana de tweed con coderas, una corbata de rayas y unos zapatos Oxford de cordones, lo cual provocó el estupor de mis amigos. Con ese aspecto, sentía que estaba más cerca de la sombra del Edén, cuando la belleza aún era un imperativo moral y la elegancia un gesto de gratitud hacia la vida.
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China, a la defensiva
Julio Aramberri - EL RUIDO Y LA FURIA

¿Qué hacen los corresponsales de nuestros medios globales en USA? No lo sé, pero da la impresión de que viven muellemente en Nueva York o en Washington DC. Por la mañana se levantan pronto o aguantan despiertos la noche anterior hasta que se hacen con el WaPo The Grey Lady. Los leen rápido, despachan su crónica en un santiamén y… a seguir viviendo muellemente. Con eso basta. ¿Qué más va a querer el lector nacional a quien, por cierto, lo que ocurra en USA le importa poco? Sea cual fuere la cabecera, toda nuestra prensa global cuenta exactamente de la misma forma lo que dicen que pasa en USA.
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