Noviembre 2020
Revista de Libros
Tintín en el país de los soviets
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Hergé describió Tintín en el país de los soviets como «una transgresión de juventud». Durante mucho tiempo se opuso a su reedición y cuando al fin salió de nuevo a la luz —principalmente para contrarrestar las ediciones piratas de mediocre calidad que circulaban a precios astronómicos—, afirmó que el álbum debía leerse como «un juego» y no como una obra de creación, pues aún se hallaba muy lejos su madurez artística. A diferencia de otras aventuras, Tintín en el país de los soviets nunca se reelaboró ni coloreó. Solo hace un año apareció una edición en color en el ámbito franco-belga. He visto algunas planchas y no me desagradan. Es el único álbum que leí ya de adulto. Conocí su existencia durante los años de la universidad, pero su fama de tebeo reaccionario me disuadió, si bien no apagó mi lealtad hacia el joven reportero que tan buenos momentos me había proporcionado durante mi niñez y adolescencia. Aún recuerdo emocionado los días en que mi madre aparecía con un nuevo álbum, pidiéndome que lo empezara después de acabar los deberes. Para mí, la felicidad era tumbarme de espaldas en una alfombra, con la cabeza apoyada en Tristán, mi pastor alemán, y con una aventura de Tintín en las manos, mientras escuchaba a los Beatles en un rudimentario tocadiscos y satisfacía mi apetito con unas esponjosas magdalenas bañadas en leche caliente.
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Las ensoñaciones de un gourmet solitario: de paseo con Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Nunca había pensado en mis primeros veinticinco años de vida desde el punto de vista de la gastronomía. Pasé ese tiempo en el barrio de Argüelles, una zona de Madrid bendecida por el Parque del Oeste y con vistas a la Casa de Campo. Miguel Delibes decía que era «un hombre de fidelidades». Yo podría decir que soy «un hombre de manías». Una de mis manías es la nostalgia. Miro constantemente hacia atrás. No aborrezco el presente, pero nada me produce más satisfacción que recordar. Vuelvo una y otra vez a los escenarios de mi niñez y adolescencia. En el barrio de Argüelles, acontecieron algunas de mis experiencias más queridas: mis primeros tebeos, mis primeros indios de plástico, mis primeros helados, mis primeros libros de Jules Verne y Enid Blyton, mis primeros álbumes de Tintín. En la esquina de Rosales y Marqués de Urquijo se hallaba la heladería Bruin, donde preparaban helados de todos los sabores acompañados de crujientes barquillos. Yo sentía debilidad por los helados de fresa, chocolate y yogur. Sin embargo, no soportaba los helados de coco. A veces pedía uno de vainilla, pero siempre me arrepentía. El sabor a fresa me recordaba el mundo de Disney, con sus delicias y sus perversiones. El chocolate me hacía pensar en Moulinsart, con Tintín y Haddock contemplando el jardín desde un salón salpicado de adornos marineros, como anclas, catalejos, brújulas, sextantes y veleros en miniatura. El yogurt me traía a la mente las aventuras de los Cinco, siempre en busca de tesoros escondidos. La lectura de El gourmet solitario, del ilustrador Jirō Taniguchi y el guionista Masayuki Kusumi, ha desencadenado en mi memoria un efecto parecido al de la magdalena de Proust, si bien el proceso ha sido distinto, pues algo desconocido ha rescatado viejos recuerdos adormecidos. Por primera vez, me he asomado a mi juventud desde la perspectiva de los sabores, comprendiendo que hay una conexión directa entre el cerebro, taller de las ideas, y el estómago, inesperado laboratorio de recuerdos.
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Mitos de celuloide
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

El cine es el Olimpo del siglo XX. Sus grandes estrellas son algo más que actores. Encarnan actitudes existenciales, anhelos y sueños, miedos y deseos. Son el eco de las fantasías que se agitan en el inconsciente colectivo, arquetipos que han sobrevivido al paso del tiempo, expresando nuestro concepto de la integridad, la belleza o el mal. Para muchas generaciones, el Atticus Finch de Gregory Peck (Matar a un ruiseñor, 1962) simboliza la honestidad en su forma más hermosa. Atticus transmite dignidad en cada fotograma, con su conducta ecuánime y serena. Por el contrario, el Norman Bates de Anthony Perkins (Psicosis, 1960) constituye la personificación de lo más terrorífico y perverso. Norman es tímido y vulnerable, quizás por eso resulta más perturbador. A veces el mito y el actor se superponen, como sucedió con Marilyn Monroe, quintaesencia de la sensualidad y criatura herida por las pérdidas y los fracasos. Superficialmente, la Monroe es un mito sexual, pero solo hay que escarbar un poco para advertir su trágica fragilidad. 
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Biografía de Archibaldo Haddock, capitán de la marina mercante y señor de Moulinsart
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Desconocemos la fecha exacta del nacimiento de Archibaldo Haddock, pero sabemos que desciende del Caballero Francisco de Hadoque, capitán del galeón real El Unicornio. Leal vasallo de Luis XIV, rey de Francia, Hadoque mantuvo un encarnizado enfrentamiento con el pirata Rackham el Rojo. En 1698, El Unicornio salió de la Isla de Santo Domingo, en el Mar de las Antillas, rumbo a Europa. Después de dos días de vientos favorables, el vigía atisbó el buque filibustero de Rackham el Rojo. Aunque intentó huir, El Unicornio fue abordado. Los piratas habían dejado claras sus intenciones, izando una bandera roja en el palo de mesana. La bandera roja significa lucha sin cuartel y sin intención de hacer prisioneros. La batalla fue encarnizada. Francisco de Hadoque logró matar a Diego el Navarro, lugarteniente de Rackham el Rojo, pero una polea le golpeó en la cabeza, dejándolo inconsciente. El capitán pirata ordenó atarle y, cuando recobró el conocimiento, le anunció que moriría al día siguiente. Sin embargo, Hadoque escapó, luchó sable en mano contra Rackham hasta acabar con su vida y utilizó la pólvora de la santabárbara para volar el navío pirata. Se refugió en una isla, donde los nativos le acogieron con benevolencia. Hadoque fue rescatado al cabo de dos años. Luis XIV premió su fidelidad con el castillo de Moulinsart. Corre el rumor de que Francisco de Hadoque fue hijo ilegítimo del monarca, lo cual tal vez explica el apego a la monarquía de esta ilustre estirpe.
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Y de repente, Silvia Marsó
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

El confinamiento ha provocado que el mundo virtual nos parezca más real que la vida misma. Hasta hace poco, podíamos salir despreocupadamente a la calle. Ahora muchos percibimos el mundo exterior como algo lejano y casi inaccesible. En mi caso, el aislamiento apenas ha introducido cambios en mi rutina. Hace mucho tiempo que me divorcié del ajetreo de una existencia condicionada por los desplazamientos y el trabajo. Paso semanas enteras en mi casa, sin echar nada de menos. Abandoné la enseñanza en 2012 o quizás ella me abandonó a mí. Desde entonces, leo, escribo y paseo. La crítica literaria, que es mi actividad principal, no me exige abandonar mi retiro. La compañía de los libros me parece mucho más estimulante que cualquier actividad social. Mi casa se alza en mitad de una pequeña arboleda. Desde fuera, parece un pequeño bosque. En realidad se trata una treintena de árboles plantados hace casi dos décadas que han crecido hasta superar la altura del tejado. Una isla de frescor en mitad de la planicie castellana. En verano, las ramas se llenan de mirlos, golondrinas, verderones, urracas y gorriones, desencadenando un ruido gratamente ensordecedor. Es como si una sordina amortiguara el estridor de esa otra realidad que habitan los demás y que a mí cada vez me resulta más ajena e incomprensible. Desde que empezó el confinamiento he tenido que suspender mis paseos, lo cual me ha causado consternación. Por las tardes, solía recorrer los senderos que parten de una dehesa situada detrás de mi casa. Salvo un bosque de pinos plantados por el ayuntamiento, solo hay campos de trigo y cebada que se ondulan con la sierra del Guadarrama al fondo. Lejos de experimentar tristeza, ese vacío me reconforta, pues insinúa que el infinito no es una fantasía, sino algo cercano, posible y real. 
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El viaje continúa: encerrado con Javier Gomá
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Nunca pensé que mi Viaje a Siracusa retomaría su andadura en mitad de una calamidad planetaria. La pandemia que nos azota no cesa de cobrarse víctimas y es imposible saber cuál será el desenlace. De momento, ha producido una vasta cosecha de sufrimiento e incertidumbre. Aún soportamos las medidas del confinamiento e ignoramos cuándo y cómo volveremos a la normalidad. En mi artículo de despedida de julio de 2019, hablé de mi evolución política desde el marxismo hacia el liberalismo. Los meses transcurridos desde entonces solo han corroborado esa trayectoria, pero quiero aclarar que mi espíritu liberal no se ajusta a ninguna ortodoxia. El nuevo coronavirus ha puesto de manifiesto que una globalización incontrolada ha deteriorado la autonomía de las economías nacionales, creando una situación de dependencia que desprotege a los ciudadanos en cuestiones tan esenciales como la sanidad. La economía de mercado produce riqueza y no es perversa, pero debe ser corregida con criterios de utilidad pública. Mi liberalismo, más que una ideología, es una actitud vital. 
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Fin de viaje
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Hace cinco años, Álvaro Delgado-Gal, director de Revista de Libros, me propuso escribir un blog. Yo acepté de inmediato y no tardó en surgir el título: Viaje a Siracusa. Pensé que evocar la «segunda navegación» de Platón convenía a un proyecto concebido para expresar mi desengaño con la política. Durante mis años de estudiante universitario en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, el marxismo conservaba el crédito adquirido durante los años de lucha antifranquista. La Movida había irrumpido con fuerza, invitando al escepticismo y a la frivolidad, pero aún flotaba en el ambiente el aprecio por una ideología a la que se atribuía la voluntad de crear una sociedad justa e igualitaria. Aún se observaba con desconfianza a quienes mencionaban los estragos causados por el comunismo. Algunos de mis profesores no ocultaban su simpatía por figuras como el profesor Toni Negri, condenado por la justicia italiana por su colaboración con las Brigadas Rojas. Cuando finalicé la carrera, me olvidé de la política, pero no repudié el marxismo. Para mí, ya no era una ideología, sino una creencia. Había interiorizado sus dogmas, prescindiendo del escrutinio de la razón. No era un militante, pero me identificaba con una visión del mundo que abordaba la historia y la economía desde una perspectiva utópica.
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Treme: Nueva Orleans después del Katrina
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Ambientada en Nueva Orleans después del Katrina, el huracán que devastó la ciudad en el verano de 2005, causando graves daños materiales y humanos (cerca de dos mil víctimas), Treme es una serie televisiva creada por David Simon y Eric Overmyer y estrenada por HBO en 2010. La primera temporada narra las penalidades de una ciudad que lucha por preservar su identidad, combatiendo el desánimo con su tradición musical y gastronómica, donde confluyen las raíces africanas, latinas y francesas. Aunque Nueva Orleans perdió veinte mil habitantes después de la catástrofe, no olvida que es la cuna de Louis Armstrong, Wynton Marsalis y Tennessee Williams, y se resiste a perder sus rasgos diferenciales, que representan una sugestiva alternativa al estilo de vida anglosajón, insinuando que otra América es posible.
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Hermosos y malditos
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

En sus últimos años, Marlon Brando sólo aparecía en las pantallas para aliviar sus problemas económicos. Su intervención en un vídeo de Michael Jackson (You Rock My World) puso de manifiesto que la obesidad no era un obstáculo para desprender energía y talento. De hecho, al bajar las escaleras con un traje y un sombrero blancos, mostraba cierto parentesco con el Sydney Greenstreet de El loro azul, el restaurante que le hacía la competencia al Rick’s de Humphrey Bogart en Casablanca. Aunque Brando no hablaba en el videoclip, sus movimientos eran tan elocuentes como los largos y jugosos parlamentos de Greenstreet. Brando apareció fugazmente en la primera entrega de Superman como padre del alienígena que simboliza los valores de la América tradicional, tuteló a Johnny Depp en dos películas perfectamente olvidables e hizo el ridículo emulando a Torquemada en la deplorable Cristóbal Colón de John Glen. Todos estos papeles eran innecesarios y no aportan nada a su carrera, pero no logran oscurecer un mito que sigue ejerciendo una poderosa fascinación.
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Auschwitz: la mirada del otro
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

El sentido de los campos de exterminio no se agotaba en su capacidad de clasificar, explotar y aniquilar. Su intención última era producir una mitología útil para mantener a los hombres en el terror, el miedo y la angustia. En el lenguaje del Lager, el «musulmán» es el prisionero que ha perdido toda esperanza. Extenuado física y moralmente, ya no opone ninguna resistencia a la muerte. Su conciencia tal vez no lo formula con claridad, pero su cuerpo ha asimilado que la historia ya no reserva un espacio para él. La destrucción de la persona es el mal radical. El hombre es, ante todo, persona: cuerpo, espíritu y comunión, de acuerdo con la división establecida por Emmanuel Mounier. Y esas tres dimensiones siempre apuntan hacia el Tú, hacia el Otro. El hombre menoscabado por la enfermedad es el Tú que nos interpela de forma más radical. Ser persona es comprender que el otro nos concierne, que su dolor y su alegría no pueden dejarnos indiferentes. Ante el otro, no cabe la evasión, sino el compromiso. Los otros no nos limitan, sino que nos configuran. Nos permiten ser, conocernos, encontrarnos. Si niego al otro, me niego a mí mismo. Es la forma más extrema de alienación, pues «ser hombre significa amar» (Mounier) y, si no hay amor, no hay humanidad. La violencia contra el otro es un vestigio del yo infantil, que aún no ha descubierto la riqueza del desprendimiento, de la apertura hacia el otro, de estar abierto a la alteridad. Esa apertura es entrega y donación, pero también inspiración e impulso. El yo no asciende sin el concurso del otro. El ensimismamiento narcisista siempre es decadencia, caída, pasión descendente, erotismo enajenado, repetición, desesperación compulsiva.
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