La España constitucional

por Rafael Narbona

Quizá los padres de la Constitución de 1978 se equivocaron al crear el Estado de las autonomías, propiciando una división artificial que ha incrementado innecesariamente la burocracia y el gasto público, pero a estas alturas no se puede dar marcha atrás sin provocar un cataclismo político y social. Al menos podemos extraer una lección histórica. En el caso del País Vasco y Cataluña, el independentismo no se aplacó con estas concesiones. Al revés, se interpretaron como un gesto de debilidad y como una excelente oportunidad para exacerbar el sentimiento nacionalista. La transferencia de las competencias educativas y culturales sólo ha servido para falsear la historia, marginar el castellano e inculcar en las nuevas generaciones el desprecio por España. La crisis económica de 2008 se convirtió en un inesperado aliado del independentismo. La izquierda se despeñó por el populismo, apoyando los «procesos soberanistas» y exaltando el «socialismo del siglo xxi» de Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa. Se entonaron alabanzas al castrismo y se sacó del armario a Marx, olvidando –o minimizando‒ los crímenes del comunismo. El independentismo catalán se radicalizó, presentándose ante el mundo como una nación alegre y democrática ocupada por un Estado colonialista y represor. El independentismo vasco sonrió ante este giro, pues le permitía blanquear su pasado y redundar en su discurso jeremíaco.

Han pasado muchas cosas desde entonces. Ninguna tranquilizadora. Una grotesca parodia de elecciones, una rebelión disfrazada de proclamación institucional, una escalada verbal que divide cada vez más a la ciudadanía, un chantaje permanente en materia económica para bloquear la gobernabilidad de España. En Cataluña se ha hablado de la «vía eslovena» como posible camino hacia la autodeterminación, especulando que una guerra de diez días con casi un centenar de víctimas constituiría un precio muy razonable. Los CDR (Comités de Defensa de la República), inspirados en los siniestros Comités de Defensa de la Revolución de Cuba, calientan la calle para incrementar la tensión política. Explorar la vía del diálogo no arreglará nada, pues los independentistas siempre considerarán insuficiente cualquier acuerdo que no implique una autodeterminación definitiva e irreversible. Vladímir Putin no ha dejado pasar la ocasión, manifestando su apoyo al proyecto de una Cataluña independiente y soberana. Era previsible, pues el líder ruso hace tiempo que adoptó la estrategia de debilitar Europa, respaldando cualquier iniciativa que siembre la división y el caos.

La derecha también se ha despeñado por el populismo. No creo que hablar de reconquista constituya una alternativa sensata. No hay nada que reconquistar. El reto es preservar el orden constitucional, utilizando todas las herramientas del Estado de Derecho. Simplemente, ha de prevalecer la ley. No hay que tener complejos en ese sentido. España no es un Estado opresor, sino una democracia con separación de poderes y un sólido régimen de libertades. Es uno de los países con menos condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Italia, Alemania, Francia, Portugal y Suiza duplican o triplican el número de condenas. Sufrimos problemas de corrupción, sí, pero en la misma medida que otros países europeos. No hay nada anómalo en nuestra sociedad o en nuestra historia. Ni en la firme determinación de defender nuestra integridad territorial. Nunca he simpatizado con los nacionalismos, pero entiendo que en esta coyuntura se coloquen banderas de España en los balcones. No es posible defender el Estado de Derecho desde una perspectiva abstracta. Sin embargo, no me gusta la épica de cartón piedra. Pienso que la derecha y la izquierda deben girar hacia el centro. No creo que el centro represente el colapso del debate político, sino el espacio donde se contrastan las diferencias y surge el acuerdo. O, si se prefiere, el encuentro. Me parece muy sano que un ciudadano cambie su voto porque ha encontrado una alternativa más convincente. Los partidos políticos no deben funcionar como trincheras, donde se demoniza al adversario. La Transición española fue posible gracias a políticos que se negaron a percibir a sus rivales como enemigos. Eso sí, no es posible respetar a quien viola la ley en nombre de mitos raciales, históricos o políticos. La ley es el último bastión de la democracia. Sin ese recurso, el Estado se desarticula y cunde el caos.

Defender la España constitucional es defender la convivencia. No es tomar partido por una opción política, sino por la solidaridad, la igualdad y la ciudadanía. El «derecho a decidir» puede parecer un lema afortunado, pero en este caso sólo es una intolerable manipulación del lenguaje concebida para justificar un proyecto excluyente que establece diferencias nada democráticas entre los ciudadanos. «España es una alta y notable posibilidad de ser hombre», recordaba Pedro Laín Entralgo, citando a Américo Castro, un filólogo, cervantista e historiador republicano que se exilió en Estados Unidos para huir de la dictadura franquista. Finalizando, Laín Entralgo añadía: «Hagamos los españoles que esa posibilidad continúe existente y crezca en fuerza y anchura». Nos separa más de medio siglo de esta reflexión, pero no creo que haya perdido vigencia. De hecho, sería recomendable recordarla de vez en cuando para superar los complejos que a veces nos asaltan, empujándonos a menospreciar nuestra historia –asombrosa y fecunda‒ y nuestro patrimonio cultural, una pieza esencial en la historia de la civilización.

15/02/2019

 
COMENTARIOS

Raul 24/02/19 23:06
De verdad, no entiendo que problema tenéis con que se pongan unas urnas y que los ciudadanos decidan su futuro...

JAVIER ANTONIO SANCHEZ 15/02/19 22:00
La fe y los sentimientos no pueden ser los principios por los que se rija la política. La Constitución con el reconocimiento de la separación de poderes y el estado de derecho, garantizan la libertad de los ciudadanos, Este es el marco en el que prosperan las sociedades.

Un Estado de bienestar que no hemos sido capaces de valorar en su justa medida y que necesita de una mejor gestión de los caudales públicos. Un sistema educativo que por fin y tras décadas de acoso demagógico, sea instrumento al servicio del conocimiento y una inversión para hacer ciudadanos responsables y críticos.

Una España de libres e iguales. La España constitucional.

Excelente reflexión en estos momentos de incertidumbre Rafael. Ya va siendo hora de que esos individuos que dicen ser profesionales de la política se pongan a la altura de la ciudadanía de una puñetera vez.

Un fuerte abrazo.

Rafael Narbona Monteagudo 16/02/19 01:42
Hola Javier:

Confieso que contemplo el futuro con mucha preocupación. Los populismos trabajan desde las dos orillas para destruir la convivencia democrática, agitando viejos fetiches que desencadenaron grandes dosis de sufrimiento en un pasado no muy lejano. Y, lamentablemente, no se atisban políticos responsables y con suficiente lucidez para revertir la situación a corto o medio plazo. Lástima que no haya intelectuales de la talla de Camus o Unamuno para orientarnos, aportando su valentía y clarividencia.

Un fuerte abrazo

Gerardo Antonio Pérez Pérez 20/02/19 15:20
1. La España Constitucional y su transición política ha sido un referente donde la política generó acuerdo, los acuerdos reglas y las reglas Constitución, que es el mayor marco de referencia que el Estado y el individuo pueden tener para conducirse uno frente al otro. La transición política y su modelo de autonomías generó un modelo intermedio entre los esquemas centralistas de subordinación de comunidades y regiones a un poder único y un esquema abierto e independiente de estados interiores, base del federalismo. No obstante las limitaciones de un esquema tal ( que no es central ni federal, sino autonómico) esto ha permitido fomentar el crecimiento económico de España, que de país atrasado y rural ahora avanza en actividades industriales y tecnológicas en el reino mismo y más allá de el, en la Constitución de ‘78 se han construido libertades y derechos, de que antes no se gozaban en España, cómo también ha funcionado un sistema político y de partidos, donde más mal que bien, han tenido cabida todas o casi todas, las posturas que sociedades e individuos reflejan en la política. Entonces, ha fallado algo para desvanecer el conflicto nacionalista vasco y catalan, sobre todo? No, no ha fallado nada, pues el conflicto es consustancial a la política, por un lado y por otro, los diferendos entre Cataluña y El Pueblo Vasco, tienen raíces históricas que trascienden en sus causas y motivos a las previsiones y reglas democráticas contenidas en la C de ‘78, principalmente en el tratamiento de el principio de Unidad del Estado Español. Alcanzado el Progreso económico , vigente y eficaz el régimen de derechos y libertades propios de toda sociedad democrática, ahora es tiempo de tratar con las diferencias y las disidencias, temas y problemas también de toda nación contemporánea. Lo alcanzado por España

Francisco Muñoz de Escalona 21/02/19 19:55
Plenamente de acuerdo con el autor. Sinembargo ha tiempo que va quedando claro que los razonamientos no bstan. Razonar equivale a la búsqueda de la verdad. Contra los que la manipulan a su antojo. Sin la menor muestra de alteración del pulso por su manipulación descarada. Para ellos todo vale para conseguir su meta, la independencia. Ante tal estado de cosas creo que si la fuerza de la razón no es suficiente no hay, desgraciadamente, otra salida que la razón de la fuerza. Más de la mitad de los catalanes lo verían admisible

thierry precioso 23/02/19 19:47
Estoy muy de acuerdo con dos ultimas terceras partes, hay que preservar el Estado de Derecho y considerar las culturas españolas sin ningún tipo de complejo, al contrario! En La imaginación conservadora (que apenas he empezado) Gregorio Luri subraya como se evoca raramente o casi nunca la Escuela de Salamanca que es fundamental históricamente y debo decir que el nombre de Balmes me evocaba solamente una calle de Barcelona y no un pensador tan interesante. A ver si alguna vez me adentro en uno de sus libros aunque la Filosofía no es mi fuerte.
En cambio no estoy de acuerdo con el primer tercio del texto, opino que si no se hubiera creado el Estado de las autonomías la "cosa" hubiera ido mucho, pero mucho, peor. No olvidar que ser miembro de UE es un seguro de vida. Pero a fin de cuentas considero que es mucho mâs importante lo que comparto con Rafael Narbona que lo que me separa de el.
He leído primero este texto porque ayer me gustô mucho una columna del mismo autor acerca de Pessoa. Y me parece muy difícil que Rafael Narbona sea tan certero en Política como en Literatura!

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