ETA: de las cloacas a las instituciones

por Rafael Narbona

ETA dejó de matar en 2011 y en 2018 se disolvió. ¿Significa eso que fue derrotada por el trabajo de las Fuerzas de Seguridad del Estado? Indudablemente, la policía y la Guardia Civil asestaron a la organización terrorista golpes que contribuyeron a su retirada, pero ese trabajo, que implicó grandes sacrificios -486 agentes asesinados y un alto número de heridos, que sobrevivieron con gravísimas secuelas físicas y psicológicas-, no logró desmontar el proyecto independentista de ETA, que siempre contó con el apoyo del PNV. No está de más recordar que ETA surgió como una escisión de las juventudes del PNV. Hace poco, un buen amigo me comentaba que algún día se debería escribir el libro negro del PNV, pues si bien las pistolas y las bombas las esgrimían sicarios, la ideología de fondo procedía del partido fundado en 1895 por Sabino Arana,  cuya ambición última siempre ha sido separarse de España, alegando argumentos raciales y culturales que vulneran los principios más elementales de la democracia. Cuando murió Xabier Arzalluz, presidente del PNV entre 1980 y 2004, Arnaldo Otegi comentó: «Era uno de los nuestros».

Hoy en día, el independentismo vasco goza de un poder creciente, influyendo de forma decisiva en el gobierno de España. Y las víctimas de ETA, lejos de recibir el reconocimiento y la solidaridad que merecen, se han convertido en un estorbo. Con un cinismo que roza la perversión, se les pide que no creen crispación, abriendo viejas heridas. Sin embargo, esas víctimas son el capital épico de nuestra democracia. Pienso en figuras como el político del PP Gregorio Ordoñez, el abogado socialista Fernando Múgica, el jurista, historiador y escritor Francisco Tomás y Valiente, el periodista y antiguo luchador antifranquista José Luis López de Lacalle, la fiscal Carmen Tagle, el político de UCD Jaime Arrese, el político de UPN José Javier Múgica, el general Quintana Lacaci, el inspector Eduardo Puelles, el exjefe de la Policía Local de Andoáin Joseba Pagazaurtundúa o el guardia civil José Pardines, primera víctima de ETA. Pido perdón por las incontables omisiones, pero con esta lista pretendo señalar que el terrorismo independentista vasco luchó contra la democracia, no contra una dictadura. Comparar a los pistoleros de ETA con los miembros de la Resistencia francesa es una vileza. No es menos obsceno establecer analogías entre Nelson Mandela y Arnaldo Otegi, que secuestró a Javier Rupérez e intentó asesinar a Gabriel Cisneros. Todas las formas de represión que sufría el País Vasco por culpa de la dictadura franquista desaparecieron con la Transición española, un ejercicio de madurez colectiva empañado por la violencia de la extrema derecha y la extrema izquierda, donde hay que incluir a ETA.

Más de 300 crímenes de ETA han quedado impunes. Los presos de la banda terrorista se han negado a colaborar con la justicia. Su silencio es un ejemplo de lealtad mafiosa y una forma inequívoca de manifestar que siguen apoyando la lucha armada. Los pistoleros se consideran «gudaris», no criminales que hicieron todo lo posible para que descarrilara la Transición y destruir lo que el populismo de izquierdas llama despectivamente el «régimen del 78».  ¿Cómo fue posible que Herri Batasuna, brazo político de ETA, haya disfrutado de un amplio apoyo electoral, convirtiéndose muchas veces en la segunda fuerza electoral? ¿Cómo un proyecto antidemocrático y excluyente pudo gozar de la complicidad de un sector significativo y numeroso de la sociedad vasca? En un artículo, Fernando Múgica, hijo de Fernando Múgica Herzog, recuerda que el lema del PNV es «JEL», que significa «Dios y Ley vieja». Escribe Múgica: «Indica su manera religiosa de gobernar. Incluye la expulsión y la conversión como modos de afirmar su fe en la raza, lengua e historia de los vascos». No es un planteamiento muy diferente del lema «Sangre y Suelo» acuñado por  Maurice Barrès, una fórmula que explotaron los nazis, alumbrando una utopía basada en la raza, el idioma y el territorio. Hitler y sus conmilitones forzaron el éxodo de miles de alemanes que no encajaban en su ideal de Germania. Durante los ochenta del pasado siglo, el terrorismo de ETA hizo algo semejante con los vascos que no suscribían la ideología nacionalista. Paradójicamente, esa campaña de acoso y hostigamiento, lejos de haber dejado al independentismo en la cuneta de la historia, se ha revelado muy rentable. Otegi, al que se describe como un «hombre de paz», se pasea por los platós televisivos y las emisoras de radio, hablando como un estadista. Siente que le ha absuelto la historia, pese a que no ha condenado ni pedido perdón por los crímenes de ETA. Sabe que es un modelo para los independentistas catalanes y el populismo de izquierdas.

Cataluña ha seguido los pasos del «movimiento vasco de liberación nacional». De momento, ha conseguido incendiar las calles, copiando los métodos de la «kale borroka» y ha organizado un golpe de estado, disfrazado de grotesco referéndum. El independentismo catalán presume de «presos políticos», cuando en realidad se trata de políticos presos por infringir leyes democráticas. Otegi es recibido en Cataluña con alfombra roja. Los pactos políticos entre un PSOE desfigurado por la ambición de Pedro Sánchez, el populismo de Pablo Iglesias y los partidos nacionalistas han creado un nuevo escenario donde las víctimas de ETA ya solo son arqueología y no memoria viva. Se ha cumplido lo que ya advirtió Gregorio Ordoñez: comprar una escopeta y utilizarla se ha revelado más útil que depositar una papeleta en una urna. Ha surgido así una pedagogía política que corrompe a las nuevas generaciones. En el País Vasco y Cataluña, un sector significativo de la juventud considera que la violencia es un instrumento legítimo.

Mientras los etarras son aproximados al País Vasco, las víctimas viajan hacia el olvido. Su situación me recuerda a la de las víctimas de la Shoah después de la Segunda Guerra Mundial. Nadie quería oír hablar de ellas, pues su sufrimiento parecía irrelevante en una Europa que buscaba la reconciliación. Hasta que Alain Resnais rodó y estrenó el documental Noche y niebla en 1955, mostrando imágenes inéditas de los campos de exterminio, la conciencia de los europeos no comenzó a despertar, comprendiendo la magnitud de lo que había sucedido. Afortunadamente, el nazismo fue excluido de la vida política y sus jerarcas desfilaron por los tribunales, donde respondieron de sus crímenes. Salvo una minoría irrelevante, nadie se atrevió desde entonces a exaltar su memoria. Los líderes de ETA han pasado por los tribunales y han cumplido condenas más o menos largas, pero gozan de una vergonzosa respetabilidad. No se les ha visto humillados, como a Göring y a otros gerifaltes del nazismo tras ser condenados en los juicios de Núremberg, sino sonrientes y desafiantes, alardeando de su historial criminal. Corremos el riesgo de que la historia la escriban los verdugos y no las víctimas. De hecho, ya está sucediendo.

Gregorio Ordoñez afirmó que el lugar de los terroristas se encontraba en las cloacas, pero lo cierto es que ahora están en las instituciones. «¡Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar!», vocifera Otegi. Es absurdo hablar de reconciliación cuando no se reconoce el dolor causado ni se colabora con la justicia en la resolución de los asesinatos sin esclarecer. ¿Qué cabe entonces? Recordar, homenajear a las víctimas, decir en voz alta que la ideología que animó a ETA sigue viva y que es una ideología sumamente peligrosa, pues no se basa en principios democráticos, sino en una mística de la Sangre y el Suelo que ya se ha extendido a Cataluña, reinventando la historia para hablar de paraísos perdidos y repelentes utopías. No hay que menospreciar el poder de seducción de una ideología con un fuerte componente romántico y una vocación salvífica. Euskal Herria es un mito, como lo fue la Germania exaltada por los nazis, y los mitos, al no basarse en razones, pueden permitirse el lujo de prometer lo imposible, atrayéndose a los incautos pero también a las mentes más privilegiadas. Jon Juaristi y Mikel Azurmendi militaron en ETA. Fernando Savater publicó artículos en Egin, defendiendo la autodeterminación del País Vasco y hablando despectivamente del «nefasto patriotismo unitarista español». En su momento, yo también expresé ideas parecidas. Urge, por tanto, una pedagogía democrática que honre la memoria de las víctimas y que muestre la verdadera faz de las ideologías totalitarias. Con el pretexto de traer el paraíso a la tierra, nos llevan siempre al infierno. La batalla por la libertad y la democracia deberá librarse en los foros políticos, pero sobre todo debería tener lugar en las aulas para que los más jóvenes, al mirar hacia atrás y contemplar el dolor sembrado por ETA, exclamen: «Nunca más».

 

26/01/2021

 
COMENTARIOS

Josep Bellver 26/01/21 09:41
El autor del artículo desconoce obviamente la Ley de Godwin o la Reductio ad Hitlerum, que enunció Leo Strauss, para evitar comparaciones facilonas de cualquier cosa negativa o considerada negativa con el nazismo, cuando hay decenas de conflictos terroristas más cercanos en el tiempo. Además, está lleno de afirmaciones taxativas e inexactas: por ejemplo " Los presos de la banda terrorista se han negado a colaborar con la justicia. " No es cierto: muchos presos han mostrado arrepentimiento por sus crímenes y han colaborado con la justicia. Otegi " no ha condenado ni pedido perdón por los crímenes de ETA." Basta con buscar en google para ver vídeos de Otegi pidiendo perdón a las víctimas de ETA. Y así todo.

Josep Bellver 26/01/21 09:56
Por otro lado “Indudablemente, la policía y la Guardia Civil asestaron a la organización terrorista golpes que contribuyeron a su retirada, pero ese trabajo, que implicó grandes sacrificios -486 agentes asesinados y un alto número de heridos, que sobrevivieron con gravísimas secuelas físicas y psicológicas-, no logró desmontar el proyecto independentista de ETA, que siempre contó con el apoyo del PNV.” Que yo sepa a) el trabajo de la policía es perseguir a los criminales, no ideas políticas, esto último es más propio de estados totalitarios y, menos aún, de partidos políticos que inequívocamente han condenado siempre el terrorismo, como el PNV. Que yo sepa en el código penal español nunca ha sido tipificado como crimen ser una nacionalista vasco (o un nacionalista español o gallego o catalán)

Josep Bellver 26/01/21 10:05
Siguiendo con esto, hay muchos argumentos válidos para criticar al independentismo: por ejemplo, por absurdo en un mundo interconectado y en plena construcción europea. Pero me da la impresión de que el autor del artículo lo ha hecho desde un neoconservadurismo enraizado en otro tipo de nacionalismo, que tampoco me parece esencialmente mejor que el que abomina. A lo mejor un poco más sutil que Abascal hablando del gobierno socialcomunista etarra, pero no mucho más.

Consuelo Ordóñez 26/01/21 14:13
En contestación a Josep Bellver: "No es cierto: muchos presos han mostrado arrepentimiento por sus crímenes y han colaborado con la justicia. Otegi " no ha condenado ni pedido perdón por los crímenes de ETA." Basta con buscar en google para ver vídeos de Otegi pidiendo perdón a las víctimas de ETA. Y así todo". Sólo 24 presos de ETA se acogieron a la Vía Nanclares entre ellos uno de los asesinos de mi hermano Valentín Lasarte. Cumplieron con los requisitos de arrepentimiento, perdón, asunción de responsabilidad civil y compromiso de colaboración. Estos 4 requisitos, establecidos por la ley para progresar en grado, se cumplen con una declaración jurada. Yo precisamente fui, porque no creía en el arrepentimiento de Valentín Lasarte, a entrevistarme con él en la cárcel. Siempre he creído que el arrepentimiento se prueba precisamente cuándo el preso en cuestión "arrepentido" cuenta todo lo que sabe de cuando salía a matar, eso fui a hacer con Lasarte cuando me entrevisté con él, preguntarle por todos los crímenes que están sin resolver cuando él salía a matar por lotes lugares en que lo hacía, no sabía nada de las 40 preguntas que le hice sobre estos crímenes, incluido el de mi hermano y lo que de su crimen seguimos desconociendo. ¿Me podrías decir con nombres y apellidos alguno de esos presos o ex presos de ETA?, ya que pones "muchos" algún nombre me podrás dar. Cuando dices que Otegi tiene también muchos vídeos pidiéndonos perdón a las víctimas, ¿podrías igualmente dar un dato exacto de una intervención suya haciéndolo?

Creo que si estás acusando al autor del artículo de que su artículo "está lleno de afirmaciones taxativas e inexactas" bien tendrás que responderme a estas simples cuestiones que te planteo. Saludos!

Manuel Domínguez Marqués 27/01/21 14:02
Muy buen artículo, que refleja la penosa realidad del nacionalismo, doctrina que solo ha llevado dolor y miseria moral, allí donde ha triunfado, es evidente que el PNV, es y ha sido el apoyo de Eta, sin ellos nunca hubiera sido nada.
En el artículo, solo echo en falta, lo que creo que es imprescindible para que en un pueblo, prenda tan nefasta ideología, la colaboración de los vecinos, de la iglesia y de todos los que cobardemente, miraban hacia otro lado y hacían como si no pasará nada. Esos a mí parecer son tan culpables de los crímenes, como los miserables que pegaban un tiro en la nuca a sus propios vecinos en nombre de la patria vasca.
La indignidad de miles de vascos, no puede seguir siendo tapada en nombre de la reconciliación que, por parte de los asesinos nunca ha sido admitida.

Ignacio Acha 27/01/21 15:08
No tengo nada que objetar a todo lo que se diga contra ETA y contra la izquierda patriótica (también contra la actual). Lo que hicieron y siguen haciendo no tiene nombre.
Pero culpar a la ideología nacionalista de todas esas actitudes y acciones ni es legítimo, ni es riguroso.
Y basar la condena del nacionalismo vasco en las ideas de su fundador (creo que murió en 1903) y en su caricatura me parece que es, entre otras cosas, no darse cuenta del cristal con que está hecho el tejado propio.
Ha perdido hoy, señor Narbona, muchos puntos en mi consideración.
En fin, "semper idem".

Juan Julio Alfaya 27/01/21 17:41
Hay dos libros que exponen de forma documentada la estrecha colaboración del PNV con ETA: "El árbol y las nueces" (Temas de Hoy) y "Arzalluz. La dictadura del miedo" (Planeta). El problema es que al ser legales tanto el PNV como la izquierda abertzale, los partidos de ámbito estatal necesitan sus votos para sacar adelante sus propuestas y esto es lo que pervierte y amenaza cada vez más la estabilidad política y territorial de España.

La miniserie "El desafío: ETA", aun siendo muy buena, esquiva el tema de la estrecha colaboración entre PNV y ETA, además de otras omisiones como la de no citar a Mikel Lejarza Eguía, alias El Lobo, como el infiltrado que más bajas causó en la cúpula de ETA.

Josep Bellver 27/01/21 17:50
-Señora Ordoñez, no voy a discutir con usted, por supuesto, sólo lamentar de todo corazón y sinceridad su pérdida. Y por supuesto, simpatizo con su humanísima necesidad de que tan horrendo crimen no sea olvidado.
-Señor Narbona. Le agradezco su respuesta, pero no puede estar más equivocado sobre la postura que me atribuye. A mí no me gusta Arzalluz y tampoco Otegi; pero tampoco me gusta Abascal ni Puigdemon ni cualquier otro. Mi crítica hacia su artículo se basa en su tendenciosidad: usted ha escrito un artículo contra los nacionalistas periféricos desde el nacionalismo central. En nombre de unos y de otros se han cometido muchos crímenes y se ha asesinado despiadadamente. Usted no dice los crímenes de ETA son horribles y no podemos olvidarlo, algo contra lo que no tendría nada que objetar; usted viene a decir que la ideología que los sustenta es horrible y no podemos admitirla en el sistema político democrático. Enhorabuena, pues el siguiente caso es explicarnos por qué son admisibles aquellas organizaciones políticas basadas en un desadorado nacionalismo español y no otras basadas en un desadorado nacionalismo gallego, catalán o vasco o el que fuere.

Josep Bellver 27/01/21 18:06
Lo que también queda claro en su artículo, señor Narbona, es que no le actual gobierno, y ha decidido atizarle indirectamente vía Batasuna. Bien, es una postura que tiene ilustres antecedentes: bien es sabido que todos los gobiernos democráticos, sea del color que sea, tuvieron contactos con los terroristas, con el fin obvio de terminar cuanto antes con esa lacra; pero quienes fueron los únicos que usaron el terrorismo etarra para desgastar un gobierno de signo opuesto también es fácil de recordar. Por lo demás, permítame que le insista en querer saber por qué, en su opinión, es admisible en el juego democrático Abascal y no Urkullu, por ejemplo. Tan nacionalista es uno como el otro, y si añadimos otros factores adyacentes -racismo, misoginia, homofobia- yo no tendría ninguna dificultad en señalar cual es más nocivo para una sociedad libre y abierta.

Rafael Narbona Monteagudo 27/01/21 18:33
Señor Bellver: No simpatizo con Abascal. De hecho, le considero una desgracia para la política española. Su xenofobia y machismo me repelen. Sin embargo, el patriotismo español me parece un sentimiento legítimo. Estadounidenses, franceses, británicos, ya sean de derechas o de izquierdas, aman a su país y es un sentimiento sano y necesario. En cambio, el separatismo es un sentimiento que intenta romper la convivencia, fracturando un país. Por eso, no me parece democrático, sino una lacra. La Constitución del 78 debería haber prohibido los partidos separatistas. No lo hizo y así estamos en una situación donde no se cesa de atentar contra la continuidad histórica de España. Un sector de la izquierda española mantiene una vergonzosa complicidad con el separatismo. Yo he votado muchas veces al centro izquierda, pero mientras el PSOE mantenga la deriva actual no volveré a hacerlo. Por cierto, noto en su forma de argumentar una deplorable falta de cortesía. Ni saluda ni se despide. Imagino que le parecen gestos innecesarios e intolerables con un energúmeno españolista. El separatismo siempre ha sido intolerante y enemigo de la convivencia.

Alfonso 27/01/21 23:45
Desde el rechazo absoluto a toda violencia, creo sinceramente que la solución de estas tragedias (no es la primera similar que padecimos en nuestra historia) no va a llegar desde el debate crispado.

Independientemente de ello, usted se pregunta que cómo fue posible que Herri Batasuna, brazo político de ETA, haya disfrutado de un amplio apoyo electoral, convirtiéndose muchas veces en la segunda fuerza electoral.

Tiene alguna respuesta para ello?. Por otra parte, si este dato es así, y creo que es así, como gestionamos esta evidencia?

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