El independentismo catalán contra el Estado de derecho

por Rafael Narbona

Manuel Azaña intentó apoyarse en los nacionalistas vascos y catalanes para llevar a cabo su idea de España, basada en el reformismo y el laicismo. Pensó que las regiones más desarrolladas podrían ayudar a consolidar la Segunda República, promoviendo un patriotismo cívico y moderado, que contemplara el reconocimiento de las demandas autonómicas. Su planteamiento se reveló ingenuo y estéril, pues a los nacionalistas sólo les interesaba independizarse, no modernizar España ni fomentar la cohesión social. La tendencia rupturista lanzó su mayor desafío el 6 de octubre de 1934, cuando Lluís Companys proclamó el Estat Catalá, al mismo tiempo que Asturias iniciaba un levantamiento revolucionario organizado por la Alianza Obrera, dirigida por la UGT y el PSOE con el apoyo de la CNT. El Estat Catalá duró diez horas, pues –entre otras cosas– no contó con el respaldo de los anarquistas. Companys pidió a Domingo Batet, capitán general de Cataluña y oriundo de Tarragona, que se pusiera al servicio de la Generalitat, pero no logró su adhesión. Batet se mantuvo fiel a la República y acabó con los pequeños focos de resistencia con la mínima fuerza posible. A pesar de todo, murieron treinta y ocho civiles y ocho militares. La derecha nunca le perdonó que no hubiera actuado como Franco en Asturias, que reprimió la revuelta con ferocidad, aplicando los métodos de las campañas en Marruecos contra las cabilas rifeñas. Dos años más tarde, Batet sería fusilado por las tropas franquistas por negarse a secundar la rebelión militar.

Durante la Guerra Civil, la Generalitat apenas colaboró con Madrid. En La velada en Benicarló (1937), Azaña escribió: «La Generalidad funciona insurreccionada contra el Gobierno. Mientras dicen privadamente que las cuestiones catalanistas han pasado a segundo término, que ahora nadie piensa en extremar el catalanismo, la Generalidad asalta servicios y secuestra funciones del Estado, encaminándose a una separación de hecho». Durante la Transición, se especuló que el Estado de las Autonomías resolvería el problema de los regionalismos separatistas, pero el tiempo ha demostrado que sólo ha servido para acentuar el conflicto. La transferencia de las competencias educativas proporcionó una poderosa arma a los independentistas, que han utilizado las escuelas para alimentar mitos y mentiras, convirtiendo la Guerra de Sucesión en Guerra de Secesión y la revuelta campesina de los segadores en una gesta independentista. Se ha utilizado el idioma para segregar, no para enriquecer y convivir.

A estas alturas ya no sirven los argumentos racionales, basados en datos históricos contrastados, ni las objeciones morales o económicas. En Cataluña se ha impuesto un sentimiento nacionalista puramente emocional que inventa Arcadias y profetiza Paraísos. El odio y la xenofobia no cesan de crecer. Se identifica lo español con el atraso, la intolerancia y el autoritarismo. Todo el que se atreve a discrepar sufre un linchamiento moral y un creciente acoso social. Las muchedumbres no dejan de hostigar a las Fuerzas de Seguridad del Estado, evidenciando que el nacionalismo nunca es amable, dialogante o sonriente. Se esgrime el derecho a decidir, ocultando que la mayoría de los países democráticos (Francia, Alemania, Portugal o Suiza) prohíben cuestionar la unidad territorial. No es un simple capricho del legislador, sino una medida adoptada para neutralizar el problema de los nacionalismos, que desencadenó horripilantes guerras en un pasado reciente. La Unión Europea se construyó para desterrar definitivamente la exaltación nacionalista y sus devastadoras consecuencias. Cataluña no puede invocar el derecho de autodeterminación, pues Naciones Unidas únicamente reconoce esa posibilidad a los pueblos sometidos a una dominación extranjera. Según el Derecho Internacional, la independencia sólo es una reivindicación legítima cuando el Estado aplica políticas de discriminación grave y sistemática contra una comunidad territorial por razones étnicas, religiosas, lingüísticas o culturales, violando reiteradamente los derechos fundamentales de los individuos y los pueblos. Se habla de pactar un referéndum legal, pero esa propuesta atenta contra nuestro orden constitucional y abre las puertas a la fragmentación de España. La disparatada entelequia de los Países Catalanes evoca los delirios de la Gran Serbia o la Gran Alemania, asociando la ciudadanía a la comunidad cultural y lingüística. Si avanzaran los proyectos secesionistas, los compatriotas de hoy se convertirían en vecinos poco amistosos, abocados a la confrontación y el resentimiento.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? El problema de los nacionalismos periféricos surge a finales del siglo XIX, cuando el ideario romántico se propaga por el continente europeo, despertando la nostalgia de los paraísos perdidos, casi siempre naciones supuestamente destruidas por elementos extraños. El politólogo nazi Carl Schmitt definió el nacionalismo romántico como «metafísica secularizada», indicando que la patria –real o imaginaria– pasó a ocupar el lugar de la fe. Eso explica que las guerras de religión fueran reemplazadas por guerras entre naciones. El siglo XX, con sus dos guerras mundiales, constituye la apoteosis de esa mentalidad. La Declaración de Derechos Humanos de 1948 y el proyecto de la Unión Europea, con inequívocas raíces ilustradas, nacieron para dejar atrás esa catástrofe e impedir que se repitiera. ¿Cómo hemos llegado entonces a esta situación? Al margen de las maniobras de los partidos independentistas, hay que distribuir la responsabilidad entre la izquierda y la derecha. La derecha ha fomentado un modelo de desarrollo orientado a sustituir los vínculos comunitarios por la libre competencia entre individuos. Ese programa puede funcionar en momentos de relativa prosperidad, pero no en momentos de crisis. Sin políticas redistributivas, las naciones pierden el apoyo de sus ciudadanos, que acabando sucumbiendo a los discursos populistas. Si, además, los casos de corrupción proliferan y afectan a las más altas instituciones, sólo hace falta una chispa para provocar un incendio social. Las naciones se debilitan cuando se descuida la solidaridad. Es cierto que la mejor política social consiste en crear empleo, pero siempre habrá que arbitrar medidas para no dejar desamparados a los ciudadanos que –por distintos motivos– caen en cuadros de exclusión, particularmente si son menores, personas discapacitadas o de la tercera edad.

La izquierda tampoco ha ayudado a normalizar la convivencia, alentando las fantasías jacobinas. En su mitología, nunca ha desaparecido la fantasía de asaltar los cielos. La socialdemocracia ha cortejado a los independentistas, pensando que nunca se plantearían seriamente destruir la nación española. Es evidente que se ha equivocado. Su rumbo errático ha coexistido con grandes escándalos de corrupción, que han menoscabado su credibilidad. Más grave es el caso de Podemos y sus confluencias. La alianza con las fuerzas «soberanistas», incluida la rama política de ETA, siempre chocó con su estrafalaria reivindicación del patriotismo español. Ahora ha quedado muy clara la intención de fondo: reemplazar la monarquía parlamentaria por una confederación de repúblicas socialistas. No es sorprendente en un partido que ha elogiado la Cuba de Fidel Castro y la Venezuela de Hugo Chávez. De todas formas, el pecado capital de la izquierda ha consistido en fomentar el discurso del odio contra España. Mientras los vascos, catalanes y gallegos independentistas aireaban sus banderas, la izquierda afirmaba que la bandera nacional era una herencia del franquismo. El filósofo y antropólogo marxista Eloy Terrón afirmaba en Sociedad e ideología en los orígenes de la España contemporánea (1958) que en la universidad de su juventud se respiraba «un desinterés, muy próximo al desprecio, por la producción intelectual española». Investigar sobre el krausismo le enseñó que España tenía «una historia no menos viva y vigorosa que la de cualquier otro país». Terrón deploraba la inexistencia de «una conciencia nacional». España le había dado la espalda a su pasado histórico, sin comprender la importancia de «la tradición como agente modelador y potenciador del pensamiento individual». Las reflexiones de Terrón no han perdido un ápice de vigencia. España debe aprovechar la crisis catalana para reconciliarse con su pasado y crear una conciencia nacional a la altura de los tiempos. España es el país de Cervantes, Cisneros, Jovellanos, Azaña, Ortega y Gasset, Unamuno, Antonio Machado, Josep Pla, Salvador Espriu y Rosalía de Castro. Su acervo cultural es de una enorme riqueza. El castellano es la lengua oficial de veinte países. Ningún país está exento de momentos aciagos y, en nuestro caso, se han incurrido en notables exageraciones. Como ha señalado el prestigioso hispanista Joseph Pérez, la Leyenda Negra es falsa, una obra de la mala fe inventada por los adversarios de España, con el propósito de recortar su influencia. Es legítimo y razonable sentirse orgulloso de ser español. Por su historia, por su cultura, por su diversidad, por su porvenir. Sería terriblemente irresponsable no recurrir a todos los medios del Estado de derecho, incluida su fuerza legítima, para no abortar un referéndum ilegal que ya se ha convertido en la mayor amenaza contra la paz y la convivencia de nuestra sociedad democrática.

29/09/2017

 
COMENTARIOS

Joseba Polanco 29/09/17 21:54
Haces un discurso razonablemente bien construido, pero la conclusión que obtienes en las últimas tres líneas y media te pone en el lado de los animales y no en el de los pensadores

Rafael Narbona Monteagudo 29/09/17 22:32
Joseba, sólo necesitas dos líneas para evidenciar tu carácter autoritario e intransigente. Yo me limito a pedir que se respete la ley y, en cualquier democracia, se considera legítimo utilizar la fuerza mínima posible para defender el estado de derecho. Afortunadamente, prevalecerá el orden constitucional.

J. Salavert 30/09/17 00:19
"Sería terriblemente irresponsable no recurrir a todos los medios del Estado de derecho, incluida su fuerza legítima, para no abortar un referéndum ilegal que ya se ha convertido en la mayor amenaza contra la paz y la convivencia de nuestra sociedad democrática."
Pongamos que uno también se limite a exigir que se respete la ley - si el régimen fascista que surgió de un ilegal golpe de estado en 1936 impuso a todos una monarquía, ésta es también ilegal, por mucho que se votara una Carta Magna en 1978 bajo la vigilancia de los sables. No vale decir que una legalidad es más legal que otra. O todo es ilegal, o nada lo es. ¿O el doble rasero, como siempre?
Es difícil ver qué tiene que ver el hecho de que una lengua sea oficial en veinte países con todo este asunto. Quizás el 2-O lo sea en 21. Incluso mejor, ¿no? Nadie va a prohibir el castellano en Cataluña, a diferencia de lo que pasaba con otras lenguas en ciertas partes del estado en otros tiempos.
"Es legítimo y razonable sentirse orgulloso de ser español." Claro que sí. De la misma manera que es tan legítimo (e incluso mucho más razonable, dadas las circunstancias actuales), no sentirse orgulloso de serlo. Y si lo duda, pregunte usted entre los miles de jóvenes a los que esta España ha exiliado. Inquiera sobre el nivel de orgullo que sienten por un estado que los ha echado y alejado de sus sueños hasta tener que buscarse la vida fuera. Qué fácil es menear las posaderas cuando se tiene una buena poltrona, eh, Sr. Narbona. Buenas noches.

Rafael Narbona Monteagudo 30/09/17 01:52
Efectivamente, Salavert. Disfruto de una buena poltrona. Por ejemplo, este blog, que escribo gratuitamente, pues no hay recursos para pagar a los colaboradores. Sus malos modales me eximen de presentar objeciones a sus argumentos, notablemente partidistas. Un saludo desde mi humilde silla de periodista que trabaja desde su casa, disfrutando de inimaginables y fastuosos privilegios.

Manuel Dominguez Marques 01/10/17 11:59
Aqui, en los comentarios podemos ver los argumentos de los sediciosos para destruir España, ninguno, efectivamente no disponen de ninguna razon racional, solo un absurdo discurso basado en mentiras que por mas que las repitan no djan de serlo, yo personalmente milite en un partido de izquierdas, PCE, en el año 75, ahora pasado los años me averguenza la actitud de la izquierda, del jugueteo con los nacionalistas cuando no apoyandolos descaradamente, olvidando totalmente las ideas internacionalistas que son sus principios fundacionales.
Se ha dejado la defensa de las libertades y de las leyes en manos de la derecha, cuando deberia de ser la izquierda la principal defensora de las mismas, pues fuimos los que luchamos por conseguirlas.
En fin desde aqui mi total apoyo a las fuerzas de seguridad del estado en la dificil tarea que les toca, por la ineficiencia de todos los partidos del parlamento, excepto UPyD que ya vimos como acabo.

J. Salavert 02/10/17 00:40
Y ya estamos a 2 de octubre. ¿Qué tal, Sr. Narbona? ¿Ha pasado un buen domingo? Parece que algunos conciudadanos suyos no han pasado un buen domingo. Llevaban claveles en sus manos mientras acudían a ejercer su derecho democrático al voto, y fuerzas policiales enviadas ex profeso han considerado que los claveles eran altamente peligrosos. ¿Serían acaso rosas con espinas? ¿Pistolas en forma de flor? El mundo ha podido ver cómo se las gasta el estado español heredero del régimen franquista. A partir de esto, todo cambia. Y ustedes lo saben. El presidente más inepto e incompetente que ha visto España desde Fernando VI ha perdido, y no solo los papeles - también las papeletas.
Por cierto, no se lo tome tan a pecho. No creo que hubiera "malos modales" en mi comentario anterior, por mucho que usted se haga el ofendido. Era un simple juego de palabras, un intento - pobre, lo reconozco - de enriquecer los registros del idioma de Cervantes que todos admiramos.
Así pues, díganos: ¿Todavía es igual de razonable que el 30 de septiembre de 2017 sentirse orgulloso de ser español?
Saludos, Sr. Narbona.

Elena Escudero 02/10/17 09:37
Esta entrada define con nitidez algo que barruntaba desde hace meses. Señor Narbona, es comprensible su postura "política" llamando a España "estado de derecho". Sólo así verá recompensada su penosa afirmación.

Los herederos de Franco, repartidos entre PP y PSOE, Ciudadanos y Equo, Vox e incluso Podemos, se lo agradecerán. Pase por ventanilla cuando los euros sean escasos en su bolsillo.

Por cierto, ¿su "Manifiesto antiespañol" ("Por qué odio a este puto país") lo escribió en una noche de francachela o en un plausible estado de sobriedad?

vasili hernando 02/10/17 12:03
Sr. Salavert: las imágenes de violencia ejercidas por cuerpos de seguridad contra ciudadanos nunca nos deberían gustar, a nadie. Mi opinión es que han sobreactuado gravemente y que nunca sabremos hasta qué punto fueron resultado de órdenes recibidas de más arriba, y hasta dónde el devenir local de los acontecimientos las provocaron.
Dicho esto, cuando uno va a un acto prohibido judicialmente y al que se ha anunciado que acudirá la policía para impedirlo, debe asumir que puede recibir un golpe. Es más, cuando un supuesto representante político tensa la cuerda, y azuza a los ciudadanos a acudir a ese contexto perfectamente conocido, puede inferirse perfectamente que lo hace con el propósito miserable de aprovechar los golpes recibidos por sus conciudadanos en beneficio propio, para obtener esa imagen tan fotogénica que desea para victimizarse con absoluto desprecio por la integridad de los suyos. Y más aún, es cínico e hipócrita cuando proviene de los mismos que consideraban “legítimo” (está entrecomillado porque es la palabra que usó Artur Mas) emplear la violencia policial para proteger el Parlament de ciudadanos que se manifiestan frente a él. ¿Se acuerda de junio de 2011? El helicóptero y todo eso. Cómo cambian las cosas.
Me abstendré de comentar lo de Fernando VI. Supongo que se quería referir a Fernando V o a Fernando VII: o quizá a Felipe VI, o quizá en realidad a todos empezando por Recaredo. Imagen seguramente involuntaria pero reveladora del tremendo cacao histórico mental que les han insuflado por intravenosa en los últimos años.
Siéntase orgulloso de lo que quiera usted. Déjenos en paz a los queramos sentirnos orgullosos de no sentirnos orgullosos de nada parecido, y que queremos construir un país en el que eso sea algo secundario. Seguramente y a pesar de ello me considera usted un nacionalista español, como lo son todos los que disienten de sus ideas únicas y no les bailan el agua. A pesar de que lo neguemos, ustedes saben lo que somos, mejor que nosotros mismos. Como la señora Escudero que mete en un saco a todo aquel que no sea catalán e independentista. En un impagable acto, mezclan su totalitarismo de pensamiento único con aquel dicho, sí, tan castellano: “cree el ladrón”. El hartazgo empieza a ser mutuo y eso no suele acabar bien, porque cada vez quedan menos interlocutores desapasionados a ambos lados. Pero, claro, es difícil cuando la culpa siempre es del otro y cuando uno se arroga la potestad de decidir quién es un buen conciudadano

Rafael Narbona Monteagudo 02/10/17 12:11
Señora o señorita Escudero:

Procedo de la izquierda, que ha fomentado desde hace tiempo el odio a España, aliándose con los independentistas. Me ha costado salir de ese espacio político y comprender sus errores. Por cierto, mi texto es fundamentalmente una crítica del franquismo. Escribí contra la España autoritaria, intransigente, no contra un país que ha alumbrado en las artes y en las letras una cultura admirable. Y, por cierto, no me pagan un euro por esta columna. Por favor, no utilice argumentos miserables y falsos.

Rafael Narbona Monteagudo 02/10/17 12:13
Señor Salaver: Mejore sus conocimientos de historia y cuide sus modales. En cuanto a las lamentables imágenes de violencia, sólo hay un responsable: Puigdemont y sus acólitos. Cataluña ha dejado de ser una tierra de paz y bienvenida para convertirse en un foco de intransigencia, fanatismo e inestabilidad.

J. Salavert 02/10/17 21:40
Vaya por dios, se me escapó un palito, Señor Narbuena. Ni por asomo tantos ni tan salvajes como los palos que se les escaparon a esas "Fuerzas Defensoras del Orden Constitucional", amén de (qué ejpañola es esa expresión, ¿no le parece?, "amén de") porrazos, estirones de pelo, gases lacrimógenos, tocamientos a mujeres y fracturas y contusiones varias. Orwell estaría orgulloso del Newspeak ejpañol. Defender es atacar; democracia es prohibir.
Dice usted proceder de la izquierda que ha fomentado el odio a Ejpaña (como puede ver, no se trata de una errata/etarra, como el palito). Válgame dios. Voy a seguir riéndome, en la intimidad, igual que hablaba el catalán el picoleto de las Azores. Me despido de usted para siempre, Sr. exizquierdista convertido en adalid del orden monárquico heredado del Franquismo. ¿Ve cómo yo llevaba razón con lo del meneo de posaderas? Por la boca muere el pez.
Al Basilio ni me molesto en contestarle. Otro pececillo.

Sefardí 02/10/17 23:57
Los nacionalistas catalanes son cada vez más ignorantes y maleducados. Es propio de quienes se sienten en posesión de la verdad. No tardará mucho en renacer el terrorismo catalán.

¡Qué mala suerte! Ahora que Sefarad tenía posibilidades de volver a ser uno de los mejores lugares para vivir.

Elena Escudero 03/10/17 07:14
Que en 2017 afirme usted que "Escribí contra la España autoritaria, intransigente, no contra un país que ha alumbrado en las artes y en las letras una cultura admirable", le define como un ex izquierdista de baja estofa (incapaz de separar la ideas de quienes cometen errores) capaz de soltar una memez tan singular.

Yo no he afirmado que esta columna le proporcione dinero (no ponga en mi mensaje palabras que no he escrito), sino que los medios de la derecha de ese país tan alumbrado por esa cultura admirable, le brindan, como hace El Mundo, un lugar en el sol.

Negar que en 2017 el neofranquismo campa por sus respetos en esta tierra es como afirmar la solemne estupidez de que España es un estado de derecho.

julen 03/10/17 22:21
El adsorvismo ejpañol se os está atragantando´, vuestra historia empezó en el 36 con los reyes godos muy hispanos ellos hasta fhilipe pasan do por el carlos separatista de sofía. Por cierto la izquierda no es de ningún país, es internacionalista la de aquí deja mucho que desear.

Margarita Juan 06/10/17 16:27
Excelente, ilustrativo y esclarecedor, amén de didáctico, su artículo, Sr. Narbona. Es sumamente importante llegar a la comprensión del ataque que los independentistas están haciendo, no ya al gobierno o partidos políticos, sino a las instituciones que todo Estado de Derecho debe cuidar y preservar puesto que son la esencia de toda sociedad organizada democráticamente. Se aúnan, para colmo, otros irresponsables que intenta minimizar el alcance de estas acciones, aunque sus intereses son otros, y aprovechan para desestabilizar aún más la convivencia proponiendo “mediaciones”, como si esto fuera una guerra, proponiendo diálogos sin discriminar entre una posición absolutamente anticonstitucional y la otra, defensora de la Constitucion, cuando es obvio que sin la vuelta a la legalidad no hay posibilidad alguna de diálogo si no queremos premiar a unos descarados irresponsables que mantienen, nos mantienen, a loda la sociedad en una zozobra y angustia terribles por la división causada y sus imponderables consecuencias.

Muchas gracias, he disfrutado muchísimo de su artículo.

Elena Gallego 04/10/17 14:55

El artículo del Sr, Narbona, basado en una aguda observación de la realidad y profundo conocimiento de la historia mundial, me parece de los más cuerdos, lúcidos y clarividentes que he leìdo hasta ahora.
Hace poco escuché a un famoso poeta de 90 años decir que por mucho menos suceden las guerras. No se necesitaron muchas más razones, aparte del odio inoculado entre PAISanos, para que estallara la guerra de los Balcanes, por citar un ejemplo reciente.
Cuando leemos las palabras "rebelión, guerra", etc., en los libros de historia nos suena a algo lejano, abstracto, ajeno, algo que pasa en otros países o épocas y
la falta de conciencia, moral, conocimientos históricos y responsabilidad de toda una población es, ni más ni menos, la causa de tanto sufrimiento.

Por supuesto que nadie está a favor de la violencia, pero participar irresponsablemente en un acto ilegal de esta magnitud política es Violencia Social hacia el resto de conciudadanos, porque puede ocasionar numerosas desgracias futuras.

El hecho de que el Sr. Narbona nos regale siempre su inteligencia y visión ecuánime a través de sus magníficos artículos le honra y nos da una idea de su responsabilidad como gran intelectual que es, su compromiso, generosidad y magnanimidad de su persona.

Reciba un cordial saludo, Sr. Narbona, con mi profundo agradecimiento

Francisco Muñoz 05/10/17 11:32
La argumentación del autor es impecable. Lástima que los que militan en posturas contrarias ni quieren, ni entienden ni está por la labor de argumentar desde la razón. Son nazionalistas profundos y se ponen orejeras para ver solo lo que sus torticeros cerebros les dicen que es la verdad. ¿Dialogar con elos? ¡Quiá! Sería como dialogar con un pedrusco. Se enrocan en su irracional visión y van como bestias de carga hacia su objetivo: la implantación de un sistema criptodemocrático con el que demonizan a todos aquellos que no comulgan con sus ilusorias propuestas

Elena Gallego 05/10/17 13:31

Creo que es el momento perfecto para releer el magnífico libro de Amin Maalof, identidades asesinas, In the name of identity, en inglés, que analiza el fenómeno del que todos tantas veces hemos sido testigos, Cómo la identidad nos obnubila la razón hasta convertirnos en bestias capaces de las mayores barbaridades. Véase genocidio armenio, masacres de Nangking, Holocausto, guerra de los Balcanes, Ruanda, actos terroristas en nombre de una religión o identidad, etc.

Más historia, respeto a los derechos humanos y menos pan y circo.

Ciren Anajuli 06/10/17 00:04
Es casi forzoso que una identidad sea asesina. Para funcionar, la identidad debe tener rasgos absolutos. Ahí inicia el viaje al asesinato.

Los rasgos absolutos los extrae de la mentira. Todos los relatos fundacionales son esencialmente falsos. En el caso catalán se llega a extremos hilarantes. No hay más que comparar los discursos de Casanova con lo que se dice ahora de él. O la letra original de "els segadors" con la que se canta hoy en día.

Pedro Rodriguez 08/10/17 22:26
Genial su artículo Sr. Narbona. Más aún por provenir de la izquierda y ser capaz de tener esta visión tan objetiva. Mire, me ha entristecido sobremanera ver en los comentarios esa actitud tan repetida de las mentes "progres", según la cual la violencia es algo que, sea cual sea su origen y justificación, debe ser anatemizada. Craso error, pues la violencia la usarían ellos mismos -todos los progres que la niegan- en caso de que un bien jurídico que les perteneciera directamente fuera amenazado, sin duda. Eso es obvio. Si un asesino amenazara a sus hijos, no dudarían en disparar primero. ¿O dirían... señor asesino, le pongo un café y dialogamos?... no hombre...!!

Este problema del uso pertinente de la violencia es tan viejo como el ser humano. La Bhagavad Gita, texto sagrado hinduísta, enseña que "himsa" (हिंसा, violencia) debe ser evitada constantemente pero que, en determinados momentos, es una obligación usarla para contrarrestar las injusticias y otras violencias. En la Bhagavad Gita, precisamente, el protagonista Árjuna se siente abrumado ante el dolor que le produce tener que luchar contra su familia, que le había usurpado el trono. El mismo Krisna le hace comprender que su mente es confusa y que su deber es restaurar el equilibrio y ver las cosas con objetividad: si tiene que defender su trono y a su familia, debe luchar.

Eso mismo ocurre aquí. Grandes masas de personas "educadas" en la "no violencia" (¿vendrá esto del "haz el amor y no la guerra"?) abanderan un "pacifismo" aplicable sin criterio a toda circunstancia que se les presenta delante.

Es el famoso "buenismo".

Y no aprenden de la historia, porque en todos los libros se recuerda, por poner un caso reciente y famoso, a Neville Chamberlain, primer ministro británico en tiempos de Churchill, de quien se decía que "traía la paz bajo el brazo" y que hizo lo imposible para que Hitler no se "enfadara más". Su pacifismo fue aprovechado por la Alemania nazi para invadir Europa. Las críticas le llovieron después. Churchill dijo "A nuestra patria se le ofreció entre la humillación y la guerra. Ya aceptamos la humillación y ahora tendremos la guerra".

Así pues, estas personas "pacifistas" lo son en porque en sus mentes hay una gran confusión, su mente no es capaz de diferenciar (discriminar) entre lo importante y lo accesorio. La Bhagavad Gita hace una reflexión a lo largo de los muchos capítulos de la obra y Árjuna termina por darse cuenta de que sus dudas se deben a no saber enfocarse en lo importante. Eso ocurre con la mayoría de quienes defienden la "no violencia" a toda costa, sin darse cuenta de que en muchos casos la violencia es legítima y ha de usarse de forma reglada.

Me muero de risa (o de pena) al escuchar las criticas hacia la actuación policial del 1-O. Es patético volver a oír una y otra vez que "las cargas policiales han sido abusivas". Yo viví las cargas de los grises y eso si que eran cargas.

Pero es igual, es una pose absurda (a ver quien es más pacifista) que se usa generalmente para jugar con la seguridad de los demás, es decir, del país que compartimos todos. Hay que decirles, "Miren señores, con su actitud, solo se fomentan las tropelías y los abusos".

Buen artículo, valiente y sensato.

Jose Mercader 10/10/17 20:24
Por suerte he leido hoy esta entrada de su blog, Sr. Narbona. Por suerte, pues muchos de los comentarios retorcidos aqui vertidos, tienen hoy una interpretacion distinta, desde lo anecdotico (Marta 5 dedos) a los ultimos hechos como la manifestacion de domingo dia 8. Imposible dialogar desde el raciocinio frente al sentimentalismo ciego, torpe y visceral que acompaña al independentismo.
Ahora mismo el Sr. Puigdemont esta aplazando su declaracion de independencia, espero que el gobierno legal y representativo de esos otros espàñoles catalanes , no demore la aplicaion de la ley que les ampara, por su seguridad,y confianza.
Excelente articulo y exposición de verdades que por obvias, no seria necesario recordar, pero asi estan las cosas... Se cuestiona la historia y las misma esencia de la democracia. Otro dia hablaremos de Podemos, estos pensadores forjados en la lectura de topicos de setenta caracteres...
Un saludo, y mi agradecimiento a su valentia.

José Enrique Carmona 11/10/17 16:31
Sr. Narbona, le felicito por la claridad expositiva de sus argumentos.
El intento de involución democrática del Gobierno y el Parlamento de Cataluña revela el pretender rebasar su legítimo derecho a la diferencia, que la Constitución reconoce y respeta, para reivindicar una pretendida diferencia de derechos, algo que no es admisible. En democracia las normas pueden cambiarse, pero ajustándose a las reglas y si estas no se cumplen entonces la sociedad constituida en Estado tiene la obligación de ejercer el monopolio de la violencia legítima para hacerlas cumplir.

Por otra parte, pretender votar en contra de una resolución judicial entraña un acto de violencia moral o intimidación contra toda la sociedad y un ejercicio de violencia pasiva inadmisible. Y hacerse acompañar para ello de niños, a veces de muy corta edad, resulta indecente, miserable y profundamente irrespetuoso y además violento para con aquellos. Igual que no hay niños ateos, cristianos o musulmanes, porque solo lo son sus padres; igual que no hay niños iusnaturalistas o positivistas porque solo lo son sus padres; igual que no hay niños keynesianos o neoconservadores, porque solo lo son sus padres; tampoco hay niños nacionalistas o constitucionalistas, sino que solo hay niños. Con el tiempo se irán formando con prejuicios, falsedades y medias verdades, componentes de la cultura, amén de otras muchas cosas positivas. Pero constituye un ejercicio de manipulación muy irrespetuosa con los niños el usarlos de carnaza o medio de iinterposición frente a las fuerzas del orden público, en lugar de como los fines en sí mismos que son.

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