John Ford: El sol siempre brilla en Kentucky
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

El sol siempre brilla en Kentucky (The Sun Shines Bright) llegó a las salas de cine en 1953, un año después del estreno de El hombre tranquilo (The Quiet Man). Sin embargo, parece una película más antigua, casi de otra época. Su fotografía en blanco y negro, su aire de melodrama y la afectación de algunos actores, que interpretan sus papeles con autocomplaciente manierismo, recrean en cierta medida la atmósfera del cine mudo. Si reparamos en que la siguiente película de Ford fue Mogambo, la sensación de anacronismo se acentúa. Quizás el director quiso dejar claro que con El sol siembre brilla en Kentucky (una traducción poco inspirada del título original) retomaba el mundo de Judge Priest, un film de 1934 protagonizado por un magnífico Will Rogers, hoy casi olvidado. Ambas películas se basan en relatos breves de Irvin S. Cobb, cuyas tramas se despliegan en un Sur amable, fatalista y romántico. Sería inexacto hablar de secuela, pero hay una evidente continuidad temática. Con familiares en la judicatura, John Ford utilizó la figura del juez Priest para expresar su visión de la justicia y del sueño americano. 
Leer más

John Ford: El sargento negro
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Cuando en 1960 se estrena El sargento negro (Sergeant Rutledge) aún faltan cuatro años para que el presidente Lyndon B. Johnson apruebe la Ley de Derechos Civiles (Civil Rights Act) que pondrá fin a la segregación racial en escuelas, empresas, cargos públicos y comicios electorales. Sergeant Rutledge, un hermoso alegato a favor de la igualdad y la tolerancia, está ambientada en Arizona en 1881. Braxton Rutledge (Woody Strode) es sargento de primera del Noveno de Caballería, una unidad compuesta por soldados negros bajo el mando de oficiales blancos. Son los «Buffalo Soldiers» (Soldados Búfalo), de acuerdo con el nombre que les asignaron los indios tanto por el color de su piel como por los abrigos y sombreros de piel de búfalo que usaban en invierno. La mayoría procedía del IX y X Regimientos del Ejército de la Unión. Casi todos habían sido antiguos esclavos y habían luchado contra la Confederación, a veces después de fugarse de las plantaciones del Sur. Su experiencia en la guerra civil les ayudó en sus escaramuzas contra los indios. Su eficacia en combate alumbró la leyenda del «Captain Buffalo» (Capitán Búfalo), un imaginario soldado ejemplar con unos galones vetados en esas fechas a los afroamericanos, pues Washington había acordado que los soldados negros sólo podrían aspirar al grado de sargento.
Leer más

John Ford: Pasión de los fuertes
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Escueto, directo, sarcástico, Ford mentía descaradamente, pues era un verdadero artista que hizo del cine su vida y su vocación. Eso sí, acabó en Hollywood por casualidad. Su hermano mayor Frank había triunfado como actor y director durante la época del cine mudo. John –o, mejor «Jack», como le gustaba que lo llamaran‒ le pidió un empleó y consiguió que lo contratara para interpretar papeles menores con él u otros directores. Apareció en El nacimiento de una nación (D. W. Griffith, 1915) como hombre del Ku Klux Klan, apartándose la capucha mientras cruzaba un río cabalgando. Sería absurdo atribuirle simpatías hacia el Ku Klux Klan, pues Ford era católico. Simplemente, aprovechó la ocasión de meterse unos dólares en el bolsillo, trabajando como extra. Cuando logró su primera oportunidad como director, asumió que su trabajo consistiría en rodar buenas historias, empleando con esmero todos los recursos del lenguaje cinematográfico. Y, en la mayoría de las ocasiones, lo consiguió. Sin apenas mover la cámara, evitando las perspectivas insólitas, aberrantes o grandilocuentes. Nunca utilizaba la grúa. Su forma de narrar era sencilla, clásica, poética y elegante. Pasión de los fuertes (My Darling Clementine, 1946) es una de sus películas más perfectas, con una magnífica fotografía en blanco y negro, claramente influida por el expresionismo, y una acertada combinación de drama y comedia.
Leer más

John Ford: Pasaporte a la fama
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Se ha dicho que John Ford nunca rodó un film noir, pero Pasaporte a la fama (The Whole Town’s Talking, 1935) es una película parcialmente ambientada en el mundo del hampa. Un inspirado Edward G. Robinson interpreta a dos personajes completamente distintos, pero físicamente idénticos. Por un lado, es el inofensivo y dulce oficinista Arthur Ferguson Jones. Por otro, el sanguinario gánster «Killer» Mannion. Jones vive en un modesto piso de soltero, trabaja en una oficina como contable y come solo en una cafetería. No tiene amigos, ni familia. Sólo cuenta con el afecto de su tía Agatha, que lo visita de tarde en tarde. «Killer» Mannion se mueve en escenarios totalmente diferentes: el patio de la cárcel, sucios callejones, un sótano que sirve de refugio entre crimen y crimen. Jones tiene un canario y un gato, a los que cuida con ternura. Intenta escribir una novela, pero nunca pasa del primer párrafo. Está secretamente enamorado de la joven y atractiva señorita Clark (Jean Arthur), una mujer ingeniosa, mordaz e independiente. Todo en él es limpio y claro, pero también un poco triste. De «Killer» Mannion no sabemos gran cosa, salvo que vive de robar y asesinar, que no le importa disparar por la espalda y que sólo le interesan las mujeres para pasar un buen rato. Su vida es turbia, sucia y violenta. Se ríe a menudo, pero su sonrisa hiela la sangre.
Leer más

John Ford: La taberna del irlandés
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Después de rebasar los cincuenta años, resulta más fácil apreciar la grandeza de las obras menores. A esa edad, las palabras solemnes y los argumentos pretenciosos pierden su discutible encanto, revelándose como simple y huero artificio. 2001: una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) tiene la apariencia de una obra maestra y deslumbra sin mucho esfuerzo a una mente adolescente, pero cuando pasa el tiempo y examinas su metraje con más atención, sólo adviertes una insoportable pedantería disfrazada de discurso filosófico. En cambio, el tiempo ha sentado muy bien a La taberna del irlandés (Donovan’s Reef). Se trata de una deliciosa comedia de John Ford ambientada en una paradisíaca isla de la Polinesia francesa. Se estrenó en 1968, cosechando críticas desiguales. Por esas fechas, Ford ya soportaba la absurda acusación de ser un reaccionario con un estilo caduco y previsible. La taberna del irlandés rebate esas objeciones, evidenciando que el verdadero cine necesita pocos recursos para contar una buena historia. Una inspirada obra menor siempre es más atractiva que una película de tesis.
Leer más

John Ford: Siete mujeres
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Seven Women es la última película de John Ford. Se rodó en 1966, cuando la lucha por los derechos de las mujeres y de las minorías raciales ya había transformado el paisaje social de Estados Unidos. Narra las peripecias de una misión protestante en un contexto histórico difuso. Una iglesia reformada ubicada en Boston ha enviado a China a un grupo de voluntarios: cuatro mujeres y un hombre que realizan un trabajo de evangelización mediante labores humanitarias y una pequeña escuela infantil. Es la época de la invasión japonesa de Manchuria y de la lucha de Mao Zedong contra el Kuomintang, pero John Ford elude esos conflictos, limitándose a relatar las ficticias depredaciones de Tunga Khan (Mike Mazurki), un bandido que asalta pueblos y ciudades, cometiendo toda clase de atrocidades. Su violencia romperá la rutina de una misión cristiana, donde los voluntarios no pretenden cambiar el mundo, sino huir de sus problemas, adoptando un estilo de vida incompatible con la pasión, el cambio o el riesgo.
Leer más

Elvis Presley, el artista adolescente
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

La primera vez que vi a Elvis Presley yo era un niño de pantalón corto y el corte de pelo a tazón. En la España de finales de los años sesenta ya se había producido una tímida apertura, que –entre otras cosas‒ había permitido que en 1965 los Beatles actuaran en la Plaza de las Ventas ante un público de cinco mil jóvenes. No conservo ningún recuerdo de ese evento, pues en esas fechas yo sólo contaba dos años, pero en algún momento de mi niñez apareció la imagen de John Lennon con sombrero cordobés, guitarra eléctrica y armónica. No me impresionó gran cosa. En cambio, mi primer contacto con Elvis me produjo una auténtica conmoción. Encendí la televisión –un Telefunken en blanco y negro‒ y apareció cantando uno de sus números más famosos: el «rock de la cárcel». Con uniforme de preso y un llamativo tupé, su voz de barítono alto y con registros de tenor jugaba con una letra por entonces incomprensible para mí, enlazando frases a un ritmo frenético. 
Leer más

Lolita en la hoguera
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

¿Qué pretendió Vladimir Nabokov cuando escribió Lolita ¿Contar la historia de una pobre niña violada una y otra vez por su padrastro desalmado? Un argumento tan pueril y trillado no habría permitido que el libro se transformara en una obra maestra de la literatura. ¿Quizá su intención era explotar una historia morbosa para ganar mucho dinero? Sabemos que a Nabokov no le molestaba el dinero, pero sería injusto y ridículo rebajar su novela a la categoría de simple pornografía. Lolita se ha convertido en una obra incómoda en la época del movimiento #MeToo. Imagino que muchos han fantaseado con prohibir el libro o arrojarlo al fuego. Sin embargo, el anatema que ya pesa sobre Lolita no puede alterar su verdadero significado, ni anular sus virtudes literarias. Si un pederasta se adentra en sus páginas, experimentará una prematura decepción, pues las proezas estilísticas de Nabokov ponen a prueba la inteligencia del lector, exigiéndole atención, sensibilidad e ingenio. La trama puede ser provocadora, pero su desarrollo no se caracteriza por un encendido erotismo. Las escenas sexuales siempre acontecen fuera de foco. Las elipsis sortean con éxito la estridencia de lo explícito. Lolita no es un canto a la perversidad, sino una desinhibida radiografía de las catacumbas de la mente humana.
Leer más

¡Qué noche la de aquel día!
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Mi primer elepé –por entonces, no se hablaba de vinilos− fue Let It Be. Mi primer single –un formato maravilloso que desapareció hace mucho tiempo− fue ¡Qué noche la de aquel día! Aún conservo esas dos joyas, notablemente desgastadas por más de cuatro décadas de fervor musical. Todavía hoy, pincho de vez en cuando sus canciones en un viejo plato que desafía al tiempo, obstinándose en funcionar más allá de cualquier expectativa racional. Su sonido no puede competir con la tecnología digital, pero posee un encanto especial que permite rescatar recuerdos sepultados por el tiempo. No es la magdalena de Proust, pero se parece bastante. El single, comprado a principios de los años setenta en Galerías Preciados, contiene cuatro temas: «Tell my Why», «And I Lover Her», «I’ll Cry Instead» y «I’ll Be Back». En esas fechas, mis conocimientos de inglés no eran ni siquiera elementales, lo cual me ayudaba a disfrutar más de las canciones. Creo que aún no había visto Bienvenido Mr. Marshall, pero ya dominaba el inglés camelo. 
Leer más

Frank Capra, o la locura de vivir
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Se acusa a Frank Capra (Bisacquino, Sicilia, 1897-La Quinta, California, 1991) de sentimentalismo e ingenuidad, pero Arsénico por compasión (Arsenic and Old Lace) es una comedia irreverente, chispeante y provocadora que escarnece los prejuicios y los convencionalismos de la América blanca, anglosajona y protestante. Basada en la obra teatral de Joseph Kesselring, que obtuvo un enorme éxito en Broadway, Arsénico por compasión relata la historia de dos encantadoras viejecitas que alquilan habitaciones a hombres mayores, melancólicos y solitarios, con la intención de envenenarlos. Aparentemente inofensivas, tía Abby (Josephine Hull) y tía Martha (Jean Adair) no se mueven por instinto homicida, sino por la piadosa intención de aliviar el sufrimiento de ancianos sin familia, que ya no esperan nada de la vida. Su sobrino Mortimer (Cary Grant) no sabe nada. De hecho, cree que sus tías son un ejemplo de bondad y ternura. Mortimer es un conocido crítico teatral, que se ha hecho famoso escribiendo libros contra el matrimonio, con títulos tan beligerantes como La Biblia del soltero y El matrimonio: fraude y fracaso. Su desafiante soltería se desvanecerá al casarse con la dulce y atractiva Elaine Harper (Priscilla Lane), sobrina de un pastor luterano que vive cerca de sus tías. 
Leer más

Apúntate al boletín de Revista de Libros
ENSAYOS ANTERIORES
Descarge el índice de contenidos del nº 196
RESEÑAS
 
  Apúntate a RdL
 
  Archivo RdL
 
Patrocinadores RDL

Esta web utiliza cookies para obtener datos estadísticos de la navegación de sus usuarios. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso.
Más información ACEPTAR