John Ford: El hombre que mató a Liberty Valance
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962) es una de las películas más emblemáticas de John Ford y uno de los mejores westerns de la historia. Suele relacionarse con el punto de inflexión que marcó el giro hacia una versión crepuscular del género. No hay grandes paisajes, ni demasiada acción. Todo se centra en los personajes y en la trama, que recrea el tránsito de un mundo primitivo y violento a una sociedad civilizada y democrática. En un paupérrimo y áspero pueblo de Arizona llamado Shinbone, la política, la educación y los periódicos acabarán reemplazando a la ley del revólver, pero no sucederá de forma incruenta, sino sacrificando a los mismos hombres que lucharon para imponer una convivencia pacífica. Estados Unidos alcanzará su grandeza gracias a los aventureros que colonizaron un territorio salvaje, luchando contra las tribus nativas, los cuatreros y los desastres naturales. Paradójicamente, la civilización prescindirá de ellos, cuando logre consolidar sus leyes y costumbres. Los caracteres indomables suelen ser un foco de perturbación en un contexto de rutina y tranquilidad.
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César Antonio Molina: el poeta en la polis
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Platón expulsó a los poetas de la Ciudad Ideal. Las ensoñaciones líricas estorban cuando pretende trasladarse a la política el ideal geométrico. Una imaginación que no somete su vuelo a los dictados del poder constituye una amenaza para el Estado. César Antonio Molina es un poeta y un firme partidario de las sociedades libres, abiertas y tolerantes. En la imaginaria república de Platón –una utopía autoritaria–, resultaría tan molesto como un tábano y no tendría otras opciones que el exilio o la cicuta. Afortunadamente, vivimos en una polis democrática donde puede alzar su voz sin miedo. En Las democracias suicidas y otros textos de política, César Antonio Molina ejerce sus derechos de ciudadanía, expresando sus opiniones, sin aceptar otra tutela que la de María Zambrano, Manuel Azaña, Roberto Calasso, Hannah Arendt, Tzvetan Todorov, Vladimir Jankélévitch o Isaiah Berlin. 
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Maldito Mayo del 68
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

El Mayo del 68 constituyó una verdadera revolución. Dejó una huella perdurable en la política, la moral y el arte. No aportó nada esencial. Más bien destruyó muchas cosas. En una época de bienestar y libertades, planteó la liquidación de la democracia burguesa, apuntando como alternativa la China de Mao. El Libro Rojo del Gran Timonel se convirtió en la biblia de los estudiantes amotinados. «Seamos realistas –se chillaba en las manifestaciones–. Pidamos lo imposible». Lo imposible, lo utópico, consistía en instaurar una «dictadura democrática» que acabara con el imperialismo y sus lacayos. No era una cuestión que debiera dirimirse en las urnas, con debates, programas y elecciones, sino en las calles y en las plazas, con barricadas y adoquines: «No vamos a reivindicar nada, no vamos a pedir nada. Tomaremos, ocuparemos».
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Corto Maltés, el nuevo Prometeo
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Después de La balada del Mar Salado, Corto Maltés ya no es un simple aventurero, sino un nuevo Prometeo. No quiere depender de Dios ni del destino. Tampoco desea soportar la tiranía de los hombres. Quiere ser ilimitadamente libre, no vivir bajo ningún yugo, trazar el rumbo de su existencia sin ninguna traba o temor. Mientras descansa en el único mirador de una mansión de Java, con la espalda apoyada en un sofá de mimbre, las piernas extendidas, su eterna gorra blanca de marinero calada hasta las cejas y un cigarrillo entre los labios, se observa a sí mismo. No es un impostor, ni un megalómano, pero está claro que se gusta a sí mismo. Si no fuera así, no podría fantasear con la libertad absoluta. Un hombre que se odia o se desprecia vive sojuzgado. Es un esclavo y ni siquiera lo sospecha. No es su caso. Mitad hedonista, mitad estoico, goza de una razonable paz interior.
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Julián Marías: La perspectiva cristiana
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

En 1933, Julián Marías visitó Jerusalén. En esas fechas, ya tenía muy clara su vocación filosófica y sabía que no podía ser desligada de la inquietud teológica. Dos años después publicó su primer ensayo filosófico, «San Anselmo y el insensato», en el que afrontaba el reto de justificar racionalmente la fe. Católico practicante hasta el último de sus días, sus reflexiones sobre la experiencia religiosa nunca perdieron de vista dos frases que condensan el quehacer teológico de San Anselmo: Fides quaerens intellectum y Credo ut intelligam. Julián Marías no experimentó crisis de fe. Siempre se mantuvo fiel a la Iglesia católica. Apoyó con entusiasmo el espíritu renovador del Concilio Vaticano II y trabajó con el máximo rigor en el Consejo Internacional Pontificio para la Cultura, creado por Juan Pablo II. A finales de los años noventa, el Colegio Libre de Eméritos  le encargó un curso sobre el cristianismo, lo cual le permitió recapitular y pulir sus indagaciones sobre el tema.
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Tintín en el Tíbet
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

trabajaba como colorista en sus estudios y tenía veintiocho años menos que él. Casado desde 1932 con Germaine Kieckens, su conciencia católica se rebelaba contra la perspectiva del adulterio o la posibilidad de la ruptura matrimonial. Atormentado por las ideas de pureza y culpabilidad, acudió a la consulta de Franz Riklin, discípulo de Carl Jung, que le animó a dejar temporalmente el cómic para explorar el terreno de la pintura abstracta, donde ya había probado suerte, pero de forma esporádica y con una ambición limitada. «Tiene que destruir el demonio de la pureza», dictaminó Riklin, indicándole que un cambio de rumbo en su creatividad le ayudaría a descubrir quién era realmente y qué deseaba hacer con su vida.
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Tintín: Las joyas de la Castafiore
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

¿Es posible vivir una aventura sin moverse de casa? Depende de nuestro concepto de lo que es una aventura. En Las joyas de la Castafiore (1962), Tintín y Haddock no salen del castillo de Moulinsart, pero se enfrentan a multitud de pequeños incidentes que alteran su rutina hasta desembocar en un misterioso robo con un insólito desenlace. Aunque no hay villanos, secuestros ni catástrofes, han tenido que enfrentarse a momentos de confusión, desconcierto, incertidumbre y suspense. La trama de Las joyas de la Castafiore es muy sencilla, pero encadena un contratiempo tras otro hasta crear una atmósfera donde lo ordinario parece francamente extraordinario.
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Tintín: El asunto Tornasol
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

¿Qué es la felicidad? Descarto una respuesta retórica sobre un tema que ha suscitado infinidad de especulaciones filosóficas, más o menos afortunadas. Diré simplemente que –en mi caso– la felicidad es una tarde de mi niñez con un nuevo álbum de Tintín entre las manos. No he olvidado el día en que apareció mi madre con El asunto Tornasol, recién comprado en una librería del barrio de Argüelles, advirtiéndome que no me permitiría leerlo hasta que finalizara mis deberes. Pasé una hora angustiosa, deseando tirar los ejercicios de matemáticas por la ventana, pero cuando al fin terminé y pude leer la aventura, sentí que había topado con algo prodigioso y verdaderamente original. Los años transcurridos desde entonces han corroborado esa impresión. ¿Qué hace tan especial El asunto Tornasol, para muchos la obra maestra de Hergé? De entrada, el comienzo atrapa en una sola viñeta todo el encanto y la poesía del cine mudo. El bueno de Silvestre Tornasol se aleja por un camino de tierra que serpentea entre los árboles de la apacible y lluviosa campiña belga. Camina de espaldas, con una maleta y un paraguas. Menudo y esmirriado, no esconde su parentesco con el vagabundo de Chaplin. 
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María Cristina Inogés Sanz: Thomas Merton ante el eterno femenino
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Escribir sobre Thomas Merton es un acto de fe en una época marcada por el escepticismo y el desarraigo. María Cristina Inogés Sanz, teóloga y periodista, ha compuesto un breve ensayo para abordar un aspecto poco conocido en la biografía del monje trapense: su relación con las mujeres. La sinfonía femenina (incompleta) de Thomas Merton narra el itinerario desde la confusión y la desesperanza hasta la plenitud del encuentro con Dios. En su juventud, Merton se entregó a todos los excesos, huyendo de sus fantasmas interiores. En la turbulencia del deseo, lo femenino sólo representaba una oportunidad de placer, un espasmo donde la conciencia se disipaba temporalmente, olvidando cualquier forma de responsabilidad hacia el otro. Sólo cuando se retiró a la abadía de Nuestra Señora de Getsemaní, en Kentucky, comprendió que las mujeres no eran simplemente uno de los polos de la experiencia erótica, sino uno de los pilares de la vida contemplativa. Lo femenino está impregnado del misterio de María Theotokos, como señala Julio García Caparrós en su intenso y lírico prólogo.
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La España constitucional
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Quizá los padres de la Constitución de 1978 se equivocaron al crear el Estado de las autonomías, propiciando una división artificial que ha incrementado innecesariamente la burocracia y el gasto público, pero a estas alturas no se puede dar marcha atrás sin provocar un cataclismo político y social. Al menos podemos extraer una lección histórica. En el caso del País Vasco y Cataluña, el independentismo no se aplacó con estas concesiones. Al revés, se interpretaron como un gesto de debilidad y como una excelente oportunidad para exacerbar el sentimiento nacionalista. La transferencia de las competencias educativas y culturales sólo ha servido para falsear la historia, marginar el castellano e inculcar en las nuevas generaciones el desprecio por España. La crisis económica de 2008 se convirtió en un inesperado aliado del independentismo. La izquierda se despeñó por el populismo, apoyando los «procesos soberanistas» y exaltando el «socialismo del siglo xxi» de Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa. Se entonaron alabanzas al castrismo y se sacó del armario a Marx, olvidando –o minimizando‒ los crímenes del comunismo. El independentismo catalán se radicalizó, presentándose ante el mundo como una nación alegre y democrática ocupada por un Estado colonialista y represor. El independentismo vasco sonrió ante este giro, pues le permitía blanquear su pasado y redundar en su discurso jeremíaco.
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