Fin de viaje
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Hace cinco años, Álvaro Delgado-Gal, director de Revista de Libros, me propuso escribir un blog. Yo acepté de inmediato y no tardó en surgir el título: Viaje a Siracusa. Pensé que evocar la «segunda navegación» de Platón convenía a un proyecto concebido para expresar mi desengaño con la política. Durante mis años de estudiante universitario en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, el marxismo conservaba el crédito adquirido durante los años de lucha antifranquista. La Movida había irrumpido con fuerza, invitando al escepticismo y a la frivolidad, pero aún flotaba en el ambiente el aprecio por una ideología a la que se atribuía la voluntad de crear una sociedad justa e igualitaria. Aún se observaba con desconfianza a quienes mencionaban los estragos causados por el comunismo. Algunos de mis profesores no ocultaban su simpatía por figuras como el profesor Toni Negri, condenado por la justicia italiana por su colaboración con las Brigadas Rojas. Cuando finalicé la carrera, me olvidé de la política, pero no repudié el marxismo. Para mí, ya no era una ideología, sino una creencia. Había interiorizado sus dogmas, prescindiendo del escrutinio de la razón. No era un militante, pero me identificaba con una visión del mundo que abordaba la historia y la economía desde una perspectiva utópica.
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Treme: Nueva Orleans después del Katrina
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Ambientada en Nueva Orleans después del Katrina, el huracán que devastó la ciudad en el verano de 2005, causando graves daños materiales y humanos (cerca de dos mil víctimas), Treme es una serie televisiva creada por David Simon y Eric Overmyer y estrenada por HBO en 2010. La primera temporada narra las penalidades de una ciudad que lucha por preservar su identidad, combatiendo el desánimo con su tradición musical y gastronómica, donde confluyen las raíces africanas, latinas y francesas. Aunque Nueva Orleans perdió veinte mil habitantes después de la catástrofe, no olvida que es la cuna de Louis Armstrong, Wynton Marsalis y Tennessee Williams, y se resiste a perder sus rasgos diferenciales, que representan una sugestiva alternativa al estilo de vida anglosajón, insinuando que otra América es posible.
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Hermosos y malditos
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

En sus últimos años, Marlon Brando sólo aparecía en las pantallas para aliviar sus problemas económicos. Su intervención en un vídeo de Michael Jackson (You Rock My World) puso de manifiesto que la obesidad no era un obstáculo para desprender energía y talento. De hecho, al bajar las escaleras con un traje y un sombrero blancos, mostraba cierto parentesco con el Sydney Greenstreet de El loro azul, el restaurante que le hacía la competencia al Rick’s de Humphrey Bogart en Casablanca. Aunque Brando no hablaba en el videoclip, sus movimientos eran tan elocuentes como los largos y jugosos parlamentos de Greenstreet. Brando apareció fugazmente en la primera entrega de Superman como padre del alienígena que simboliza los valores de la América tradicional, tuteló a Johnny Depp en dos películas perfectamente olvidables e hizo el ridículo emulando a Torquemada en la deplorable Cristóbal Colón de John Glen. Todos estos papeles eran innecesarios y no aportan nada a su carrera, pero no logran oscurecer un mito que sigue ejerciendo una poderosa fascinación.
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Auschwitz: la mirada del otro
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

El sentido de los campos de exterminio no se agotaba en su capacidad de clasificar, explotar y aniquilar. Su intención última era producir una mitología útil para mantener a los hombres en el terror, el miedo y la angustia. En el lenguaje del Lager, el «musulmán» es el prisionero que ha perdido toda esperanza. Extenuado física y moralmente, ya no opone ninguna resistencia a la muerte. Su conciencia tal vez no lo formula con claridad, pero su cuerpo ha asimilado que la historia ya no reserva un espacio para él. La destrucción de la persona es el mal radical. El hombre es, ante todo, persona: cuerpo, espíritu y comunión, de acuerdo con la división establecida por Emmanuel Mounier. Y esas tres dimensiones siempre apuntan hacia el Tú, hacia el Otro. El hombre menoscabado por la enfermedad es el Tú que nos interpela de forma más radical. Ser persona es comprender que el otro nos concierne, que su dolor y su alegría no pueden dejarnos indiferentes. Ante el otro, no cabe la evasión, sino el compromiso. Los otros no nos limitan, sino que nos configuran. Nos permiten ser, conocernos, encontrarnos. Si niego al otro, me niego a mí mismo. Es la forma más extrema de alienación, pues «ser hombre significa amar» (Mounier) y, si no hay amor, no hay humanidad. La violencia contra el otro es un vestigio del yo infantil, que aún no ha descubierto la riqueza del desprendimiento, de la apertura hacia el otro, de estar abierto a la alteridad. Esa apertura es entrega y donación, pero también inspiración e impulso. El yo no asciende sin el concurso del otro. El ensimismamiento narcisista siempre es decadencia, caída, pasión descendente, erotismo enajenado, repetición, desesperación compulsiva.
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La Shoah y el regreso de los ídolos
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

El antisemitismo está en la raíz de la cultura occidental, pues según el relato del evangelio de Mateo, cuando Poncio Pilatos defendió la inocencia de Jesús, el pueblo judío gritó: «¡Que su sangre caiga sobre nuestras cabezas y la de nuestros hijos!» (27, 25). Los historiadores estiman que el relato bíblico exculpa a Pilatos por razones políticas, no por fidelidad a los hechos. Es improbable que el prefecto romano experimentara problemas de conciencia por la suerte de un rabino judío. Simplemente, la comunidad que escribió el evangelio de Mateo evitó la confrontación con el imperio, preparando el terreno para introducir el cristianismo en la civilización romana. Raul Hilberg, el autor del estudio más concienzudo sobre la Shoah (La destrucción de los judíos europeos, 1961), sostiene que el antisemitismo se divide en tres etapas: la conversión forzosa, el confinamiento en guetos y la liquidación física. El nazismo eludió el primer paso y consideró insuficiente el segundo. El Reichsführer Heinrich Himmler ordenó «acabar hasta con la última abuela judía y pisotear a los niños de cuna como sapos venenosos».
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Karl Jaspers: edificar un mundo compartido
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Karl Jaspers no es un filósofo de moda, pero durante la dictadura nazi se puso de manifiesto su extraordinario temple moral. Casado con una judía, se mantuvo a su lado, aceptando toda clase de penalidades, incluida la pérdida de su cátedra. Su vida es una confirmación de su filosofía: sólo es posible conocer lo que somos cuando nos enfrentamos con experiencias límite, como el sufrimiento, la culpabilidad o la muerte.

Karl Jaspers consideraba que, en la filosofía, lo esencial no son las respuestas, sino las preguntas. No todas las preguntas poseen la misma importancia. Entre las que consideramos esenciales, hay una que no se cansa de exigir una explicación: «¿Por qué existe el mal?» En una conferencia de 1935, Jaspers nos recordaba que –según Kant– el mal radical surge cuando la conciencia subordina el cumplimiento de la ley moral a la satisfacción de nuestras exigencias particulares de felicidad. El mal no es un objeto ni un hecho, sino una intención afincada en la dimensión inteligible de la condición humana. Su morada está en el fondo íntimo del ser personal. Karl Jaspers observa que la ley incondicionada de Kant es un principio carente de objetivación. La objetivación sólo se plasma por medio de una legislación positiva o, en un sentido trascendente, como amor a Dios, entendido como «la totalidad de mi amor, de donde dimana la posibilidad de amar todo lo que es ser verdadero y por el que nada se pierde, dado que cada partícula queda imantada hacia el sitio que le corresponde por su propio rango».
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Sophie Scholl: no fue en vano
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Sophia Magdalena Scholl, más conocida como Shopie Scholl, fue una joven estudiante de Biología y Filosofía que participó con su hermano Hans en la escasa resistencia organizada contra los nazis desde el interior de Alemania. Hans, Sophie y su amigo Christoph Probst fueron ejecutados el 22 de febrero de 1943 en la prisión de Stadelheim, en Múnich. Se utilizó la guillotina en los tres casos y la sentencia se ejecutó pocas horas después de dictar sentencia. Willi Graf corrió la misma suerte, aunque unos meses más tarde. Torturado durante semanas, no delató a nadie. La historia de Alexander Schmorell es similar. Todos eran jóvenes que se oponían a Hitler. Muchos habían combatido en el frente ruso y habían contemplado con horror las matanzas de judíos, gitanos, discapacitados, comisarios políticos y prisioneros de guerra. Al regresar a sus hogares, intercambiaron experiencias y decidieron crear el movimiento clandestino de carácter pacifista Rosa Blanca (Weiße Rose).
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Fidel Castro según Reinhard Kleist
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Fidel Castro encendió un espejismo en los años sesenta, cuando consiguió poner en marcha una revolución en el patio trasero de los Estados Unidos. Sería injusto negar su poder de seducción, que cautivó a intelectuales como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Octavio Paz o Jorge Edwards. Su lucha en Sierra Maestra adquirió una dimensión mítica gracias a reportajes periodísticos que lo presentaban como un nuevo Simón Bolívar. El espejismo se disolvió cuando Fidel Castro dejó de ser un revolucionario y se convirtió en un dictador. No obstante, sus dotes de embaucador persistieron, alimentando el mito del revolucionario que lucha contra gigantes. Cuando García Márquez le preguntó en una ocasión qué era lo que más deseaba en este mundo, Fidel Castro contestó sin dudar: «Pararme en una esquina». Los césares no hablan para ser comprendidos, sino para ser interpretados y celebrados por las sucesivas generaciones, que atribuirán a sus palabras una hondura insondable.
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Tintín: Stock de coque
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Los secundarios siempre han desempeñado un papel esencial en las historias de ficción. Lejos de ser un simple telón de fondo, proporcionan consistencia, credibilidad y profundidad. ¿Podemos imaginar las aventuras de Tintín sin Hernández y Fernández? ¿Qué sería de Moulinsart sin el fiel y discreto Néstor? ¿Acaso el infame Rastapopoulos no es el antagonista perfecto del joven reportero, obligándole una y otra vez a redoblar su ingenio para desmontar sus perversos planes? No incluyo entre los secundarios al simpático Milú y el entrañable Silvestre Tornasol, piezas esenciales de un universo que no podría prescindir de su presencia sin quedar gravemente desdibujado. En Stock de coque, Hergé reúne a un impresionante elenco de secundarios, rescatando a personajes que habían aparecido muchos álbumes atrás. Indudablemente, su decisión constituye un acierto, pues logra comunicar las tramas de peripecias notablemente alejadas en el espacio y en el tiempo.
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Francisco Pizarro: el poder y la gloria
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Es difícil contar la historia de Francisco Pizarro y no sentir «el rumor augusto de la Historia», según las palabras del «feo, católico y sentimental» marqués de Bradomín. En la Sonata de estío (1903), el célebre personaje de Valle-Inclán sortea el Atlántico a bordo de la fragata Dalila y fondea en las aguas de Veracruz, la ciudad fundada por Hernán Cortés. Sus palabras son deliciosamente anacrónicas: «Como no es posible renunciar a la patria, yo, español y caballero, sentía el corazón henchido de entusiasmo, y poblada de visiones gloriosas la mente, y la memoria llena de recuerdos históricos. La imaginación exaltada me fingía al aventurero extremeño poniendo fuego a sus naves, y a sus hombres esparcidos por la arena, atisbándole de través, los mostachos enhiestos al antiguo uso marcial, y sombríos los rostros varoniles, curtidos y con pátina, como las figuras de los cuadros viejos». Esta descripción puede resultar ofensiva para los territorios colonizados y devastados, pero el imperio azteca y el imperio inca, que apenas lograron oponer resistencia a las picas y los arcabuces de la España de Carlos V, habían actuado con idéntica fiereza con los pueblos vecinos, reduciéndolos a la esclavitud y sofocando con enorme crueldad cualquier forma de rebelión.
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