Abril 2019
Revista de Libros
Durante esta semana (del 15 al 21 de abril) la Revista descansará por vacaciones
Del mal, el menos (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Los españoles mantenemos con el refranero una relación curiosa, que no sería muy exagerado llamar de atracción-rechazo, es decir, de amor-odio. Por un lado, el refrán genera un cierto fastidio: ¡vaya, hombre, las frases hechas, los tópicos! Por otro lado, ¿quién no ha acudido en algún momento en una discusión o incluso en una conferencia a echar mano de un refrán como puntualización socorrida y contundente? Es verdad que este recurso al refranero está descendiendo a una velocidad desconcertante, como tantas otras cosas. Ya para los de mi generación el refranero había perdido gran parte de su virtualidad. Sobre todo para quienes, aun siendo de pueblo, nos hemos educado en una cultura urbana y luego hemos vivido en grandes ciudades. Para nosotros, el inabarcable mundo de los refranes había quedado acotado a no más de unas decenas –seguro que no llegaban al centenar‒ de sentencias, las más afortunadas, las que habían sobrevivido por las razones que fuesen, más o menos explicables, a la transformación social y cultural de las últimas décadas (en el caso de España, desde mediados del siglo XX). 
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La estupidez es contagiosa (y II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Supongo o, mejor dicho, estoy seguro de que se darían cuenta de mis esfuerzos por no entrar en el terreno directamente político al desarrollar algunos de los temas que contiene el Breve tratado sobre la estupidez humana, que comenté el otro día. Y eso que a su autor, Ricardo Moreno Castillo, le anima un claro propósito de esa índole, unas veces implícito y otras, las más, bien explícito. En gran medida porque considera –creo que con toda la razón del mundo‒ que la mayor parte de la estupidez del mundo en que vivimos procede de toda esa serie de cantamañanas que han reflexionado dos segundos y han decidido que el mundo está mal hecho y ellos son los llamados a enderezarlo. Moreno pone múltiples ejemplos de tales especímenes: así, esos ecologistas radicales que hablan de hacer justicia a la Madre Tierra o que, reconvertidos al animalismo, hablan del derecho de una especie a ser salvaguardada, sin reparar en que el derecho es una herramienta creada por el hombre que sólo tiene sentido en la sociedad humana. 
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La estupidez es contagiosa (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

«A la estupidez, que no conoce límites, sólo cabe combatirla, por muy desigual que resulte la lucha y mucha sea la pereza que nos venza»: esta es la primera frase que se encontrará el lector en la contraportada de un librito de Ricardo Moreno Castillo titulado Breve tratado sobre la estupidez humana (con prólogo de Francesc de Carreras). Me ha salido escribir así, a bote pronto y con familiaridad, un librito, aunque técnicamente tendría que haber dicho un opúsculo (formato de bolsillo, letra grande y poco más de cien páginas de texto), primorosamente editado, como es costumbre, por Fórcola en la colección Singladuras. Podría ser perfectamente el texto de una buena conferencia, no ya sólo por la extensión, sino por el propio tono del discurso, ameno y agudo, pero nada petulante ni cansino. Puedo levantar acta de que se devora con fruición en menos de una hora. 
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La otra Generación del 27 (y III)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Es difícil, si no imposible, hablar del grupo de humoristas que conforma la «otra Generación del 27» sin mencionar en algún momento La Codorniz. La experiencia en Hollywood supuso un gran impacto emotivo en sus biografías –bastante menos en sus obras−, pero todos, como ya se dijo, volvieron a España. Pasada la Guerra Civil, pero con un país desangrado económica y, sobre todo, humanamente, Tono, Neville, Jardiel, Mihura y López Rubio se reencontraron en un Madrid empobrecido y sombrío, tan distante y distinto del glamur de la costa oeste estadounidense. Es verdad que ellos intentaron reanudar su vida de siempre, en gran medida ajenos a un contexto de represión y miseria, y eso, con el tiempo, sería uno de los reproches más importantes que se les echarían en cara. La paradoja es que estos humoristas descomprometidos serían los responsables de una de las publicaciones más críticas con el régimen. No hay nada comparable a La Codorniz en una fecha tan temprana como 1941. 
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La otra Generación del 27 (II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Seguimos hablando del opúsculo (no llega a las cien páginas) que lleva por título La otra Generación del 27, y que no es otra cosa que la disertación de ingreso de José López Rubio en la Real Academia Española, editada por esta misma institución en 1983 y que puede descargarse en la página web de la institución. Habíamos hecho una pausa en el punto en que termina el discurso del nuevo académico. Como se recordará, nos quedaba tratar del mismo López Rubio como quinto miembro de esa Generación del 27 alternativa, la del humor, dado que el conferenciante, en su modestia, rehusaba hablar de sí mismo y de sus méritos para integrar el selecto grupo de escritores que había glosado. Esta recatada omisión iba a ser sobradamente compensada, como mandan los cánones, con el elogioso discurso de réplica del académico que le daba la bienvenida, que era el prestigioso lingüista Fernando Lázaro Carreter. Dado que, siguiendo las pautas de la exposición, nos habíamos detenido en las vidas y virtudes de cuatro de los cinco integrantes del presunto grupo generacional, es casi obligado que hagamos lo propio con el último. 
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La otra Generación del 27 (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

El 5 de junio de 1983, José López Rubio leía su discurso de ingreso en la Real Academia Española. El título de su disertación era el que encabeza este artículo. La conferencia fue editada, como era usual, por la propia Academia y, por tanto, el opúsculo puede consultarse en una buena biblioteca, como la Biblioteca Nacional, puede adquirirse en librerías de segunda mano –si se encuentra, claro– o, lo que es más fácil de todo, puede descargarse en la página web de la institución. Tras las palabras protocolarias de rigor, el nuevo académico aludía directamente a lo más llamativo de su discurso, que era precisamente el susodicho título. Con la integridad propia de una persona de talante exquisito, lo primero que hacía López Rubio era reconocer que el marbete no era de su invención: «Hace ya algún tiempo, mi admirado y querido Pedro Laín Entralgo [...] publicó en un semanario estas líneas: “Hay una Generación del 27, la de los poetas, y otra Generación del 27, la de los ‘renovadores’ –los creadores más bien–, del humor contemporáneo”». 
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Lo cómico: una perspectiva francesa
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Confieso que el epígrafe que antecede responde de un modo no muy preciso a lo que quiero desarrollar en los párrafos siguientes y me he decidido por él más como resultado de la exclusión de otros que por su propia virtualidad. El título que me salía de manera más directa y espontánea era el de «humor francés», que tampoco era del todo exacto, pero que parece más sencillo y natural. Lo que pasa es que eso de ponerle calificativos nacionales al humor me suena a ensayismo esencialista, dar nuevamente la matraca del ser nacional, los caracteres de los pueblos y toda esa literatura que, por cierto, es tan refractaria a la risa como Drácula a los ajos. Y de paso, ya que estamos en ello, ¿existe o tiene algún sentido hablar de un humor específico de algunas naciones? A mí, la verdad, eso de hablar de humor francés me genera serias dudas, pero no es menos cierto que hablamos con naturalidad de humor británico y todos creemos entender perfectamente qué queremos decir con ello.
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A la sombra de Don Quijote
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Una genealogía del humor en la cultura española tiene por fuerza que tomar como punto de partida la novela de Cervantes. Ya sé que algunos querrán ir más atrás y apelarán a determinados hitos de la literatura renacentista, y hasta del Medievo, y no discuto que puedan tener parte de razón. Pero mientras que esos antecedentes tienen un alcance limitado, el Quijote presenta una fuerza incontrovertible: eclipsa todo lo que hubo a su alrededor y, sobre todo, desde el lejano siglo XVII, gravita sobre la cultura española y se proyecta como una sombra de la que es imposible librarse. Bien es verdad que, por obra y gracia de los movimientos posteriores, tendemos a ver la obra cervantina en clave romántica o simbólica. En ese excelente ensayo que es La concepción romántica del «Quijote», el hispanista Anthony Close arremete sin ambages contra dicha interpretación. Su primer capítulo lleva por título «El Quijote como novela cómica», y ya desde el primer párrafo considera «cuestionable» lo que denomina idealización del héroe para atenuar «radicalmente el carácter cómico-satírico de la novela».
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Descansa en paz... ¡si te dejan! (y II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Iba a ponerme a escribir esta segunda parte de mi reflexión sobre esa costumbre tan universal de desenterrar a los muertos cuando la actualidad me pilla con las manos en la masa. Bueno, antes que nada una precisión, pues acabo de escribir que lo de sacar a los muertos es hábito universal, pero tengo por fuerza que reconocer que en los últimos tiempos la política española, y en particular la llamada vulgarmente Ley de Memoria Histórica, ha puesto la cuestión en primer plano de actualidad, con el debate sobre fosas comunes, exhumaciones de restos de fusilados, lápidas conmemorativas, monumentos, manifestaciones de desagravio, homenajes en cementerios y otras presuntas reparaciones democráticas frente a las iniquidades de la Guerra Civil y la represión franquista. A propósito de esta última, como ustedes sabrán de sobra, al nuevo gobierno socialista presidido por Pedro Sánchez le ha faltado tiempo para marcar territorio –y de paso atizarle un sopapo a la derecha– a costa, naturalmente, de Franco y el Valle de los Caídos. No importa que llevemos ya más años de democracia que todo lo que duró la dictadura franquista. 
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Descansa en paz... ¡si te dejan! (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

No seré yo, ni mucho menos, el primero que lo diga: los vivos tenemos una acentuada propensión a no dejar en paz a los muertos. Es verdad que, en el momento del adiós, sea cual fuere la ceremonia de despedida, el oficiante suele decir eso de «Descanse en paz» y los demás suelen asentir y aparentar que comparten tan piadoso deseo. Hay que reconocer que, por lo general, en la mayor parte de los casos, el deseo se respeta y la aspiración a esa paz que suele denominarse eterna no se ve alterada por ninguna intervención extemporánea de los que aún aguardan su turno. Pero me temo, ¡ay!, que eso no se debe tanto a una cuestión de respeto como de falta de incentivos. Seamos claros: al muerto se le deja en paz si ya no va a rendir beneficio alguno para los vivos. Porque, cuando no es así, se le saca de la sepultura en el momento que haga falta, se le traslada, se le pasea, se le manosea o incluso se le desmenuza a cachitos, como sucede con las llamadas reliquias de los santos.
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