Agosto 2018
Revista de Libros
Descansamos durante el mes de agosto. Volvemos en septiembre.
¡Felices vacaciones!
Lo cómico: una perspectiva francesa
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Confieso que el epígrafe que antecede responde de un modo no muy preciso a lo que quiero desarrollar en los párrafos siguientes y me he decidido por él más como resultado de la exclusión de otros que por su propia virtualidad. El título que me salía de manera más directa y espontánea era el de «humor francés», que tampoco era del todo exacto, pero que parece más sencillo y natural. Lo que pasa es que eso de ponerle calificativos nacionales al humor me suena a ensayismo esencialista, dar nuevamente la matraca del ser nacional, los caracteres de los pueblos y toda esa literatura que, por cierto, es tan refractaria a la risa como Drácula a los ajos. Y de paso, ya que estamos en ello, ¿existe o tiene algún sentido hablar de un humor específico de algunas naciones? A mí, la verdad, eso de hablar de humor francés me genera serias dudas, pero no es menos cierto que hablamos con naturalidad de humor británico y todos creemos entender perfectamente qué queremos decir con ello.
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A la sombra de Don Quijote
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Una genealogía del humor en la cultura española tiene por fuerza que tomar como punto de partida la novela de Cervantes. Ya sé que algunos querrán ir más atrás y apelarán a determinados hitos de la literatura renacentista, y hasta del Medievo, y no discuto que puedan tener parte de razón. Pero mientras que esos antecedentes tienen un alcance limitado, el Quijote presenta una fuerza incontrovertible: eclipsa todo lo que hubo a su alrededor y, sobre todo, desde el lejano siglo XVII, gravita sobre la cultura española y se proyecta como una sombra de la que es imposible librarse. Bien es verdad que, por obra y gracia de los movimientos posteriores, tendemos a ver la obra cervantina en clave romántica o simbólica. En ese excelente ensayo que es La concepción romántica del «Quijote», el hispanista Anthony Close arremete sin ambages contra dicha interpretación. Su primer capítulo lleva por título «El Quijote como novela cómica», y ya desde el primer párrafo considera «cuestionable» lo que denomina idealización del héroe para atenuar «radicalmente el carácter cómico-satírico de la novela».
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Descansa en paz... ¡si te dejan! (y II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Iba a ponerme a escribir esta segunda parte de mi reflexión sobre esa costumbre tan universal de desenterrar a los muertos cuando la actualidad me pilla con las manos en la masa. Bueno, antes que nada una precisión, pues acabo de escribir que lo de sacar a los muertos es hábito universal, pero tengo por fuerza que reconocer que en los últimos tiempos la política española, y en particular la llamada vulgarmente Ley de Memoria Histórica, ha puesto la cuestión en primer plano de actualidad, con el debate sobre fosas comunes, exhumaciones de restos de fusilados, lápidas conmemorativas, monumentos, manifestaciones de desagravio, homenajes en cementerios y otras presuntas reparaciones democráticas frente a las iniquidades de la Guerra Civil y la represión franquista. A propósito de esta última, como ustedes sabrán de sobra, al nuevo gobierno socialista presidido por Pedro Sánchez le ha faltado tiempo para marcar territorio –y de paso atizarle un sopapo a la derecha– a costa, naturalmente, de Franco y el Valle de los Caídos. No importa que llevemos ya más años de democracia que todo lo que duró la dictadura franquista. 
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Descansa en paz... ¡si te dejan! (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

No seré yo, ni mucho menos, el primero que lo diga: los vivos tenemos una acentuada propensión a no dejar en paz a los muertos. Es verdad que, en el momento del adiós, sea cual fuere la ceremonia de despedida, el oficiante suele decir eso de «Descanse en paz» y los demás suelen asentir y aparentar que comparten tan piadoso deseo. Hay que reconocer que, por lo general, en la mayor parte de los casos, el deseo se respeta y la aspiración a esa paz que suele denominarse eterna no se ve alterada por ninguna intervención extemporánea de los que aún aguardan su turno. Pero me temo, ¡ay!, que eso no se debe tanto a una cuestión de respeto como de falta de incentivos. Seamos claros: al muerto se le deja en paz si ya no va a rendir beneficio alguno para los vivos. Porque, cuando no es así, se le saca de la sepultura en el momento que haga falta, se le traslada, se le pasea, se le manosea o incluso se le desmenuza a cachitos, como sucede con las llamadas reliquias de los santos.
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Mein Kampf, deconstruido
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Quienes, un tanto pomposamente, se autodenominan científicos sociales se dejan llevar, como todos, por las modas de su momento histórico. Desde los años sesenta del siglo pasado, la sociología puso en circulación el sintagma «construcción social de la realidad». El construccionismo y las teorías construccionistas alcanzaron un gran prestigio y difundieron unos conceptos, como el de constructo social, que fueron rápidamente recibidos como un sensacional utillaje analítico. El enfoque se extendió pronto a todas las manifestaciones culturales o incluso psicológicas, de modo que se teorizaba sobre la construcción social de los sentimientos, de la identidad o la sexualidad. De este hontanar proceden, dicho sea de paso, los llamados estudios de género, tan pujantes hoy día. En este contexto alcanzó a su vez protagonismo el concepto de deconstrucción, estrechamente vinculado a Jacques Derrida en un primer momento, pero luego con potencial suficiente para volar autónomo y ser aplicado, como su antónimo, a los ámbitos más diversos: el arte, la literatura, la filosofía, ¡y hasta la gastronomía! Recuerdo que, en una ocasión, hace ya bastantes años, en un restaurante de un pequeño pueblo perdido en el Pirineo oscense, un maître con ínfulas de Ferran Adrià, nos ofrecía muy ufano como «aperitivo de la casa» una tortilla de patatas deconstruida. 
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Diez propuestas para empezar a hablar de humor
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

No sé si me equivoco mucho si digo que E. B. White es poco conocido en el ámbito español. Como lo que voy a desarrollar aquí es poco más que una exposición ordenada de algunas de sus reflexiones sobre el humor, me siento en todo caso obligado a empezar con algunas breves palabras sobre su personalidad y su trayectoria intelectual. En primer lugar, su propio nombre, tan fácil de olvidar o de confundir. Parece que él mismo era consciente de ello. Confesaba Elwyn Brooks White que se sentía incómodo con él y con la fina ironía que, como veremos, era marca de la casa, apuntaba que su madre se lo puso «porque se habían acabado los otros nombres». Nacido en Mount Vernon en 1899, era el sexto hijo del matrimonio. En el instituto logró que lo llamaran Andy y más tarde pasó a ser simplemente White. Finalmente terminaría firmando como E. B. White y de esa manera, pese a todo, conseguiría ser el crítico y ensayista más influyente de Estados Unidos durante varias décadas. Las que transcurrieron, grosso modo, entre mediados de los años veinte y mediados de los años ochenta. ¡Casi sesenta años durante los que escribió varios cientos de artículos (he leído en algún lugar, no sé ahora dónde, la cifra de mil ochocientos)! 
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Reír bajo Franco (y II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

He leído en distintas ocasiones recopilaciones de chistes. Con frecuencia dichas antologías se presentan con unos títulos clónicos, como «Los mejores chistes...», diferenciados tan solo por la segunda parte de la propuesta: los mejores chistes cortos, verdes, políticos, de humor negro, de borrachos, etc. Se trata por lo general de obras de ínfima calidad tanto en su contenido como en la propia edición, hasta el punto de que lo habitual es que no figure en ellas ni siquiera el nombre del compilador. La verdad es que el chiste popular pierde mucho, por no decir casi todo, cuando se lee en papel impreso. Como todo el mundo sabe por experiencia, la mayor parte de las veces la gracia del chiste no reside tanto en su contenido propiamente dicho como en el contexto: quién lo cuenta, cómo lo cuenta, dónde se cuenta y, en fin, la circunstancia concreta en que se cuenta. Lo mismo puede decirse hoy día en lo relativo a Internet, fuente inagotable de chistes de la más diversa catadura. La ventaja, no obstante, de Internet con respecto a lo que antes decía del chiste impreso, es obvia, pues en la Red, además de leer chistes podemos escucharlos y hasta verlos escenificados. Aun así, sigue habiendo una diferencia abismal entre el chiste visto y oído en soledad y el chiste compartido.
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Reír bajo Franco (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

El sentido del humor es algo muy subjetivo. A menudo esquematizamos de forma harto elemental a las personas, distinguiendo entre quienes lo tienen (el susodicho sentido del humor) y quienes no lo tienen. En algunos casos, la diferenciación puede ser de alguna utilidad, pero, no nos engañemos, en la inmensa mayoría de los casos es pura filfa: es verdad que hay gente siesa, malaje, estirada o, simplemente, con nulo sentido del humor, pero entre quienes tienen este don las categorías son casi ilimitadas. Nadie o casi nadie, por ejemplo, puede ver todas las contingencias de la vida bajo el prisma del humor y, si alguna vez nos topamos con un sujeto que ligeramente se aproxima a ello, terminamos por huir de él como de la peste, porque pocas cosas hay más cargantes que un individuo que se empeña en bromear a toda costa todo el tiempo. O es un pelma, o es un imbécil, o, mucho más probablemente, ambas cosas a la vez. Normalmente nuestro humor es selectivo o, por decirlo en términos más tradicionales, hay cosas que nos hacen gracia y otras que maldita la gracia. 
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Filosofía de la imbecilidad (y II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

La imbecilidad es cosa seria: tal es el título del breve ensayo que el filósofo italiano Maurizio Ferraris dedica al tema (trad. de Marco Aurelio Galmarini, Madrid, Alianza, 2018). ¿Un filósofo escribiendo un ensayo sobre la imbecilidad? Estamos tan habituados a considerar antónimos filosofía e imbecilidad que de manera automática se despiertan todas las alarmas (léanse suspicacias). ¿Va en serio? O, en términos más familiares, ¿está de coña? Pues no, no está de coña, y sí, va completamente en serio. El contenido del libro hace honor a su título. Ferraris se toma completamente en serio el tema de la imbecilidad y le dedica una reflexión de algo más de cien densas páginas plagadas de citas, alusiones doctas y un considerable aparato bibliográfico. Si me siguen, verán por qué se lo toma tan en serio.
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Filosofía de la imbecilidad (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Me decía hace un par de semanas un amigo, profundo admirador de la obra de Forges, que le resultaba difícil asumir la perspectiva de la ausencia ‒¡para siempre!‒ de esas viñetas suyas de El País con las que se desayunaba todos los días. «Me considero bastante crítico ‒seguía diciéndome‒ y, en virtud de ello, tengo que confesarte que una colaboración diaria no hay quien la resista. Uno, aunque sea un genio, tiene por fuerza que repetirse. Y es verdad, por otro lado, que Forges no estaba ya en su etapa más creativa. Pero los que hemos sido forgesianos una vez, ya no podemos dejar de serlo. Aunque el maestro nos decepcione puntualmente, sentimos una adicción que nos lleva a buscar la genialidad al día siguiente. Y esta posibilidad es la que echaré tanto de menos». Yo, que no he sido tan forgesiano, lo entendía, porque en conferencias, artículos o en simples charlas cotidianas han sido también innumerables las veces que he echado mano de un chiste, una caricatura o un palabro forgesiano.
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