Agosto 2021
Revista de Libros
Revista de Libros interrumpe la publicación de contenidos inéditos hasta el 8 de septiembre, en que estrena maqueta. En el formato nuevo, los blogs y reseñas habituales coexistirán con ensayos de gran formato

Shisiwu

por Julio Aramberri

El pasado mes de marzo el Congreso Nacional del Pueblo aprobó el Decimocuarto plan quinquenal (2021-2026) para el desarrollo de la economía china. Los planes quinquenales de hoy carecen de la majestuosidad de los de antaño cuando, con avidez estalinista, se proponían determinar los más mínimos detalles de la producción y el consumo nacionales y, con absoluta regularidad, fallaban en sus predicciones y marraban en el logro de sus objetivos. Hoy son más comedidos.

A este último, de tan asequible, la agencia oficial Xinhua lo ha podido resumir en un rap: el rap del shisiwú, del decimocuarto plan quinquenal o, en abreviatura,  del 14-5 (十四五) que es lo que esos tres ideogramas representan. «Shisiwú, shisiwú//toda China shisiwú//Super cool, dududú//Vía a la innovación//y la revitalización//Reforma y apertura//Mercados domésticos y exteriores//Circulación dual//El Partido es nuestra columna vertebral//Super cool, dududú».

Claro ¿no?

No tanto. Lo que el rap subraya es la imagen de buen pagador que buscan ganarse a pulso el Partido Comunista Chino y su hoy secretario general, el camarada Xi Jinping. Cuanto ambos prometen -y el shisiwú es una amplia ristra de promesas-, lo cumplen. Así ha sido desde la fundación del Partido en 1921; desde la creación de la República Popular China en 1949; desde que Xi fuera elegido secretario general en 2012; y desde que en 2018 viera revalidado su liderazgo sin límite de caducidad. Esa persistencia indiscutida de Xi y de su Partido, insisten, los convierte inconsútilmente en los únicos y verdaderos representantes de todos los chinos.

Al principio de su mandato Xi se propuso la meta de erradicar por completo la pobreza absoluta en su país al tiempo de la celebración del centenario del Partido en 2021 y el pasado noviembre 2020 los medios chinos anunciaban al mundo que esa parte del sueño chino se había cumplido. La televisión nacional incluía un reportaje sobre los nueve condados en la provincia de Guizhou que cerraban ese capítulo del censo y, con ellos, los últimos cien millones de chinos en extrema pobreza que habían escapado de esa situación. Letra pagada al vencimiento.

Para que sean más digeribles, ya se sabe, a las estadísticas chinas hay que acompañarlas con un poco de tofu. China ha hecho sin duda un esfuerzo asombroso en reducción de la pobreza desde su cuidadosa adopción de una limitada economía de mercado. Según el Partido Comunista Chino, desde los 1980s, 700 millones de chinos han dejado la pobreza extrema y China ha contribuido así al 70% de su reducción global.

Vista de Shenzhen, China.

Esa gran noticia depende, empero, de cómo se defina el término. Según el Banco Mundial (dólares de 2011 ajustados por poder de compra) el límite de la pobreza extrema se halla en $1,90 diarios para países con renta per cápita en torno a $1000 anuales. Para aquellos con renta entre $1000-4000 anuales (rentas medias-bajas), como India, el banco considera en situación de pobreza extrema a personas con ingresos diarios de $3,20. En los países de rentas medias-altas, como China, subiría a $5,50. Pero el gobierno chino sitúa la suya en $2,25 diarios. «En otras palabras, la coloca en términos propios de países que se hallan entre los de rentas bajas y medias-bajas, aunque la economía de China es diez veces mayor» . Es decir, si China adoptase las reglas de procedimiento del Banco Mundial, aún quedarían muchos millones de chinos en situación de pobreza extrema. Xi y su Partido cumplen, sí, pero con cómodos plazos mensuales. Y localmente se suele considerar de mal tono recordárselo.

Xi ha hablado de otras metas no menos ambiciosas. En su discurso ante el 19 Congreso Nacional del Partido en 2017 recordó que: «para el tiempo en que celebremos nuestro primer siglo como Partido [2021] habremos convertido a China en una sociedad moderadamente próspera. […] Y luego, en los próximos treinta años, cuando conmemoremos el centenario de la República Popular [2049] culminaremos su puesta el día; la convertiremos en un país socialista moderno». Esa segunda etapa, a su vez, se dividirá en dos. Entre 2021 y 2035 China consolidará su prosperidad y en los quince años siguientes logrará nuevos avances materiales, políticos, culturales, éticos y ecológicos que harán la vida de los chinos más feliz, más segura y más saludable.

En definitiva, lo más tangible es esa vaporosa sociedad moderadamente próspera, que Xi tenía buen cuidado de no cifrar en compromisos concretos. Podría, por ejemplo, haber recurrido a la citada clasificación del Banco Mundial que actualmente incluye a China entre los países de renta media-alta ($3.956-12.235 dólares de renta per cápita en 2018) y apuntar que se clasificaría en lo alto de esa división o que saltaría a la categoría de altos ingresos (>$12.236), pero se guardó mucho de hacerlo.

Hasta entonces lo importante son las etapas intermedias fijadas por los planes quinquenales como este shisiwú del rap. Minxin Pei ha dado recientemente un largo repaso a sus objetivos.

Hasta ahora los planes quinquenales fijaban objetivos detallados de inversión para el amplísimo sector público estatal, provincial y local, al tiempo que impulsaban al sector privado a cooperar señalándole las metas hacia las que orientarse. Era ese capitalismo estrechamente manejado desde el sector público al que los dirigentes comunistas llamaban socialismo de rasgos chinos.

Manteniendo ese último propósito, el nuevo plan lo adapta a una necesidad hasta ahora no situada en primera línea: crecimiento económico al servicio de la seguridad nacional. «La reorientación de la planificación económica hacia la seguridad brota de la sombría lectura que Pekín recoge de su entorno exterior en general y del comienzo de una etapa geopolítica de rivalidad abierta y crecientemente hostil con Estados Unidos en particular».

Lo que hasta el momento se veía bajo el prisma optimista de una globalización en la que China desempeñaba un papel vicario pero ventajoso para su rápido ascenso ha pasado a convertirse en una competición donde China aspira a recuperar un papel propio en múltiples sectores económicos y especialmente en los de punta. La prioridad del 14-5 se concentra, pues, en aumentar el potencial científico de China hasta alcanzar su autosuficiencia en capacidad tecnológica, una tarea que recaerá sobre una gran red de laboratorios, universidades de investigación y empresas estatales, muchas de ellas de nueva planta.

El plan propone dedicar al menos un 8% de la inversión total en I+D a investigación básica: un mínimo de RMB50 millardos anuales ($7,8 millardos). Para alcanzar esa meta se implantará próximamente un plan decenal de acción que ofrecerá incentivos fiscales a las empresas privadas que participen e impondrá nuevas metas en I+D a las públicas cuya inversión media anual deberá sobrepasar significativamente la del resto. La llamada reforma desde el punto de vista de la oferta de la que Xi viene hablando desde 2015 no es otra cosa, pues, que mantener y aumentar el protagonismo inversor del sector público. No, los mercados no derrotarán a Mao… mientras Xi pueda evitarlo con otro Gran Salto Adelante (ahora tecnológico).

La red de nuevas universidades e institutos de investigación colaborará activamente con las firmas públicas cabeza de dragón (nueva marca del anterior equipo nacional) en la puesta en marcha de «centros nacionales para la innovación industrial» que se concentrarán en un pequeño número de áreas urbanas. El plan se refiere nominalmente a Huairou en Pekín, Zhangjiang en Shanghái, el área de la Gran Bahía (Cantón, Hong Kong, Macao) en la desembocadura del río de las Perlas y Hefei en la provincia de Anhui. 

Para su Gran Salto Adelante tecnológico China espera contar con una renovada fuerza de trabajo especializada y local, al tiempo que atraerá talento internacional con una política de sueldos atractivos, incentivos para la obtención de residencia en el país, ayuda familiar, seguros de salud, etc. China pondrá igualmente en marcha planes de colaboración internacional que maximicen sus ventajas en el campo de la investigación básica. Por supuesto, en ninguno de esos dos campos plantea 14-5 la espinosa cuestión de cómo proveer a los investigadores extranjeros de la libertad de pensamiento y expresión consustancial con programas ambiciosos de investigación.   

El nuevo impulso tecnológico se traducirá en innovación productiva: creación de industrias troncales que, con el tiempo, permitan a China superar su actual dependencia de la tecnología occidental y suscitar versiones autóctonas; fortalecimiento de las cadenas de valor nacionales en sectores clave como los trenes de alta velocidad, equipos de energía eléctrica, nuevas energías, astilleros y otros sectores adyacentes; nuevas industrias e infraestructuras digitales; y grandes proyectos para la mejora de la competitividad internacional china. Tales son los contrafuertes sobre los que Pekín propone erigir su nueva Gran Muralla.

Xi Jinping.

Y, una vez alzada, ¿qué? El crecimiento de China se sostendrá sobre la circulación dual, lo que tampoco encierra gran misterio: un sector exterior aún muy amplio (circulación externa) y -aquí 14-5 levanta la voz- «un vasto y poderoso mercado doméstico que impulsará el crecimiento futuro», es decir, la circulación interna con cuatro direcciones: equilibrio de oferta y demanda; creciente integración de los mercados; impulso al consumo; y -ya se hacían esperar- inversiones espoleadas por el sector público, en esta ocasión, en bienes y servicios de calidad media-alta. Por ejemplo, consumo de viajes y turismo, vacaciones pagadas, extensión del comercio digital a las áreas rurales, tiendas libres de impuestos en las ciudades y protección al consumidor. Avances todos ellos que no reducirán el papel clave de la inversión en infraestructuras como la línea de ferrocarril Sichuan-Tíbet, nuevas rutas de transporte terrestre y fluvial en la China interior, ambiciosos proyectos hidroeléctricos.

En circulación externa, por su parte, China favorecerá la mejora y protección de sus cadenas de valor; impulsará la inversión exterior en manufacturas punteras, tecnología avanzada, nuevos servicios e inversión en las regiones centrales y del interior. En especial, China apoyará que sus compañías nacionales participen en cadenas globales de valor e impulsará que operen fuera de sus fronteras.

Vistas de cerca, muchas de las medidas del 14-5 no son especialmente innovadoras y llevan desde hace tiempo en la lista de deseos del gobierno chino. Resume Pei: «aunque sea tentador calificarlo como una nueva estrategia de seguridad nacional, en realidad parece más apropiado verlo como una maniobra desarrollista -reempacada, bajo nueva marca y encaminada a calmar las ansiedades del liderazgo político- para responder a un dramático deterioro de su entorno de seguridad nacional. En resumen, es un complejo programa para intentar enhebrar la complicada aguja de priorizar la seguridad sin renunciar al crecimiento».

No parece fácil. En los largos años de reforma desde 1979 los dirigentes chinos, con gran éxito, primaron la integración en la economía globalizada y el crecimiento a toda costa sobre las consideraciones de seguridad. El cambio de rumbo va a exigir una reducción sustancial de la eficiencia productiva pues la seguridad exigirá cortar o limitar lazos con productores más vigorosos y desviar recursos a sectores donde China carece de ventajas comparativas. 

Adicionalmente, la asignación de los recursos seguirá dando mayor importancia a las preferencias políticas, y menos a la lógica económica o a los méritos intrínsecos de cada programa. Una vez más, China se topará con la disociación mandante/agente: «las montañas son altas y el emperador está lejos» o, dicho de otro modo, que los intereses y deseos del centro no coinciden necesariamente con los de sus representantes locales. «Si la experiencia pasada sirve de guía, los inevitables compromisos entre actores acarrearán dispersión en las subvenciones, disipación de esfuerzos y resultados bajo par».

Aún más complicaciones creará el conflicto entre las exigencias de seguridad y el consumo interno. Reequilibrar este último sector exigiría elevar su participación en el PIB, una meta elusiva para el gobierno desde hace muchos años. En 2009 estaba en 34,5%; en 2019 sólo había subido a 39% y, con la pandemia, cayó a 37,7%. Aunque se recuperase con fuerza a partir de 2021, su papel en el conjunto de la economía seguiría muy por debajo de lo que ese sector representa en países de desarrollo similar al de China.

Una de las formas de elevarlo sería un aumento de las transferencias (en salud, educación, pensiones) al sector privado, liberando recursos que las familias emplean hoy en cubrir esos servicios y/o impulsar cambios impositivos. 14-5 no anticipa medidas concretas en ninguno de esos campos y, en las circunstancias actuales, no resultará fácil hacerlo.

«Aumentar la seguridad económica exigirá inversiones masivas en I+D, en autarquía tecnológica, en abastecimiento de víveres y en almacenamiento de recursos energéticos estratégicos justo cuando Pekín se ve obligado a aumentar el gasto militar para salvaguardar su competitividad en la carrera de armamento con Estados Unidos. […] Irónicamente, si China realmente consigue su ambiciosa meta de seguridad nacional durante el 14-5, ésa puede ser una victoria pírrica. Su economía acabará por encontrarse más desconectada del resto del mundo y su tecnología autóctona se verá asediada por el síndrome de las Galápagos -aislamiento del resto del mundo-. Probablemente, la eficiencia de conjunto de su economía también disminuirá pues priorizar la seguridad nacional exige destinar recursos a sectores donde China carece de ventajas comparativas. […] Si China insiste en adentrarse por el camino del 14-5, seguramente se convertirá en el equipo perdedor de la competición geopolítica del siglo XXI».

Hasta aquí Pei. Pero… ¿no podría China aumentar la participación del consumo privado, ganar en eficiencia económica y conseguir mayor legitimidad para su política económica y general impulsando el crecimiento económico con aumentos en la productividad de su fuerza de trabajo y traspasándolos al consumo de los hogares?

De eso habrá que hablar otro día. Por hoy, para resumir el previsible impacto del nuevo Gran Salto Adelante en tecnología, limitémonos al rap.

Shisiwú// Supercool//Dúdúdú.

21/06/2021

 

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