El despilfarro oculto de los alimentos

por Francisco García Olmedo / Jaime Costa

En la nueva revista The Lancet Planetary Health se publica un editorial sobre un importante componente de la pérdida global de alimentos al que casi nunca se presta atención. Es evidente que el desperdicio de alimento supone una carga indeseable sobre el sistema de producción y tiene un impacto negativo sobre el número de los que pasan hambre, sobre el medio ambiente y sobre el calentamiento global. Se tiene conciencia de que desde el campo a la mesa se producen pérdidas evitables, en mayor o menor grado, y difíciles de cuantificar. Sin embargo, suele ignorarse que el exceso de consumo es más dañino para la sociedad, en términos de costes económicos, ambientales y sanitarios, que el desperdicio propiamente dicho. Si el objetivo reconocido es producir de una forma sostenible una cantidad suficiente, sana y nutritiva de alimentos, el consumo por encima de los requerimientos nutricionales es también una forma de desperdicio que se debe a los comportamientos de distribuidores y consumidores.

Con gran frecuencia se cocina más alimento del necesario para cubrir las necesidades nutricionales de los comensales y se considera una práctica virtuosa el consumo de todo lo cocinado «para evitar desperdicios», cuando lo consumido por exceso es una pérdida cuantitativamente tan importante como tirar a la basura lo que sobra y tiene consecuencias negativas aún más importantes, tales como las sanitarias asociadas a la «epidemia» actual de obesidad.

Si ajustáramos el consumo de alimento a las necesidades, se usarían menos suelo, agua, fertilizantes y productos agroquímicos en la producción agraria. Las pequeñas acciones individuales tienen una gran dimensión a escala de la población. Parece que somos crecientemente incapaces como sociedad de controlar nuestro peso corporal, a juzgar por el hecho de que la proporción de obesos se ha más que triplicado desde 1975. La sedentariedad, los alimentos procesados y las raciones sobredimensionadas parecen ser los principales factores determinantes de esta tendencia.

Las pérdidas globales por exceso de consumo son al menos tan grandes como las del desperdicio directo. Se estima que los costes globales de la obesidad rondan los dos billones de dólares. El alimento que se descarta y el que se consume tienen impactos ambientales equivalentes, pero al segundo hay que añadir un enorme gasto sanitario, lo que lo hace todavía más dañino.

* Francisco García Olmedo es redactor y voz narradora del blog. Jaime Costa colabora en la prospección y documentación de los temas.

12/09/2017

 
COMENTARIOS

M.Martin 13/09/17 16:35
Esta claro que tenemos tendencia a complicarlo todo y complicarnos hasta a nosotros mismos.

Julian David Malo 01/10/18 07:02
En América Latina se pierden o desperdician hasta 348 mil toneladas de alimentos al día segun el tercer boletín Pérdidas y Desperdicios de Alimentos en América Latina y el Caribe de la FAO, ademas destaca que el ODS 12 está centrado específicamente en la necesidad de garantizar hábitos de consumo y producción sostenibles.

Este objetivo incluye la meta de reducir a la mitad -para 2030- el desperdicio mundial de alimentos per capita tanto en la venta al por menor y a nivel de los consumidores, como en las cadenas de producción y distribución.

Según la FAO, 36 millones de personas en la región podrían cubrir sus necesidades calóricas sólo con los alimentos perdidos en los puntos de venta directa a consumidores– poco más que la población de Perú y más que todas las personas que sufren hambre en la región.

127 millones de toneladas de alimentos, 223 kilos por cada habitante de la región, son los montos anuales totales de pérdidas y desperdicios de la región.Estos alimentos serían suficientes para satisfacer las necesidades alimenticias de 300 millones de personas, el 3% de todas las personas que sufren hambre a nivel global, pero la región ya está trabajando para reducirlas.

La lucha contra el desperdicio alimentario también es parte del principal acuerdo de lucha contra el hambre en la región el Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre.

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