Diluvios y salud

por Francisco García Olmedo / Jaime Costa

Mientras el inefable Donald Trump niega el cambio climático y se propone recortar en 667 millones de dólares el presupuesto de la Federal Emergency Management Agency para construir el muro que separe Estados Unidos de México, los huracanes hacen cola, como guiados por controladores aéreos, para aterrizar en Miami o en Houston, en Puerto Rico o en Cuba, en Macao o en Hong Kong, en el sur de China, en Bangladesh o en Sierra Leona. La expansión de las ciudades por praderas y humedales, sin conciencia climática, desvía las aguas hacia nuevos derroteros y va confirmándose la hipótesis de que el calentamiento global aumenta la frecuencia e intensidad de los incidentes meteorológicos de dimensiones catastróficas.

Hay ciudades costeras, como Boston, que han desarrollado ya minuciosos protocolos para responder a las emergencias meteorológicas. En contra del arbitrario rechazo que el presidente de su país ha mostrado frente al acuerdo de París, no menos de 372 alcaldes de ciudades importantes de Estados Unidos han suscrito ya dicho acuerdo, al igual que numerosos líderes empresariales, gobernadores de distintos Estados e importantes universidades.

Vemos en las pantallas de televisión las grandes inundaciones y la destrucción que éstas acarrean, pero somos menos conscientes de sus consecuencias sanitarias, que se proyectan a más largo plazo. Así por ejemplo, un año después del huracán Katrina en Nueva Orleans, más de la mitad de los evacuados todavía mostraban síntomas de estrés postraumático, dándose también un aumento de la depresión y la ansiedad, mientras que el número de infecciones por el virus del Nilo se duplicó. Los patógenos en los alimentos mal conservados y en el agua contaminada ‒la carencia de agua potable‒ incrementaron la proporción de heridas infectadas y la incidencia de diarreas graves. En el reflujo de las inundaciones se crean también encharcamientos del agua en los que se multiplican los mosquitos que pueden ser vectores de enfermedades. En suma, después de los rescates que vemos en los telediarios queda una ingente y prolongada labor sanitaria que resulta mayoritariamente anónima.

Giovanni Forzieri y colegas acaban de publicar un artículo en The Lancet Planetary Health en el que predicen que hasta dos tercios de los europeos se verán afectados por desastres meteorológicos para finales de siglo, con un número de muertes que aumentará de las tres mil anuales de la actualidad a las ciento cincuenta y dos mil. Es evidente que, además del esencial esfuerzo mitigador, deberíamos iniciar unas activas políticas de adaptación a las amenazas climáticas que se nos avecinan.

* Francisco García Olmedo es redactor y voz narradora del blog. Jaime Costa colabora en la prospección y documentación de los temas.

24/10/2017

 

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