¿El candidato manchú?
Julio Aramberri - GIROSCOPIO

1962 fue el año en que se estrenó la película de ese título; en España se llamó El candidato del miedo. Su lanzamiento en Estados Unidos coincidió con la crisis de los misiles en Cuba y eso contribuyó a un mediano éxito de taquilla. La película no valía gran cosa. Era un melodrama anticomunista disfrazado de denuncia antianticomunista. Raymond Shaw, un sargento estadounidense capturado por los soviéticos durante la guerra de Corea, ha sido sometido a un cuidadoso lavado de cerebro por los chinos durante su cautiverio en Manchuria. De vuelta a casa, a Shaw lo colman de honores por haber salvado las vidas de sus compañeros de pelotón y se convierte en un héroe nacional.
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Fritz Lang: The Big Heat
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Casi todas las películas contienen una escena memorable que compendia su espíritu: Scarlett O’Hara (Vivien Leigh) clamando al cielo para jurar que jamás volverá a pasar hambre en Lo que el viento se llevó; Ilsa Lund (Ingrid Bergman) pidiendo a Sam que toque otra vez «As Time Goes By» en Casablanca; el sheriff Will Kane (Gary Cooper) avanzando por una calle desierta con el rostro ensombrecido para enfrentarse con una cuadrilla de forajidos en Solo ante el peligro. Sería imposible escoger una sola escena de The Big Heat, que en España se tituló Los sobornados, pues abundan los momentos inolvidables que expresan su trágica visión del ser humano: las lágrimas contenidas de Dave Bannion (Glenn Ford) al contemplar la vivienda vacía donde compartió muchas horas de felicidad con su esposa asesinada; el rostro desfigurado por la ira de Vince Stone (Lee Marvin) poco antes de arrojar café hirviendo a la cara de su novia, la frívola e inmadura Debby Marsh (Gloria Grahame); la expresión risueña de Katie (Jocelyn Brando), la joven esposa de Bannion, al atrapar al vuelo las llaves del coche de la familia, sin sospechar que explotará una bomba al arrancar el motor.
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¿Necesaria pero imposible?
 Apuntes políticos sobre la reforma constitucional (y II)
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Me ocupaba aquí la semana pasada de la reforma constitucional, de la que se hablaba mucho hasta que ha empezado a hablarse poco, pero a la que, no obstante, sigue apelándose, casi como un latiguillo del discurso, cuando se habla de la crisis territorial y su posible superación. Y empecé por preguntarme si la reforma es necesaria, concluyendo que no lo es, pero quizá se haya hecho tal a fuerza de repetirlo. Ahora toca responder al segundo interrogante: ¿es posible reformarla? Antes, sin embargo, un breve excursus servirá para sopesar si, sea posible o no, estamos ante un «momento constitucional».
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My own private Tokyo
Rodrigo de Vivero - DE UN EXTREMO A OTRO

Les contaba en la crónica anterior cómo Japón no defrauda: a diferencia del estereotipo del chic francés que ellos se han construido, los arquetipos japoneses son reales y el viajero encontrará lo que viene buscando ‒hay jardines zen y luces de neón suficientes‒ y se volverá satisfecho y convencido de que Japón es exactamente ese Japón que él concebía. Más aún, además, porque no va a encontrar elementos negativos que enturbien la experiencia: la seguridad es completa, la gente educada, respetuosa y amable. Lo que el visitante necesita es fácil de lograr y todo será como esperaba. Aquí todo es previsible y sucede como uno lo había calculado.
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Kon Ichikawa: El arpa birmana
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

«Roja es la tierra de Birmania y rojas son sus rocas», leemos al comienzo de El arpa birmana, la película con la que Kon Ichikawa consiguió el premio San Giorgio del Festival de Venecia en 1956. De fondo, escuchamos la banda sonora de Akira Ifukube, llena de patetismo y melancolía. Aunque la película se rodó en blanco y negro, el plano frontal del yermo birmano que sirve de preludio transmite el dramatismo y la vitalidad de un color habitualmente asociado a la violencia de la guerra, pero también a la tenacidad de la vida. La fotografía de Minoru Yokoyama capta la tragedia de una bella y misteriosa tierra que apenas ha conocido la paz. El imperio británico necesitó tres guerras para someter al país. Cuando, en 1942, el imperio del Japón acabó con la dominación inglesa, la población nativa osciló entre la indiferencia, la resistencia y el colaboracionismo. Muchos opinaron que sólo habían cambiado de amo y se limitaron a observar los acontecimientos. Tres años después, los soldados japoneses regresaban a casa, vencidos y desmoralizados. El arpa birmana narra las penalidades de una compañía que intenta cruzar la frontera de Tailandia para huir del avance de los aliados. No es una compañía cualquiera, sino un grupo de hombres abatidos que se refugian en la música para no caer en la desesperación. 
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A la sombra de Don Quijote
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Una genealogía del humor en la cultura española tiene por fuerza que tomar como punto de partida la novela de Cervantes. Ya sé que algunos querrán ir más atrás y apelarán a determinados hitos de la literatura renacentista, y hasta del Medievo, y no discuto que puedan tener parte de razón. Pero mientras que esos antecedentes tienen un alcance limitado, el Quijote presenta una fuerza incontrovertible: eclipsa todo lo que hubo a su alrededor y, sobre todo, desde el lejano siglo XVII, gravita sobre la cultura española y se proyecta como una sombra de la que es imposible librarse. Bien es verdad que, por obra y gracia de los movimientos posteriores, tendemos a ver la obra cervantina en clave romántica o simbólica. En ese excelente ensayo que es La concepción romántica del «Quijote», el hispanista Anthony Close arremete sin ambages contra dicha interpretación. Su primer capítulo lleva por título «El Quijote como novela cómica», y ya desde el primer párrafo considera «cuestionable» lo que denomina idealización del héroe para atenuar «radicalmente el carácter cómico-satírico de la novela».
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¿Necesaria pero imposible?
Apuntes políticos sobre la reforma constitucional (I)
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Aunque existen preguntas abstractas sobre la reforma constitucional, relativas sobre todo a su naturaleza y procedimientos, aquí voy a ocuparme de una pregunta concreta: la pregunta sobre la reforma de la Constitución de 1978 tal como puede formularse a mediados de 2018. Naturalmente, no es posible separar del todo ambas preguntas, pues la reforma española no es un caso sui generis, o al menos no lo es en mayor medida que cualquier otro caso particular de reforma constitucional; lo que pueda decirse de las reformas constitucionales en general debe poder aplicarse al caso español. Asimismo, el interrogante sobre la reforma no se responderá del mismo modo en los distintos momentos de la vida política ‒o constitucional‒ de un país: la España de 2018 difiere de las de 2008, 1998 o 1988, aunque también existen rasgos más o menos constantes o que no han cambiado de manera significativa. En nuestro caso, si ahora mismo se plantea con especial insistencia la conveniencia o necesidad de proceder a una reforma constitucional, no es debido al hecho anecdótico de que el texto del 78 vaya a cumplir cuarenta años el próximo otoño, sino a la concatenación de dos crisis políticas de largo alcance. 
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Los deplorables
Julio Aramberri - GIROSCOPIO

Cuando se estrenó en Londres en 1985, la crítica acogió con escepticismo la versión musical de Les Misérables. No por primera vez, la crítica hizo el ridículo. La producción lleva en cartel desde entonces y se ha convertido en el musical de mayor éxito en la historia del West End. No ha conseguido –todavía– superar a The Mousetrap, de Agatha Christie, con representaciones continuadas desde 1952, el año de la coronación de Isabel II, y que parece dispuesta a durar, al menos, un siglo. Como la propia reina.

Personalmente, estoy de acuerdo con el crítico de The Observer que veía en The Miz –la síncopa con la que la obra se ha hecho popular en inglés– «un espectáculo cargante y sintético», aunque no se me alcanza hacia dónde dirigía su segundo dardo. El célebre culebrón romántico de Victor Hugo aúna todas las recetas imaginables para encandilar a los gnósticos del mundo entero cuyo nombre es Legión. El bien triunfa sobre el mal; el amor sobre el odio; la deliberación sobre la acción; la esperanza vale más que la caridad. 
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Pistoleros, samuráis y detectives
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Thomas Carlyle sostenía que la historia universal es la historia de los grandes hombres: «Su alma es el alma de la historia del mundo entero». Carlyle cita a Mahoma, Dante, Shakespeare, Lutero, Rousseau y Napoleón como forjadores de naciones, imperios, culturas, géneros literarios o religiones. Probablemente omite a Jesús porque su titubeante conciencia cristiana, lastrada por un invencible pesimismo, entendía que el nazareno no era un hombre, sino el hijo de Dios. Cuando el cine ha llevado la vida de los grandes hombres a la pantalla, no siempre ha logrado captar los rasgos, peculiaridades y azares que explican su excepcionalidad. Napoleón, de Abel Gance, estrenada en 1927, nos hace sentir la ambición ilimitada y el temperamento romántico del huraño y solitario corso. David Lean logra algo parecido con Lawrence de Arabia (1962), recreando con indudable acierto la torturada mente del arqueólogo y militar británico. Ambos proyectos desdeñan las teorías marxistas sobre la historia, destacando el papel de los grandes hombres en los cambios sociales y políticos. Ninguno incurre en la ingenuidad de presentar a sus protagonistas como almas limpias y honorables.
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Utopía vegana
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Apenas quedan unos días para los sanfermines, oficioso comienzo de la temporada estival de empleo popular-recreativo de los toros. El nuevo ministro de Cultura, José Guirao, se ha manifestado públicamente en contra de su variante catalana: unos correbous a los que considera tan reprobables como las corridas tradicionales. Precisamente, se ha afeado la presunta incoherencia que supone tener a un antitaurino al frente del ministerio que decide sobre la llamada «fiesta nacional». Sin embargo, las críticas que acompañaron su nombramiento se centraron en unas declaraciones que el ministro realizara en la presentación de Capital Animal, una plataforma dirigida a la defensa de los derechos de los animales. Dijo allí Guirao que los animales deben ser considerados «iguales en todo» al ser humano, lo que significa, entre otras cosas, iguales «en inteligencia, sensibilidad y derecho a la vida». Para que ese fin se haga realidad, el ministro ha defendido un cambio antropológico que conduzca a la humanidad a replantearse el modo en que se relaciona con el resto de especies.
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