Conceptos (I)
Rodrigo de Vivero - DE UN EXTREMO A OTRO

Hay conceptos fundamentales que definen a una sociedad, pilares de su manera de entender el mundo, y uno va descubriéndolos a medida que conoce una determinada. Posiblemente nos cueste más discernir cuáles son los propios, los de la nuestra. ¿Qué conceptos definirán la sociedad española? Durante algunos siglos honor, valentía, heroísmo, pero ahora estamos lejos de eso y no sabría yo decir qué los ha sustituido. En Japón, wabi y sabi son los primeros con que uno se encuentra. Se refieren a aspectos más bien tradicionales, aunque no sé yo si siguen igualmente vigentes en la vida actual. Wabi, la sencillez rústica, la falta de pretensiones artificiales, la elegancia de lo simple y cercano a elementos básicos; sabi, la belleza que surge con el desgaste del tiempo, la pátina que adquieren las cosas con el uso.
Leer más

Julián Marías: La perspectiva cristiana
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

En 1933, Julián Marías visitó Jerusalén. En esas fechas, ya tenía muy clara su vocación filosófica y sabía que no podía ser desligada de la inquietud teológica. Dos años después publicó su primer ensayo filosófico, «San Anselmo y el insensato», en el que afrontaba el reto de justificar racionalmente la fe. Católico practicante hasta el último de sus días, sus reflexiones sobre la experiencia religiosa nunca perdieron de vista dos frases que condensan el quehacer teológico de San Anselmo: Fides quaerens intellectum y Credo ut intelligam. Julián Marías no experimentó crisis de fe. Siempre se mantuvo fiel a la Iglesia católica. Apoyó con entusiasmo el espíritu renovador del Concilio Vaticano II y trabajó con el máximo rigor en el Consejo Internacional Pontificio para la Cultura, creado por Juan Pablo II. A finales de los años noventa, el Colegio Libre de Eméritos  le encargó un curso sobre el cristianismo, lo cual le permitió recapitular y pulir sus indagaciones sobre el tema.
Leer más

Sobre la verdad judicial (II)
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Habíamos recurrido, con objeto de reflexionar sobre la verdad judicial, a una de las obras de Leonardo Sciascia. Y en particular a 1912+1, ejercicio de arqueología procesal que desentierra el juicio que, en Italia y en vísperas de la Gran Guerra, dirime la culpabilidad de la condesa Oggioni tras haber disparado ésta a un bersagliere que tenía por amante. Ahora que la verdad judicial ha pasado al primer plano de la vida política española con motivo del juicio a los líderes del separatismo catalán, conviene ocuparse de ella en lugar de darla por supuesta.
Leer más

Tintín en el Tíbet
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

trabajaba como colorista en sus estudios y tenía veintiocho años menos que él. Casado desde 1932 con Germaine Kieckens, su conciencia católica se rebelaba contra la perspectiva del adulterio o la posibilidad de la ruptura matrimonial. Atormentado por las ideas de pureza y culpabilidad, acudió a la consulta de Franz Riklin, discípulo de Carl Jung, que le animó a dejar temporalmente el cómic para explorar el terreno de la pintura abstracta, donde ya había probado suerte, pero de forma esporádica y con una ambición limitada. «Tiene que destruir el demonio de la pureza», dictaminó Riklin, indicándole que un cambio de rumbo en su creatividad le ayudaría a descubrir quién era realmente y qué deseaba hacer con su vida.
Leer más

La guerra, ¡sírvase bien fría!
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Como he señalado en distintas ocasiones en este mismo blog, no hay situaciones o escenarios especialmente propicios o inadecuados para el humor sino que, por el contrario, todos sirven –o, para ser más precisos, pueden servir– si alguien tiene el genio para que salte la chispa. Paradójicamente, suele suceder que coyunturas a priori aparentemente favorables generan a la postre un humor facilón e insípido, mientras que circunstancias dramáticas –incluso extremas, como diversas antesalas de la muerte– posibilitan un humor rompedor y genial, ese que nos hace reír incluso a nuestro pesar. La guerra, indudablemente, es uno de esos casos en los que uno está tentado de decir que la incompatibilidad con el humor alcanza cotas de difícil superación. La guerra, por supuesto, es crueldad y horror, pero también deja un hueco en la trastienda para unas risas.
Leer más

Sobre la verdad judicial (I)
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Pocos escritores han mostrado tanto interés por los procesos judiciales como el siciliano Leonardo Sciascia, quien veía en la historia penal una ventaba abierta al pasado de su país. La discusión pública de unos hechos controvertidos y las reacciones sociales a ella le sirvieron en innumerables ocasiones para hablar de la vieja Italia y de sus reverberaciones en la nueva: desde los apuñalamientos de Palermo en 1862 al caso Aldo Moro, del que fue contemporáneo, pasando fuera de Italia por las actas del asesinato de Raymond Roussel o los conocidos ejemplos de impostura protagonizados por Martin Guerre en el siglo XVI francés y Giulio Canella en la Italia del fascismo. De alguna manera, lo que hacía Sciascia era retomar y refinar el modelo insinuado por Alessandro Manzoni en su memorable Historia de la columna infame, concebida como apéndice de su gran novela Los novios y publicada finalmente por separado.
Leer más

Tintín: Las joyas de la Castafiore
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

¿Es posible vivir una aventura sin moverse de casa? Depende de nuestro concepto de lo que es una aventura. En Las joyas de la Castafiore (1962), Tintín y Haddock no salen del castillo de Moulinsart, pero se enfrentan a multitud de pequeños incidentes que alteran su rutina hasta desembocar en un misterioso robo con un insólito desenlace. Aunque no hay villanos, secuestros ni catástrofes, han tenido que enfrentarse a momentos de confusión, desconcierto, incertidumbre y suspense. La trama de Las joyas de la Castafiore es muy sencilla, pero encadena un contratiempo tras otro hasta crear una atmósfera donde lo ordinario parece francamente extraordinario.
Leer más

Educación para la ciudadanía
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Hace unas semanas, unas colegas me invitaron a participar en unas jornadas que debía reunir a los miembros del grupo de investigación europeo cuya división española (¡malagueña!) ellas mismas dirigen. Tratándose de un proyecto dedicado a reflexionar sobre la intersección entre la educación y la democracia, me animaban a abordar en mi charla el problema de la educación del ciudadano democrático en tiempos de agitación emocional. Es decir: algo así como el problema de la formación del espíritu democrático. Y ahora que en España estamos en los inicios de una precampaña electoral marcada por la polarización ideológica, no está de más traer aquí –con algunas modificaciones– lo que dije allí. El texto original, escrito en inglés, puede encontrarse, no obstante, en la página de ReCreaDe junto con información adicional sobre las jornadas que lo motivaron.
Leer más

Tintín: El asunto Tornasol
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

¿Qué es la felicidad? Descarto una respuesta retórica sobre un tema que ha suscitado infinidad de especulaciones filosóficas, más o menos afortunadas. Diré simplemente que –en mi caso– la felicidad es una tarde de mi niñez con un nuevo álbum de Tintín entre las manos. No he olvidado el día en que apareció mi madre con El asunto Tornasol, recién comprado en una librería del barrio de Argüelles, advirtiéndome que no me permitiría leerlo hasta que finalizara mis deberes. Pasé una hora angustiosa, deseando tirar los ejercicios de matemáticas por la ventana, pero cuando al fin terminé y pude leer la aventura, sentí que había topado con algo prodigioso y verdaderamente original. Los años transcurridos desde entonces han corroborado esa impresión. ¿Qué hace tan especial El asunto Tornasol, para muchos la obra maestra de Hergé? De entrada, el comienzo atrapa en una sola viñeta todo el encanto y la poesía del cine mudo. El bueno de Silvestre Tornasol se aleja por un camino de tierra que serpentea entre los árboles de la apacible y lluviosa campiña belga. Camina de espaldas, con una maleta y un paraguas. Menudo y esmirriado, no esconde su parentesco con el vagabundo de Chaplin. 
Leer más

El humorista y su circunstancia: la España etnerefid de Chumy Chúmez
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

De la misma manera que en la granja de Orwell todos los animales eran iguales, pero unos más iguales que otros, bien podría decirse que cada tipo de humor es hijo de su época, pero algunos humores son más producto de su momento histórico que otros. Esto es lo primero que pensaba yo según iba pasando las páginas de Humores que matan, una recopilación de viñetas de Chumy Chúmez (San Sebastián, 1927-Madrid, 2003) que ha publicado hace poco la editorial Reino de Cordelia. En la breve introducción, el editor, Jesús Egido, recuerda un viejo chiste de Tono: «Yo siempre que me voy a dormir pongo un vaso lleno de agua en la mesilla por si tengo sed y otro vacío por si no tengo sed». Se trata del típico ejemplo de humor absurdo, el chiste blanco y benevolente que no puede ofender ni molestar, porque no se dirige contra nada ni contra nadie. Es exactamente lo contrario que pretendía cualquier viñeta de Chumy Chúmez, quien se reconocía fruto de una España mísera, cerrada y cerril, y que disparaba contra los responsables de la misma. En efecto, los chistes de Chumy tienen que ser vistos y leídos en el contexto de la España del tardofranquismo y la Transición, como la expresión cínica, lúcida y pesimista de alguien que se pregunta «¿Qué he hecho yo para que me haya tocado nacer en este país y en esta época?»
Leer más

Apúntate al boletín de Revista de Libros
ENSAYOS ANTERIORES
RESEÑAS
 
  Apúntate a RdL
 
  Archivo RdL
 
Apoyan a RDL

Esta web utiliza cookies para obtener datos estadísticos de la navegación de sus usuarios. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso.
Más información ACEPTAR