Deuda
José Antonio Herce / Miguel Ángel Herce - UNA BUENA SOCIEDAD

Uno de nosotros es un ferviente aficionado a los musicales de Broadway, y aunque ha tenido la fortuna de ver varios espléndidos musicales en directo (WickedA Chorus LineNewsiesBilly EliotThe Book of Mormon …), el espectacular Hamilton no es uno de ellos. Se consuela, sin embargo, disfrutando de números sueltos de este musical en YouTube. Uno de los más populares, e interesante dado el tema que hoy nos ocupa, es The Room Where It Happens.
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Tintín en el país de los soviets
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Hergé describió Tintín en el país de los soviets como «una transgresión de juventud». Durante mucho tiempo se opuso a su reedición y cuando al fin salió de nuevo a la luz —principalmente para contrarrestar las ediciones piratas de mediocre calidad que circulaban a precios astronómicos—, afirmó que el álbum debía leerse como «un juego» y no como una obra de creación, pues aún se hallaba muy lejos su madurez artística. A diferencia de otras aventuras, Tintín en el país de los soviets nunca se reelaboró ni coloreó. Solo hace un año apareció una edición en color en el ámbito franco-belga. He visto algunas planchas y no me desagradan. Es el único álbum que leí ya de adulto. Conocí su existencia durante los años de la universidad, pero su fama de tebeo reaccionario me disuadió, si bien no apagó mi lealtad hacia el joven reportero que tan buenos momentos me había proporcionado durante mi niñez y adolescencia. Aún recuerdo emocionado los días en que mi madre aparecía con un nuevo álbum, pidiéndome que lo empezara después de acabar los deberes. Para mí, la felicidad era tumbarme de espaldas en una alfombra, con la cabeza apoyada en Tristán, mi pastor alemán, y con una aventura de Tintín en las manos, mientras escuchaba a los Beatles en un rudimentario tocadiscos y satisfacía mi apetito con unas esponjosas magdalenas bañadas en leche caliente.
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De la gran divergencia a la globalización
Julio Aramberri - EL RUIDO Y LA FURIA

Hace veinte años, Kenneth Pomeranz argüía en contra de la extendida noción de que el desarrollo económico de Europa occidental había obedecido a razones únicas y excepcionales (The Great Divergence. China, Europe, and the Making of the Modern World Economy. Princeton UP, 2000): «Por más que nos empeñemos en empujar hacia atrás los orígenes del capitalismo, el capitalismo industrial, que permitió el uso en amplia escala de fuentes de energía inanimada para superar las barreras del mundo preindustrial, sólo apareció en los 1800s. Pero no hay mucho que permita sugerir que la economía de Europa occidental contaba con ventajas decisivas bien en su volumen de capital, bien en sus instituciones económicasantes de esas fechas, que permitan pensar que la industrialización era altamente probable allí e improbable en otros lugares» (p. 15). La industrialización europea, muy limitada fuera de Gran Bretaña hasta los 1860s, podría haber sucedido en China, Japón o India, pues cada una de esas naciones contaba en su haber con serias trazas proto-industriales.
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Montségur
Ismael Belda - LOS PORTADORES DE LINTERNAS

Estas noches del mes de mayo, en los tamariscos y cipreses apretados de la medianería entre dos parcelas de naranjos, cerca de mi casa, canta un ruiseñor, invisible. Yo cruzo en bici el puente sobre el río (ir en bici en la oscuridad es una extraordinaria sensación, y también es quizá estúpido) y me quedo escuchando, convirtiéndome poco a poco en un oído. El ruiseñor canta escondido y es difícil verlo, de día o de noche. Es lo bastante común como para oírlo cada primavera y lo bastante tímido y escaso como para que encontrarse con uno sea un pequeño acontecimiento. Es famoso por cantar de noche, pero, como explica el desdichado poeta John Clare en una carta a los señores Taylor y Hessey, «canta tan comúnmente de día como de noche, aunque no es un hecho generalmente conocido. A ustedes los londinenses les gusta mucho hablar de este pájaro y se piensan que cada pájaro que canta después de la puesta de sol es un ruiseñor. Recuerdo que, la última vez que estuve allí, iba paseando con un amigo por los campos de Shacklewell cuando vimos a un caballero y a una dama que escuchaban con mucha atención junto a unos arbustos y, al acercarnos, les oímos hacer espléndidos elogios del hermoso canto del ruiseñor, que resultó ser un tordo».
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Salaryman
Rodrigo de Vivero - DE UN EXTREMO A OTRO

Asalariados hay en todas partes. Salaryman (sararīman), sin embargo, es un concepto mucho más complejo que la traducción literal de la palabra, un elemento fundamental de la sociedad japonesa, el pivote —y epítome— de su peculiar y casi incomprensible cultura de trabajo. El prototipo de japonés medio, el protagonista casi siempre de las películas de Ozu, el personaje de algunos de los mejores libros del maestro del manga Jiro Taniguchi.
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Una sociedad de propietarios
José Antonio Herce / Miguel Ángel Herce - UNA BUENA SOCIEDAD

En 1976, Peter F. Drucker, el más grande de los gurus del managemet (cum-good-economics) escribió: if "socialism" is defined as "ownership of the means of production by the workers… then the United States is the most "socialist" country in the world. Through their pension funds, … the workers of America [have the] ownership of more than one third of the equity capital of American business. Within another 10 years the pension funds … will, by 1985 at the latest, own at least 50 per cent of the equity capital of American businessSe aconseja vivamente al lector que explore detenidamente el ensayo del que procede esta cita. Es un “clásico” de la literatura sobre pensiones escasamente consultado, sin embargo. Lleno de perspectivas arraigadas en la más solida doctrina económica y del management y salpicado de agudas referencias a la historia, presente (a mediados de los 70 del siglo pasado) y futuro (hoy, casi cinco décadas más tarde). Inicialmente publicado en la muy influyente pero tristemente desaparecida The National Interest (cuyos archivos completos pueden accederse en este enlace https://www.nationalaffairs.com/public_interest/issues/spring-2005en el invierno de 1976. Un largo ensayo que precedía a un libro mucho más amplio y aún más provocador que ya se anunciaba allí..
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Las ensoñaciones de un gourmet solitario: de paseo con Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Nunca había pensado en mis primeros veinticinco años de vida desde el punto de vista de la gastronomía. Pasé ese tiempo en el barrio de Argüelles, una zona de Madrid bendecida por el Parque del Oeste y con vistas a la Casa de Campo. Miguel Delibes decía que era «un hombre de fidelidades». Yo podría decir que soy «un hombre de manías». Una de mis manías es la nostalgia. Miro constantemente hacia atrás. No aborrezco el presente, pero nada me produce más satisfacción que recordar. Vuelvo una y otra vez a los escenarios de mi niñez y adolescencia. En el barrio de Argüelles, acontecieron algunas de mis experiencias más queridas: mis primeros tebeos, mis primeros indios de plástico, mis primeros helados, mis primeros libros de Jules Verne y Enid Blyton, mis primeros álbumes de Tintín. En la esquina de Rosales y Marqués de Urquijo se hallaba la heladería Bruin, donde preparaban helados de todos los sabores acompañados de crujientes barquillos. Yo sentía debilidad por los helados de fresa, chocolate y yogur. Sin embargo, no soportaba los helados de coco. A veces pedía uno de vainilla, pero siempre me arrepentía. El sabor a fresa me recordaba el mundo de Disney, con sus delicias y sus perversiones. El chocolate me hacía pensar en Moulinsart, con Tintín y Haddock contemplando el jardín desde un salón salpicado de adornos marineros, como anclas, catalejos, brújulas, sextantes y veleros en miniatura. El yogurt me traía a la mente las aventuras de los Cinco, siempre en busca de tesoros escondidos. La lectura de El gourmet solitario, del ilustrador Jirō Taniguchi y el guionista Masayuki Kusumi, ha desencadenado en mi memoria un efecto parecido al de la magdalena de Proust, si bien el proceso ha sido distinto, pues algo desconocido ha rescatado viejos recuerdos adormecidos. Por primera vez, me he asomado a mi juventud desde la perspectiva de los sabores, comprendiendo que hay una conexión directa entre el cerebro, taller de las ideas, y el estómago, inesperado laboratorio de recuerdos.
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La nueva guerra fría
Julio Aramberri - EL RUIDO Y LA FURIA

Toda clase de X-ólogos, soci-ólogos a la cabeza, andan hoy frenéticos en pos de un nuevo sintagma: la guerra fría que, como la normalidad posterior al virus de Wuhan, va a ser también nueva y da mucho tono sólo de mentarla. Creo haber oído de ella en enero de 2019 a través de Robert D. Kaplan, un geopolit-ólogo, que se jactaba de haberla catalogado en junio 2005 en The Atlantic. Luego me llegaron otros antecedentes que, a su vez, remitían a otros. Aunque uno se esfuerza, no puede leerlo todo y, además, qué demonios, en cada uno de esos casos la nueva guerra fría era otra y distinta de la anterior. Eso necesita un repaso.
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Dinero que no falte y trampa adelante
Raimundo Ortega - BLOG RDL

Dos profesores de la Universidad de Alcalá publicaron en el diario El País recientemente un documentado artículo, titulado «Sin perdón», en el cual hacían un relato histórico sobre una cuestión que la pandemia del COVID-19 ha puesto de angustiosa actualidad: ¿qué hacer cuando el tamaño de la deuda de los Estados Europeos —y de EE.UU. añado yo— «asuste a los banqueros y fondos de inversión»? El relato que los autores del artículo recordaban puede resumirse en pocas palabras: salvo excepciones, no ha habido impagos y tanto deudores como acreedores han preferido siempre renegociar las condiciones de esas deudas.
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¿El ocaso de la sociedad abierta?
Rafael Núñez Florencio - AÚN SE ESCRIBEN LIBROS

Cuando Popper publicó el libro que le daría fama y se convertiría en un clásico del pensamiento del siglo XX, La sociedad abierta y sus enemigos (1945) no podía en modo alguno vislumbrar que la gran amenaza para el orden liberal y el pensamiento crítico no vendría de sus llamados adversarios tradicionales —aquellos contra los que se dirigía la obra— sino del progreso científico y tecnológico. En términos políticos, durante la casi totalidad del citado siglo, los mayores antagonistas de los regímenes democráticos eran fácilmente identificables: fascismo y comunismo —las dos caras del totalitarismo— y dictaduras civiles o militares —autoritarismo—. Derrotados militarmente los sistemas fascistas y desacreditadas las dictaduras, el tercer acto, la implosión del socialismo real entre 1989 y 1991, parecía sancionar el triunfo definitivo del liberalismo y la democracia, el «fin de la historia» (Fukuyama dixit).
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