La interminable caída de Walter White
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Sería absurdo realizar un juicio moral sobre Breaking Bad, la serie creada y producida por Vince Gilligan. Walter White (Bryan Cranston) no encaja en una fábula sobre el bien y el mal. Sólo es la encarnación del sueño del hombre corriente, abocado a una existencia mediocre y sin alicientes. Casi todos los que vivimos encadenados a una rutina, fantaseamos con ser otro. Cuando el horizonte está acotado por el pago de la hipoteca, las obligaciones laborales y una sexualidad mortecina, resulta tentador imaginarse en la piel de un gánster. Walter White es un pobre diablo, un profesor de química en un instituto de enseñanza media. Es el padre de Walter «Flynn» White, Jr. (RJ Mitte), un adolescente con parálisis cerebral, y está casado con Skyler (Anna Gunn), una mujer convencional y algo cursi que espera otro hijo y anhela triunfar como autora de cuentos infantiles. Skyler tiene una hermana, Marie, neurótica, obsesiva, chismosa, entrometida y cleptómana. Su marido Hank (Dean Norris) es un macarra desinhibido que trabaja en la DEA. White no es un profesor carismático y querido, sino un hombre cansado y desilusionado, que ejerce la función docente con los automatismos de un burócrata.
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La caricatura militante
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

«Cartooning for Peace es una red de 162 dibujantes de todo el mundo que tiene como fin defender la libertad de expresión, los derechos humanos y el respeto mutuo entre poblaciones de culturas y creencias diversas, mediante el lenguaje universal de la viñeta de prensa». Copio literalmente la información antedicha de la solapa de uno de los volúmenes de esta agrupación –creada en 2006 por el célebre humorista francés Plantu‒ que acaban de traducirse al español por la editorial Akal. Dispongo ahora mismo de cuatro de ellos, que constituyen la materia a la que voy a referirme en este artículo. Son ¡No caigáis en la Trumpa!¡Todos migrantes!¡Paso a las mujeres! y ¡Desunión europea!. Cada uno de ellos recopila de un modo ordenado –según capítulos temáticos y citas escogidas al efecto‒ sesenta viñetas de prensa de dibujantes de múltiples países sobre los diversos temas que quedan expresados en los títulos. Todos preludian con un texto introductorio de un especialista en la cuestión: Éric Fottorino para el volumen sobre Trump, Benjamin Stora sobre la emigración, Élisabeth Badinter sobre la lucha femenina y Daniel Cohn-Bendit sobre la Unión Europea.
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Female gaze (I)
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Un ejército de mujeres vestidas de novia persigue sin tregua, ramo de flores en mano, a un hombre que huye despavorido por las calles de su ciudad: la memorable imagen pertenece a Siete ocasiones, comedia dirigida por Buster Keaton en 1925. Este novio a la fuga, interpretado por el propio Keaton, heredará una fortuna si se casa antes de que acabe el día, pues así lo dispone el testamento de su difunto abuelo. Ocurre que la negativa de su novia, que preferiría casarse por amor, lleva a su abogado a poner un anuncio en la prensa local y eso provoca una comparecencia masiva de candidatas. La delirante persecución que sigue es ajena a la voluntad del protagonista, que preferiría convencer a su amada y, de hecho, termina por lograrlo. Pero el caso es que Keaton pone en escena, a través de una insuperable sucesión de gags, una ácida representación de la compulsión nupcial que incluye la resistencia masculina a sentar la cabeza.
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Ser japonés
Rodrigo de Vivero - DE UN EXTREMO A OTRO

Durante la Era Kamakura dejamos de comer carne, me cuenta un amigo japonés. «Dejamos», dice. Nosotros dejamos de comer carne. Han pasado casi setecientos años desde que terminó la Era Kamakura, de 1185 a 1333, pero un japonés de hoy, en pleno siglo XXI, considera que son ellos, él mismo, el grupo a que él pertenece, a quienes hace ocho o nueve siglos les pasó eso que cuenta. Españoles, franceses, italianos… no diríamos: «Hace ocho siglos no comíamos patatas»; nos parecería rara esa pertenencia a un grupo que existió hace tanto tiempo, aunque sean quienes ocupaban el lugar que ocupamos nosotros y fueran nuestros antepasados.
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¿Qué es una crítica de cine?
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Mi afición al cine procede de mi infancia. Sé que no es nada excepcional, pero no está de más señalar que –en mi caso‒ esa inclinación se gestó entre los años sesenta y setenta, cuando aún constituía un acontecimiento que cualquiera de los dos únicos canales de televisión incluyera en su programación películas de John Ford, Alfred Hitchcock o Billy Wilder. En esa época, Fort ApacheCon la muerte en los talones o Testigo de cargo no eran viejas reliquias reservadas a un puñado de cinéfilos que ya han superado los sesenta años y que cada vez viven más en el pasado, sino estupendas películas que concitaban el interés de la mayoría de los espectadores, cuya sensibilidad demandaba buenas historias, grandes actores, una fotografía seductora y un director capaz de combinar los distintos elementos que componen la ficción cinematográfica. Si la memoria no me falla, el vídeo no llegó hasta los años ochenta y, en esas fechas, mi pasión por el cine ya era algo firme e indestructible, con sus filias y sus fobias. A los catorce años, ya tenía muy claro qué me gustaba y qué me desagradaba. Desde entonces, mi criterio apenas se ha modificado.
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La ideología del clima
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

No falla: en cuanto llega el invierno, aparecen las bromas sobre el cambio climático. Y es que si hace frío, ¿cómo va a estar calentándose el planeta? Del sarcasmo correspondiente ha participado el mismísimo presidente estadounidense, un Donald Trump que el pasado 29 de diciembre escribía en Twitter que, con unas temperatuas tan bajas como las registradas durante las últimas semanas en la costa oriental de Estados Unidos, a su país le vendría bien un poco de ese calentamiento global que tan caro habría salido a los norteamericanos si gracias a él no se hubieran desvinculado del Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Así que apenas unos meses después de que la temporada de huracanes azotase el Caribe con especial fiereza, bajo una obsesiva atención mediática que para algunos comentaristas pertenece de pleno derecho al género del «porno de desastres», el negacionismo climático encuentra nuevos motivos para reivindicarse.
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La frivolidad compulsiva
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Durante mucho tiempo, al menos en nuestra cultura occidental, la profundidad de pensamiento se medía por la proporción o intensidad de advertencias negativas o incluso catastrofistas. A mayor abundancia de estas, más consideración y prestigio. El ensayista conspicuo destilaba amargura, al tiempo que dejaba vislumbrar su fascinación por la hecatombe. O, en otros términos, la atracción del abismo. Desde luego en nuestros lares, el intelectual-tipo (con todas las excepciones que quieran) era de natural pesimista y, hasta si me apuran, argumentaría que me quedo corto, pues el espécimen ‒por poco que se le dejara a su ser‒ tendía al monte de la desmesura catastrofista y ejercía con fruición digna de mejor causa de auténtico agorero. Hay quien dice que teníamos el terreno abonado por muchos siglos de concepción católica de la existencia: ya saben, este mundo como valle de lágrimas y cáliz doloroso para aspirar a la otra vida. 
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El modelo federal: sí, pero no
Raimundo Ortega - BLOG RDL

Durante las últimas semanas multitud de organismos ‒oficiales y privados‒ han dado a conocer informes diversos sobre el funcionamiento de las finanzas públicas y sus consecuencias, inundándonos con cifras, análisis y propuestas más o menos fundadas. Entre ellas me ha llamado la atención un trabajo elaborado por dos profesores de la Universidad de Zaragoza y publicado por FEDEA, cuyo título es suficientemente significativo del objeto de su investigación: Movilidad de los contribuyentes de rentas altas en respuesta a las diferencias regionales en los impuestos personales. Según los cálculos de sus autores, los profesores Julio López Laborda y Fernando Rodrigo Sauco, las diferencias autonómicas en la imposición de tres impuestos de carácter personal (Renta de las Personas Físicas, Patrimonio y Sucesiones y Donaciones) influyen significativamente en la elección que los contribuyentes más ricos hacen de su Comunidad Autónoma de residencia, y que tal movilidad favorece casi exclusivamente a la de Madrid. 
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Sesión doble: Murieron con las botas puestas y Río Bravo
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

En los años ochenta aún había varios cines en el barrio de Argüelles, pero casi todos desaparecieron a la vez, incapaces de soportar la competencia del vídeo, que puso a disposición de las familias un creciente catálogo de clásicos y novedades a precios asequibles. Aunque todavía no habían aparecido las pantallas de grandes dimensiones, se impuso la comodidad de ver las películas en casa. Las generaciones que habían crecido con pequeños televisores de tubo en blanco y negro consideraron un lujo poseer una copia de CasablancaSolo ante el peligro o Testigo de cargo. Yo empecé una colección de cintas en VHS que creció hasta bordear el mágico número de mil películas. Cuando apareció el DVD y, algo más tarde, el Blu-ray, experimenté el mismo trauma que otros coleccionistas insaciables, pues de repente descubrí que había acumulado un formato condenado a extinguirse. Nos habían asegurado que las películas durarían siempre, que soportarían el paso del tiempo, pero el tiempo había pasado y se cobraba una vez más su tributo, evidenciando la irremediable caducidad de cualquier objeto o forma de vida. 
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La religión dentro de los límites de la mera emoción
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

El escritor francés Emmanuel Carrère nos relata en El Reino ‒entre otras cosas‒ la historia de su breve experiencia como creyente católico a comienzos de los años noventa, cuando una crisis personal le condujo a la fe. Su planteamiento es individualista: una búsqueda subjetiva del sentido que, en el caso de Carrère, incluyó un exhaustivo comentario del Evangelio de San Juan. «Ser yo se me hizo literalmente insoportable», escribe: el fardo de la existencia se le había hecho demasiado pesado. A la evangélica edad de treinta y tres años, el escritor francés es instruido por su madrina; instruido en una vida espiritual encaminada a conquistar el reino interior al que alude el título de su libro. Pero sus reflexiones arrancan, veinte años después de ese chispazo religioso que le duraría tres años, con un sentimiento de extrañeza ante la posibilidad de que haya fieles que crean todavía hoy aquello que cuenta la Biblia.
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