Tintín: Stock de coque
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Los secundarios siempre han desempeñado un papel esencial en las historias de ficción. Lejos de ser un simple telón de fondo, proporcionan consistencia, credibilidad y profundidad. ¿Podemos imaginar las aventuras de Tintín sin Hernández y Fernández? ¿Qué sería de Moulinsart sin el fiel y discreto Néstor? ¿Acaso el infame Rastapopoulos no es el antagonista perfecto del joven reportero, obligándole una y otra vez a redoblar su ingenio para desmontar sus perversos planes? No incluyo entre los secundarios al simpático Milú y el entrañable Silvestre Tornasol, piezas esenciales de un universo que no podría prescindir de su presencia sin quedar gravemente desdibujado. En Stock de coque, Hergé reúne a un impresionante elenco de secundarios, rescatando a personajes que habían aparecido muchos álbumes atrás. Indudablemente, su decisión constituye un acierto, pues logra comunicar las tramas de peripecias notablemente alejadas en el espacio y en el tiempo.
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Paradoja(s) de la democracia militante (y II)
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Dejamos planteado aquí, la semana pasada, el problema de la llamada «democracia militante»: aquella que se mantiene alerta contra el peligro representado por movimientos o partidos a los que se atribuye la intención de liquidarla. La noción delata su origen histórico: la llegada de los nazis al poder en Alemania y la posterior liquidación del régimen de Weimar. Desde luego, no hay ejemplo más cumplido del uso de las herramientas formales de la democracia contra sí misma; por el contrario, los comunistas dieron un golpe de Estado en un régimen autoritario y los fascistas llegaron al poder andando (Italia) o como resultado de una sublevación armada (España). Desde los años treinta, cuando Karl Loewenstein formula por vez primera el concepto, nos inquieta que la semilla del autoritarismo germine en el suelo democrático y nuestra pasividad haya contribuido a ello. Ni que decir tiene que la dificultad consiste en evitar ese resultado manteniendo al mismo tiempo las garantías democráticas: no sea que la lucha de la democracia contra sus presuntos enemigos termine por devorarla. Bien es sabido que pocas cosas son tan peligrosas como un exceso de virtud.
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Francisco Pizarro: el poder y la gloria
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Es difícil contar la historia de Francisco Pizarro y no sentir «el rumor augusto de la Historia», según las palabras del «feo, católico y sentimental» marqués de Bradomín. En la Sonata de estío (1903), el célebre personaje de Valle-Inclán sortea el Atlántico a bordo de la fragata Dalila y fondea en las aguas de Veracruz, la ciudad fundada por Hernán Cortés. Sus palabras son deliciosamente anacrónicas: «Como no es posible renunciar a la patria, yo, español y caballero, sentía el corazón henchido de entusiasmo, y poblada de visiones gloriosas la mente, y la memoria llena de recuerdos históricos. La imaginación exaltada me fingía al aventurero extremeño poniendo fuego a sus naves, y a sus hombres esparcidos por la arena, atisbándole de través, los mostachos enhiestos al antiguo uso marcial, y sombríos los rostros varoniles, curtidos y con pátina, como las figuras de los cuadros viejos». Esta descripción puede resultar ofensiva para los territorios colonizados y devastados, pero el imperio azteca y el imperio inca, que apenas lograron oponer resistencia a las picas y los arcabuces de la España de Carlos V, habían actuado con idéntica fiereza con los pueblos vecinos, reduciéndolos a la esclavitud y sofocando con enorme crueldad cualquier forma de rebelión.
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Conceptos (II)
Rodrigo de Vivero - DE UN EXTREMO A OTRO

Los niños japoneses no van al colegio tanto a aprender como a formarse. No importan los conocimientos que adquieran, lo que importa es con-formarse, no sólo como personas sino, sobre todo, como japoneses. El sistema escolar los adoctrina desde niños y produce jóvenes programados para ceñirse a esa manera suya tan propia de estar en el mundo. Además de kanji, desde pequeños se les enseña a comportarse al unísono. Desde la guardería se promueve que hagan todos lo mismo, en el mismo momento y de la misma manera; y así continuará en el colegio. Se espera que vistan igual, que actúen de maneras similares, hasta que lleven el pelo de un color determinado. Ya les contaba del colegio en Osaka que exigió no sé cuántas veces a una alumna que se tiñera de negro su pelo castaño.
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El filósofo, su boina y un teléfono (y II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Como todo el mundo sabe, Gila no era el típico humorista que se ponía a encadenar chistes uno detrás de otro –modelo Eugenio, para entendernos–, sino que representaba el prototipo alternativo del cómico que sale al escenario a contar su historia o sus historias, de tal manera que los chistes, si así quiere llamárseles, quedaban encuadrados en un molde narrativo específico. Este segundo arquetipo de humorista exige una personalidad más definida, con el riesgo evidente de que, si dicha identidad es muy marcada o característica, acabe convirtiéndose en una cárcel para el propio sujeto, que termina prisionero de su personaje. En el caso de Gila, el aludido escollo de la reincidencia estaba siempre presente, no ya sólo por lo ya dicho, sino porque el propio éxito de la caracterización –la más frecuente, el cateto de pueblo con su boina y su indumentaria ad hoc– llevaba a que el público esperara o pidiera más de lo mismo.
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Paradoja(s) de la democracia militante (I)
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Habría que excusar a cualquier observador imparcial que, recién llegado a nuestro país durante la última campaña electoral, hubiese intentado establecer equivalencias lógicas entre los discursos electorales y la realidad social: mientras los candidatos de algunos partidos padecían dificultades para moverse libremente en comunidades autónomas de donde quiere expulsárseles, la consigna dominante en el espacio público no parecía ser otra que la derrota del fascismo, representado a su vez simbólicamente por un partido ultraconservador de ámbito nacional cuyo apoyo en las urnas se quedó en torno al 10%. Este contraste singular, que sin duda podría formularse de otra manera, muestra hasta qué punto la democracia española se ha convertido en un caso interesantísimo para comprender las dificultades con que inevitablemente topa hoy eso que Karl Loewenstein llamara «democracia militante» en los años treinta. Es decir: la democracia que se defiende de los enemigos de la democracia. Algo que, como ya supo ver Raymond Aron, es mucho más fácil formular teóricamente que llevar a la práctica.
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John Ford: El hombre que mató a Liberty Valance
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962) es una de las películas más emblemáticas de John Ford y uno de los mejores westerns de la historia. Suele relacionarse con el punto de inflexión que marcó el giro hacia una versión crepuscular del género. No hay grandes paisajes, ni demasiada acción. Todo se centra en los personajes y en la trama, que recrea el tránsito de un mundo primitivo y violento a una sociedad civilizada y democrática. En un paupérrimo y áspero pueblo de Arizona llamado Shinbone, la política, la educación y los periódicos acabarán reemplazando a la ley del revólver, pero no sucederá de forma incruenta, sino sacrificando a los mismos hombres que lucharon para imponer una convivencia pacífica. Estados Unidos alcanzará su grandeza gracias a los aventureros que colonizaron un territorio salvaje, luchando contra las tribus nativas, los cuatreros y los desastres naturales. Paradójicamente, la civilización prescindirá de ellos, cuando logre consolidar sus leyes y costumbres. Los caracteres indomables suelen ser un foco de perturbación en un contexto de rutina y tranquilidad.
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Alternativas republicanas
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Durante el reciente congreso de la Western Political Science Association, cuyo solo nombre es ya prueba suficiente de las dimensiones de la comunidad académica norteamericana, topé con un librito de William J. Connolly que llamó mi atención. Es éste un veterano pensador político que dedicó hace pocos años una monografía de considerable interés al pluralismo democrático y anda ahora trabajando sobre el Antropoceno y sus consecuencias. Yo me hice en San Diego con un volumen de la colección que la editorial de la Universidad de Minnesota dedica a asuntos de actualidad, conforme a ese formato de libro ensayístico y breve que triunfa en el mundo entero. Escrito en 2017, el ensayo de Connolly se ocupa del «fascismo aspiracional» encarnado por Donald Trump y de la consiguiente lucha en favor de la «democracia multifacética». Dado que España se encontraba todavía hace dos semanas en lucha imaginaria contra el fascismo, me pareció interesante saber lo que Connolly pudiera tener que decir sobre el asunto. Y ello a sabiendas de que, como ha pasado con muchos libros recientes que anuncian la muerte de las democracias liberales , éste también refleja una aprensión típicamente norteamericana de difícil traducción a los sistemas parlamentarios europeos.
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El filósofo, su boina y un teléfono (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

En distintas ocasiones nos hemos ocupado en esta sección del humor de Miguel Gila (Madrid, 1919-Barcelona, 2001), pero casi siempre ha sido de modo indirecto, al tratar otros asuntos para los que venía al pelo alguna de las ocurrencias, caracterizaciones, bromas o chistes del célebre cómico. La publicación ahora de un grueso volumen que aspira a ser una antología de su trabajo y su peripecia vital es una magnífica excusa para centrarnos en el personaje de carne y hueso –el hombre, como suele decirse–, en su manera de entender el humor y, sobre todo, en el personaje inventado que casi lo devora: el cateto clarividente y genial con su boina y su descacharrante teléfono. Ya pueden imaginarse que el libro no lo ha escrito él, que lleva muerto casi dos décadas, pero sí es un libro muy suyo por cuanto tiene un montón de páginas de su puño y letra. Es decir, que el libro reproduce fielmente muchos de sus textos. En contra de lo que la mayoría de la gente cree, Gila no se limitaba sólo a urdir esos episodios por los que ganó merecida popularidad, sobre todo gracias a la televisión, sino que fue un humorista de más amplio espectro, básicamente como escritor y caricaturista.
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César Antonio Molina: el poeta en la polis
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Platón expulsó a los poetas de la Ciudad Ideal. Las ensoñaciones líricas estorban cuando pretende trasladarse a la política el ideal geométrico. Una imaginación que no somete su vuelo a los dictados del poder constituye una amenaza para el Estado. César Antonio Molina es un poeta y un firme partidario de las sociedades libres, abiertas y tolerantes. En la imaginaria república de Platón –una utopía autoritaria–, resultaría tan molesto como un tábano y no tendría otras opciones que el exilio o la cicuta. Afortunadamente, vivimos en una polis democrática donde puede alzar su voz sin miedo. En Las democracias suicidas y otros textos de política, César Antonio Molina ejerce sus derechos de ciudadanía, expresando sus opiniones, sin aceptar otra tutela que la de María Zambrano, Manuel Azaña, Roberto Calasso, Hannah Arendt, Tzvetan Todorov, Vladimir Jankélévitch o Isaiah Berlin. 
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