ARTÍCULO

SIN TÍTULO. España en su historia.Cristianos, moros y judíos

 

A vizorándose un noventa y ocho, y todavía ahí la resaca que no cesa de un noventa y dos, una reedición de Américo Castro no debe pasar inadvertida. Y menos si la reedición lo es de este concreto eslabón de la producción de don Américo. Un libro que no se quería de historia –«No hemos intentado trazar una historia en el sentido usual de la palabra, sino ofrecer una orientación que haga posible escribirla algún día», p. 600– y que enrabietó a historiadores de profesión, pero del que quizás convenga recordar que creció tejiendo sus mimbres sobre la lectura atenta, diálogo callado e inteligente, de un historiador, Marcel Bataillon. Aquí, la mirada debe retroceder a 1938, y a los artículos de Castro en la bonaerense Revista de Filología Hispánica de 1940/1942. Y el texto de España en su historia –una pieza cerrada en Princeton, en abril, de 1946, ya medio siglo a las espaldas-nos acerca a ese momento de lectura, a su cristalizar en las páginas de la citada revista sobre «Lo hispánico y el erasmismo», a su resultar, en fin en un texto de Castro todavía no castrista, antes de refundirse en un Aspectos del vivir hispánico (1949) que transparenta, para nuestro provecho, ese momento primigenio. No es la llamada a Unamuno, en el arranque y en el cierre de España ensu historia (pp. 9 y 606), incluso que se revisita a Unamuno (extenso Cerezo, breve y estupendo Jon Juaristi, en este mismo 1996), lo que cabe retener. O no sólo. Es esa apertura en caliente, del espléndido capítulo primero, «España o la historia de una inseguridad», con su llamada urgente a la identificación del sujeto, y su arracimar pocos, pero bastantes, autores del cuatrocientos. Las respuestas concretas, sobre todo tal como encontrarían acomodo final en el texto de Castro más conocido, La realidad histórica de España, de 1954, son quizás, y a estas alturas, ya lo de menos. Puede uno remitirse a páginas, también de ahora, de 1996, de Domingo Ynduráin y de Henry Kamen, nada complacientes pero tampoco enfadadas, con el discurso del castrismo. Abandonarse al flash back del Castro de 1946 al Bataillon de 1938, demorándose en el Castro de 1940/1942, en el inmediato contrapunto de Bataillon, después, y más tarde (1952) en la operación de triangulación marcada por Eugenio Asensio con un puñado de páginas que nunca se leerán demasiadas veces...; es la oportunidad que sugiere una callada reimpresión, cuando de orientaciones, que es lo que se ofrece, que es de lo que se trata, no andamos sobrados

01/02/1997

 
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