Agosto 2020
Revista de Libros
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ARTÍCULO

Regreso al cuaderno de hojas blancas

 

Como el mismo título indica, José María Merino regresa al cuaderno preferido de su personaje Santi, el de hojas blancas, que vio su primera entrega en esta misma colección el pasado año. Este cuaderno es un objeto-metáfora, el espacio de la fantasía. En el curso anterior, le sirvió a Santi como borrador de los trabajos de clase y en él se distraía dibujando, cuando las tareas eran demasiado pesadas. Ahora, al volver de sus vacaciones, descubre que algo ha sucedido en su cuaderno, alguien ha borrado todos sus dibujos y en su primera página un gran SOS le pide ayuda. Como Alicia en el espejo, Santi se meterá literalmente en el libro, donde las palabras y los dibujos tienen vida propia, para desvelar el misterio.

En ambos libros se superponen ficción y realidad, un juego en el que el lector puede dar rienda suelta a su imaginación, pero en el que además tiene un protagonismo decisivo. Sin lector no existiría libro, ni personaje, ni historia, viene a decirnos Merino, como ya lo hizo en Esto no es un libro (Siruela, 1992) –en el que son los lectores los que salvan a los protagonistas con su lectura–. Si el lector no se mete en esas páginas el libro no existe y nada sucede. El lector es la primera condición y la primera complicidad que reclama el autor, y en el caso de Merino esa complicidad es seña de identidad literaria. Con ello demuestra su preocupación metaliteraria, convirtiendo sus textos en reflexión sobre la propia lectura y la construcción del texto literario, en invitación a la lectura y al desarrollo de la capacidad creativa. De ahí que el libro sea un objeto vivo, donde los signos y los conceptos dialogan entre sí, pactan o se rebelan, donde la caligrafía puede transmitir contenidos visuales y el dibujo comunicar contenidos. Un alfabeto mixto, en el que todos los recursos, los plásticos y los expresivos, trabajan conjuntamente al servicio de la narración.

En este Regreso al cuaderno de hojas blancas, pensado para lectores a partir de seis años, el ogro dibujado por Santi en el cuaderno anterior ha tomado sus páginas al asalto y tiraniza a todos los demás dibujos. En su reino, Ogrolandia, ha impuesto como lengua nacional el ogrolondoó, y sus súbditos sólo pueden hablar con la o. Únicamente el ogro tiene el privilegio de utilizar todas las vocales. Santi entrará en el libro, armado con lapicero y goma de borrar, para poner en orden este desaguisado, demostrando además que es tan importante saber borrar como saber dibujar. Un cuaderno que todos los niños deberían tener a su alcance.

01/09/1997

 
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