ARTÍCULO

Modernización y catalanismo

Prólogo de Albert Manent Publicaciones de la Residencia de Estudiantes-Quaderns Crema, Madrid, 1999
236 págs. 2.788 ptas.
 

Tras la muerte de Vicente Cacho han aparecido tres libros suyos de contenido emparentado. El primero recoge sus estudios sobre el 98 publicados en Biblioteca Nueva. El segundo es su estudio sobre Ortega y Gasset en la colección de textos del 98 de la misma editorial; el tercero, lo constituye la presente colección de estudios sobre el nacionalismo catalán. Vicente Cacho fue un autor especialmente dotado para penetrar en la historia intelectual española contemporánea. En relación al nacionalismo catalán, asumió la condición de puente entre Madrid y Barcelona a favor de una visión del nacionalismo catalán como un proyecto de modernización de la vida española paralelo al proyecto de moral racional impulsado en Madrid por la Institución Libre de Enseñanza y continuado bajo el liderazgo de Ortega. Un proyecto de modernización, el del nacionalismo catalán, que se vería auspiciado por la conversión de Barcelona en capital autónoma de la cultura en la coyuntura finisecular.

La defensa de esta hipótesis ocupa el primero de los ensayos recogidos en la presente antología. En la defensa de este punto de vista resalta Cacho la ausencia de un nacionalismo modernizador de alcance español, ya fuese con una orientación liberal y progresista dentro del centralismo, ya fuera el resultado de los intentos llevados a cabo desde Cataluña por línea no centralista. Tras esta polémica negación de espacio para un nacionalismo español de signo global, insiste el autor en presentar la reconciliación con el liberalismo del nacionalismo catalán y en su carácter equilibrado y pactista en el conjunto de la vida española.

En su segundo ensayo, «Modernismo catalán y nacionalismo cultural», estudia la formación de la indepencencia cultural catalana a finales de siglo. El hecho más notable de esta independencia lo constituye la modernización de la lengua catalana llevada a cabo por el grupo L'Avenç y Pompeu Fabra y el establecimiento de una relación directa con París por parte de los intelectuales catalanistas que priva de sentido a Madrid como vía de conexión con Europa: «Los modernistas descontaron la posibilidad de que Madrid fuese en adelante un punto de referencia válido para la vida cultural barcelonesa. El considerable retraso con que se estaba tomando conciencia en la capital de la crisis finisecular, y también la mayor fluidez que ellos mismos habían introducido en las relaciones directas con París, eran hechos innegables que, convenientemente extrapolados, se convirtieron en un axioma: Madrid es ya un intermediario inútil porque ha perdido definitivamente el tren de la modernidad».

Una vez consumada la derrota ultramarina, los jóvenes nacionalistas ganarían, lenta y trabajosamente, a una parte de la burguesía catalana para sus planes autonómicos, unos planes que alcanzaron una alta oportunidad gracias al despliegue de Solidaritat Catalana y el triunfo que ese despliegue supondrá para la Lliga, el nombramiento de Prat de la Riba como presidente de la Diputación de Barcelona y la creación del Institut d'Estudis Catalans.

Particular importancia tiene el tercero de los ensayos recogidos en el libro, «Un proyecto alternativo de España». Niega en él Cacho relevancia, en la etapa finisecular, al independentismo, tendiendo a ver el separatismo como una estrategia disuasoria de intimidación dentro y fuera de Cataluña. Subraya igualmente la atribución que el movimiento catalanista hace a Cataluña del rango de nación sin necesidad de prerrequisito político alguno, y la visión plurinacional de España como el punto de referencia obligado para proceder a «españolizar» el Estado. Implícito a este planteamiento está la autoconcesión a Cataluña de un papel de liderazgo en la vida española: «Es difícil imaginar, concluye el autor, postura más opuesta a la forma de retraimiento hosco o desengañado muchas veces atribuida a Cataluña, y que sólo se corresponde en la realidad con momentos de desfallecimiento respecto a la viabilidad de esa política intervencionista». Se deriva de estas posiciones la imposición de un modelo de pluralismo nacional a través del cual se produciría la conexión con el liberalismo radical del resto de España.

Su «Perfil político de Cambó» constituye una glosa a las memorias del político catalanista en la que subraya su conservadurismo, su política gradualista en relación al Estado, su giro estratégico de 1916 y su fracaso en la campaña de 1919. En «Catalanismo y catolicismo» se enfrenta con una cuestión que recorre su libro de forma indirecta. Llama la atención sobre el sentido práctico, conciliador y asimilador que configura a un catolicismo catalán que, si no es considerado un factor vertebrador de la personalidad catalana, va a ser visto por los jóvenes catalanistas como un factor coadyuvante de la misma de notoria importancia. El libro se cierra con un artículo sobre «La Institución Libre de Enseñanza y el nacionalismo catalán» en el que se aproxima a la fibra filocatalanista de Francisco Giner de los Ríos y a dos personalidades destacadas, a caballo entre Barcelona y Madrid, con el concurso de la Institución: Josep Pijoan y Eugenio D'Ors.

El nudo de la cuestión planteada por Vicente Cacho es el espacio para el proceso de modernización atribuido al catalanismo. Hay pocas dudas de que conseguiría un impulso modernizador en la vida catalana, pero muchas más de que cumpliera ese papel en el conjunto de la vida española. La reducción de la realidad hispana a una condición estatal, ignorando su innegable proyección nacional, el consiguiente bloqueo de un proceso de lealtades compartidas a una realidad de preferente signo político-nacional, España, y culturalnacional, Cataluña, la proclamación de un liderazgo exclusivo del papel modernizador de Cataluña con el consiguiente oscurecimiento de otros proyectos modernizadores españoles, resultaría la otra cara observada por Cacho Viú en su balance del papel político del catalanismo.

No supone ello negar la contribución a un proceso de modernización política española a través del parcial proceso de modernización de la vida política catalana, sino ajustar los términos de una supuesta contribución directa al mismo. La ganga «antiespañola» que acompaña al discurso catalanista no puede ser vista como una contribución positiva a ese proceso, sino, por el contrario, como un obstáculo que la modernización del liberalismo español hubo de sufrir desde finales del siglo pasado hasta entrado el siglo XX . El escaso avance por el camino de las lealtades compartidas, el pluralismo, la tolerancia y la firme defensa de los derechos y libertades individuales son aspectos quizás no considerados suficientemente por el perspicaz análisis de Vicente Cacho, al que nadie le puede negar, sin embargo, su sincera y positiva contribución a una visión del nacionalismo catalán como una aproximación al proyecto democratizador del conjunto de la vida política española.

01/08/1999

 
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