ARTÍCULO

Libro de la mansedumbre, de Antonio Colinas

Tusquets, Barcelona, 1997
95 págs.
 

La escritura de Antonio Colinas, poeta poseedor de una personal cosmovisión, ha consistido, con el paso de los años, y el libro que comentamos lo confirma, en un proceso de maduración y profundización reflexiva, en el que se ha ido prescindiendo de ornamentación, nunca de rigor estético; ha sido un deslizarse, a través de un camino que recuerda al de los místicos, de cuyo simbolismo se nutre con frecuencia, desde la noche hacia la luz (iluminación y conocimiento de la realidad y del espíritu), a partir de la visión del hombre como ser que gira al unísono con el cosmos.

El libro de la mansedumbre, dividido en tres secciones, se abre donde se cerraba Los silencio del fuego, el anterior poemario del autor. Ha llegado la «hora interior» en él presentida; de los silencios del fuego brota la llama iluminadora. El poeta halla la plenitud en un nuevo estado, el de la mansedumbre o la quietud. Aislado por el «muro blanco» de la morada protectora, siente afuera el acecho de la muerte, el mal y el frío de un mundo que es frontera entre dos siglos; pero es la armonía del espíritu en sosiego y la plenitud de la «hoguera del amor», sentimiento que envuelve tanto una realidad íntima y próxima como cósmica, lo que acaba por vencer.

La luz del muro blanco se proyecta en la segunda sección, «Manantial de la luz», hacia un entorno exterior, formado por una geografía vinculada espiritualmente al poeta, como la tierra castellana. Los poemas que componen esta parte son expresiones de la mansedumbre y de que, en un mundo de contrarios, «todo es sacro en su unidad, / uno con todo es la palabra mansa», como anunciara Hölderlin. De ahí que el sosiego se convierta en «fe de vida».

La tercera sección, «La tumba negra», es un largo y magistral poema, de tensión perfectamente mantenida, que actúa de contrapunto de las partes anteriores, concebido en forma de cantata, como un largo solo vocal repartido en varios movimientos. Tras abrirse el ser a la mansedumbre, regresa el combate de contrarios. Un viaje a Alemania y la visita a la tumba de Bach son el punto de partida del peregrinaje del poeta, convertido en la voz del hombre inmerso en la contingencia de la historia. Por el «final del túnel de un siglo que se cierra», entre grúas, alambradas, «revoltijo de ruinas y de hierros y de ideas», y entre evocaciones de Hölderlin, Novalis, Goethe o Händel, va caminando por un «laberinto de fronteras», que acaba por desembocar, sin embargo, en la armonía de la «hoguera musical» que surge de la tumba de Bach, desde la que retorna, como si un círculo se cerrase, a la mansedumbre de los primeros poemas.

Bello, tenso y profundo, el nuevo libro de Antonio Colinas justifica y corrobora sin duda el destacado lugar que el autor ocupa en el panorama de la poesía española de las últimas décadas.

01/08/1997

 
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