Agosto 2020
Revista de Libros
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ARTÍCULO

YASAR KEMAL. EL RETORNO DEL HALCÓN

ha sido publicada por Ediciones B.
 

Como una de esas serpientes de verano que sirven sobre todo para entretener las vacaciones, a veces vuelve la noticia de que la novela ha muerto. Puede discutirse mucho sobre el tema, pero cuando llega hasta nosotros una novela como El retorno del Halcón, que apenas tiene treinta años, donde el vigor del género se manifiesta en todo su esplendor, se puede comprender lo gratuito del debate.

El retorno del Halcón viene a ser la secuela de El Halcón, la primera novela en que su autor nos presentó los espacios en que ambas transcurren y sus personajes. En cierta manera, ésta sería la crónica de lo que le sucede a su héroe principal, Memed el Flaco, unos años después de la acción de aquélla. Sin embargo, siendo la primera una novela excelente, El retorno... es mucho más que su segunda parte, mucho más que la simple continuación de una trama ya planteada. De hecho, es la culminación estética de un mundo novelesco de extraordinaria magnitud y belleza.

Ya desde el primer momento de El Halcón, a través de una especie de travelling verbal, en solamente dos páginas se nos presentaba el escenario dramático de estos libros: ciertas comarcas perdidas a los pies de la cordillera de los montes Tauro, entre zonas pantanosas, desiertos y tierras feraces. Son los primeros años de la República que gobernó Mustafá Kemal, pero las posibles ideas renovadoras de los que se llamó «jóvenes turcos» no han llegado al lugar, en que los campesinos son sojuzgados por el bestial despotismo de pequeños caciques sanguinarios. En aquella primera parte, además de conocer la comarca con sus señales humanas y telúricas, acompañamos durante unos cuantos años a Memed elFlaco, desde que muestra su primera rebeldía, escapándose de niño, durante un invierno, de la aldea en que es explotado, hasta el momento en que, todavía muy joven pero ya convertido en bandolero, lleva a cabo diversas acciones de venganza que reflejan el sentir popular. Mas, como he dicho, siendo El Halcón una pieza narrativa de mucha calidad, creo que El retorno... se muestra como una novela excepcional, por el desarrollo del tempo narrativo, por la construcción del escenario y por la composición de los personajes, desde lo cotidiano a lo legendario.

En esta novela, que transcurre apenas en el espacio de dos estaciones, entre la primavera y el verano, la ejecución del tempo es ejemplar, y sostiene siempre una tensión creciente, que el lector debe asumir porque forma parte inevitable de la propia peripecia y está cargada de datos fatales. El pulso con que está contada la novela, sin apresuramiento pero sin respiro, sin abandonar lo sustantivo pero sin sacrificar lo accesorio que lo refuerza, es uno de sus aspectos admirables.

En la ejecución de ese denso decurso narrativo, es fundamental la elaboración del escenario. La novela empieza también con una descripción panorámica del espacio geográfico del drama, pero aunque el retrato casi lírico de los elementos físicos en que transcurre la peripecia humana era notable en El Halcón, en El regreso... tal aspecto cobra especial importancia, y creo que coloca el libro en un lugar destacadísimo dentro de la propia historia de la ficción literaria. La novela pretende contar pausada, solemne, meticulosamente un drama social y algunas de sus candentes implicaciones individuales y el escenario se prepara dando importancia a todos los factores que puedan justificarlo y darle vigor. Así, cada parte integrante del ámbito físico, por pequeña que sea, con su color y su fulgor y su forma, ocupa en la novela un lugar, insectos y semillas, aves y alimañas, anfibios y hierbas silvestres, reptiles y plantas hortícolas, arroyos del monte y campos de espinos, marcando y apoyando el entorno preciso del drama, para determinar, en una evocación descriptiva que nunca pierde su vigor poético, todos los datos de la naturaleza del lugar en el momento en que cumple el ciclo cósmico y biológico de su renacimiento anual y de su fructificación, mientras los seres humanos se acosan y se matan, incapaces de integrarse en el proceso natural de la vida.

El tercer aspecto que hace destacar esta novela es el tratamiento de los personajes, en lucha con sus obsesiones y sus secretos, en la necesidad y la dificultad de actuar complejamente, entre mudanzas en la opinión que les conducen de la fe a la desesperación. Hay un personaje colectivo, esas aldeas machacadas por la ambición inmisericorde de los caciques, y ciertos personajes concretos: el anciano amigo del bandolero, que le dio su nombre de Halcón; el cazador que no es capaz de matar a un famoso caballo; el seguidor de rastros que por lealtad traiciona su fatal destreza; las mujeres que protegen al joven proscrito. Pero lo que se sale verdaderamente de lo convencional es el modo como se nos hace asistir al nacimiento de la leyenda de Memed el Flaco. Pues resulta que el bandolero, sumido en reflexiones contradictorias que le llevan al delirio, no es sino la materia de los símbolos y de los sueños de quienes, por una parte, ven en él la bandera y hasta la fuerza de su esperanza, y de quienes, por otro lado, ven en él la significación de todo lo que pone en peligro el ejercicio cruel de su poder. La forma narrativa en que se nos va iluminando esa realidad mientras El Flaco adquiere su dimensión de mito, sitúa este libro fuera de lo común.

Acaso la novela occidental atraviesa un momento de marasmo, y quizá la amenaza de esas otras realidades virtuales audiovisuales tengan a la gente de la palabra escrita con la moral un poco baja. Pero hay pueblos y escritores que están estrenando la novela, con aportaciones extraordinarias y novedosas al acervo del género. Puede objetarse que en esas novelas nacientes late todavía la ilusión de la epopeya. Pero detrás de El regreso del Halcón está la misma antigua tradición narrativa que nosotros hemos heredado, y una sabiduría notable de escritor moderno. Me atrevo a pensar que muchos pueblos del mundo tienen que seguir creando y recreando la novela, y que hay novela de verdad, como ésta, que me ha devuelto cierta emoción de lector joven, para bastantes años.

01/03/1999

 
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