ARTÍCULO

El juego de Aitor

Aguilar, Madrid
968 págs. 29,50 €
 

Estamos ante un libro atípico. A la presentación del autor sigue lo que en principio debiera ser el texto de las entrevistas efectuadas en 2002 a una larga lista de personajes para el documental La pelota vasca. A su vez, la realización de ese documental está en la base del libro que ahora nos ocupa. Según las declaraciones que hiciera Julio Médem en septiembre de 2003, cuando fue exhibido su trabajo en el Festival de Cine de San Sebastián, al documental en que 115 minutos resumieron 150 horas de filmación a 103 entrevistados, habían de seguir tres capítulos de televisión de 55 minutos de duración cada uno y un DVD de cinco horas. Del libro nada dijo. En el documental figuraban 70 testimonios y de las declaraciones a la prensa se desprende que hubo negativa a colaborar por parte de tres personas que para el director vasco eran de gran interés: Fernando Savater, Jon Juaristi y Cristina Cuesta, del Colectivo de Víctimas del Terrorismo. Menos suerte tuvieron quienes no vieron atendida luego la solicitud de retirada de su intervención (Gotzone Mora, Iñaki Ezkerra).

Julio Médem descubrió sus cartas ideológicas el 18 de septiembre de 2003, en pleno festival donostiarra. Se habló entonces de una carta previa a las entrevistas. He de hacer entrar en este punto mi experiencia personal como entrevistado. Fui contactado por teléfono en nombre suyo y accedí a la filmación, con el aval de su filme Vacas . En octubre, asistí a la proyección de La pelota vasca en un cine normal. Me sorprendió el contenido, por lo cual pensé en solicitar un vídeo con la entrevista. El productor de Médem, Koldo Zuazua, me respondió por teléfono amablemente que eso era imposible, pero que estaba a punto de salir el libro de la película, con las respuestas prácticamente íntegras, publicado por Aguilar. La sorpresa fue mayúscula. Así que estaba en puertas un libro, sin que los participantes involuntarios en el mismo tuviesen siquiera –por lo menos este era mi caso– acceso a las transcripciones que iban a ser publicadas bajo sus nombres. Decidí que ante todo había que hacerse con el texto, de manera que se lo solicité a Zuazua. Respondió por correo electrónico el 24 de octubre: «Antonio, tal y como me has solicitado te envío el extracto de tu entrevista. Como te he comentado no es la entrevista íntegra, será un 90 por 100 aproximadamente, hemos considerado las partes más interesantes [...]. Este texto va a ser incluido en el libro titulado La pelota vasca, la piel contra la piedra que ha publicado Aguilar el mes pasado. El texto estará situado en el capítulo Huts (Vacío) Piedra sobre piedra . En el que intervienen distintos historiadores y gente [sic] vinculada a dicha materia. Espero que el texto sea de su [sic] satisfacción y siento mucho que la película no te haya gustado» (cursivas A. E.).

Así que Médem y sus colaboradores habían procedido a trocear las intervenciones, de acuerdo con su criterio de lo interesante y el capítulo tenía el envidiable título de «Vacío». Era historia como «piedra sobre piedra», algo que sólo provoca violencia e incomprensión. Pero al margen de lo escasamente atractivo del enfoque, había algo más grave: estaban los extractos de las respuestas, pero faltaban las preguntas, sustituidas por unos títulos intermedios. Esta supresión era explicable en el documental, pero no en el libro, ya que sin las preguntas el relato del entrevistado cobra el aspecto de un monólogo espontáneo, cuando son las preguntas, por escuetas que sean, las que orientan el zigzag de cada exposición oral. Médem dice haber preferido dejar libres las voces, para luego conjuntarlas él en un diálogo imaginario, con cada entrevistado narrando una parte de su verdad. El hecho de haber elidido las preguntas no constituye la mejor prueba de que ese propósito haya sido honestamente realizado. En consecuencia, solicité de la editorial la retirada de mi texto, a lo cual Aguilar accedió, lo mismo que a la petición planteada en el mismo sentido por el politólogo Fernando Reinares. Cabe pensar que Mora y Ezkerra también pudieron irse. El libro insiste en los rechazos de Savater o Cuesta, pero omite informar acerca de las nuevas ausencias y de su motivación.

Así que el libro comprende los extractos de la mayoría de las entrevistas acumuladas para el documental La pelota vasca. Son mil páginas en las que se recogen algo resumidas ochenta y ocho intervenciones, a las cuales, puestos a cerrar el círculo de los encubrimientos, les falta la mención de la fecha en que fueron realizadas, y sobre todo una mínima información acerca del quién es quién. No todos son notables. Así el lector, como antes el espectador, podría percibir los criterios de la selección efectuada.

Por las declaraciones de 18 de septiembre de 2003, y por el artículo que las seguía, luego convertido en prólogo, tenemos cumplido conocimiento de las coordenadas políticas en que se movió la preparación del documental y del libro. Se trataba de crear lo contrario a un coro: dar libremente audiencia a múltiples voces de todo el espectro político vasco. Admirable propósito que, sin embargo, encierra un matiz nada irrelevante. Con el planteamiento del problema se apunta ya la solución: «Esta película pretende ser una invitación al diálogo ». Estamos ante la seña de identidad de la equidistancia, actitud consistente en eludir el fondo de los planteamientos y considerar que los mismos son como vectores de los que resulta necesaria la suma, aun cuando el resultado de la misma venga ya predeterminado por parte nacionalista. Los montajes del documental y del libro lo ponen de manifiesto. Por si esto no fuera poco, Médem aclara la motivación de fondo que le llevó a emprender su trabajo, y que no fue otro que la infame campaña antinacionalista que Madrid y el PP llevaron a cabo ante las elecciones autonómicas del 13 de mayo de 2001: «Asistí horrorizado al espectáculo de la calumnia, la mentira y el linchamiento contra el nacionalismo vasco —nos cuenta Médem—, estrategia populista del Gobierno español, a la que también se apuntó el PSOE, y también la práctica totalidad de los medios de comunicación de Madrid, rompiendo y reduciendo las opciones políticas a dos bandos, a dos frentes nacionales irreconciliables ».

Resulta muy significativo que Médem olvide lisa y llanamente que fue en el Pacto de Lizarra donde, por imposición de ETA, quedó consagrada la divisoria entre dos frentes de la sociedad vasca, al generar una escisión sostenida desde el fin de la tregua por el Gobierno vasco y el PNV. Los documentos de lo primero están ahí: hay que romper toda relación con los partidos españolistas. Y de la actitud de Ibarretxe y del PNV fue buena muestra la manifestación que siguió al asesinato de Fernando Buesa, en febrero de 2000, curiosa ausencia en una obra centrada en «el conflicto vasco». Para alguien sin ideas preconcebidas, el verdadero horror hubiera debido provenir, no de la irritación constitucionalista, sino de la oleada de atentados de ETA en 2000- 2001, hasta que fue imponiéndose la acción policial. Todo ello anterior a la campaña electoral que estuvo en el origen de La pelota vasca.  Al desconocer los criterios por los cuales han sido seleccionados los personajes a entrevistar, resulta imposible conocer el grado de representatividad o de distorsión que introduce Médem de entrada en La pelota vasca. Así que la única posibilidad consiste en ir leyendo e ir espigando en la cascada de intervenciones.

Primero, «los historiadores y gente asimilada a dicha materia», según palabras del productor Zuazua, piedra sobre piedra, golpes para la destrucción. La sección permite apreciar hasta qué punto el mito impera en tantos intelectuales nacionalistas, fomentando la idea de que los vascos constituyen un pueblo elegido que por hablar una vieja lengua merecería el lugar de honor en un parque jurásico que se erigiera para la Prehistoria, estando en condiciones luego de dar sin más problemas el salto de los fueros a la autodeterminación. El antropólogo Jesús Altuna, maestro de Ibarretxe en la materia, exhibe la formidable ejecutoria prehistórica de los vascos, confirmada a su juicio por poseer «la lengua más antigua de Europa», a la cual, «por desgracia», no se le conocen parientes cercanos; de ahí que como ese pueblo quiere sobrevivir, la autodeterminación sea una necesidad. Un pueblo injustamente frustrado en el reconocimiento de su excepcionalidad, ese es el vasco. Si no tuvieron, Euskalherria mediante, una existencia unitaria en el pasado, la culpa parece ser de aquellos que lo ponen de relieve y se hacen merecedores de que se les cuelgue el sambenito de «antinacionalistas ». Por eso se irrita Lola Valverde, «historiadora»: entre éstos «cunden consignas tan absurdas (e irritantes) como la de decir que Euskal Herria no existe, o que nunca ha existido». La misma autora procede más tarde a dar por bueno que la supresión de los Fueros supuso «una pérdida de la soberanía». Así que a la autodeterminación. Al mismo resultado llega Iñaki Egaña, «historiador», después de dar algunos datos dispersos sobre el pasado vasco, de los que deduce la existencia de «muchos años de frustraciones, muchos años de conflictos que no se cierran», sólo unas líneas después de declarar que la historia es un almacén de «curiosidades» sin importancia para la vida de hoy. Misterio. Con Tomás Urzainqui, «historiador », volvemos al pasado remoto con unos vascones, «durante setecientos años miembros de esa estructura europea» —infórmense Prodi y Giscard d’Estaing— sobre los que caen francos y godos. Luego viene el reino de Navarra, Estado de los vascos y soporte de la necesidad actual de acceder a la independencia. Pueblo vasco, excepcionalidad vasca, antecedentes estatales buscados por los medios que sea, identidad sin mácula, autodeterminación. Unas y otras variantes coinciden en la línea central de la argumentación, y sobre todo en el desenlace. Menos mal que el apartado de la historia como piedra va a parar al noticioso pasaje del historiador José María Garmendia, y sobre todo a la magnífica visión de conjunto proporcionada por Juan Pablo Fusi, que por sí sola hace merecedor al libro La pelota vasca de ser tomado en consideración.

Otra línea argumental compartida por nacionalistas y simpatizantes del nacionalismo consiste en partir de la existencia de un conflicto vasco casi irresoluble, con ETA como manifestación sanguinaria, pero con el nacionalismo español, el PP y la prensa y los intelectuales de Madrid en calidad de verdaderos acusados. La doble condena, a ETA en abstracto y al PP en concreto, da la solución. En cuanto a las víctimas y amenazados, pena y llanto, pero sin lectura política (necesaria en cambio para combatir la ilegalización de Batasuna y para recordar el voto de 1978). Las citas en ese sentido pueden multiplicarse: «Euskadi está fuera de la Constitución » (Álvarez Solís); «que el pueblo vasco ni siquiera votase la Constitución » (Javier Ortiz); «Hay algunos que no paran de decir lo amenazados que están; son casi amenazados profesionales » [después de afirmar que le «horroriza» el drama de los amenazados] (Iñaki Gabilondo); «Hay dos polos más extremos en el conflicto vasco, ETA y el Gobierno de Madrid» (Mariano Ferrer); «Aquí, sin ningún pudor, el PP presentó a sus víctimas a las elecciones» y «En Euskadi se puede pasear tranquilamente» (Antoni Batista); «La ilegalización de Batasuna es un error»; «Los medios de comunicación sí que juegan un papel a mi juicio muy negativo en el conflicto vasco»; «Las palabras están en este momento cargadas de dinamita» (de nuevo Gabilondo). Ninguno se pregunta por una eventual relación entre ETA y Batasuna.

Tampoco nos lo aclara en el libro Arnaldo Otegi, quien prefiere reflexionar sobre la ya aludida «frustración nacional», leitmotiv recogido también por Txema Montero. Por cierto, Otegi atribuye a «un amigo cubano» la frase de que «los vascos somos los últimos indígenas de Europa»: en realidad, corresponde a un texto de ETA en la polémica con el subcomandante Marcos de hace un año. La riada de intervenciones abertzales en La pelota vasca va de frustraciones a pliegos de cargos contra Madrid, y de protestas de pacifismo al desenlace inevitable de la autodeterminación. En este sentido, el texto más significativo es sin duda el del lehendakari Ibarretxe, ya que proporciona una completa síntesis de sus ideas, hasta el punto de explicar su «plan», cosa curiosa si pensamos que Médem afirma que sus entrevistas terminan en julio de 2002 y el plan es de septiembre.

No obstante, más allá de las tendencias políticas dominantes, y de la presencia de invitados como Felipe González, el mayor atractivo del libro reside en el caleidoscopio de experiencias personales, a cargo de brillantes escritores como Atxaga o Saizarbitoria, así como de víctimas o amenazados, sin olvidar las declaraciones relativas a la persistencia de la tortura (que hubieran requerido una comprobación, al menos en cuanto a su denuncia). Por encima del fárrago de las posiciones ideológicas, de relevancia desigual, es aquí donde reside el interés de La pelota vasca/ libro, muy superior a mi juicio al del documental.

 (A finales de febrero de 2004 se ha puesto a la venta el DVD de la película y otro mucho más extenso, de siete horas de duración. Médem piensa que «el águila fascista española está volviendo». Su próximo filme llevará por título Aitor).

01/03/2004

 
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