ARTÍCULO

Dónde crees que vas y quién te crees que eres

 

Tras sus novelas Raro y Nunca le des la mano a un pistolero zurdo, Benjamín Prado, como otros tantos escritores de su generación, se dirige, en su última novela, hacia el público juvenil. En su caso es bastante natural, teniendo en cuenta que sus novelas anteriores, aunque dirigidas a un público adulto, están también protagonizadas por jóvenes, y las preocupaciones de aquellos personajes solitarios, reflexivos, a veces desencantados y por lo general bastante cultos, no son tan distantes de las de quienes protagonizan esta novela. Tal vez la única diferencia sea la intencionalidad de dirigirse a un público concreto y sobre todo el sello editorial. Comenzamos por un título enigmático, Dónde crees que vas y quién te crees que eres, que inmediatamente nos hace pensar en dos conceptos «destino/proyecto de futuro» e «identidad/autoestima», que serán telón de fondo y atmósfera de toda la novela, e incluso se podría afirmar que de toda la narrativa de Benjamín Prado.

Un libro sobre libros, cuyo protagonista desea ser Stevenson y Melville y Cendrans y Salgari... y alguien que quiere escribir un buen libro para «quedarse a vivir dentro de él». Prado intenta contagiar a los adolescentes ese entusiasmo por la lectura. Para ello teje una novela en la que utiliza la técnica del cuento dentro del cuento, consiguiendo que, en realidades paralelas, coincidan varios lectores y varios escritores, y muestra su habilidad para implicar al lector en esas situaciones simultáneas.

Dos amigos se tumban dentro de un barco para leer un libro de Jack London. Un buen día abren una novela distinta, La puerta de las tres cerraduras, que pone un gran secreto en sus manos. Tres falsos finales de novelas (La sirena asesina, de Andersen, El Ivanhoe muerto, de Scott, y el Oliver Twist ahorcado, de Dickens) nos proporcionan la llave de la historia y le dan al relato una buena dosis de suspense.

Bajo la tesis de que «no merece la pena perder el tiempo mirando algo que no puedes ver con los ojos cerrados», el libro nos transporta a un mundo donde ficción y realidad se enzarzan en túneles imprecisos, en una apuesta por la literatura en su sentido más amplio. En el fluir del relato se intercalan aforismos, frases redondas, versos con un especial impacto expresivo del tipo «nunca llegas tan arriba como cuando te atreves a saltar por encima de ti mismo» o «es igual que despertarse: recuperas las cosas que tenías pero pierdes las cosas con las que has soñado». Una estupenda novela de aprendizaje, para empezar a descubrir quién eres y a dónde vas.

01/09/1997

 
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