ARTÍCULO

Críticos franceses del islamismo

París, Stock, 2016
272 pp. 19 €
París, Gallimard, 2015
336 pp. 7,80 €
Albin Michel, París, 2017
664 pp. 24,90 €
París, Kero, 2016
256 pp. 18,90 €
París, Fayard, 2015
192 pp. 12 €
París, Grasset, 2016
336 pp. 20 €
 

Los recientes ataques terroristas islamistas en Francia ‒237 personas asesinadas entre enero de 2015 y agosto de 2016, incluidas las ochenta y seis víctimas arrolladas por un camión en Niza el 14 de julio de 2016 (un presagio de los ataques de Barcelona de agosto de 2017)‒ conmocionaron a muchos, entre ellos quienes, con «una mentalidad angelical y pacífica», se mostraban reacios a reconocer las intenciones homicidas de los islamistas violentos«une mentalité angélique et pacifique»; Jean-Pierre Le Goff, Malaise dans la démocratie, p. 12.. Los atentados pusieron de manifiesto un fracaso de la integración, ya que muchos de los atacantes pertenecían a la segunda o tercera generación de inmigrantes y los asesinatos han inspirado a una serie de pensadores franceses a reflexionar sobre la relación entre el islam y la democracia occidental. Estos autores establecen una distinción entre el islam como religión y el islamismo como movimiento político que tiene como objetivo imponer la ley de la sharía y abolir la separación entre lo público y lo privado. El islamismo puede adoptar también formas terroristas y estos pensadores no tienen miedo de explorar la compleja relación existente entre islam y violencia. Esta «escuela» de analistas se sitúa conscientemente en la tradición ilustrada de la República Francesa y confirma el derecho a criticar las religiones, incluso hasta el punto de la blasfemia. Este grupo defiende los valores ilustrados de la libertad de expresión, la igualdad de género y el respeto a las libertades individuales. Los ensayistas, calificados a veces de «neorrepublicanos», expresan su orgullo por la historia y la cultura nacionales francesas y rechazan en gran medida la crítica multiculturalista de la civilización occidental. Sus críticos, que quedan habitualmente a la izquierda, han contraatacado acusándolos de avivar la xenofobia, el chovinismo e, incluso, el racismo.

El título del libro más reciente de Pascal Bruckner, Un racisme imaginaire, resume rápidamente su respuesta al contraataque: «La crítica de una religión tiene que ver con el espíritu de indagación, pero no ciertamente con la discriminación»«La critique d’un religion relève de l’esprit d’examen mais certainement pas de la discrimination»; Pascal Bruckner, Un racisme imaginaire, p. 15. Un ejemplo muy reciente de la confusión conceptual se encuentra en Adam Shatz, «How the Tariq Ramadan Scandal derailed the #balancetonporc movement en France», The New Yorker, 29 de noviembre de 2017.. Bruckner afirma que el «antirracismo» de lo políticamente correcto racializa conflictos que no son auténticamente raciales. Para Bruckner, esta transformación de una religión en una raza sigue constituyendo un misterio, comparable a la transubstanciación. Quien ha sido en ocasiones coautor de Bruckner, Alain Finkielkraut, subraya que, en general, la izquierda carece de un verdadero proyecto para el cambio económico y social que pueda movilizar a un gran número de votantes y necesita por ello desacreditar a sus enemigos acusándolos de «racismo». Aunque la izquierda afirma rechazar todas las formas de racismo, este sigue siendo, paradójicamente, «su salvavidas, su último recurso»«bouée de sauvetage, son ultime recours»; Alain Finkielkraut, La seule exactitude, p. 95.. Waleed Al-Husseini, un palestino ateo que abandonó el islam y encontró refugio en Francia, declara que la crítica del islamismo y el yihadismo se ha transformado en «islamofobia», que es en última instancia una «fatwa moderna»Waleed al-Husseini citado en Georges Bensoussan (ed.), Une France soumise, p. 18.. Para evitar esta acusación, los anteriores presidentes francés y estadounidense, François Hollande y Barack Obama, demostraron ser incapaces de pronunciar las palabras «terrorismo islámico» o incluso «islam radical». La sensibilidad y delicadeza que solían caracterizar las discusiones sobre sexo han emigrado actualmente a la religión. Las democracias occidentales suelen negarse a reconocer que tienen un enemigo, pero, como nos recuerda el sociólogo y filósofo francés Julien Freund, no elegimos a nuestro enemigo: él nos elige a nosotros. Podemos decirle que no tenemos nada contra él, e incluso admirarlo, pero es posible que él siga siendo nuestro enemigo. Esta negación de la presencia de un verdadero enemigo ha permitido que Marine le Pen, la dirigente del Frente Nacional, y Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, violen la corrección política y atraigan a numerosos votantes que reaccionan positivamente ante la fruta prohibida pero tentadora de la realidad.

La izquierda ha dejado de insistir suficientemente en que el islam acepte los valores ilustrados de la tolerancia
y la igualdad 

En el pasado, gran parte de la izquierda se mantuvo reacia a criticar a la Unión Soviética, temerosa de que ello fortalecería a la derecha al legitimar su crítica del comunismo real. Hoy, temores similares a provocar islamofobia y consolarse en el nacionalpopulismo de Le Pen y Trump siguen paralizando a gran parte de la izquierda, que ha abandonado su anticlericalismo y racionalismo históricos, al menos en el caso del islam. Del mismo modo, la izquierda ha dejado de insistir suficientemente en que el islam acepte los valores ilustrados de la tolerancia y la igualdad y haga de la religión un asunto privado, del mismo modo que obligó a hacerlo en otro tiempo al cristianismo y el judaísmo. Bruckner defiende que esta incapacidad para respaldar valores progresistas caracteriza la presencia continuada del pecado original judeocristiano. «El Viejo Mundo ha vencido a todos sus monstruos: la esclavitud, el colonialismo, el fascismo y el estalinismo. Con una excepción: su odio a sí mismo»«Le Vieux Monde a vaincu tous ses monstres, l’esclavage, le colonialisme, le fascisme, le stalinisme sauf un: sa détestation de soi»; Pascal Bruckner, op. cit., p. 254..

De hecho, lo que Bruckner llama el «espíritu de colaboración», una referencia a la cooperación con el Tercer Reich por parte de la Francia de Vichy, prevalece entre gran parte de la izquierda, que ha subordinado al multiculturalismo su anterior énfasis en las reformas sociales y económicas que beneficiaban a los trabajadoresEl geógrafo social Christophe Guilluy afirma que, en 1946, obreros y empleados eran el 20% de los diputados franceses, mientras que en 2012 eran el 1,9%, a pesar de que obreros y empleados constituyen el 60% de la población. Véase Georges Bensoussan, op. cit., p. 623. Véase también Mathieu Bock-Côté, Le multiculturalisme comme religion politique, pp. 121-125.. Así, los socialistas franceses (y los demócratas estadounidenses) han intentado recientemente sin éxito conformar coaliciones electorales de diversas minorías y «comunidades» heterogéneas para obtener victorias electorales nacionales. Elementos de la extrema izquierda consideran a los musulmanes como los sucesores del proletariado. A finales de febrero de 2015, siete semanas después de los ataques a las oficinas de la revista humorística Charlie Hebdo y a un supermercado kosher en el que fueron asesinadas un total de diecisiete personas, representantes del Parti Communiste Français, el Nouveau Parti Anticapitaliste y el Front de Gauche (sin su líder, Jean-Luc Mélenchon), organizaron una reunión para denunciar la «islamofobia y el clima de guerra interna»«l’islamophobie et le climat de guerre sécuritaire»; Pascal Bruckner, op. cit., 87.. Se unieron a la extrema izquierda grupos islamistas, imanes y otros musulmanes que se sentían más que contentos de contribuir a un «culto a la victimización» revitalizadoCéline Pina, Silence coupable, p. 131.. De cara a existir y llamar la atención de la opinión pública contemporánea, todos los grupos deben autorretratarse como perseguidos y merecedores de especial reconocimiento y compensaciónMathieu Bock-Côté, «Une philosophie politique des mœurs et de la culture», en Bensoussan, op. cit., p. 384. Véase también Jean-Pierre Le Goff, op. cit., p. 41.. Los partidarios del culto a la victimización, junto con algunos antifas, rechazan los temores al islam radical y el islamismo, que tildan de islamófobos o, incluso, fascistas.

Los simpatizantes antirracistas e islamistas juegan hábilmente con los sentimientos de culpabilidad occidentales por el esclavismo, el colonialismo y el racismo del pasado para permitir campar a sus anchas a su propio etnocentrismo e intolerancia. En octubre de 2013, en Estambul, la Organización de la Conferencia Islámica, integrada por cincuenta y siete países, exigió que los países occidentales limitaran la libertad de expresión mediante la criminalización de la blasfemia, una petición que repiten casi anualmente. Por supuesto, en muchos, si es que no en la mayoría de estos países, los hindúes, los budistas y los cristianos están proscritos o son descaradamente perseguidos. Al enfrentarse muy pronto a la discriminación, los pogromos y la violencia que afligirían más tarde a otras religiones no musulmanas, casi todos los judíos de los países musulmanes se fueron hace varias décadas. Esa reciente diáspora judía no impide que algunos intelectuales occidentales y una serie de musulmanes afirmen que los musulmanes europeos son los «nuevos judíos». En su mentalidad, la «islamofobia» ha sustituido al antisemitismo. La analogía con los años treinta del siglo pasado muestra la obsesión de esa década en nuestra memoria, pero el paralelismo está fuera de lugar. En los años treinta, los judíos no se convirtieron en suicidas cargados de bombas, ni hicieron estrellar aviones contra rascacielos, ni atropellaron a docenas de viandantes, ni masacraron a los clientes de clubes nocturnos, ni asesinaron a policías en la calle, todo ello en nombre de la lucha contra el infiel. El politólogo Pierre-André Taguieff ha declarado que «si el miedo prevalece en lo que se ha llamado abusivamente islamofobia, el odio prevalece en la judeofobia»«si la peur domine dans ce qu’on appelle abusivement l’islamophobie, la haine prévaut dans la judéophobie» ; Pierre-André Taguieff, «La judéophobie aujourd’hui», en Georges Bensoussan, op. cit., p. 475..

Durante la persecución europea de los judíos en el siglo XX aún no se habían imaginado la acción afirmativa y las campañas de diversidad. De hecho, al igual que muchos musulmanes actuales, los judíos deseaban asimilarse o integrarse en las sociedades europeas. Perversamente, sin embargo, el genocidio de los judíos ‒el Holocausto‒ ha provocado una nueva forma de antisemitismo, en la que los judíos resultan ofensivos por su supuesto dominio de la victimización. Al igual que sus predecesores, los antisemitas contemporáneos y algunos «antirracistas» siguen viendo a los judíos como manipuladores de la economía y los medios de comunicación, pero han añadido que los judíos controlan ahora injustamente el mercado de la compasión, que debería conceder una mayor cuota a los palestinos, descendientes de esclavos africanos, y a los musulmanes, colonizados en otros tiempos. «Por decirlo con otras palabras, ¿por qué todo el mundo quiere ser hoy judío, sobre todo los enemigos de los judíos?»«Pour le dire autrement, pourquoi tout le monde veut-il être juif aujourd’hui, surtout les ennemis des juifs»; Pascal Bruckner, op. cit., p. 106..

Bruckner sostiene que el recurso al terrorismo no constituye ninguna prueba de la vitalidad del islamismo, sino más bien de su pánico. «Francia es, pues, detestada por los integristas no porque oprima a los musulmanes, sino porque los libera»«La France est ainsi détestée par les intégristes [islamistes] non parce qu’elle opprime les musulmans mais parce qu’elle les libère»; ibídem, p. 162.. Los islamistas se creen que han invadido con éxito Occidente, pero Bruckner confía en que Occidente transformará el islam. Puede que Bruckner peque de exceso de confianza, ya que la segunda y la tercera generaciones de inmigrantes norteafricanos en Francia se han convertido en más islamistas que sus padres. La secularización, o lo que el filósofo francés Marcel Gauchet ha llamado «la salida de la religión» ya ha dejado de ser un fenómeno puramente occidental y ha pasado a hacerse global, poniendo con ello al islam a la defensiva: «En el fondo, la cuestión en el yihadismo no es el islam como tal, sino una interpretación concreta del islam que se desarrolla en un cierto contexto y en una periferia radical, bajo el efecto de la inscripción forzosa del islam en una modernidad que lo debilita. Esta interpretación permite a la vez comprender tanto el vínculo con el islam, que es incuestionable, como el hecho de que no se trata del islam en cuanto tal»«Au fond, ce qui est en cause dans le djihadisme, ce n’est pas l’islam en tant que tel, mais une interprétation particulière de l’islam qui se développe dans un certain contexte et sur une frange radicale, sous l’effet de l’inscription contrainte de l’islam dans une modernité qui l’ébranle. Cette interprétation permet de comprendre à la fois le lien avec l’islam, qui est certain, et le fait qu’il ne s’agisse pas de l’islam en tant que tel»; Marcel Gauchet, «Retour ou sortie du religieux?», Philosophie Magazine, núm. 25 (marzo-abril de 2015)..

En 2002, en su Les Territoires perdus de la République, Georges Bensoussan ya había alertado al público en relación con el antisemitismo, el sexismo y la homofobia de un gran número de musulmanes franceses. Su nuevo libro, Une France soumise. Les voix du refus, reúne testimonios a menudo anónimos de médicos, enfermeras, oficiales de policía, trabajadores sociales y políticos locales que interactúan diariamente con inmigrantes musulmanes y con sus descendientes. El objetivo del volumen es mostrar que la sumisión al islam radical no era simplemente la fantasía distópica de la novela Sumisión (2015), de Michel Houellebecq, sino también una sombría realidad en ciertas zonas de Francia dominadas por los islamistas. Los políticos locales y los directores de colegios violan a menudo el laicismo francés (esto es, la estricta separación entre iglesia y Estado) y ceden a las demandas islamistas con el fin de cultivar a hipotéticos electores o evitar protestas y manifestaciones de violencia. En efecto, la sociedad anfitriona ha complacido al islam, no viceversa. Las autoridades locales y gran parte de los medios de comunicación aceptan la representatividad de una «minoría tiránica»Georges Bensoussan, op. cit., p. 514.. El fracaso francés en la integración de un gran número de musulmanes contrasta con el éxito de la asimilación de los recientes inmigrantes asiáticos que, «al cabo de cinco años, se habían integrado por medio del trabajo y la escuela [...]. No demandaban otra cosa que fundirse con el país de acogida, poniendo, por ejemplo, nombres franceses a sus hijos, o incluso cambiándose su propio nombre a fin de integrarse mejor»«en cinq ans, ils s’étaient intégrés par le travail et l’école [...]. Ils ne demandaient qu’à se fondre dans le pays d’accueil, donnant par exemple des prénoms français à leurs enfants, voire changeant leur propre prénom pour mieux s’intégrer»; ibídem, p. 36.. El éxito de los inmigrantes asiáticos ha desatado un racismo antiasiático, similar pero menos virulento que el antisemitismo, entre los hijos desfavorecidos de otros grupos inmigrantes.

Según un médico anónimo con una consulta de medicina general en el suburbio parisiense de Saint-Denis, de mayoría musulmana, un importante número de inmigrantes y sus familias se benefician con la conciencia tranquila de los más que generosos beneficios que ofrece el Estado de bienestar francés y la atención médica gratuita, ya que «un país colonialista [...] debe pagar por lo que hizo»«un pays colonialiste [...] doit payer pour ce qu’il a fait»; ibídem, p. 47.. Aunque las antiguas colonias francesas en África llevan siendo independientes desde hace casi tres generaciones, los ciudadanos franceses de ese continente siguen siendo víctimas eternas del imperialismo occidental. Muchos de ellos (y otros ciudadanos) aceptan la culpa de Francia y denigran constantemente su pasadoJean-Pierre Le Goff, op. cit., p. 247. Se echa la culpa de su desempleo y su fracaso escolar al racismo colonialista. Algunos desobedecen las leyes francesas llevando burkas y siguen remitiéndose a la sharía en todo lo relativo a las mujeres. Dada la violencia machista existente contra las mujeres y los niños, se admite frecuentemente en los hospitales a mujeres maltratadas, algunas de las cuales vienen directamente desde los países árabes. Aun así, los maridos se niegan a que médicos varones examinen a sus mujeres.

A fin de monopolizar y preservar la pureza de su identidad, los islamistas controlan a las mujeres, que no pueden casarse fuera de su fe. Con su atuendo islamista, «todas las mujeres se parecen. Una negación de la identidad y del individuo, estas ropas afirman la fuerza del grupo»«les femmes se ressemblent toutes. Négation de l’identité et de l’individu, ces tenues affirment la force de groupe» ; Georges Bensoussan, op. cit., p. 59.. Aunque ilegal, se tolera la poligamia y produce una estructura familiar en la que los niños carecen de control parental, especialmente paternal, y tienen una mayor tendencia a participar en actividades criminales o violentas. Debido a las amenazas por parte de aquellos que lo consideran un apóstata que merece morir, Waleed Al-Husseini, un ateo que fue encarcelado por la Autoridad Palestina, no puede firmar públicamente su libro, Blasphémateur! Les Prisons d’Allah. En la localidad de Les Mureaux (Yvelines), se ha bautizado un colegio con el nombre de Tariq ibn Ziyad, uno de los conquistadores musulmanes de España.

André Gerin, un diputado comunista no conformista de la región de Lyon, advierte de que no debería confundirse el islamismo con el islam. El primero es antidemocrático; el segundo no es más que otra religión que debe tratarse en términos igualitarios. Alcalde de Vénissieux (1985-2009), la tercera localidad de más tamaño en el departamento del Rhône, Gerin plantea objeciones a una amplia variedad de prácticas hoy habituales: la financiación pública de organizaciones islamistas; el hostigamiento a la policía y los bomberos en los barrios predominantemente musulmanes; y el incendio y la destrucción periódicos de docenas, si no miles, de automóviles, cuyas partes se venden después en el norte de África y en Europa Oriental. La policía y los bomberos se niegan a entrar en ciertos quartiers sin antes contar con sustanciales refuerzos, a pesar de que quienes alegan padecer enfermedades ‒que generalmente no comportan riesgo de muerte‒ se dedican a llamar constantemente al personal de urgencias. Ha surgido una complicidad entre los traficantes de drogas y los islamistas, que justifican los beneficios del negocio de la droga con el argumento de que sirven para ayudar al Estado islámico a defender el «verdadero islam»Ibídem, p. 110; véase también Gilles Kepel (con la colaboración de Antoine Jardin), Terreur dans l’Hexagone. Genèse du djihad français, París, Gallimard, 2015, p. 147 (existe traducción española: El terror entre nosotros. Una historia de la yihad en Francia, trad. de Silvia Furió, Barcelona, Península, 2016).. Algunos musulmanes varones siguen resistiéndose a obedecer a las policías, y una serie de funcionarios públicos musulmanes se niegan a dirigirse a mujeres o darles la mano. En un instituto [collège] de Marsella, el 40% de las adolescentes utilizan certificados médicos falsos para poder evitar las clases de natación. Otras chicas de origen musulmán exigen contar con vestuarios en el colegio porque las presiones sociales islamistas les impiden llevar lo que ellas quieren en sus propios barrios. Algunas mujeres están genuinamente convencidas de que el pañuelo en la cabeza (suprimido en los colegios públicos en 2004), e incluso el burka, son apropiados. Céline Pina, una antigua política socialista local en Île-de-France, afirma que «el velo se ha utilizado siempre como un instrumento de la apropiación por parte de la sociedad del cuerpo de las mujeres, que pasa a ser así una propiedad colectiva. El velo es, por encima de todo, el instrumento de propaganda más visible para afirmar la islamización de la ciudad»«le voile a toujours été utilisé comme instrument de l’appropriation par la société du corps des femmes. Il en devient une propriété collective. Le voile est surtout l’instrument de la propagande la plus visible pour affirmer l’islamisation de la cité»; Céline Pina, op. cit., p. 121.. Añade que las mujeres con velo y las prostitutas son las dos caras de la misma moneda, ya que ambos grupos se ven reducidos a su sexo y apenas existen fuera de él«La femme voilée et la prostituée sont les deux faces d’une même pièce: elles sont toutes réduites à leur sexe et n’ont guère d’existence en dehors»..

Pina denunció el sexismo del Salón de la Mujer Musulmana celebrado en Pontoise, donde, en 2015, dos jóvenes activistas de Femen con los pechos al descubierto provocaron un escándalo al interrumpir las actividades y gritar en francés y en árabe: «Nadie me somete, nadie me posee, yo soy mi propia profeta». Fueron recibidas con gritos de «¡Violadlas!», «¡Matadlas!» y «¡Mandadlas al Daesh [el Estado Islámico]»«Personne ne me soumet, personne ne me possède, je suis mon propre prophète»; ibídem, p. 128.. Pina defiende hábilmente su intervención, a pesar de no haber sido invitadas: «En este caso, el cuerpo de la mujer, y especialmente sus pechos, se convierten en una herramienta política. Al aceptar su fragilidad y transmutarla en valor, la mujer completa su liberación y se reapropia de su cuerpo al rechazar rotundamente la asignación al pudor, que hunde sus raíces en la hipersexualización del cuerpo femenino»«Or là, le corps de la femme, ses seins deviennent un outil politique. Par l’acceptation de la fragilité et sa transmutation en courage, la femme achève sa libération et se réapproprie son corps en refusant superbement l’assignation à la pudeur, qui plonge ses racines dans l’hypersexualisation du corps féminin».. El galardonado autor argelino Kamel Daoud añade que los «islamistas están obsesionados con el cuerpo femenino. Lo violan porque les aterra. Para ellos, la vida es una pérdida de tiempo previa a la eternidad. Pero, ¿quién representa la perpetuación de la vida? La mujer»«Les islamistes sont obsédés par le corps des femmes. Ils le violent car il les terrifie. Pour eux, la vie est une perte de temps avant l’éternité. Or, qui représente la perpétuation de la vie? La femme»; citado en ibídem, p. 168..

En zonas con una gran población musulmana, la misoginia islamista se ve complementada por el antisemitismo. Un médico informa de que el odio a los judíos es frecuente entre «un gran número de pacientes»«un gran nombre de patients»; Georges Bensoussan, op. cit., p. 52.. La demonización de los judíos, más que el apoyo al islam, es lo que sustenta a muchos defensores de la causa palestina. A pesar de graves actos de terrorismo islamista, los incidentes antisemitas siguen siendo dos veces superiores que los antimusulmanes, a pesar de que el número de musulmanes en Francia es aproximadamente diez veces mayor que el de judíos. Estos han abandonado los colegios públicos y se calcula que el 25% estudian ahora en instituciones católicas privadas. Aunque la abrumadora mayoría de familias judías se encuentran integradas en la República Francesa, aproximadamente el 1-2% de una población judía de alrededor de quinientas mil personas se trasladan cada año a Israel, Canadá, Estados Unidos y otros países. Al igual que sus compatriotas judíos, muchos gentiles franceses han empezado también a acariciar la idea del exilio. Lamentablemente, muchos nativos se sienten como «extranjeros en su propio país». Padecen lo que el politólogo Laurent Bouvet ha bautizado como «inseguridad cultural»«étrangers chez eux»; Laurent Bouvet, L’insécurité culturelle, París, Fayard, 2015..

Los estudiantes musulmanes de bachillerato se oponen a tener profesores judíos y profesoras mujeres, y plantean objeciones al contenido de los cursos de biología, literatura e historia, como los que versan sobre el caso Dreyfus ‒«otra vez un judío»‒ y el Holocausto: «otra vez los judíos. ¿Por qué no estudiamos el genocidio de los palestinos?» y «seis millones no son suficientes»«c’est encore un feuj»; «encore les juifs. Pourquoi on ne parle pas du génocide des Palestiniens» y «six millions, ce n’est pas assez»; Georges Bensoussan, op. cit., pp. 278 y 351.. El uso extendido de la palabra «genocidio» entre personas carentes de cultura histórica y convencidas de su propia victimización se ha convertido en una de las principales herramientas de las teorías de la conspiración, el antisemitismo y la negación o trivialización del HolocaustoIbídem, p. 352. Un ejemplo reciente de trivilización y enfrentamiento entre víctimas en el contexto español puede verse en Paul Preston, El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después (trad. de Catalina Martínez y Eugenia Vázquez, Barcelona, Debate, 2011). El título del libro compara el genocidio de cinco millones ochocientos mil judíos con las muertes en pogromos políticos de aproximadamente doscientos mil españoles.. Los estudiantes musulmanes también han boicoteado los homenajes a las víctimas del terrorismo celebrados tras las atrocidades. Según los islamistas, los trabajadores asesinados de Charlie Hebdo «se lo han buscado» al representar visualmente a Mahoma, un sentimiento del que se han hecho eco sectores de la prensa árabe«l’ont cherché»; ibídem, p. 270.. Los defensores adolescentes de los asesinos los transforman en víctimas que luchan por la justicia contra la «islamofobia». Es cierto que las discriminaciones ‒especialmente en el trabajo para los musulmanes‒ se hallan, desgraciadamente, muy extendidas, pero los potenciales empleadores tienen miedo de tener que enfrentarse a actitudes sexistas hacia sus compañeras; a demandas de un tratamiento especial durante las vacaciones, especialmente el ayuno durante todo un mes del Ramadán; y a solicitudes de tiempo para rezar y espacios para la oración.

La laïcité fue concebida para liberar al individuo, pero muchos musulmanes la ven ahora como un instrumento
de persecución

Los autores mencionados refutan el tropo habitual de que el racismo francés constituye una explicación para el terrorismo islamista. Taguieff explica que «la vulgata antirracista [...] postula que “el racismo” explica todo, mientras que se trata sobre todo de un fenómeno que ha de ser explicado»«la vulgate anti-raciste [...] postule que “le racisme” explique tout, alors qu’il est avant tout un phénomène à expliquer»; ibídem, p. 475.. El «racismo antiblanco» y un «antisemitismo desacomplejado» entre un gran número de personas que viven en los suburbios predominantemente musulmanes horroriza a estos autores. Su identificación del racismo antiblanco con el antisemitismo muestra un cambio dramático en la historia de este último. Durante gran parte del siglo XX, el antisemitismo se asoció con la extrema derecha. Hoy, en algunas partes de Francia, es más habitual ‒y ciertamente más violento‒ entre los descendientes de inmigrantes musulmanes que entre los de más rancio abolengo francés (français de souche). Además, lo que un antiguo oficial de policía de alto rango ha llamado «la subcultura del odio [a los judíos]» se ha convertido asimismo en un indicador del fracaso de la integración y de cómo detestan a Francia, que es el país europeo que cuenta con el mayor número de voluntarios (oficialmente, mil seiscientos) que han decidido ir a combatir en las filas del Estados Islámico. El yihadista Mohamed Merah ‒que asesinó en 2012 a tres soldados franceses, un adulto judío y tres niños judíos‒ ilustra sangrientamente la fusión entre francofobia y judeofobia. La madre del asesino «siempre dijo que los árabes han nacido para odiar a los judíos» y algunos jóvenes musulmanes lo celebran como un héroe de guerra «antisionista»«disait toujours que les Arabes sont nés pour détester les Juifs»; ibídem, pp. 379 y 603.. El novelista y crítico literario Pierre Jourde responde: «Gracias, hada buena Israel. Gracias a tu varita mágica, transformas una vieja canallería en militantismo de los condenados de la tierra»«Merci, bonne fée Israël. Grâce à ta baguette magique, tu transformes une vielle crapulerie en militantisme de damnés de la terre». Jourde añade: «Israel es un culpable ideal, no sólo en los suburbios, sino en Europa en general. Lo condenamos con toda la mala conciencia de antiguos colonizadores. Un puñado de judíos que transforman un desierto en un país próspero y democrático, en medio de un océano de dictaduras árabes sangrientas, de miseria, de islamismo y de corrupción, se convierte en un escándalo» [«Israël est un coupable idéal, non seulement dans nos banlieues, mais en Europe en général. Nous le chargeons de toute mauvaise conscience d’anciens colonisateurs. Une poignée de Juifs qui transforme un désert en pays prospère et démocratique, au milieu d’un océan de dictatures arabes sanglantes, de misère, d’islamisme et de corruption, voilà un scandale»]. Pierre Jourde, «Il ne faut pas désespérer Montfermeil», en Georges Bensoussan, op. cit., p. 438.. Muchos prisioneros de origen norteafricano en cárceles francesas ‒la estimación de un imán es que el 60% de los presos son de origen musulmán‒ han regresado celosamente a la fe militante de sus antepasados. Un buen número han resucitado también las teorías de la conspiración basadas en la colaboración judeomasónica, que repiten irónicamente las fantasías que hicieron circular en otro tiempo los regímenes católicos del general Franco y el mariscal PétainCaroline Fourest, Génie de la laïcité, p. 259.. Aproximadamente un tercio de los musulmanes franceses toman por explicaciones los «delirios conspiradores»«délires complotistes»; Georges Bensoussan, op. cit., p. 574.. Finkielkraut afirma que los antisionistas que ven la mano de Israel en todas partes son realmente antisemitasAlain Finkielkraut, op. cit., p. 130.. Sinagogas, escuelas judías y museos de temática judía se hallan protegidos como fortalezas con objeto de impedir nuevos ataques terroristas. Los incidentes antisemitas son especialmente numerosos allí donde la izquierda controla los municipios y favorece las campañas antiisraelitas y propalestinasGeorges Bensoussan, op. cit., p. 207..

La integración de devotos musulmanes resulta especialmente difícil en una Francia laica que, tras una lucha de un siglo, llegó a la separación casi completa de religión y Estado en 1905. La laïcité fue concebida para liberar al individuo, pero muchos musulmanes la ven ahora como un instrumento de persecución. Social y legalmente, la mayoría de los ciudadanos franceses consideran la religión como un asunto privado, pero el islam es más que una religión. Por utilizar una expresión formulada por el sociólogo y antropólogo Marcel Mauss, se trata con frecuencia de una «realidad social total»Citado por Barbara Lefebvre, «L’islam est un espoir pour l’humanité... si on instaure le califat», en Georges Bensoussan, op. cit., p. 511.. La espectacular y masiva irrupción del islam en el espacio público ‒en ocasiones con violencia‒ ha obligado a tomar decisiones difíciles. Como admite el polígrafo Philippe d’Iribarne, la ley de 2010 que prohibió los burkas buscaba bloquear el dominio islamista del espacio público y constituye formalmente una violación de los derechos individualesPhilippe d’Iribarne, «L’islam politique en France: la technique du “salami”», en Georges Bensoussan, op. cit., p. 561.. Sin embargo, defiende que la prohibición está concebida para obstruir la creciente coerción islamista. En otras palabras, Francia está sumida en una lucha entre dos colectividades: el Estado laico y el modo de vida islamista. «El islam es mucho más que una religión en este sentido estricto; se trata más bien de un movimiento a la vez religioso, social, político, algo que no nos permiten aprehender nuestras categorías. Por defecto lo calificamos de una “religión”, lo que no nos permite reaccionar de manera adecuada en relación con él, en concreto reaccionando ante su proyecto de conquista social y política, en el que la coerción de los cuerpos desempeña un papel muy importante»«Islam est bien plus qu’une religion dans ce sens strict, mais un mouvement à la fois religieux, social, politique, ce que nos catégories ne permettent pas d’appréhender. Par défaut on le qualifie de ‘religion’, ce qui ne permet pas de réagir de façon appropriée à son égard, en particulier en réagissant à son projet de conquête sociale et politique dans lequel la contrainte des corps occupe une grande place»; ibídem, p. 562.. El islam político ha ejercido un especial atractivo para «grupos desestabilizados por las experiencias coloniales y migratorias, por la precariedad y la pobreza, por la inferioridad cultural y simbólica»«groupes déstabilisés par les expériences coloniales et migratoires, par la précarité et la pauvreté, par l’infériorisation culturelle et symbolique»; Gilles Kepel, op. cit., p. 262..

Aunque discrepan en muchos temas, los autores mencionados en este ensayo intentan defender valores ilustrados con las armas históricas, literarias y filosóficas de la moderna civilización francesa y occidental. Al rechazar toda apelación a los bajos instintos racistas, luchan contra el islam político y el uso inadecuado del «racismo» y la «islamofobia». Politique Autrement, el «club de reflexión» de Jean-Pierre Le Goff, y Le Figaro, el periódico conservador parisiense, han difundido con frecuencia sus críticas del islamismo y su defensa de determinadas tradiciones francesas. Sin embargo, los progresistas serían tontos si se limitaran a rechazarlos como derechistas puramente nostálgicos.

Traducción de Luis Gago
Este artículo ha sido escrito por Michael Seidman
especialmente para Revista de Libros

Michael Seidman es catedrático de Historia en la Universidad de Carolina del Norte. Es autor de The Imaginary Revolution. Parisian Students and Workers in 1968 (Oxford y Nueva York, Berghahn Books, 2004; Alianza Editorial publicará esta primavera una traducción española) y sus últimos libros son La victoria nacional. La eficacia contrarrevolucionaria en la Guerra Civil (Madrid, Alianza, 2012), Los obreros contra el trabajo. Barcelona y París contra el Frente Popular (Logroño, Pepitas de calabaza, 2014) y Antifascismos. 1936-1945 (Madrid, Alianza, 2017).

31/01/2018

 
COMENTARIOS

Iván Joel 31/01/18 23:29
Revelador y verdaderamente informativo (y no "informativo", como es habitual) artículo. Creo que está muy bien sintetizada la actual situación en relación con el grave problema del islamismo.

Jorge M. Villalobos Gálvez 01/02/18 03:32
Muy buen artículo, como la mayoría de los que publica Rv libros y que recibo con agrado en mi correo. Ilustrador artículo. Una cara que muchas veces no queremos ver de todo tipo de integrismo religioso, no solamente del Islam que, amparados en la “victimización”, formula tan recurrente en aquellos que en el fondo nos quieren convencer de sus bondades sin mostrar sus crímenes que a diario cometen. (Invito a revisar los crímenes horrorosos cometidos por el legado papal, monje Arnoldo Amalrico en 1209 al servicio del papa Inocencio III).
Y no solo con sangre, sino que también intentando diariamente meterse en la cabeza de nuestros niños que todavía, por su edad no son capaces de diferenciar y separar lo divino de lo humano, me refiero a mi país Chile, donde todavía la separación de la iglesia católica del estado sigue siendo una falacia (Se encuentra plenamente vigente el decreto 924 de 1983 que obliga impartir la clase de religión católica en todas las escuelas del Estado. Integrismo religioso ordenado la desde el Vaticano, un Estado teocrático). El recurso de la victimización que ofende a las víctimas de la intolerancia y persecución por razones religiosas, políticas y étnicas, ha sido la mejor estrategia para todos aquellos que no buscan redimir al hombre sino someterlo. Buena distinción entre el Islam, como religión y el Islam como instrumento político-militar. A la hora de intentar poner la verdad sobre la mesa. Una última reflexión: ¿dónde podemos ubicar al sionismo judío de la patria del dios que no nos admite como sus elegidos?
Atentamente
Jorge M. Villalobos Gálvez

José 01/02/18 14:52
Primero, gracias por el artículo.

Interesante, polémico, crítico pero también muy cuestionable la posición que, quiéralo o no, toma el autor. Lo más importante es que hace pensar la situación que ocurre en la sociedad.

Mi primera impresión es que no sé si podemos considerar el islam, y en realidad todo en el ser humano, separado de la historia. Lamentablemente occidente, puntualmente Europa y Estados Unidos, tienen muy sucias las manos por acontecimientos pasados y actuales en donde en nombre de la democracia y la libertad le han quitado la vida a miles de personas.
La desconfianza de muchos países, en América Latina, Asia y África, hacia Estados Unidos y Europa tiene argumentos sólidos en un doble estándar que practican las potencias. A veces apoyan deliberadamente dictaduras o monarquías que están en contra de todos los valores "occidentales". La religión, las personas, familias pertenecen y viven realidades históricamente construidas y van actuar no siempre racionalmente.

El tema debe ser pensado de forma más amplia. No son víctimas pero sí el resultado de un proceso.

Saludos.

Francisco Martínez 03/02/18 20:37
Esclarecedora síntesis llevada a cabo por distintos pensadores franceses para encontrar las razones que han hecho fracasar la integración de los inmigrantes con origen en países musulmanes y conocer cual es la verdadera situación actual. Las instituciones republicanas francesas se ven puestas en entredicho en demasiadas ocasiones; pero no hay alternativa: no podemos ni debemos admitir por debilidad las manifestaciones de odio y hostilidad, el sometimiento de la mujer, la justificación del terrorismo o el antisemitismo.

El esfuerzo teórico de estos y otros autores por desmontar las falacias del islamismo radical es imprescindible; pero no es suficiente. En toda Europa cada ciudadano tiene que colaborar para impedir que sus falsarios y totalitarios apóstoles ocupen y condicionen el espacio público en su provecho.

Hugo Abbati 16/03/18 23:55
Me llama la atención los constantes pedidos de perdón del imperio otomano por sus crímenes. Para no hablar del resto del islam en Asia. O África. No paran de disculparse. Europa debería tomar nota.

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