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Lo que dijo el dragón
Andrés Ibáñez
10/07/14

El dragón abrió las alas, desplegándolas por completo en toda su membranosa extensión, y subió cada vez más alto, apoyándose cómodamente en el denso aire tibio de la mañana de primavera.

«Sumisión y entrega. Todos estamos sujetos a un orden superior que nos comprende. Así funciona la gran máquina del mundo. Los animales están sujetos a la muerte. Los peces están sujetos al agua. El agua está sujeta a lo que la contiene, cauce o copa. El sol la transforma en vapor, que está sujeto al viento. Los árboles, a crecer inmóviles toda la vida en el mismo lugar, a florecer y frutar. Las mujeres a parir. Los hombres a matar. Las gallinas a poner y a incubar. Los pájaros a hacer nidos. Los manzanos a dar manzanas, los granados a dar granadas. Las vacas son propiedad de un hombre, que es dueño de sus terneros y de su leche, que las alimenta y las cuida y luego las mata, las asa y se las come. Lo mismo sucede con los hombres, que son alimentados y cuidados. Nada nace solo, nada muere sin dejar un resto, todo se apoya en lo que había y en lo que sigue, primero toma, luego deja. Nada hay libre en el mundo, porque lo que está libre se cae, y lo que cae, muere. Las hojas de un árbol no están libres hasta que se ponen secas y amarillas. Las estrellas no están libres: corren su curso en el cielo. Un diente libre es un diente muerto, y una boca sin dientes huele como la boca de un muerto. No hay árboles libres ni caballos libres, ni ríos libres, ni rocas libres. No hay rosas libres, ni espinas libres. Tampoco hay hombres libres ni debería haberlos. La libertad no es parte del plan del mundo, ni tiene lugar en el Espejo de la Naturaleza, ni es necesaria tampoco, puesto que la única virtud es la obediencia. ¿Qué es el órgano que no obedece sino un órgano enfermo? ¿Qué es aquello que no persevera en lo que era antes, sino un cáncer? La amatista sólo puede ser amatista, y el gato siempre es gato, y el murciélago cumple desde que nace su triste destino de murciélago, sólo el gusano se transforma, y el renacuajo, pero lo que serán es siempre lo mismo. El gusano vive largo tiempo, la mariposa es sólo un resplandor. Ni siquiera las nubes son libres. Ni siquiera las águilas. Ni siquiera es libre el sol: nace por el lugar de la mañana y cae por el de la tarde, y en su curso se mueve como la arena de un reloj. Todo está sometido. Todo existe porque hay dominio, y la ley de la esclavitud es la ley que mantiene unido el mundo. Sólo en el corazón del hombre arde una llama pequeña y escondida que desea ser libre. Hemos de apagar para siempre esa llama. Debe ser destruida y el hombre sojuzgado. Es necesario matar esa luz de la conciencia que crea en un vulgar animal la sensación de ser un ser único y distinto de todos. La imaginación del hombre es la lepra del mundo. Lo que le ayuda, el amor, la soledad, la memoria, la música, el arte, han de ser erradicados y rendidos. Vivir es vivir con cadenas».

«En este mundo –dijo el príncipe–, todo está sometido, todo son cadenas, todo es esclavitud. Pero en el corazón del hombre arde una llama que le asegura que es un ser único y distinto de todos, y esa llama, que no pertenece al plan del mundo, es, sin embargo, lo más valioso que existe. Todos desean, de un modo u otro, apagar esa llama y sojuzgar al hombre. Sólo el arte pretende alimentarla. Y lo hace diciéndole al hombre: maravíllate. Danza, canta, sé feliz. Ama. Vive para ti. Lucha por que todos puedan vivir para ellos. Da tu vida por que todos puedan maravillarse, ya que esta felicidad es lo más importante de la vida, y si hay uno solo que no la disfruta, nadie puede disfrutarla del todo. Por eso es tan necesario el arte y por eso ha de ser defendido».


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