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LITERATURA ESPAÑOLA
Hiperviaje con hipoalforjas
Ricardo Bada
ESCRITOR Y CRÍTICO LITERARIO
nº 157 · enero 2010
Martín Caparrós
UNA LUNA
Anagrama, Barcelona - 182 PP. 16 €

Este libro es el fruto de una comisión del Fondo de Población (sea ello lo que fuere) de la ONU, para «contar historias de jóvenes migrantes –o de jóvenes cuyas vidas han sido atravesadas [sic] por la migración de alguna forma». Incluye las transcripciones de relatos autobiográficos grabados en Moldavia, Liberia, Marruecos, El Salvador, Argelia, Costa de Marfil, Burkina Fasso, Zambia y Kenia, así como también el diario de viaje pergeñado por Martín Caparrós durante su periplo.

Pero no le añade un adarme a su justificada fama como cronista, más bien se lo resta. Es repetitivo de sobra en su mecanismo, y usa y abusa del recurso retórico del «digo» corrector, por lo general en la forma «O si no, digo:», que termina hastiando al lector.

Y amén de ello desbarra a veces en los datos. Dos ejemplos del capítulo Ámsterdam, a la que describe diciendo «Bellísima Amsterdam [sic], que creció y se ornó gracias a la pobreza de mineros africanos tabacaleros javaneses cañeros antillanos», siendo así que Ámsterdam no se benefició para nada de la fiebre del oro sudafricana, pues Kimberley estaba en manos de don Cecil Rhodes. Y diez páginas más allá: «un holando-marroquí baleó y degolló a Theo Van Gogh, un descendiente del pintor que había hecho declaraciones y documentales antiislámicos», siendo así que el pobre Vincent no dejó más descendencia que sus cuadros.

Los relatos de los inmigrantes entrevistados tienen entidad per se, son valiosos sin excepción alguna, varios de ellos ponen a prueba nuestra capacidad de contemplar cruzados de brazos la injusticia y el despotismo. Pero, summa summarum, el libro decepciona. El cronista filosofante, con cierto sentimiento de culpa por blanco bien comido y bien vestido, se detiene hartas veces ante el espejo de Narciso y padece un inocultable afán por hacer literatura. Y para ese hiperviaje (por utilizar su propia definición) no se necesitaban tales hipoalforjas.


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