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LITERATURA HISPANOAMERICANA
El rescate de Bolaño
José María Pozuelo Yvancos
CATEDRÁTICO DE LA TEORÍA DE LA LITERATURA COMPARADA EN LA UNIVERSIDAD DE MURCIA
nº 157 · enero 2010
Roberto Bolaño
UNA NOVELITA LUMPEN
Anagrama, Barcelona - 208 pp. 16 €

Roberto Bolaño
LA PISTA DE HIELO
Anagrama, Barcelona - 160 PP. 15 €

El descubrimiento de Roberto Bolaño por parte del mercado norteamericano como el escritor latinoamericano de mayor éxito posterior al boom, tanto por su novela Los detectives salvajes como por la magna 2666, ha influido sin duda en el aumento del renovado interés entre nosotros, de manera que Anagrama, su editorial de siempre, no ofrece únicamente La pista de hielo (original de 1993), sino que trae a casa la hija pródiga Una novelita lumpen, que Bolaño editó en 2002 en Mondadori, dentro de una serie dedicada por distintos escritores a ciudades europeas. En el caso de esta nouvelle se trata de Roma. Los lectores que inicialmente la recibieron se preguntaban extrañados: pero, ¿dónde está Roma?, ya que en su recorrido urbano sólo aparecen, y de pasada, el Campo dei Fiori y el Trastevere. Para entenderla cabalmente es preciso advertir la presencia de un espíritu romano, visible en dos intertextos, el uno claramente señalado en el propio texto de Bolaño, pues el personaje con el que la narradora protagonista se prostituye se llama Maciste, y evoca los momentos de vejez y decadencia de un actor que en su día encarnó a un gladiador romano con tal nombre en unas películas del cine mudo que constituyeron una serie dirigida por Giovanni Pastrone y que hizo furor en la Italia fascista. Llegaron a crear el subgénero péplum, como se conocía a las historias de romanos antiguos, protagonizadas por un mismo actor, llamado Bartolomeo Pagano, que había sido Mister Universo, según la novela misma de Bolaño recuerda. Ahora es un hombre ciego, viejo y calvo, degradado, que recibe a la protagonista a cambio de dinero. Pero, al mismo tiempo, la primera película de Pastrone que inauguró el género péplum se llamaba Cabiria (1914) y, como ha señalado Patricia Espinosa, Federico Fellini elige ese nombre en Las noches de Cabiria, filme protagonizado por Giuliettta Massina, quien representa a una puta soñadora e ingenua que quiere salir de la pobreza. Bolaño construye una historia moderna suya sobre el cruce de estos dos cañamazos, en la que la narradora se prostituye porque tiene que alimentar a su hermano (que está obsesionado por ver películas pornográficas) y a dos amigos que se instalan en su piso, el boloñés y el libio, que la han desvirgado. La novela de Bolaño, cuando alguien la lee superficialmente, piensa que no se cuenta entre las mejores suyas, pero conociendo tales ingredientes se comprende el ejercicio de estilización que el chileno hace de dos temas cruzados: el de la inocencia pervertida y el de la dominación como metonimia del fascismo y del sexo, que provoca al mismo tiempo escabrosas escenas y un cierto halo de fascinación en la dominada. Si bien Bolaño acentúa el «extrañamiento» que la narradora vive, es en la neutralidad con que lo cuenta donde emerge una especie de existencialismo sin énfasis, extraterritorial, de perdedora, como gustaba el novelista chileno de caracterizar a sus personajes.
 

La pista de hielo es muy distinta aparentemente. Transcurre en Z, un pueblo de la costa Brava, y dentro de él, en un cámping denominado Stella Maris (claves de un mundo muy conocido por Bolaño, pues trabajó en un cámping Estrella de Mar, según ha novelado Javier Cercas). Esa ambientación y que allí lleguen dos amigos poetas, uno chileno y otro mexicano, todo remite a ese universo Bolaño, característico, también en su peculiar estilo contenido, poético, desgarrado, donde mezcla lo bajo con historias de personajes en paro y de vida precaria, junto a lo sublime, la presencia del amor mediante una idealización, pues la historia narra la forma en que un concejal socialista construye clandestinamente en los sótanos de un viejo palacio una pista de hielo para que la use únicamente Nuria, patinadora que tuvo éxito y que quiere porfiar por seguir siendo una estrella del deporte del patinaje. Hay en esa desmesura y distancia entre el concejal corrupto que la mira bailar, y que construye para ella su palacio de cristal, un muy significativo contraste con todo cuanto rodea esa línea principal, que es la cotidianeidad cutre del cámping, del espacio del veraneo, los bares, el calor y finalmente el asesinato que todo lo echa al traste. Los otros personajes, muy bien trazados, Remo Morán y Gaspar Heredia, dos poetas amigos, son los narradores de la historia junto con Enric Rosquelles, aquel concejal ensimismado, en una estructura de tres voces que van alternándose en la narración. No deja de haber una crítica política a la vida de los ayuntamientos costeros, a la especulación, pero ese es un fondo en todo caso subsidiario, porque lo importante es el desamparo de casi todos los personajes, un rosario de vidas rotas. El mejor Bolaño está aquí contenido, no únicamente en cuanto dice sino en cuanto muestra y sugiere: lo poético y lo vulgar, la excelsa figura sugerida de Nuria y también las ratas o los lavabos del cámping, y peleas de borrachos. Ese abanico de perdedores, la cantante de ópera Carmen, la drogadicta Caridad, el indigente denominado el Recluta, y entre todos ellos una reina, que patina, baila y subyuga a este cargo municipal obsesionado por una belleza que el lector percibe indirectamente a través de lo que este personaje ve. Todo está narrado en una prosa que tiene magia y prende en el lector fulgurantes imágenes. Un lector que disfrutará con esta novela, donde Bolaño, como quien no quiere la cosa, concentra su mundo particular, su poética descarnada y hermosa.


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