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LITERATURA ESPAÑOLA
A beneficio de inventario
José Antonio Sánchez Villasevil
ESCRITOR
nº 156 · diciembre 2009
María Antonia García Quesada
INVENTARIO DE OTOÑO
Akal, Madrid - 176 pp. 12 €

Marta y Virginia son hermanas. Una le quita el novio a la otra y, a partir de entonces, sus vidas van por sitios distintos. Más de veinte años después, el cadáver de ese hombre, marido y padre de sus hijos para Marta, recuerdo amargo para Virginia, vuelve a unirlas. Entre las dos intentarán averiguar qué ha ocurrido con ese médico de prestigio, guaperas, codicioso y cocainómano, muerto por sobredosis en la cama de una prostituta. Teniendo en cuenta que ha dejado un papel a un abogado donde explica su situación, el camino hacia la clave del misterio es bastante directo: Inventario de otoño podría mostrar su composición y significado con una historia sencilla planteada mediante personajes complejos, pero se ha elegido la vía de una trama complicada que se sostiene con dificultad sobre personajes simples. Esas dos hermanas, distintas en actitudes y forma de vida, pueden ser un buen punto de arranque para este relato, pero enseguida su posible juego contrapuesto se diluye en una especie de duplicación, no tanto porque refieran lo mismo sino porque apenas es posible distinguirlas por sus voces, miradas, perspectivas. Una prima suya interviene también, pero sólo añade algunos datos familiares no muy relevantes. El tono plano y común, cercano al tópico, de un lenguaje preocupado por la peripecia va restándoles entidad suficiente para no quedar atrapadas en la acumulación de sucesos más o menos inverosímiles –abuso de las coincidencias, reiteración de motivos de enlace (hasta en seis ocasiones se repiten entregas o encuentros de papeles con algún dato significativo), casualidades y giros forzados–, referencias sociológicas de la transición en España con imprecisiones incluidas, como la legalización del PCE (salvo que Marta acabara COU con veintidós años) o el cierre de Sepu, y evocaciones personales en tono ligeramente banal. El pretendido inventario acaba convertido en un amontonamiento de hechos y comentarios próximos a la crónica periodístico-sentimental, un verdadero revuelto genérico de asuntos varios: muertes oscuras, drogas, sexo, corrupción, falsas contabilidades, paraísos fiscales, feminismo, aborto, oenegés, vacío de la gente guapa... Lo importante no parece ser qué se dice con todo eso, sino tener un soporte donde ir soltándolo, y de ahí la complicación forzosa de la trama, el arrastre de la novela hacia el repaso generacional.

Sin duda la novela contiene un decidido esfuerzo por abarcar temas y preocupaciones que han marcado a quienes vivieron el paso del franquismo a la democracia. Quizá por eso resulta llamativo el descuido lingüístico, gramatical y tipográfico que presenta el libro, con despistes que llegan a no distinguir qué personaje narra (p. 67), como si faltase dominio de la herramienta o el texto no estuviera revisado antes de su publicación, tal que si la propia editorial se hubiese tomado su trabajo a beneficio de inventario, aunque en una acepción ligeramente distinta a la que Marta necesita entender para encarar su futuro. Una novela así, con tantas buenas intenciones detrás, y casi primera de la autora, merece otro cuidado.


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