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LITERATURA ESPAÑOLA
Bifurcaciones interiores
Santos Alonso
CRÍTICO LITERARIO Y PROFESOR EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
nº 155 · noviembre 2009
Jordi Coca
ARENAS BLANCAS
Bruguera, Barcelona - 206 pp. 16 €

La última novela de Jordi Coca (1947), autor de amplia obra en la literatura catalana actual, pretende ser un análisis literario de las galerías interiores de la mujer de nuestro tiempo a través del pensamiento y la voz del personaje: una mujer, tal y como se presenta en el relato, que es al tiempo una y múltiple, siempre la misma y siempre compleja, estable y cambiante. Su sentido, por tanto, queda claro desde el principio de la narración: Coca presenta a un personaje en constante búsqueda de su identidad personal contemplada desde algunas circunstancias exteriores, como sus relaciones sentimentales, pero, sobre todo, desde sus propias experiencias íntimas, desde sus contradicciones y desde sus ensoñaciones e ilusiones.

Para ello, el novelista elige un tratamiento literario que entronca con el psicologismo, con ese método habitual en las consultas del psicoanalista, en las que se somete al paciente a determinadas presiones con el fin de que desnude su intimidad y enhebre las confidencias en un discurso interminable. El resultado es la recuperación y el recuento de una vida dotada de muchas perspectivas (y ante todo nada concluyente) que la voz narradora va reconstruyendo con lo que se supone ha vivido, todo aquello que quiere recobrar en el tamiz de la memoria, y con lo que desea transformar en el teatro de su imaginación desbordada.

Este método obliga a la trama a desdoblarse, e incluso a multiplicarse en varias encrucijadas. El monólogo, muy cercano al interior, se alza sobre una trama de conjeturas, de bifurcaciones posibles para aventurar que el personaje es quien es en un espacio y en un tiempo concretos, pero también puede ser alguien diferente en otros, lo cual tiene como objetivo señalar la inestabilidad de la propia existencia; o, mejor aún, de la propia identidad, que se presenta tal como es, pero también como pudiera ser. Porque, a la postre, lo que se plantea en la novela es la inseguridad de lo real y su estrecha relación con lo imaginario. No cabe duda de que el novelista acierta en el sentido y en la configuración de la novela, pero, con toda probabilidad, en ese acierto estructural se encuentra también su mayor defecto, a saber, la reiteración de ideas y sentimientos y la repetición de similares formas discursivas.


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