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LITERATURA ESPAÑOLA
Idealismo huero
Manuel Mejía
ESCRITOR
nº 155 · noviembre 2009
Ángela Becerra
ELLA, QUE TODO LO TUVO
Planeta, Barcelona - 422 pp. 21,50 €

Ella, que todo lo tuvo se presenta como una gran novela de amor de más de cuatrocientas páginas escrita por quien la crítica, los editores, la misma autora o sus millones de lectores la han bautizado como la nueva figura del llamado idealismo mágico. Y esta novela de amor ha ganado el último Premio Iberoamericano Planeta. Sin embargo, habrá de recordarse que no todo lo que brilla es oro.

Ante todo, le cuadra mal la etiqueta de novela de amor. Con pocas páginas leídas uno va envolviéndose en una empalagosa aventura romántica que logra producir una sensación parecida a la de tomar el contenido de un vaso de miel sin la ayuda de un poco de agua. La historia se desarrolla en Firenze (no Florencia), a veces Venezia (no Venecia), con una sensible mujer protagonista, de nombre Ella, que carga con una gran tragedia familiar, y donde la autora transmite desgarradores e histéricos aullidos en mayúsculas y con muchos signos de exclamación. «¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!! [sic], gritó Ella. ¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!» [sic], para acto seguido exclamar un «¡POR FAVOR!... ¡DÉJENME SALIIIIIR!», y rematar «¡¡DÉJENME SALIIIIIR!!» (p. 77). Un «¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!» abarca todo un capítulo (p. 275), y con el nombre de la hija de la protagonista comienza y termina otro: «¡¡¡¡CHIARAAAAAA!!!!» (p. 289), mientras que en otro aparte finaliza la escena con un «si eres tan valiente, saca el revólver y ¡¡¡MÁTAME!!! ¡¡¡FABRIZIOOOO!!!!» (p. 301). El mismo tono lastimero se repite una y otra vez sin que, en modo alguno, al menos para este lector, se produzca la más mínima reacción.

Alguien bautizó a Ángela Becerra como la precursora de un movimiento literario que dieron en llamar idealismo mágico, estableciendo un falso paralelismo con aquel realismo mágico tan recordado y que permitía ver con absoluta normalidad que los habitantes del pueblo olviden el nombre de las cosas y tengan necesidad de señalarlas con el dedo ante la falta de palabras o que, dentro de la ficción, leviten algunos personajes unos centímetros por encima de la tierra. La coincidencia sólo obedece a razones de mercado, ya que resulta claro, tremendamente claro, que una cosa no tiene nada que ver con la otra. Es conocida la fórmula que aplica otra vez Planeta al premiar aquello que le garantiza ventas extraordinarias y millones de lectores.


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