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LITERATURA ESPAÑOLA
Un juego y tres desconciertos
Santos Alonso
CRÍTICO LITERARIO Y PROFESOR EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
nº 147 · marzo 2009
Carlos Pujol
FORTUNAS Y ADVERSIDADES DE SHERLOCK HOLMES
Menoscuatro, Palencia - 132 pp. 12,50 €

Carlos Pujol
DOS HISTORIAS ROMANAS
Destino, Barcelona - 260 pp. 17 €

Carlos Pujol
ANTES DEL INVIERNO
Menoscuatro, Palencia - 198 PP. 15 €

El profesor, escritor y editor Carlos Pujol (1936) ha ido publicando durante años su obra literaria casi de forma clandestina, porque (algo que suele ocurrir) sus trabajos como editor o traductor tenían tanta presencia en el ámbito universitario y entre los lectores que, por desgracia, hacían invisibles sus libros de versos o sus novelas. Últimamente, sin embargo, ha dejado varios testimonios de su literatura que, a buen seguro, tendrán variadas interpretaciones y valoraciones, pues el escritor hace cala en distintas formas y tendencias narrativas.

Así sucede en sus tres últimos libros, donde el lector se va a encontrar de golpe con el relato, la novela corta y la novela larga. Un gran reto, sin duda, ponerse a prueba en géneros tan similares en apariencia, pero, como todo el mundo sabe, tan diferentes en estructura e intensidad. De entrada, es obligado decir que Pujol sale airoso del empeño por dos razones fundamentales: la primera, la sabiduría narrativa, sin duda adquirida en tantos años de indagación y exégesis académica; la segunda, la exquisita corrección lingüística a la que se suman los destellos del ingenio. Otra cosa es que esto sea suficiente en literatura.
 

Fortunas y adversidades de Sherlock Holmes reúne dieciséis relatos que, con el pretexto de recrear el carácter y las rarezas del personaje de Conan Doyle en su vida privada, tienen como objetivo hurgar en lo misterioso e imprevisible de la vida, de la realidad y el sueño; es decir, en todo aquello que siembra la duda en la intimidad del ser humano, lo cual es mucho más atractivo y sugerente que la rotundidad de los desenlaces seguros y evidentes. Como dice el propio Holmes, lo apasionante son los misterios, no su solución.

Para ello, como puede haber adivinado ya el lector, el autor recurre a una de las múltiples formas metaliterarias. Jugando con el imaginario, y para dar una apariencia de realidad empírica y convertir en histórico a un personaje que siempre ha sido literario, Pujol recorre el camino inverso al habitual: no parte de la realidad y traslada a la ficción algo supuestamente real, sino que extrae de la literatura algo que ya ha sido ficción y lo traslada a una nueva ficción. El encargado de realizar esta transformación es el Dr. Jonh Watson, ayudante del detective y, para la ocasión, escritor, narrador y cronista de sus fortunas y adversidades, así como imprescindible complemento de tipo cervantino para los abundantes diálogos. Como recurso narrativo tiene, sin duda, cumplido interés.
 

Dos historias romanas reúne dos novelas cortas que narran las peripecias de dos personajes conducidos por el destino incierto de no saber (o no querer saber) qué hacer con sus vidas; dos personajes trasterrados a unos espacios (no sólo geográficos) que no son los suyos, en los que tal vez esperan encontrar algo que dé sentido a sus vidas, de las que parecen estar huyendo, o por el simple placer del dolce far niente. En «La plaza de piedra», un joven español vive en Roma, en la segunda mitad del siglo XIX (una época un poco convulsa por los acontecimientos políticos), sin razón ni motivo, sólo por ser como un zascandil, que se mueve mucho pero sin hacer nada de provecho, salvo las clases de español que imparte para sobrevivir. En «La lección del fantasma», un español ya maduro recala en Roma con la excusa aparente de visitar a su hermana, que vive en un mundo trasnochado y fantasioso, lo cual lo llevará a implicarse en riesgos nada gratuitos durante la época fascista de Mussolini. Su imagen de desnortados, que no ha de confundirse con la de buscavidas, los presenta como unos vencidos, pero no por causas ajenas, sino por ellos mismos.
 

Antes del invierno, por último, es una novela larga que se sitúa en la inmediata posguerra española. Emilio, su personaje, un español ya entrado en años que, después de ser abandonado por su mujer en Londres, regresa a Barcelona y se reencuentra con su hijo y con la mísera España recién salida de la guerra, es muy parecido en su carácter a los anteriores. Como ellos, es alguien fuera de sitio, que se deja llevar por la vida sin un asidero al que aferrarse (tampoco es seguro que desee hacerlo), porque incluso lo que le acaece (una peripecia conducida por una grotesca intriga de espionaje coetánea de la Segunda Guerra Mundial) forma parte de un endiablado enredo en el que la fortuna parece arrojarle siempre, sin él buscarlo, al mismo fondo.

Pero Carlos Pujol no sólo ha escrito una historia de personaje, sino una novela ácida y sarcástica sobre el período hipócrita, lamentable para unos y prepotente para otros, de la España de los vencedores en 1936. Podría decirse que se acerca en muchos aspectos a la caricatura social que, como en este caso, constituye el mejor hilo para enhebrar una tragedia grotesca de nuestro pasado reciente (o ya lejano, según se mire), y en otros muchos al modo zarzuelero de perfilar los ambientes mostrencos y la caracterización prototípica de los personajes, por lo que desemboca en el esperpento y la desmesura expresionista.

De los tres libros, decíamos más arriba, sale Carlos Pujol airoso; pero también nos preguntábamos si esto era suficiente en literatura. La pregunta sigue en pie. Saber contar con una más que notable escritura no es poco, pero quizá sí lo es la falta de esa pizca de sorpresa y seducción necesaria para que una obra permanezca en la memoria del lector. El escritor, creemos, se ha complacido y conformado con la dorada y media virtud de la correcta literatura, sin arriesgar en la aventura de traspasar el umbral de lo imprevisible; y esto, por desgracia, suele acarrearles a muchas obras una naturaleza perecedera. Esperemos que no sea así.


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