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Anfisbena
Andrés Ibáñez
30/04/14

No creo que sea posible decirlo de otra forma: debemos superar el tiempo. Cuarteto para el fin del tiempo, de Olivier Messiaen. Escrito en un campo de concentración nazi: la música en Auschwitz (como bien nos recuerda Pascal Quignard) podía brotar y manifestarse con facilidad. Anfisbenas. Messiaen intentó lo mismo que intentamos nosotros aquí. Secuencias rítmicas que son palíndromos perfectos.

Jean Gebser en una obra seminal: Origen y presente. La Nueva Música pretende abolir el tiempo. Así lo dice. Abolir la historia personal. Abolir la obra de arte como comentario psicológico. Comenzó como perspectiva en la pintura, es decir, deformación de la imagen para reflejar la forma en que nosotros vemos las cosas. La curvatura del ojo. Perspectiva, tonalidad, punto de vista. La pintura, la música, la literatura abrían lo que Gebser llama «lo perspectívico».

Posmodernidad, expresión de lo que está más allá del ojo. Paisaje que incluye lo que el ojo no puede ver. Línea que termina igual que comenzó. Anfisbena. Anillo de Möbius. No es que no haya historia: es que la historia jamás termina ni puede terminar, ni llevar a ningún sitio. Siempre aspiramos a llegar al final, encontrar la solución. Y, sin embargo, la solución no está al final, porque no hay final.

Navego en el delirio
perdido, como leño, en el levante.
Busco del agua el frío,
lo más profundo, la verdad oculta.
Pero todo se escapa. El río, la flauta, la muerte.
La ceremonia del hipnotizado,
el país duende.
¿Qué sabes tú del destino
de las cosas? Hay mujeres
que son iguales a los ríos.
Los árboles de sombra
casi nunca terminan
de decir lo que alcanzan.
Es una felicidad, la sombra,
una forma oscura de la pureza.
Como tu sexo recorrido de hierba
donde se apagan mis frenéticos besos.
Como tu sexo recorrido de hierba,
una forma oscura de la pureza,
es una felicidad la sombra.
De decir lo que alcanzan
casi nunca terminan
los árboles de sombra:
que son iguales a los ríos.
Hay mujeres que saben
el destino de las cosas.
El país duende.
La ceremonia del hipnotizado.
Pero todo se escapa: el río, la flauta, la muerte,
lo más profundo, la verdad oculta.
Busco del agua el frío,
perdido, como leño, en el levante.
Navego en el delirio.

Y, sin embargo, la solución no está en el final, porque no hay final. Siempre aspiramos a llegar al final, encontrar la solución. No es que no haya historia: es que la historia jamás termina ni puede terminar, ni llevar a ningún sitio. Anillo de Möbius. Anfisbena. Línea que termina igual que comenzó. Paisaje que incluye lo que el ojo no puede ver. Posmodernidad, expresión de lo que está más allá del ojo.

La pintura, la música, la literatura abrían en la entrada de la Edad Moderna lo que Gebser llama «lo perspectívico». Perspectiva, tonalidad, punto de vista. La curvatura del ojo. Comenzó como perspectiva en la pintura, es decir, deformación de la imagen para reflejar la forma en que nosotros vemos las cosas. Abolir la obra de arte como comentario psicológico. Abolir la historia personal. Así lo dice: la Nueva Música pretende abolir el tiempo (Jean Gebser en una obra seminal: Origen y presente).

Secuencias rítmicas que son palíndromos perfectos. Messiaen intentó lo mismo que intentamos nosotros aquí. Anfisbenas. Escrito en un campo de concentración nazi: la música en Auschwitz (como bien nos recuerda Pascal Quignard) podría brotar y manifestarse con facilidad. Cuarteto para el fin del tiempo, de Olivier Messiaen. No creo que sea posible decirlo de otra forma: debemos superar el tiempo.


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