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POESÍA
Una poesía reflexiva e iluminadora
Manuel Rico
Manuel Rico es poeta, narrador y crítico literario. Entre sus últimas obras destacan la novela Una mirada oblicua y el libro de poemas La densidad de los espejos (Premio Juan Ramón Jiménez 1997).
nº 22 · octubre 1998
FERNANDO CHARRY LARA
Antología poética, seguida de cartas de Cernuda, Aleixandre y Salinas
Igitur/Mito, Tarragona, 1998 - 136 págs. 1.500 ptas.

La personalidad literaria de Fernando Charry Lara es inseparable de una de las peripecias de más hondo aliento de la poesía colombiana del presente siglo: la revista Mito, fundada por Jorge Gaitán Durán a finales de la década de los cuarenta y cuya impronta cultural condicionará más de una década de poesía en ese país latinoamericano. Formado literariamente en la devoción por el «ala» más intimista y meditativa de la generación española del 27 (Cernuda, Aleixandre, en menor grado Guillén o Salinas), a cuyas obras dedicó no pocos trabajos críticos que después recogería en el libro Lector de poesía (1975), Charry Lara es un poeta de raíz romántica, de voz equilibrada y misteriosa, que busca el núcleo de la experiencia del hombre en un paisaje en claroscuro, incierto, tembloroso, en el que la emoción estética se muestra en permanente contienda con los grandes enigmas de la vida: el amor, la pasión erótica, la soledad, la muerte, la propia poesía. Su obra, escasamente conocida en España, se concentra en tres poemarios de difícil esencialidad: Nocturnos y otros sueños (1949), Los adioses (1963) y Pensamientos del amante (1981). La Antología poética que acaba de aparecer en nuestro país es una rigurosa muestra de ese itinerario breve e intenso y pone de relieve, para el lector español, un aspecto de indudable interés: junto al parentesco con cierta poesía colombiana y latinoamericana –José Asunción Silva, Carranza, Neruda, Borges o Paz–, Charry Lara, nacido en 1920 y coetáneo de los principales poetas de la primera generación española de posguerra (Hidalgo, Bousoño, Hierro, García Nieto, Otero...), escindida en la doble línea garcilasista y testimonial, anticipa la pasión cernudiana, la mirada sobre cierta poesía de la generación del 27 que harían suya, bien avanzada la década de los cincuenta, algunos poetas de nuestra generación del medio siglo. El vacío de la inmediata posguerra, la quiebra del impulso renovador del 27, que se vive en nuestro país, no se experimentan en América, lo cual permite una más temprana asimilación de sus conquistas por parte de los poetas más jóvenes del otro lado del Atlántico. Charry Lara es un exponente –como, en otra dimensión, lo sería el prematuramente desaparecido Gaitán Durán– de esa peculiar continuidad. Sus poemas, edificados sobre una mirada melancólica e inteligente, tantean la realidad buscando sus zonas ocultas e iluminándolas, estableciendo una fusión inestable entre lo real visible y lo real imaginado y/o recordado. Se trata de una mirada reflexiva, cargada de pensamiento, que busca en los espacios nocturnos la claridad y en los escenarios iluminados la gravidez de la sombra. Y, en ambos, la luz difícil, atormentada, de la poesía, materia objeto de su esencial meditación, un ejercicio que si en Nocturnos y otros sueños se muestra incipiente, todavía dudoso, se intensifica y ahonda en su último libro, cargándose de memoria. La Antología va acompañada de un certero prólogo de Juan Gustavo Cobo Borda, de un epílogo de Vicente Aleixandre y de un anexo de cartas de éste, de Cernuda y de Salinas, textos complementarios que no sólo nos aportan interesantes claves sobre la obra de Charry Lara, sino que coadyuvan a situarlo en su contexto literario e histórico, dibujando el perfil contradictorio y apasionante de una época: la que marcó la revista Mito.


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