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Artículo
CIENCIA
Genealogías
Carlos López-Fanjul
nº 1 · enero 1997
ADAM KUPER
El primate elegido
Traducción de Oriol Canals
Crítica, Barcelona, 1996 -

El primate elegido, cuya versión original inglesa apareció en 1994, es una exposición crítica de las hipótesis de más envergadura formuladas sobre el origen y la evolución del hombre desde la aparición del darwinismo. Trata de establecer el alcance de distintas explicaciones, biológicas y culturales, de la naturaleza humana y dedica especial atención a las repercusiones políticas y sociológicas de aquéllas. Adam Kuper no pretende avanzar nuevas teorías ni su obra tiene propósitos integradores, intenta únicamente, creo que con éxito, permitir que corra el aire por zonas de opinión excesivamente herméticas, muchas veces por razones ajenas a las de su complejidad científica. Su postura queda clara desde el principio: «A menudo no existen respuestas seguras, y resulta esencial comprender las causas y razones de ello, advertir las dificultades existentes, alimentar un sofisticado escepticismo» (p. 27).

No cabe duda de que el hombre es un producto de la evolución en tanto que es posible trazar su genealogía y conectarla no sólo con la de los otros primates sino también con la de las restantes especies. Otra cosa es precisar desde cuándo se puede comenzar a hablar de un ser humano dotado de las cualidades que hoy creemos que nos distinguen del resto del mundo orgánico. Los datos paleontológicos, arqueológicos y antropológicos permiten un cierto deslinde a partir de tiempos evolutivamente inmediatos, entre veinte y cuarenta mil años atrás, período en que puede situarse la aparición del hecho cultural. Otra cosa es determinar hasta qué punto nuestros orígenes biológicos explican este fenómeno y sus consecuencias. En este, como en tantos otros asuntos en que los datos distan de tener una interpretación clara, es común tanto que las teorías tiendan a adoptar posiciones extremas: todo es biológico o todo es cultural, como que la elección de campos sea más un reflejo de preferencias personales que el resultado de un análisis científico ponderado. Evidentemente unos y otros son capaces de flexibilizar sus argumentos, sobre todo cuando se les aprieta, pero generalmente prefieren navegar por sus propias aguas, quizás por la inseguridad que representa aceptar que las respuestas a muchas preguntas puedan no ser tajantes síes o noes. Aquí es donde Kuper cumple satisfactoriamente su doble misión de mostrarnos hasta dónde quiere llegar cada cual y de prevenirnos de sus inconsistencias.

Se trata, pues, de una obra muy recomendable que se lee con facilidad y para la que hubiera deseado una traducción más cuidada, en especial la de los términos técnicos.


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