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CLÁSICOS
Dioniso. Mito y culto
Carlos García Gual
nº 7-8 · julio-agosto 1997
WALTER F. OTTO
Dioniso. Mito y culto
Trad. de Cristina García Ohlrich - Siruela, Madrid, 1997 196 págs.

Este es uno de los libros más famosos sobre el dios griego del teatro, la máscara y el éxtasis. Pero debe ante todo ser situado en una perspectiva histórica. Se publicó en 1931 y fundamentalmente avanza sobre el trasfondo de ideas acerca del dionisismo expuestas por E. Rohde en su gran libro Psique (1891). Después de él hay estudios de conjunto importantes. Por dar sólo unos cuantos nombres imprescindibles, citemos el de Henri Jeanmaire, Dionysos. Historie du culte de Bacchus (París, 1951) y el de María Daraki, Dionysos et la déesse terre (París, 1985). Este último recoge bien las ideas y aportaciones de otros trabajos de estos años, como los de E. R. Dodds, J. P. Vernant, M. Detienne, y Ch. Segal, acerca del dios y sus aspectos en las Bacantes de Eurípides.

Conviene insistir en su fecha originaria (1931), porque explica que Otto ignore ciertos datos descubiertos posteriormente. Hoy sabemos que Dioniso ya estaba en la religión minoica –puesto que su nombre ha aparecido en tres tablillas del Linear B–, es decir, que no es válida la hipótesis de que es un dios venido de Oriente que se añadió a los otros olímpicos. Hoy sabemos que debemos ver en Dioniso a un dios mediterráneo muy antiguo –más antiguo en el panteón helénico que el mismo Apolo, que sí procede del mundo minorasiático–. Sin embargo, Dioniso gusta de presentarse como un extranjero bullicioso y festivo, porque gusta de la máscara y el disfraz y transgredir las normas de la polis. Como M. Daraki ha subrayado de nuevo, tiene mucho que ver con la fertilidad y la tierra, y se enfrenta en ese aspecto a los olímpicos en bloque. Pero como fuerza divina la contraposición a Apolo es lo que mejor lo define, en una tensión que es equilibrio de poderes.

Curiosamente Otto cita poco a Nietzsche en este libro, pese a que lo conocía muy bien, y pese a que en El origen de la tragedia hay ideas que podrían haberle servido. (Pero el libro de Nietzsche estaba tan en entredicho en el mundo filológico y tenía trazos tan heterodoxos y exagerados que convenía silenciarlo, como hizo ya el amigo Rohde.) Cita mucho, como era de esperar, el libro fundamental sobre la religión griega de U. V. Wilamowitz, Der Glaube der Hellenen para sus referencias básicas. Es propio del momento.

Pero con ello no quiero decir que sea un libro anticuado, sino que en algunos detalles hay más datos. Desde luego no está anticuada, pienso, su perspectiva de conjunto gracias al excelente y profundo estilo de Otto, sabio y filosófico. El programa del libro está muy bien trazado y señala con precisa profundidad qué significó Dioniso en el mundo divino griego. Sus observaciones sobre la máscara y lo dionisíaco en la tragedia, sus ritos y símbolos, y la fraternal unidad de vida y muerte en el dios son admirables. Complementa muy bien la obra anterior de Otto sobre Los dioses de Grecia (1929. Hay traducción castellana en Eudeba, 1973), de subtítulo muy expresivo: «La imagen de lo divino a la luz del espíritu griego». Está muy bien que, con una versión excelente, y con pocas pero buenas ilustraciones, aparezca tarde, pero de modo tan digno en esta serie tan bien dirigida y tan selecta de Ediciones Siruela.


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